El relato del martirio del mensajero del Imam Husain (P), Muslim ibn Aqil

La traición de los habitantes de Kufa

Por Sheij Mufid (r. a.)

Esta es una selección de los reportes que dan la razón para que él llamara a las gentes para que lo siguieran, y que cuentan acerca del juramento de fidelidad que las gentes hicieron para luchar con él, con un breve relato de su partida y de su muerte.

La traición de los habitantes de Kufa

Reporte de Al-Kalbi, Al-Mada’ini y otros historiadores[1]:

Cuando Hasan (P) murió, los shi‘as en Iraq empezaron a hacer planes. Ellos le escribieron a Husain (P) acerca de deponer a Mu‘awiya, y darle a él (Husain (P)) su juramento de alianza. Sin embargo, él se negó a aceptarlos y señaló que había un acuerdo y contrato entre él mismo y Mu‘awiya que él no podía romper sino hasta que el periodo del contrato llegara a su fin. Sin embargo, cuando Mu‘awiya muriera, él exami­naría ese asunto.[2]

Cuando Mu‘awiya murió -y eso fue a mediados del mes de Rayab en el año 60 H (680 DC)- Yazid escribió a Walid ibn ‘Utba ibn Abu Sufyan, el cual estaba en Medina actuando en representación de Mu‘awiya, indicándole que hiciera que Husain (P) le jurase fidelidad a él, y que no le permitiese tardanza alguna en hacerlo. Por lo tanto Walid envió de noche a por Husain (P) y le ordenó que se presentase ante él. El Imam Husain (P) estaba consciente de lo que él quería, así que llamó a un grupo de sus dependientes y les ordenó que llevaran armas consigo.

“Walid me ha llamado para que me presente ante él a esta hora de la noche, -les dijo él-. Yo no puedo estar seguro de que tal vez él me imponga algo que yo no esté dispuesto a obedecer. Él es un hombre impredeci­ble, así que permaneced conmigo, sentados a la puer­ta, cuando yo vaya a verlo. Si vosotros oís que yo le­vanto la voz, entrad para que evitéis que él haga algo contra mí”.

Husain (P) fue a ver a Walid, y Marwân ibn Hakam estaba con éste. Walid le dio la noticia de la muerte de Mu‘awiya, y Husain (P) respondió con la fórmula: “A Dios pertenecemos y hacia Él regresaremos”. Entonces Walid leyó en voz alta la carta de Yazid y su orden de que obtuviese de Husain (P) el juramento de fidelidad.

- Yo no creo que mi juramento de alianza a Yazid en priva­do sea suficiente, -dijo Husain (P)-. ¿No preferirías que yo lo diera en público para que las gentes estén entera­das?

- Claro que sí,- accedió Walid.

- Entonces ve lo que piensas acerca de ello en la mañana, -sugirió Husain (P).

- Ve entonces, en el nombre de Dios, pero ven a nosotros cuando las gentes se reúnan,-dijo Walid.

-¡Por Dios! -interrumpió Marwân-, si Husain te deja aho­ra sin haber dado el juramento de fidelidad, tú nunca ten­drás el mismo poder sobre él sino hasta que haya un gran número de hombres muertos entre tú y él. Encarcela al hom­bre y no le permitas que te deje sino hasta que haya rendi­do homenaje a Yazid o tú lo hayas ejecutado.

A eso, Husain (P) saltó y dijo: -¡Oh hijo de una mujer extranjera! ¿Me mataríais tú o él? ¡Por Dios!, tú eres un mentiroso

Con eso, él salió y se fue acompañado de sus dependientes hasta que llegó a su casa.

-Tú me desobedeciste -dijo Marwân a Walid-No, ¡por Dios!, él nunca te dará la misma oportunidad sobre su vida.

- Entonces no culpes a otro sino a ti mismo, Marwân -repli­có Walid-. Ciertamente, vosotros me habíais escogido para algo que habría significado la destrucción de mi pro-pia fe. ¡Por Dios!, yo no querría toda la riqueza terrenal ni el dominio sobre todo lo que hay entre la salida y la puesta del sol si ello involucrase matar a Husain. ¡Gloria a Dios!, ¿he de matar a Husain por haber dicho “yo no juraré fidelidad”? ¡Por Dios!, yo no creo que en el Día de la Resurrección un hombre que sea responsable de la san­gre de Husain pese poco en las balanzas de Dios.

