La vida del Imâm Muhammad at-Taqî (p), el noveno de los inmaculados imâmes
 
INTRODUCCIÓN
Sin duda la historia más asombrosa entre todas las historias de la creación, es la historia del califato del hombre sobre la Tierra, y si observamos cuidadosamente este fenómeno, podemos percibir esta especialidad propia del hombre, o sea, ser el “califa de Dios”, que es un gran favor otorgado a él sobre las demás creaciones.
La cadena de los Profetas y sus sucesores -desde Adán hasta Muhammad (BP) el último Profeta, y desde éste hasta el Imâm Al-Mahdî el Esperado (P)-, en la historia de la religiosidad y espiritualidad del hombre se asemejan a grandes montañas que poseían minas de sabiduría, conocimiento y supremacía, y eran los intermediarios entre Dios Todopoderoso y los seres humanos, así como los guardianes del depósito divino sobre la Tierra.
Estas grandes montañas cargadas de espiritualidad, fueron las mejores creaciones, los siervos más cercanos y guías de los demás; y la vida de cada uno de ellos en su época, la necesidad de la ciencia oculta, el habla y actuación divina de éstos, muestran que no eran seres comunes y realizaban actos maravillosos; Noé(P) vivió y fue profeta durante cerca de mil años y finalmente Dios Todopoderoso envió un diluvio aterrador para sus enemigos; de los Cielos descendieron castigos para los opositores de Hûd (P) y Sâlih (P); Abraham “el amigo de Dios (P)” entró (por amor a Dios) al fuego al igual que una mariposa enamorada se dirige a la luz, y por orden de Dios las llamas se convirtieron en un jardín de flores; Moisés (P) con el permiso de Dios convirtió su báculo ante el Faraón y su corte en una serpiente salvaje; Salomón (P) daba ordenes al viento y hablaba con las aves; Jesús (P) revivía a los muertos y el gran Mensajero del Islam (BP) trajo consigo diversos milagros: con su nacimiento fueron destruidos los ídolos, se derrumbaron catorce almenas de la muralla del palacio de “Anûshîrawân” (el sasánida Cosroes I el Grande que reinó entre 531-579 d.C), y se apagó el templo de fuego de los persas después de haber ardido durante mil años. Y con su profecía el mundo cambió, iniciando la humanidad una nueva etapa.
Así es, el suceso más maravilloso en la historia del Mundo, es el representante de Dios sobre la Tierra otorgada al hombre, y cada uno de sus Profetas y sucesores llevan consigo maravillas y milagros.
Un ejemplo de estas maravillas fue que tanto los Profetas como sus sucesores eran iletrados, que su sabiduría no fue adquirida de instructores humanos, sino que la obtuvieron de la misma Esencia de Dios.
Esta especialidad –la no necesidad de estudiar y ser instruidos–causó que la edad en la profecía y la misión divina de los líderes celestiales, no tuviese importancia, sino que con la aprobación y el deseo de Dios Todopoderoso, era posible a cualquier edad ser elegido y enviado por parte de Dios para ser profeta o líder y para guiar a la humanidad, tal y como podemos observar: algunos a la edad media, otros a la adulta y otros cuando eran jóvenes, e inclusive cuando eran aún infantes llegaron a ocupar la alta jerarquía de “representante de Dios sobre la Tierra”, que la obtención de esta jerarquía es únicamente con la aprobación y el deseo de Dios, y no influyen la edad ni los años, cuando Él así lo desea.
Y sucedió tal y como lo vemos en el Corán que en forma directa y clara dice que el Profeta Juan (P) cuando era aún pequeño y Jesús (P) estando en la cuna, fueron nombrados Profetas.
