Temporalidad y eterno retorno desde la fenomenología de la religión del Círculo de Eranos (Henry Corbin y Mircea Eliades)

Dr. Abdulwali Amílcar Aldama Cruz

“Pues no se explicará Eranos diciendo que fue un fenómeno «muy de su tiempo», es decir, del tiempo de todo el mundo, según la fórmula que aporta tanto sosiego a los conformismos inquietos o apresurados. No parece el absoluto que Eranos se haya preocupado nunca por «ser de su tiempo». Lo que, en cambio, tal vez habrá logrado es ser su tiempo, su propio tiempo.”

                                                                   Henry Corbin – “Tiempo de Eranos” 1956

I

El Círculo de Eranos (Eranos-Kreis) constituye un grupo interdisciplinario de estudio de las Ciencias de las Religiones que se reunía en Ascona (Suiza), a la orilla del Lago Mayor. Tuvo dos etapas, la primera, clásica del año 1933 al 1988 y una segunda, entre los años 1989 y 2006, que no alcanzó el origen ni resplandor del primer período a pesar de contar con figuras como el científico Ilya Prigogine o el filósofo postmodernista Gianni Vattino. El sentido desde la primera etapa del Círculo fue reunir a intelectuales y científicos de las más diversas disciplinas para estudiar, cada uno desde la perspectiva, con absoluta libertad y sin presupuesto dogmático alguno, un tema común, siempre relacionado de un modo u otro con el ser humano a la búsqueda del conocimiento de sí mismo, para consideración sirve como hilo conductor la consideración del simbolismo. Por tanto su objetivo fue encaminado a un acercamiento a la dimensión de lo simbólico y del sentido de la existencia.

Entre los más de cien nombres relacionados con el Círculo podemos destacar a C. G. Jung, que es su inspirador indirecto, el filólogo clásico K. Kerényi, W. Otto, también filólogo y hermano del teólogo R. Otto, que fue él que aportó el nombre al Círculo, el profesor de literatura comparada J. Campbell, G. Scholem, especialista en la cábala judía, H. Zimmer, experto en religiones y cultura de la India, D. T. Suzuki, maestro de budismo zen, H. Read, H-Ch. Puech, experto en gnosticismo, teólogos como P. Tillich y D. Miller, el historiador de la filosofía árabe L. Massignon, el biólogo A. Portmann, psicólogos jungianos o posjungianos como E. Neumann, y J. Hillman, el antropólogo y filósofo G. Durand, así como también el historiador de las religiones M. Eliade y el gran  iranólogo e islamólogo H. Corbin.

Las investigaciones de Eranos se proyectan a una simbología de las culturas, que define por simbolismo la vivencia axiológica, a la vez estimativa y valorativa, de la realidad en su realización interhumana. El simbolismo en general, y el simbolismo eranosiano en particular, trata específicamente el ámbito religador de lo religioso o sagrado, pero no se reduce obviamente a él, ya que en lo simbólico atraviesa la religión y el arte, la conciencia y la ciencia, la cultura y la civilización, el amor y la muerte, la existencia entera. Es por ello que el simbolismo de lo temporal, lo intemporal o el tiempo que cicla fuese recurrente en los espacios de estudio del Círculo desde una panorámica fenomenológica y hermenéutica de lo simbólico[1].

La sesión vigésima de Eranos en 1951 tuvo como tópico «El Hombre y el Tiempo» (Mensch und Zeit). De este ciclo de conferencias saldrían textos puntuales para el estudio de lo temporal y lo cyclicus desde el espacio fenomenológico de lo sagrado. Fueron los casos de los libros «El tiempo cíclico en el mazdeísmo y en el ismailismo» de H. Corbin y «el mito del eterno retorno. Arquetipo y repetición» de M. Eliade.

La primera obra se escribió originalmente para la sesión y fue publicada en Eranos-Jahrbuch XX/1951 (Zúrich – 1952) y ampliada con otros ensayos y conferencias de 1954 a 1956 sobre el tema de la gnosis antigua y la gnosis ismailí. La segunda obra corresponde en su escritura a los años del 1945 a 1947, pero el manuscrito fue editado a partir de 1956, en el período en que M. Eliade trabajaba como docente en la Universidad de Chicago, etapa a la cual corresponden las ediciones de otras obras como «Mito y realidad» y su imprescindible «Tratado de las religiones».

Los ciclos de conferencias se sustentaron en el concepto de lo supratemporal en el tiempo en contraposición a las ideologías temporalistas o historicistas[2].