- Si ésta es tu opinión, entonces has actuado correctamen­te en lo que hiciste -dijo Marwân, sin felicitarlo por su punto de vista.

Husain (P) pasó esa noche en su casa. Era la víspera del sábado cuando quedaban tres días del mes de Rayab, en el año de 680. Walid ibn ‘Utba estaba ocupado enviando a ibn Zubayr con su juramento de alianza a Yazid y su nega­tiva de acudir a ellos. ibn Zubayr dejó Medina de noche encaminándose a Meca. En la mañana, Walid envió hom­bres detrás de él. Envió un grupo de 80 jinetes bajo el mando de un siervo de los Omeyas. Ellos lo siguieron pero no lo alcanzaron, así que regresaron.

Hacia el fin del sábado, él envió hombres a Husain (P) para traerlo a que jurara fidelidad a Walid en representa­ción de Yazid ibn Mu‘awiya. Husain (P) les dijo: “Venid en la mañana. Entonces vosotros tendréis tiempo para consi­derar la situación y nosotros también”.

Ellos lo dejaron sin insistir en que se presentara. Husain (P) partió bajo la protección de la noche- era la víspera del domingo quedando dos días en el mes de Rayab- y él se enca­minó hacia Meca acompañado de sus hijos, los hijos de su hermano (Hasan) y sus hermanos. Estaban con él la ma­yoría de la Casa (la familia del Profeta (PBD)), excepto Muhammad ibn Hanafiya, que Dios tenga piedad de él.

Cuando este último supo de su decisión (de Husain) de dejar Medina, él no sabía a dónde tenía intención de ir. Le dijo:

- Hermano mío, tú eres la persona más querida para mí y el más amado de todas las gentes. Yo no podría dar consejo a criatura alguna excepto a ti mientras que tú tienes más derecho a ello. Evita dar el juramento de fidelidad a Yazid ibn Mu‘awiya y evita los pueblos mientras puedas. En­tonces envía a tus mensajeros a las gentes y convócalas a que te sigan. Si las gentes te juran fidelidad, alabado sea Dios; si las gentes acceden a seguir a alguien que no seas tú, Dios no hará tu religión ni tu razón deficientes por causa de ello, ni Él quitará tu hombría y mérito relevantes por ello. Sin embargo yo temo que entres a alguno de esos pue­blos y que las gentes difieran entre sí, con un grupo a tu favor y el otro en contra. Ellos pelearían y tú serias un blanco para la primera de sus lanzas. Entonces, el mejor de toda esta comunidad, en persona, en padre y en madre, sería el único en ello cuya sangre seria injustamente de­rramada y su familia humillada”.

- ¿A dónde debo ir, hermano?, -preguntó Husain (P).

- Ve y quédate en Meca -contestó él-, si esa base es segura para ti será un medio de ganar fuerza. Sin embargo, si se vuelve peligrosa para ti, entonces debes tomar para los desiertos y las cimas de las montañas y moverte de un lu­gar a otro para que puedas ver cómo se desarrolla la acti­tud de las gentes hacia el asunto. Tu mejor juicio será hecho cuando te enfrentes directamente a los problemas.

-Hermano, -replicó Husain (P)-, tú has dado consejo y has mostrado tu interés. Espero que tu juicio sea correcto y venturoso.

Husain (P) partió para Meca recitando:

«Así pues, salió de ella temeroso, vigilante, dijo: ¡Señor mío! ¡Sálvame del pueblo opresor! »[3]

Él se mantenía sobre el camino principal, y los miembros de su Familia sugirieron:

- Si evitaras el camino principal, como hizo ibn Zubayr, el grupo de búsqueda no podría seguirte.

-No, ¡por Dios!, -contestó él-yo no lo dejaré sino hasta que Dios juzgue lo que Él quiera.