﴿يا يَحْيى خُذِ الْكِتابَ بِقُوَّةٍ وَ آتَيْناهُ الْحُكْمَ صَبِيًّا
¡Oh, Juan! Toma el Libro con fuerza, y le otorgamos sabiduría cuando era niño”. (19:11)
Y:
 ﴿ قالُوا كَيْفَ نُكَلِّمُ مَنْ كانَ فِي الْمَهْدِ صَبِيًّا، قالَ إِنِّي عَبْدُ اللَّهِ آتانِيَ الْكِتابَ وَ جَعَلَنِي نَبِيًّا
“Ellos dijeron: ¿Cómo hablaremos a uno que es un infante en la cuna? Él dijo: Yo soy, en verdad, un siervo de Al.lah, Él me ha dado el Libro y me ha hecho un profeta”.(19:28 y29)
Por lo tanto no es aceptable que algunos de los oponentes por ignorancia critiquen el que algunos de nuestros Inmaculados Imâmes por deseo de Dios fuesen elegidos y ocupasen el sitial del liderazgo cuando eran aún niños. Y con lo que hemos mencionado y lo registrado en el Generoso Corán nadie, más que los ignorantes, pueden protestar en contra del generoso Imâm Al-Ÿawâd (P) que a la edad de ocho o nueve años ocupó el puesto del imâmato.
El Imâm Abû Ÿa‘far Muhammad Ibn ‘Alî Al-Ÿawâd (P) después de que su generoso padre fue martirizado, tal y como los Imâmes anteriores habían dicho y con la designación hecha por el Imâm Ar-Ridâ (P) se hizo cargo del imâmato y califato de Dios sobre la Tierra, y como consecuencia de su corta edad, muchas veces sucedió que los enemigos y los ignorantes lo experimentaran, sin embargo, la manifestación de la ciencia divina de este gran hombre era tan evidente que en verdad debía colocarse como testigo al imâmato de este Inmaculado para confirmar la profecía de Juan y Jesús (P), y no al contrario.
Grupo de Investigadores de la Fundación: Usul Din – Qom.
DESDE SU NACIMIENTO HASTA SU MARTIRIO
Su nacimiento
Habían transcurrido cuarenta y cuatro años de la vida del Imâm Ar-Ridâ (P), sin embargo, aún no tenía hijos. Este asunto preocupaba a los shiíes, ya que según las narraciones recibidas del Profeta (BP) así como las de los Imâmes (P) anteriores, sostenían la creencia de que el noveno Imâm sería hijo del octavo, por ello se encontraban en espera de que Dios Todopoderoso otorgara un hijo y sucesor al Imâm Ar-Ridâ (P). Inclusive a veces iban a visitarlo y le decían que pidiera a Dios que le diese un hijo y heredero. Este gran hombre los tranquilizaba diciendo:
“Dios me dará un hijo que será mi heredero y el Imâm después de mi”.[1]
Finalmente el día 10 del mes de Raÿab del año 195 H.L. (811 d.C.) nació el Imâm Muhammad At-Taqî (P).[2]Su nombre era “Muhammad” y lo llamaban Abû Ÿa‘far y sus títulos (laqab) más utilizados para él eran At-Taqî y Al-Ÿawâd.
Su nacimiento trajo felicidad y causó que la sociedad Shî‘ah consolidara su fe y creencias, ya que al nacer terminó con la duda que se había creado en algunos de éstos como consecuencia de la tardanza de su nacimiento.
Su madre se llamabaSabîkah”, y el octavo Imâm la nombró Jaîzarân. Esta honorable dama pertenecía ala familia de Mariya Al-Qabtiah”[3]la esposa del Profeta (BP) y en cuanto a sus cualidades morales era una de las mujeres más destacadas de su época. El Profeta (BP) respecto a ella dijo:
“Ella es una de las mejor mujeres de su época”.[4]
Y el séptimo de los Imâmes, el Imâm Mûsâ Ibn Ya‘far (P), mencionó algunas de sus virtudes antes de que esta dama fuese tomada como esposa por el Imâm Ar-Ridâ (P), envió saludos a ella por medio de uno de sus seguidores llamado Ÿazîd Ibn Salit.[5]
Hakîmah”, la hermana del Imâm Ar-Ridâ (P) cuenta: “Cuando nació (su sobrino) el Imâm Muhammad At-Taqî (P), mi hermano me pidió que me quedara con Jaîzarân. El tercer día después del nacimiento del infante, éste abrió sus ojos y luego de mirar hacia el cielo y hacia la derecha e izquierda dijo:
"اَشْهَدُاَنْ لااِلهَ اِلّا اَللهْ، وَ اَشْهَدُ اَنَّ مُحَمَّداً رَسُولُ اللهِ"
Ash.hadu an la il.laha ilal.lah wa ash.hadu anna Muhammadan Rasuli.lah.
