A diferencia del cristianismo, el cual no tuvo un interés en la formación secular —elemento que lo llevó a ser abandonado por parte de la Europa moderna—, el Islam hizo gran énfasis en este tipo de educación, y en consecuencia fundó un sistema educativo equilibrado en sus territorios, el cual fue una combinación balanceada y homogénea a partir de sus intereses religiosos y seculares.
Fátima (P) fue testigo de todos los eventos que tuvieron lugar después de la conquista de la Meca, vio a la gente grupo tras grupo abrazar el Islam, el cual prevaleció sobre todo al este de Arabia y otras áreas del mundo.
Atestiguo que no hay dios sino Dios. Atestiguo que Muhammad es el Mensajero de Dios. Atestiguo que 'Alī ibn 'Abī Tālib, el príncipe de los creyentes, y sus hijos inmaculados —los doce Imames— son nuestros Imames Infalibles, y que son las pruebas de Dios [sobre la Tierra]. Atestiguo que el Día del Juicio es verdadero, el Corán es verdadero, el Paraíso y el Infierno son verdaderos, las preguntas y respuestas [en la tumba y el Día del Juicio] son verdaderas y que la Resurrección, la justicia de Dios, el Imamato y la Profecía son verdaderas.
La mayoría de las ciudades y pueblos que la familia del Profeta (a.s.) atravesó en su marcha forzada desde Kufá a Damasco no eran urbes musulmanas. El gobierno había dado órdenes para que, antes de la llegada de Ahl ul-Bayt (a.s.) a ellas, las embellecieran y adornasen como si de celebrar una fiesta se tratara y para que los hombres salieran a ver el paso de los prisioneros y los niños jugasen y celebrasen su paso.
Algunos escritores musulmanes de los primeros siglos, muy ingenuos y confiados, transmitieron estas falsas historias junto a las verdaderas sin realizar previamente un análisis crítico de las mismas para determinar su autenticidad. En la actualidad esto ha sido subsanado por los sabios que, dedicando un gran esfuerzo a la investigación y crítica histórica, han logrado establecer reglas firmes para diferenciar la verdad de la falsedad.
El método más fácil y exento de complicaciones para erradicar a un grupo o minoría indeseable de una sociedad consiste en la firme oposición incruenta que se lleva a cabo mediante la unión y la solidaridad del pueblo. La lucha armada, en cambio, necesita de otros medios. Se requiere el armamento, se producen bajas y pérdidas, y se logra el objetivo deseado sólo después de múltiples problemas y obstáculos. Esto sin contar con las aflicciones que provoca. Los líderes hábiles e inteligentes sólo optan por este último medio (la lucha armada) como último recurso y luego de emprender el planeamiento y la preparación necesarias.
La emigración a Etiopía de un grupo de musulmanes dio cuenta de su gran fe y sinceridad en el Mensaje divino. Debieron abandonar la Meca para librarse de las persecuciones y torturas de los quraishitas y poder continuar con la adoración del Dios Único, dejando sus bienes, familias y comercios.
El siglo veinte es un periodo de grandes revoluciones. La dinastía imperial de los Zares fue derrocada en 1917 por sus mismos súbditos; del zarismo se pasó al comunismo comandado por Marx y Lenin. Los despóticos zares, aunque en guerra con los países musulmanes no le hicieron daño al Islam. Pero el gobierno comunista, durante los últimos 70 años, ha alejado a sus súbditos musulmanes de su religión y cultura.
Qasem Soleimani nació el 11 de marzo de 1957 en la ciudad de Rābor, en la provincia de Kermán, Irán; en el seno de una familia humilde y al final de su vida se convirtió en el mártir musulmán más conocido del mundo.
Durante las tres últimas décadas, Riad ha gastado decenas de miles de millones de dólares exportando el Wahabismo a través de miles de mezquitas y madrasas (escuelas religiosas) en todo el mundo. De Asia a África, y desde Europa a las Américas, esa perversión teológica ha hecho estragos. Como declaró un extremista kosovar al The Times: “Los saudíes cambiaron por completo el Islam de aquí con su dinero”. A pesar de que solo ha atraído a una mínima porción de los musulmanes, el Wahabismo ha tenido un impacto devastador.