Cuando Husain (P) entró a Meca, su entrada ocurrió en la víspera del viernes 3 del mes de Sha‘bân. Al entrar recitó:

«Y cuando se dirigía a Madyan, dijo: ¡Quizás mi Señor me dirija por el camino! »[4]

Entonces él se quedó allí y los habitantes de la ciudad empe­zaron a visitarlo frecuentemente, como hacían los que tenían que venir para hacer la peregrinación menor (‘umrah) y otras gentes de muy lejos. ibn Zubayr se había asentado allí, cerca de la Kaaba, donde solía pararse a rezar y a realizar el recorrido alrededor de la Kaaba (tawâf). Vino a visitar a Husain (P) junto con los otros que venían a visitarlo. Él solía acudir a verlo cada tercer día, y a veces entre los dos días. Era la más problemática de las criaturas de Dios para ibn Zubayr, el cual se daba cuenta de que las gentes de Hiyâz no le jurarían fidelidad a él (en representación de Yazid, a quien Dios maldiga) en tanto que Husain (P) estuviese en la ciu­dad. Él (P) era más capaz de obtener la obediencia de la gente y era más respetado.

Los habitantes de Kufa supieron de la muerte de Mu‘awiya y difundieron rumo­res acerca de Yazid. Ellos también llegaron a conocer las no­ticias de la negativa de Husain (P) a hacer el juramento de alianza a Yazid así como la actitud que ibn Zubayr ha­bía tenido, y cómo ambos habían partido para Meca. Los shi‘as de Kufa se congregaron en casa de Sulaymân ibn Surâd Al-Juzâ‘i en donde ellos discutieron acerca de la muerte de Mu‘awiya y alabaron y glorificaron a Dios por ello.

-Mu‘awiya está muerto -anunció Sulaymân ibn Surâd-. Husain se ha abstenido de dar su juramento de fidelidad a la gente (es decir, a los Omeyas) y se ha ido a Meca. Voso­tros sois sus shi‘as y los shi‘as de su padre. Si vosotros sabéis en vuestros corazones que lo apoyaréis y lucharéis contra su enemigo, y que nuestras vidas serán dadas por su causa, entonces escribidle y decídselo. Pero si teméis el fracaso y la debilidad, no tentéis al hombre a que arries­gue su propia vida.

-No, -declararon ellos-, ciertamente nosotros combatiremos a su enemigo y nuestras vidas serán entregadas por su causa.

-Entonces escribidle -les dijo él.

Ellos le escribieron:

“En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso.

A Husain ibn ‘Ali, la paz sea con él:

De Sulaymân ibn Surâd, Al-Musayyib ibn Nayâba, Rifa’a ibn Haddâd Al-Bayali, Habib ibn Muzâhir, y los creyentes y musulmanes de sus shi‘as entre los habitantes de Kufa.

Saludos, alabamos a Dios ante ti, y declaramos que aparte de Él no hay otra deidad. Alabado sea Dios el Cual destruyó a tu enemigo, el tirano obstinado que se impuso sobre esta comunidad, la despojó de su autori­dad, saqueó su botín para distribución y tomó control de ella sin su consentimiento. Luego mató a los miem­bros elegidos de ella y preservó a sus miembros malva­dos. Él hizo de la propiedad de Dios un estado dividi­do entre sus tiranos y ricos. Él fue destruido como Zamud fue destruido.

Ahora no hay Imam sobre nosotros. Por lo tanto ven; para que, por medio tuyo, Dios nos una bajo la ver­dad. An-Nu‘man ibn Bashir está en el palacio de go­bierno y nosotros no nos reunimos con él para la ora­ción del viernes. No lo acompañamos fuera de la mez­quita para el servicio del ‘Id (fiesta). Si sabemos que tú vendrás a nosotros, nosotros lo expulsaremos persiguiéndole hasta Siria, si Dios Todopoderoso quiere”.

Despacharon la carta con ‘Abdul.lâh ibn Musma[5] Al-Hamdâni y con ‘Abdul.lâh ibn Walin. Les ordenaron que fueran de pri­sa. Ellos se apresuraron y llegaron a Meca a ver a Husain (P) el día 10 de Ramadán. Dos días después de enviarlos con la carta, enviaron a Qays ibn Musahhar As-Saydâwi y a ‘Abdul.lâh y Abdur-Rahmân -los dos hijos de Shaddâd Al-Arhabi[6]- y ‘Umar ibn Abdil.lah[7] As-Saluli a ver a Husain (P). Ellos llevaban consigo cerca de 150 cartas[8], algunas escritas por, un hombre individualmente, otras por grupos de dos y cua­tro. (Los habitantes de Kufa) dejaron pasar otros dos días y entonces enviaron a Hâni’ ibn Hâni’ As-Sabi’i y a Sa‘id ibn Abdil.lah Al-Hanafi con otra carta en la que ellos habían es­crito:

“En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordio­so.