Atestiguo que no hay divinidad más que Dios y atestiguo que Muhammad es Su Enviado.
Al observar esta escena tan maravillosa me levanté rápidamente y fui a ver a mi hermano para relatarle lo sucedido. El Imâm dijo: “Las maravillas que verás en él después de esto, serán mayores de lo que has observado hasta el día de hoy”.[6]
“Abû Yahîâ San‘ânî”relata: Había visitado al Imâm cuando le trajeron al Imâm Al-Ÿawâd (P) que era aun un infante. Dijo:
“Este es un niño que entre la Shî‘ah no ha nacido alguien que traiga para ella más bendiciones que éste”.[7]
Tal vez estas palabras del Imâm hacen referencia a lo mismo que nosotros nos habíamos referido anteriormente, ya que el nacimiento del Imâm Al-Ÿawâd (P) terminó con las preocupaciones de los shiíes respecto al sucesor del Imâm Ar-Ridâ (P), salvando así a la fe de éstos de cualquier duda.
Nawfalî”cuenta: Cuando el Imâm Ar-Ridâ (P) viajó a Jurasán le dije: “¿Tiene alguna orden para mí?”
Dijo: “Es obligatorio para ti que siguas después de mí a mi hijo Muhammad. Yo voy a un viaje del cuál no regresaré”.[8]
Muhammad Ibn Abî ‘Ibâd” que era uno de los escribas del Imâm relata: “Este generoso hombre llamaba a su hijo Muhammad (P) por su sobrenombre (costumbre y muestra de respeto en la sociedad árabe de ese entonces), y cuando recibía alguna carta del Imâm Al-Ÿawâd (P) manifestaba: “Abû Ÿa‘far me ha escrito”. Y cuando (por orden del Imâm Ar-Ridâ -P-) escribía alguna carta para Abû Ÿa‘far (P), lo trataba con respeto y grandeza. Y las cartas que recibía del Imâm Al-Ÿawâd (P) estaban llenas de bellas y elocuentes palabras”.
Este mismo hombre cuenta: Escuché al Imâm Ar-Ridâ (P) decir: “Después de mí, Abû Ÿa‘far (P) será mi heredero y sucesor de entre los de mi familia”.[9]
Mu‘ammar Ibn Jalâd” dice: Mientras el Imâm Ar-Ridâ (P) recordaba un asunto dijo:
“¿Qué necesidad tenéis de escuchar este asunto de mi boca? Es Abû Ÿa‘far (P) aquél a quien he elegido como mi sucesor (cualquier pregunta y problema que tengáis él les responderá). Nosotros pertenecemos a la familia que los hijos heredan por completo de sus padres (las verdades, sabiduría y la ciencia)”.[10]
(Estas palabras del Imâm se refieren a que toda la ciencia y la jerarquía del imâmato son heredadas del Imâm anterior al siguiente Imâm, y esto es especial del Imâm y no de los demás hijos de los Imâmes).
“Jaîrânî”cuenta que su padre dijo: En Jurasán estaba yo con el Imâm. Alguien le preguntó: “¿En caso de que os suceda algún percance, a quién debemos recurrir?”
Le respondió: “A mi hijo Abû Ÿa‘far”.
