Ecos de ‘Ashûra

Un análisis de los acontecimientos de ‘Ashûra y Karbalá

(Martirio del Imam Husain, familia y compañeros (P))

Por Sami ‘Alí Málaga

Ecos que retumban en los corazones de los creyentes, avivando una llama siempre latente de nostalgia y amor por la Gente de la Casa, y se estremecen por su agonía, acallada por muchos pero socorrida por pocos.

Llegó Ashûra, y con él la luz de su mensaje, que lejos de debi­litarse destella cada año con más fuerza hasta alcanzar revivir en nuestras mentes la amargura de la traición, del abandono, la sed y el clamor de la santa familia del Profeta, ahogados con la muerte y la humillación del destierro.

Porque las lágrimas derramadas con el fin de ahogar nuestro desconsuelo, no son meras emociones motivadas por el recuerdo de un hecho histórico plasmado en hojas de libros centenarios y carentes de mayor trascendencia, sino que brotan del sentir propio cada gol­pe de espada que el Imam y su familia una vez recibieran, como si hiriesen una parte de nuestro ser.

Quien convencido afirme que el Imam Husain (P) se expuso al martirio propio y de quienes permanecieron a su auxilio, por meros objetivos políticos o rebeldía inusitada, ciertamente ignora y rebaja el significado del mensaje que sello con sangre y lágrimas para toda la humanidad. De un campo árido e inhóspito, bajo el sol del desierto donde los benditos cuerpos de los mártires hallaron reposo, desde el seno de una masacre grabada en la memoria colectiva pese al tiempo y la distancia ; nace un mensaje de vida y esperanza liderado por un Imam que no sucumbió en la derrota ni fracaso en su lucha.

Nos enseñó el calibre del valor de los principios divinos recogi­dos en el Islam para el beneficio de la humanidad hasta justificar el coste de cada gota de su sangre y ápice de sufrimiento; nos inculcó la valentía y dignidad con la que hay que encarar la realidad, cuando la tiranía y la humillación encadenan la condición humana despoján­donos de todo yugo terrenal; de quien comprende que la justicia, el bien común y la voluntad de Dios en beneficio de la humanidad, supera en circunstancias apremiantes, la integridad de los virtuosos de Ahlul Bait (P) pese a su preferente estatus espiritual....y de quien comprende que el peor destino con el que su enemigo puede acecharle, es el martirio... “¿y qué es la muerte bajo tiranía sino felicidad?”

He aquí cuando la máxima aspiración de los enemigos del Is­lam fue amenazarle con sesgarle su vida y la de sus seres queridos, alcanzamos a comprender el sublime, pero amargo, sentido de su victoria, pues el valor del Imam como contendiente no solo residió en las raíces genealógicas de la Profecía y el Imamato, sino en su Islam puro e íntegro que portaba, defendió y practicó de los princi­pios de la religión que plasmaron día a día en un halo de humildad y sumisión a Dios.

Desapareció su cuerpo, pero no la esencia de ese espíritu husainí bendito, cuyo recuerdo y vivificación abrieron las puertas hacia la libertad y la esperanza en situaciones de tragedia humana que se repitieron y continúan en la actualidad en escenarios familiares para muchos de nosotros, de ahí la responsabilidad sobre todos los musulmanes de recordar y reflexionar, detener nuestra vista y nuestros pensamientos ante ‘Ashûra.

Nos familiarizamos a contemplar en la personalidad del Imam Husain (P) la dimensión del yihad y el martirio que continuo tronante a lo largo de las épocas, pero sin embargo no sabemos valorar la dimensión espiritual y mística que se manifestó más allá de súplicas sorprendentes como la de “Arafat”. Por ello vemos al Imam (P) en cada uno de los acontecimientos de Karbalá desenvolverse en un idioma de amor y complacencia con Dios pese a encontrarse en un campo de batalla, espada y muerte. Cuando puso su mejilla sobre el polvo de la ardiente Karbalá, clamo: “¡Dios mío! Mi complacencia está en lo que es Tu designio, y me someto a Tu dis­posición”.