M. Eliade en este punto alude una dicotomía entre ese tiempo “real” de los historicistas y la supratemporalidad del fenómeno sagrado, en el cual más que una resistencia a la historia ve una rebelión contra el tiempo histórico, con la tentativa de reintegrarlo con toda su carga de experiencia humana en el tiempo cósmico, cíclico e infinito.

La visión de Eranos del tiempo tiene un trasfondo arquetipal, lo cual acentúa el carácter de sincronicidad o simultaneidad frente al de diacronicidad e historia como un mero devenir. De este modo el tiempo eranosiano se apoya cuasi hermeneúticamente en el ser-del-lenguaje de Gadamer. El tiempo simultáneo es revalorizado, al tiempo que el cambio se inscribe en un orden implicado.

II

Dentro de la sesión de conferencias se dieron diferentes puntos de vista en cuanto a la visión fenomenológica del tiempo.

Para C. G. Jung como para H. Corbin existe otra dimensión de la historia definida como “mitohistoria”, mas el iranólogo francés se adentrará en las profundidades del concepto hierohistoria a partir de las cosmogonías iranias y las teosofías del shiismo duodecimano y el ismaelismo. Para Corbin la teosofía ismaelí (como la shiita) de la hierohistoria presupone justamente la representación de un tiempo eterno (historia cíclica de eones, períodos o épocas que funcionan bajo un arquetipo) pero de una eternidad que se manifiesta en una sucesión sempiternus a los que su revolución reconduce a su punto inicial. Los mismos elementos repetitivos de esta hierohistoria son visorados en su hermenéutica comparativa del mazdeísmo iranio:

«La cosmogonía mazdea nos enseña así que el tiempo tiene dos aspectos esenciales: el tiempo sin orillas, sin origen (Zervân-i akanârak), el tiempo eterno; y el tiempo limitado o “tiempo de largo dominio” (Zervân-i derany xvatâi), propiamente hablando, aunque también el tiempo eterno se designa en ocasiones de la misma forma. El tiempo eterno es el paradigma, el modelo del tiempo limitado que ha sido hecho a su imagen. Y por eso nuestro tiempo, como dimensión de la existencia terrenal, permite que se transparente a través de él una dimensión distinta a su propia dimensión cronológica: una dimensión de luz que le impone su forma y su sentido. Inversamente, la ausencia o destrucción completa de esta dimensión miden la profundidad de tinieblas del ser que está en ese tiempo. Puesto que la dimensión de luz pone de manifiesto esa relación con el origen, puede ser propiamente denominada dimensión arquetípica: como tal, también, caracteriza y sitúa a un ser de luz, a un ser de esencia   mazdediana. Vinculando a ese ser con un tiempo eterno, al que le reconduce el tiempo limitado de su actual forma de existencia, esa dimensión-arquetipo determina, finamente, una experiencia de eternidad completamente propia, o más bien la anticipación que hace posible – o que traduce – la concepción de un tiempo cíclico que no es el tiempo de un eterno retorno, sino el tiempo de retorno a un origen eterno.»[3]

(ver la continuación en archivo pdf)

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[1]. Este punto puede resultar dicotómico, por ejemplo, el teólogo argentino Severino Croatto habla de que símbolo no puede ser analizado hermenéuticamente, pues solo el mito, que engloba lo simbólico, puede poseer hermenéutica. Por otro lado el filósofo vasco Ortiz Osés se expresa hacia una hermenéutica simbólica o sea el símbolo bajo la interpretación.

[2] Conferencias ofrecidas en la XX sesión del Círculo de Eranos 1951:

“Arte y tiempo” Erich Neumann

“La gnosis y el tiempo” Henry Ch. Puech.

“Tiempo e Historia en el cristianismo antiguo” Gilles Quispel.

“El tiempo en el pensamiento islámico” Louis Massignon.

“El tiempo cíclico en el mazdeísmo y en el ismaelismo” Henry Corbin.

“Tiempo y eternidad en el India” Mircea Eliade.

“Tiempo mente – cuerpo” Lancelot Law Whyte.

“Sobre sincronicidad” C. G. Jung.

“Símbolo y tiempo en el judaísmo” Erwin R. Goodenough.

“La concepción del tiempo en el Libro de las mutaciones” Helmut Wilhelm.

“El tiempo y la muerte” Helmuth Plessner.

“Cambios de la ciencia” Max Lnoll.

“El tiempo en la vida de los organismos” Adolf Portmann.

Podemos observar la interdisciplinariedad en el corpus de la sesión, donde se tributan a disciplinas como la estética, el gnosticismo, la historia del cristianismo, la islamología, la iranología, la psicología, el psicoanálisis, el pensamiento de la India, la historia del Judaísmo, la sinología, la física y la biología.

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