Los aportes del Islam a la humanidad (VII)

Libros y bibliotecas

Por el Profesor Abdul Husein Zarrinkub

Traducido por Zohre Rabbani, Javad Kameli

De esta manera, el deseo de búsqueda del conocimiento convirtió al territorio del Islam en un canon de destellos científicos. La propagación de la industria del papel, particularmente, fue uno de los mayores medios de circulación del conocimiento y la ciencia. Aún no acababa el primer siglo de la hégira lunar (principios del siglo VII de la era cristiana) cuando los musulmanes llevaron la industria de papel desde Transoxiana hacia el interior de los países árabes. En el segundo siglo de la hégira, Bagdad tenía una fábrica de papel, así como en Egipto. No pasó mucho tiempo para que ingresara esta industria a otros países del Islam, incluso a Sicilia y Andalucía. En la época de Ma’mun abasí, donde Europa Occidental no conocía el papel, ya en Bagdad había tanta cantidad del papel que era quemado en lugar de leña. Se dice sobre Ibn Furat, el ministro de Muqtadir abasí, que tenía una habitación en su casa llena de papel y cualquier persona que lo visitaba, tomaba la cantidad que quería.[1] Ibn an-Nadim[2] clasificó varios tipos de papel lo cual indica la envergadura del desarrollo de esta industria en esa época. Esta circulación fue el más importante medio de compilación de libros, además de la expansión y desarrollo de bibliotecas. Todo lugar que favoreció esa industria, facilitó también la obra de los escritores y compiladores. Debido a la abundancia del papel en la época de Iaqubi,[3] existían cien librerías en Bagdad, donde más que venta se copiaban los libros y por supuesto esta gestión proporcionaba la formación de las bibliotecas.

Gradualmente se crearon las bibliotecas en las mezquitas y las escuelas de los países islámicos. Baitul Hikmah[4] —La Casa de la Sabiduría— de Ma’mun, tenía una gran biblioteca llena de libros en diferentes idiomas. La biblioteca de Adhd ad-Dawla Deilamí[5] en Shiraz era tan inmensa que Maqdisi[6] imaginaba que no se había escrito un libro de cualquier materia en ciencias que no se encontrara una copia suya en dicha biblioteca. Igualmente se habla de la biblioteca de los samaníes,[7] donde Avicena —Ibn Sina— se dedicaba a la lectura y escritura durante mucho tiempo. También es famosa la biblioteca personal de Sahib ibn ‘Abbad, el ministro de Fajr ad-Dawla Deilamí, de la cual dicen se necesitaban cuatrocientos camellos para cargar sus libros y que fue destruida una parte de ella en la conquista del Sultán Mahmud Gaznaví[8] a Rey.

Sabur ibn Ardeshir, el ministro de Baha ad-Dawla Deilamí, construyó en Karj de Bagdad una biblioteca que contenía decenas de miles de libros y manuscritos hechos por grandes personalidades de la historia del Islam. En la Siria y el Egipto también se han mencionado la existencia de diferentes bibliotecas. Una biblioteca que construyó Iaqub ibn Kellis, [9] por orden del ministro de Al-Aziz Billah II, contenía decenas de cientos de copias repetidas de libros originales específicos. En la época de Al-Hakim, la biblioteca de los fatimíes contenía cien mil libros, y esa cantidad se elevó a doscientos mil en el periodo de Al-Mustansir fatimí, donde se prestaban a los estudiantes y sabios. En Andalucía, la venta de libros eran exposiciones del cambio de dinero con la ciencia. En Córdoba, el califa omeya Hakam II construyó una gran biblioteca, que dicen abarcaba cuatrocientos mil libros aproximadamente, donde solo los índices de los libros eran cuarenta y cuatro tomos. Hakam II para obtener los libros y autores mandaba delegaciones a Bagdad y Siria. En Granada, en la época de los omeyas, existían setenta bibliotecas para la gente en general, incluso cuatrocientos años después cuando Carlos Francés decidió formar una biblioteca tras años de esfuerzo, la cantidad de sus libros no llegaba a mil, donde un tercio de ellos eran las súplicas y las letanías de monjes y sacerdotes.

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Fuente: Los Aportes del Islam a la humanidad

Editorial Elhame Shargh

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[1] Sobre el papel y el rol de los musulmanes en contribución de esa industria, se refiere a: Pierre Rousseau, Histoire des techniques et des inventions, traducción persa, 1962, por H. Saffari, 3-162

[2] El eminente sabio musulmán shia bibliógrafo, falleció hacia 995. (N. del T.)

[3] El historiador y geógrafo musulmán que vivió durante la segunda mitad del siglo IX. (N. del T.)

[4] Pinto O., Le biblioteche Degli Arabi, 1982, así como se refiere a: Asrul Mamun Vol. I, 6-375

[5] Deilam es una zona en norte de Irán. (N. del T.)

[6] Muhammad Ibn Ahmad Maqdisi, uno de los grandes historiadores y geográficos en la época abasí. (hacia 945- 991 dC.) fue un notable geógrafo medieval árabe. (N. del T.)

[7] Dinastía samaníes en Irán (874-10049). (N. del T.)

[8] O Mahmud de Gazni, fue un rey del Imperio Gaznavíes desde 997 hasta su muerte en 1030. (N. del T.)

[9] Abul Farray Iaqub ibn Kellis, el ministro egipcio de los fatimíes (930-990). (N. del T.)

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