A Husain ibn ‘Ali (P) de parte de los creyentes y mu­sulmanes de sus shi‘as: Apresúrate. Las gentes están esperándote. Ellos no tie­nen opinión de hombre alguno excepto tú. Por lo tanto, ¡apresúrate y apresúrate¡ Y luego, otra vez, ¡apresúrate! Saludos”.

Con todos los mensajes reunidos ante él, leyó las cartas y les preguntó a los mensajeros acerca de las gentes. Entonces es­cribió una respuesta y la envió con Hâni’ ibn Hâni’ As-Sabi’i y Sa‘id ibn Abdil.lah Al-Hanafi, los cuales eran los dos últimos mensajeros:

“En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordio­so.

De Husain ibn ‘Ali, a los líderes de los creyentes y los musulmanes:

Hâni’ y Sa‘id me han traído vuestras cartas; ellos son los últimos dos mensajeros que han venido a mí. Yo he entendido todo lo que habéis descrito y mencionado. El principal argumento de vuestros grandes hombres es: ‘No hay un Imam sobre nosotros. Por lo tanto ven; y que por medio tuyo Dios nos una bajo la Verdad y la Guía’.

Yo os envío a mi hermano, Muslim ibn ‘Aqil, el cual es mi primo y mi digno y confiable represen­tante de mi Familia. Si él me escribe que la opinión de vuestros líderes y los hombres de sabiduría y mérito entre vosotros está unida de la misma manera como me lo han descrito los mensajeros que han venido a mí y como lo leo en vuestras cartas, yo acudiré a vosotros de prisa, si Dios quiere. Porque, por mi vida, ¿qué es un Imam sino alguien que juzga por medio del Libro, alguien que mantiene la justicia, alguien que profesa la religión de la Verdad, y uno que se dedica a la esen­cia de Dios? Saludos”.

Husain (P) mandó llamar a Muslim ibn ‘Aqil y lo despachó con Qays ibn Musahhar As-Saydâwi y ‘Umâra ibn Abdil.lah As-Saluli y ‘Abdul.lâh y Abdur-Rahmân, los hijos de Shaddâd Al-Arhabi. Le ordenó que tuviese temor de Dios y que ocultase su asunto, y que actuase de manera bondadosa. Si él veía que las gentes estaban unidas y habían decidido ponerse de acuerdo, debería informarlo rápidamente.

Muslim, que Dios tenga piedad de él, partió y llegó a Medina. Allí rezó en la mezquita del Mensajero de Dios (PBD) y se despidió de los miembros más queridos de su familia. Luego contrató dos guías. Estos dos partieron con él, pero se equi­vocaron en el camino y se perdieron. Ambos se vieron afligi­dos de sed severa y no fueron capaces de continuar el viaje. Ellos le indicaron el camino después que lo volvieron a en­contrar. Muslim siguió solo el camino y los dos guías murie­ron de sed. Muslim ibn ‘Aqil, que Dios tenga piedad de él, escribió una carta desde el lugar conocido como Al-Madiq y la envió con Qays ibn Musahhar:

“Partí de Medina con dos guías y ellos se equivoca­ron de camino y se perdieron. Ambos fueron vencidos por la sed y pronto murieron. Pero nosotros seguimos caminando hasta que dimos con agua. Nos salvamos en el último momento de nuestras vidas. El agua está en un lugar llamado Al-Madiq en un valle bajo. He tomado esto como un mal augurio para mi misión. Si tú lo consideras así, podrías relevarme y enviar a otro en mi lugar”.

Husain (P) escribió en contestación:

“Me temo que tu urgencia, en tu carta, de que te releve de la tarea a la que te envié sea sólo cobardía. Así que sigue con la misión que te encomendé. Saludos”.

Muslim leyó la carta y dijo: “No es por mí por quien temo”. Así que continuó una vez más hasta que llegó a un pozo que tenía agua. Pasó allí la noche y cuando partía vio a un hombre cazando. Lo vio dispararle a un cier­vo que apareció, matándolo. Muslim dijo: “Así mataremos a nuestros enemigos, si Dios quiere”.