Parecía que el preguntador no consideraba suficiente la edad del Imâm Al-Ÿawâd (P) (y pensaba que como podría un niño ser responsable del Imâmato). Entonces el Imâm agregó:
“Dios Todopoderoso, eligió a Jesús (P) como profeta y mensajero mientras que su edad era menos que la edad con la que cuenta Abû Ÿa‘far en estos momentos”.[11]
“‘Abdul.lah Ibn Ÿa‘far”manifiesta: Acompañado de Safwân Ibn Yahîâ fuimos a visitar al Imâm Ar-Ridâ (P), en ese entonces el Imâm Al-Ÿawâd (P) contaba con tres años y se encontraba presente. Preguntamos al Imâm (P): “Si ocurriese algún para vos, ¿quién será vuestro sucesor?”
El Imâm señaló a su hijo Abû Ÿa‘far y dijo: “Éste, mi hijo”.
“¿A ésta edad?” Le preguntamos.
“¡Si, a esta edad! Dios Todopoderoso eligió como Su Mensajero a Jesús (P) cuando contaba con menos de tres años”.[12]
Su imâmato
El imâmat (el liderazgo) al igual que el nabâwat (la profecía) es un favor divino que Dios Todopoderoso otorga a sus siervos elegidos y dignos, y en este favor no influye la edad. Tal vez aquellos que consideraban muy remota la profecía y el imâmato de un infante, se habían equivocado y estimando a este asunto divino y celestial al mismo grado que un asunto común, mientras que es todo lo contrario, y el liderazgo y profecía dependen del Deseo de Dios, y Dios a Su siervo que considera digno de esta jerarquía lo agracia con Su Sabiduría interminable, y no existe ningún inconveniente en que algunas veces, por algún motivo, Dios otorgue a un infante toda esta ciencia y Lo elija como profeta o Le entregue el imâmato en la niñez.
El noveno de los Inmaculados Imâmes, el Imâm Muhammad Al-Ÿawâd (P), ocupó el imâmato a la edad de ocho o nueve años.
“Mu‘al.lâ Ibn Muhammad”dice: Después del martirio del Imâm Ar-Ridâ (P) vi al Imâm Al-Ÿawâd (P) y miré detalladamente su estatura y cuerpo para poder describirlo a los shiíes, en ese momento el Imâm se sentó y dijo: “¡Oh, Mu‘al.lâ! Dios también en el imâmato al igual que en la profecía trajo una prueba y dijo: A Yahîâ le entregamos la profecía cuando era un infante”.[13]
“Muhammad Ibn Hasan Ibn ‘Ammâr”cuenta: Durante dos años visité a ‘Alî Ibn Ÿa‘far en Medina, y él me trasmitía las narraciones que había escuchado de su hermano, el séptimo de los Imâmes, el Imâm Mûsâ Ibn Ÿa‘far (P), y yo las apuntaba. En una ocasión nos encontrábamos en la Mezquita del Profeta, yo estaba sentado junto a él cuando Imâm Al-Ÿawâd (P) entró. ‘Alî Ibn Ÿa‘far descalzo se levantó apresurado, besó la mano del Imâm y lo saludó. El Imâm le dijo:
“¡Oh, tío! Toma asiento. Dios te calme con Su Misericordia”.
“¡Mi señor! ¿Cómo sentarme mientras vos estáis de pie?”
Cuando ‘Alî Ibn Ÿa‘far regresó a su lugar, sus seguidores y compañeros le reprocharon: “¡Tú eres el tío de su padre y lo respetas en esa forma!”
‘Alî Ibn Ÿa‘far mientras acariciaba su barba manifestó: “¡Callen! Mientras que Dios, Glorificado sea, no consideró merecedora del imâmato a esta barba blanca, y a este joven lo consideró digno y Lo nombró Imâm ¿queréis que niegue sus virtudes! ¡Me refugio en Dios de vuestras palabras! Yo soy Su siervo”.[14]
“‘Umar Ibn Faraÿ” expone: Nos encontrábamos con el Imâm Al-Ÿawâd (P) en unos prados a la orilla del Río Tigris, le dije: “Vuestros shiíesaseguran que vos sabéis el peso de las aguas del Tigris”.