¿Qué implicación tuvo esta dimensión espiritual en medio de semejante masacre? es una pregunta vital para reconocer más el valor de este suceso, porque es el que le confiere la majestuosidad, la grandeza y eternidad a la tragedia de ‘Ashûra... es el impulso místico que le diferencia de una batalla ordinaria pese a la crueldad que la marco para el recuerdo permanente, porque el aspecto del yihad o el martirio es el resultado de esta dimensión espiritual sin la cual no habría valentía, ni nobleza, ni sacrificio ni voluntad de acatar la voluntad divina sin reprochar nada a Dios, sino tratando de servir más y mejor a esta causa.

El Imam Husain no lucho por fines personales, ni su único objetivo final era el derrocamiento político del tirano Yazid ibn Mu’awia que en nombre del califato ilegítimo que lideraba, des­truía los valores básicos del Islam con su corrupción, con la crueldad, con el juego y el licor...el disfrute de la riqueza y la pompa desmesurada, mientras que los virtuosos de Ahlul Bait vivían en la pobreza y la opresión pese a que el mismo Corán y la tradición profética o “Sunnah” nos insta a amarlos, respetarlos y seguirlos ; en resumen, transformando lo Halâl en Harâm y lo Harâm en Halâl.

Las aspiraciones del Imam Husain eran las aspiraciones del Profeta, las aspiraciones del Islam... y no las aspiraciones excluyentes de una parte de los musulmanes, de ahí que la responsabilidad en ese momento y en la actualidad hacia el Imam Husain se extiende a todos los musulmanes, con independencia de las diferencias doctrinales mayores o menores que puedan existir entre las diferen­tes escuelas, de aprender y rememorar este espíritu; ¿cuál es la responsabilidad que tenemos en la actualidad cuando la tragedia de ‘Ashûra se sitúa en un momento del pasado y no podemos socorrer con armas al Imam en esa batalla? nos preguntamos.

No lograremos saberlo sin conocer las 4 causas básicas que suscitaron el movimiento del Imam Husain (P), para así saber de qué manera podemos servir a estas causas en nuestros días:

·     En primer lugar, él (P) era la única personalidad digna y legiti­ma por voluntad de Dios a través del Profeta como posee­dor del Imamato, pero eso a menos que la gente se perca­tara de su responsabilidad hacia con él y estuviesen prepa­rados para ser consecuentes con su juramento de fidelidad, el Imam no estaba obligado a rebelarse contra el gobierno reinante sino ayudarle como hizo el Imam ‘Alí (P) en su época. Por ello en sí solo no constituye el motor principal del le­vantamiento Husainí.

·     El segundo factor, fue el juramento de fidelidad que Mu’awia quería imponer al Imam Husain (P) hacia su hijo Yazid, lo que significaría una aprobación para el califato tirano de Bani Omeya y de la intención de Mu’awia de transformar el califato en un régimen hereditario de padre a hijo; lo cual contradice tanto la visión shi’ita de la designa­ción divina del Imamato, así como la visión sunnita de que el Imam debe ser elegido por mayoría.

Hay momentos en la vida en la que la persona debe saber decir “no” a fin de guardar su fe y piedad, especialmente si causaría un perjuicio irreparable el acceder a ello. Por ello cuando los mensajeros de Mu’awia viajaron a Medina para proponerle el ultimátum: la muerte o el juramento, el Imam Husain valientemente dijo:

“Ese bastardo hijo de un bastardo, da a elegir una de dos cosas: la espada o la humillación. ¡Lejos esta Husain de tolerar la humillación! Nunca. Nuestro Dios no aprueba eso para nosotros (Ahlul Bait)!”.

·     La tercera causa fue que tras su negación, los habitantes de Kufa le prometieron auxilio y ayuda para recupe­rar el califato justo de Ahlul Bait, recibiendo así hasta 18.000 cartas a veces firmadas por veinte personas; ante ello el Imam Husain no tenía excusa para ignorar este nuevo deber ante decenas de millares de musulmanes que le su­plicaban al Imam que acudiese a ellos, si los hubiera abandonado, nos preguntaríamos por que el Imam no les respondió positivamente cuando había posibilidad de hacer justicia, y muchos habrían dicho que el Imam no acudió porque estaba asustado de una revolución, por ello él dijo “ Yo estoy listo, si vosotros lo estáis”.