Siguió hasta entrar a Kufa. Allí se alojó en la casa de Al-Mujtar ibn Abu ‘Ubayda, la cual es llamada hoy la casa de Muslim ibn Al-Musayyib. Los shi‘as empezaron a acudir re­gularmente para verlo. Cada vez que un grupo de ellos se reunían con él, Muslim les leía la carta de Husain (P) y ellos lloraban. La gente le juró fidelidad a él, en representa­ción de Husain (P) de manera tal que 18.000 hombres le hicieron el juramento de alianza. Así que Muslim le escribió a Husain (P) informándole del pacto de fidelidad de los 18.000 y urgiéndole a que viniera.

Los shi‘as empezaron a visitar a Muslim ibn ‘Aqil tan fre­cuentemente que su lugar de residencia se volvió bien cono­cido. An-Nu‘man ibn Bashir, que había sido gobernador de Kufa en tiempos de Mu‘awiya y había sido confirmado en su puesto por Yazid, supo acerca de Muslim. Él subió al púl­pito y después de alabar a Dios dijo:

“Siervos de Dios, temed a Dios y no os apresuréis a la rebelión y la discordia, ya que en eso los hombres se­rán destruidos, la sangre será derramada, y las pro­piedades serán arruinadas. Yo no combato a quien no me combata, ni molesto a aquellos que permanezcan tranquilos. Yo no os opongo, ni tengo aprensión de vosotros meramente sobre bases de sospecha, acusa­ción o de oídas. Sin embargo, si vosotros me dais la espalda, violáis vuestro juramento de fidelidad, y os oponéis a vuestro Imam[9], ¡por Dios!, aparte del cual no hay deidad alguna, yo os golpearé con mi espada en tanto que la empuñadura esté en mi mano, aun cuan­do yo no tuviera a ninguno de vosotros para ayudar­me. Sin embargo espero que aquellos de entre vosotros que conocen la verdad sean más numerosos que aque­llos a quienes los destruirá la falsedad”.

‘Abdul.lâh ibn Rabi‘a[10] Al-Hadrami, un aliado de los Bani Omeya, se paró ante él y dijo:

-¡Oh gobernador!, lo que tú ves sólo puede ser tratado adecuadamente por medio de la violencia; ya que la opi­nión que sostienes acerca de lo que ha de hacerse entre tú y tu enemigo es la de un débil.

- Prefiero ser uno de los débiles pero permaneciendo obe­diente a Dios que ser uno de los poderosos pero estando al mismo tiempo en rebelión contra Dios, -respondió An-Nu‘man-.

Entonces descendió del púlpito.

‘Abdul.lâh salió y escribió la siguiente carta a Yazid ibn Mu‘awiya:

“Muslim ibn ‘Aqil ha venido a Kufa y los shi‘as le han jurado fidelidad a Husain ibn ‘Ali ibn Abi Tâlib (P) a través de él. Si tienes necesidad de Kufa, entonces envíale un hombre fuerte que ejecute tus órde­nes y actúe de la misma manera como tú lo harías ... (ver la continuación en archivo pdf)

 

[1]En realidad el relato sigue la narración de ibn Al-Kalbi como ha sido reportado por At-Tabari, 11, 216-381. At-Tabari usa tres versiones, pero Mufid sigue la versión de ibn Al-Kalbi sólo una vez adoptando otra versión. En partes la versión de Al-Kalbi es resumida por Mufid, y partes de ella son omitidas, pero en mucho Mufid sigue fielmente esa versión.

[2]Esta explicación, sorprendentemente, no está incluida en la versión de At-Tabari, para dichas cartas Cf. Al-Balâdhury, “Ansâb Al-Ashrâf”, II, 151-2.

[3]Corán, 28:21; Refiriéndose a la súplica del Profeta Moisés cuando salió de Egipto, temeroso y vigilante.

[4]Corán, 28:21; Refiriéndose a la súplica del Profeta Moisés cuando dirigió hacia Madyan.

[5]Sabu’ en At-Tabari, II, 234

[6]Los dos hijos son uno en At-Tabari, II, 234.

[7]‘Ubayd en At-Tabari, II, 234.

[8]Son 35 en At-Tabari, II, 234.

[9]N. del T.: refiriéndose a Yazid, a quien Dios maldiga.

[10]In Sa‘id en At-Tabari, II, 238.

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