Me dijo: “¿Acaso Dios tiene el poder de dar a un mosquito la sabiduría del peso de las aguas del Tigris?”
“¡Si! Lo tiene”. Le dije.
“Yo soy más querido porDios que un mosquito y que la mayoría de Sus criaturas”.[15]
“‘Alî Ibn Hisân Wâsitî”cuenta: Llevé conmigo algunos juguetes y me dije (ya que es un niño) ¡se los llevó de regalo para el Imâm! (Fui a verlo y las personas le hacían preguntas, y él las respondía). Después de que terminaron sus preguntas, los que se encontraban presentes se retiraron. Entonces el Imâm se levantó y también se fue, y yo lo seguí. Pedí permiso a través de su sirviente para verlo, y entré. Lo saludé y él me respondió, sin embargo, parecía estar enfadado y no me dio permiso para tomar asiento. Me acerqué y coloqué los juguetes junto a él. Me miró enojado y aventó los juguetes a su diestra y siniestra y dijo:
“¡Dios no me creó para jugar! ¡Yo, jugar!”
Recogí los juguetes y le pedí disculpas, las cuales aceptó. Entonces salí de su casa.[16]
Algunas noticias de lo oculto y de sus milagros
1. La carta sin entregar
Después del martirio del Imâm Ar-Ridâ (P), ochenta personas de los sabios y jurisconsultos de Bagdad y otras ciudades viajaron a La Meca para realizar la ceremonia del Haÿÿ (peregrinación). En su camino llegaron a la Ciudad de Medina para entrevistarse con el Imâm Al-Ÿawâd (P), hospedándose en la casa del Imâm As-Sâdiq (P) que se encontraba vacía.
El Imâm At-Taqî (P) que aun era un niño se unió a éstos y un hombre llamado “Muwaffaq” lo presentó a los demás. Todos respetuosamente se levantaron y lo saludaron. Realizaron preguntas que el Imâm respondió una tras otra perfectamente y todos (al ver en él los signos del imâmato obtuvieron más confianza en su misión) se alegraron, lo alabaron y pidieron a Dios por él.
Uno de ellos llamado “As.haq” cuenta: Yo también escribí en una carta diez preguntas para realizarlas al Imâm, y me dije: “Si este benevolente responde a éstas le pediré que suplique por mí para que Dios me de un varón de mi mujer que esta embarazada”. La reunión se alargó y continuamente le preguntaban y él respondía. Me levanté para irme y pensé entregarle mi carta al siguiente día, no obstante cuando me vio dijo: “¡Oh, As.haq! Dios aceptó mí súplica. Llama Ahmad a tu hijo”.
Dije: “¡Gracias a Dios! ¡Sin duda él es la prueba de Dios sobre la Tierra!”
As.haq regresó a su lugar de origen y Dios le otorgó un hijo varón al cuál llamó Ahmad.[17]
2. Demasiado tarde
“‘Imrân Ibn Muhammad Ash‘arî”expone: Después de terminar lo que tenía que tratar con él le dije: “Umm Al-Hasan le envía saludos y solicita que le de uno de vuestras camisas para utilizarla como mortaja”.
El Imâm dijo: “Ya no la necesita”.
Regresé sin comprender las palabras del Imâm, hasta que recibí la noticia de que Ummi Al-Hasan había fallecido trece o catorce días antes de que yo fuese a visitarlo.[18]
3. La caridad del Imâm
“Ahmad Ibn Hadîd”relata: Un grupo nos dirigíamos para realizar la ceremonia de la peregrinación. En el camino unos bandidos nos atacaron (llevándose todas nuestras pertenencias). Cuando llegamos a Median me encontré en la calle con el Imâm Al-Ÿawâd (P) y fuimos a su casa, donde le platiqué lo sucedido. Ordenó que me trajesen unas ropas y una bolsa de monedas, luego dijo: “Entrega a cada uno de los integrantes de la caravana la cantidad que les fue robada”.