·     Y el último de ellos, su obligación de ordenar el bien y pro­hibir el mal, una obligación personal como musulmán al cual él iba a responder con o sin apoyo de los musulmanes, para reformar esa sociedad que había olvidado el espíritu y los valores del Islam en un periodo tan corto de tiempo tras la muerte del Profeta... un tiempo en el que era costumbre en la mayoría de las mezquitas maldecir al Imam ‘Alí (P), y con él a su Ahlul Bait (P), en el que se gobernaba bajo la espada y la impunidad, en la que los enemigos del Islam se retracta­ron de su fe en el Islam rebajándolo a sus pasiones. Violaron el principio básico del Islam que es el de dictar la justi­cia y prohibir lo ilícito.

Con esta cuestión, descubrimos que el Imam no era un solo auxiliador antes las invitaciones de los habitantes de Kufa, sino un revolucionario. Ante este punto el Imam Husain no necesitaba más causas, porque la corrupción abarcó todo y el Profeta ordenó que todo aquel que viva una situación tal, debe de rebelarse. Por ello el movimiento del Imam Husain (P) es multidimensional por ser revo­lucionario y defensor a la vez.

No es licito rebelarse ante cualquier corrupción por pequeño que fuese, ni cualquier circunstancia sin sopesar las consecuencias abandonando la razón y la sensatez, solo el Imam Husain (P) y el designio divino de Dios sabrían escoger el momento las razones y la manera más apropiada que sirviera para salvar al Islam del cual no quedaría nada si los benditos cuerpos de Ahlul Bait  (P) y sus compañe­ros no fuesen destrozados como el mismo Imam (P) sabría qué sucede­ría irremediablemente y sin que las hijas del Profeta, a la cabeza de ellas Zainab (S), fueran hechas prisioneras, encadenadas y humilladas atravesando el territorio islámico en estas circunstan­cias, denunciando con elocuencia el dormir de la conciencia de los musulmanes ante el asesinato de los hijos e hijas del Santo Profeta (PB) , poblado tras poblado, plaza tras plaza donde eran expues­tas para mayor humillación si es que la humillación de la espada y el destierro no hubiera sido ya suficiente para los enemigos del Islam.

Ella y su sobrino el Imam ‘Alí Ibn al Husain (P), fueron coparticipes de este sacrificio, porque sin ellos ‘Ashûra no habría sido sino una batalla local y acallada enterrada en el olvido, y pese a ser hermana, madre y tía de mártires y así como el Imam Zain al-‘Abidin (P) fue hijo, hermano y primo de mártires; no se mostraron débiles de fe, sino que mostraron complacencia y paciencia ante el destino que Dios decidió para ellos.

     Es indudable que el recuerdo y la lamentación por el abandono, la traición y la crueldad con la que la familia del Profeta : tanto el Imam Husain (P), sus hijos, sus sobrinos, sus hermanos y sus primos fueron tratados, es un deber moral y religioso en sí mismo por su posición ante Dios, el Profeta y el Corán ; pero, no podemos redu­cir ‘Ashûra a las lamentaciones y las lágrimas sin profundizar en el, con la mente y la razón, para enriquecernos de las lecciones infini­tas que se nos ofrecen, y no pagarles el tributo de ese sacrificio humano por el que derramamos lágrimas con la comodidad de no esforzarnos en intentar aprender y beneficiarnos de los valores que Ahlul Bait (P) y sus fieles compañeros pagaron con sus vidas.

Por eso animamos a que entre todos leamos más allá de nom­bres de personajes, lugares, fechas o detalles dolorosos de esa ba­talla a veces complejos, y sepamos reflexionar con espíritu cons­tructivo, porque la revolución del Imam Husain (P) no tiene vocación de evento estéril, sino de ... (ver la continuación en archivo pdf)

Article_image
Article_rate