Después de realizarlo me percaté de que era exactamente, ni más ni menos, la cantidad que nos habían robado.[19]
4. La camisa del Imâm
“Muhammad Ibn Sahl Qomî”expone: Me trasladé de La Meca a Medina y fui a visitar al Imâm Al-Ÿawâd (P). Quería pedirle una de sus camisas, sin embargo hasta el momento de la despedida no se presentó la ocasión. Pensé hacerlo por medio de una carta, y la escribí. Entonces me dirigí a la Mezquita del Enviado de Dios y me propuse realizar una oración de dos ciclos y solicitar un rosario (de cien cuentas) de salud y bienestar a Dios y en caso de que intuyese que era conveniente mandar la carta lo haría, y en caso contrario la rompería. Así lo hice y sentí que no debía enviarla. La rompí y me preparé para salir hacia La Meca. En ese momento me encontré con una persona que llevaba un gran pañuelo en el cuál había colocado una camisa y me buscaba entre los de la caravana. Se me acercó y dijo: “Tú Señor te ha enviado esta camisa”.[20]
5. La fertilización del árbol
Al-Ma’mûn hizo traer al Imâm Al-Ÿawâd (P) a Bagdad y le entregó a su hija como esposa. No obstante el Imâm no permaneció en esa ciudad y volvió a Medina acompañado de ésta.
Al querer regresar, un grupo lo acompañó hasta las afueras de la ciudad para despedirlo. Atardeció y cuando el Sol se ponía la caravana arribó a un lugar en el cuál había una mezquita antigua. El Imâm se dirigió a ésta para realizar la oración del ocaso. En el patio de la mezquita había un árbol de loto que hasta ese día no había dado fruto. Este Inmaculado solicitó que le trajesen agua y realizó la ablución, cayendo el agua de ésta sobre las raíces y cerca del tronco del árbol. Después realizó la oración del ocaso en forma colectiva, y luego una oración facultativa de cuatro ciclos e hizo una prosternación de agradecimiento a Dios. Más tarde se despidió de la gente y continuó su camino.
Al siguiente día el árbol comenzó a dar fruto y de muy buena calidad. La gente quedó sorprendida al verlo.[21]
Relatan del difunto Shaîj Al-Mufîd que años después él mismo vio y comió el fruto de ese árbol.
6. La notificación del martirio del Imâm Ar-Ridâ (P)
“Umaîat Ibn ‘Alî”relata:Yo vivía en Medina cuando el Imâm Ar-Ridâ (P) se encontraba en Jurasán y constantemente visitaba la casa del Imâm Al-Ÿawâd (P). Por lo general la familia del Imâm también lo visitaba para saludarlo. En una ocasión dijo a una de sus asistentes: “Di a las mujeres de la familia que se preparen para lamentarse”.
Al siguiente día el Imâm volvió a repetir lo mismo. Preguntaron: “¿Por la muerte de quién?”
“Para lamentarse por la muerte del mejor hombre sobre la Tierra”.
Poco tiempo después llegó la noticia del martirio del Imâm Ar-Ridâ (P), fue entonces cuando entendieron las palabras de ese día en que el Imâm Al-Ÿawâd (P) había dicho: “Que se preparen para lamentarse”, ya que su padre había sido martirizado en Jurasán.[22]
7. La confesión del juez
El juez “Yahîâ Ibn Akzam”que fue uno de los enemigos de la familia de la profecía y el imâmato, confesó que:
“Un día encontré al Imâm Al-Ÿawâd (P) cerca de la tumba del Mensajero del Islam (BP). Debatí con él sobre diferentes temas, y todas sus respuestas fueron muy lógicas. Le dije: “¡Juro por Dios que deseo preguntarle algo, pero siento vergüenza!”
“Te responderé sin que realices tu pregunta; tú quieres saber ¿quién es el Imâm?” Me dijo.
“Así es, ¡juro por Dios que esa es mi pregunta!” Exclamé. Entonces me dijo: “¡Yo soy el Imâm!”
“¿Tienes alguna señal o prueba para esta pretensión?” Pregunté intrigado.
En ese momento el báculo que tenía en sus manos comenzó a hablar y dijo: “Él es mi maûlâ (señor), el Imâm de esta época y la prueba de Dios sobre la Tierra”.[23]
8. La salvación del vecino
“‘Alî Ibn Ÿarîr” relata: Me encontraba con el Imâm Al-Ÿawâd (P), cuando se había extraviado un cordero de la casa del Imâm. A la fuerza trajeron a uno de los vecinos acusándolo de haber robado al animal. El Imâm dijo:
“¡Pobre de vosotros! ¡Pónganlo en libertad! ¡Él no robó el cordero! En este momento el animal se encuentra en tal casa. ¡Vayan por él!”
Fueron al lugar que había indicado el Imâm. Encontraron al cordero y detuvieron al dueño de la casa acusándolo de haber robado al animal, le pegaron y desgarraron sus ropas. Sin embargo, él juraba no haberlo robado. Lo llevaron ante el Imâm. El Imâm dijo:
“¡Pobre de vosotros! Habéis sido injustos con este hombre. El animal había entrado en su casa sin que él supiese”.
Entonces afablemente le entregó una suma de dinero para tranquilizarlo y en pago de sus ropas desgarradas.[24]
9. Liberación de la cárcel
Alî Ibn Jâlid cuenta: Estando en Samarra me enteré que habían traído a un hombre encadenado desde Shâm y lo habían encarcelado ahí. La gente murmuraba que él pretendía ser un profeta.
Me dirigí a la cárcel y me porté amable con los celadores para que me permitiesen verlo.
Cuando me entrevisté con él encontré que era una persona consciente e inteligente.
Le pregunté: “¿Qué sucedió?”
Respondió: “Me encontraba orando en Shâm, en un lugar que dicen haber colocado la cabeza del Imâm Husaîn (P) el Príncipe de los Mártires[25]. Una noche mientras estaba ocupado rezando, repentinamente vi a un hombre frente a mí que me decía:
“¡Levántate!”
Lo hice y lo acompañé unos pasos. Vi que nos encontrábamos en la Mezquita de Kufa. En ese momento me preguntó:
“¿Conoces esta mezquita?”
Le dije: “¡Sí! Es la Mezquita de Kufa”. Realizamos la oración y salimos de ahí.
Nuevamente unos pasos más adelante vi que nos encontrábamos en la Mezquita del Profeta en Medina. Visitamos su tumba, realizamos la oración en la mezquita y salimos.
Poco más adelante vi que nos encontrábamos en La Meca, en la Casa de Dios. Realizamos la circunvalación, salimos y dimos unos pasos más. Entonces vi que me encontraba en Shâm y en mi lugar, y que ese hombre había desaparecido de mi vista.
Estaba sorprendido y atónito de lo que había visto, hasta que transcurrió un año y nuevamente vino ese hombre y se repitió en forma idéntica lo que me había sucedido el año anterior, sin embargo esta vez, cuando quería separarse de mí le dije:
“¡Por Dios! ¿Cómo te llamas?”
“Yo soy Muhammad Ibn ‘Alî Ibn Mûsâ Ibn Ÿa‘far Ibn Muhammad Ibn ‘Alî Ibn Husaîn Ibn ‘Alî Ibn Abî Tâlib (o sea el Imâm Al-Ÿawâd -P-)”. Me dijo.
Relaté a varias personas este suceso, el cuál llegó a los oídos del ministro de Mu‘tasim ‘Abbasî, “Muhammad Ibn ‘Abdul Malik Zaîîât”. Él ordenó que me trajeran encadenado aquí y me encar
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