La Gesta del Imam Husein (p):
 Los factores y condiciones para el movimiento de ‘Ashûra, en especial alusión a la norma  de “ordenar lo bueno y prohibir lo malo”.
 Por Marcelo Nadim Morhell 
Extraído de la revista El Mensaje de Az-Zaqalain 24
 
Al·lah ha comprado a los creyentes sus personas y su hacienda, ofreciéndoles, a cambio, el Jardín. Combaten por Al·lah, matan o les matan. Es una promesa que Le obliga, verdad, contenida en la Torá, en el Evangelio y en el Corán. Y ¿quién respeta mejor su alianza que Al·lah? ¡Regocijaos por el trato que habéis cerrado con Él! ¡Ese es el éxito grandioso!
Quienes se arrepienten, sirven a Al·lah, Le alaban, ayunan, se inclinan, se prosternan, ordenan lo que está bien y prohíben lo que está mal, observan las leyes de Allah… ¡Y anuncia la buena nueva a los creyentes!
(Sura At-Taubah, 9: 111-112) 
Una revolución con conciencia puede tener distintos elementos, y casualmente, la revolución de Imam Husein (P) tuvo muchos factores que hacen que el movimiento tenga un carácter múltiple y no unidimensional, ya que en el suceso de Karbalâ intervinieron diferentes factores, es decir, fueron varios los motivos que ocasionaron que el Imam Husein se levantara en contra del gobierno corrupto de Iazîd, y es lo que hace difícil la explicación de la esencia de este levantamiento, puesto que lo que se manifestaba a partir del Imam a veces se relacionaba  a un factor en especial, y otras veces a otro.
Podemos mencionar los siguientes posibles factores que jugaron un rol preponde­rante en suscitar el movimiento del Imam Husein (P):
1) El hecho de que el Imam Husein (P) era la única personali­dad digna y merecedora del cali­fato, designada por Dios para ello y el único poseedor de la posición espiritual del Imamato.
Este aspecto, por sí solo, no acarreaba una responsabilidad para él, a menos que la gente se percatara de ello y diera la bai’ah o juramento de fidelidad a Imam Husein (P); recién entonces él estaría obligado a aceptar el lide­razgo, pero mientras la gente no estuviera preparada para distin­guir ello, y por otra parte, mien­tras la situación reinante en la nación islámica no fuera en co­ntra de los beneficios de los mu­sulmanes, en ese caso “la respon­sabilidad” del Imam (P) no era oponerse en contra del gobierno reinante, sino que por el contra­rio, su deber era ayudar y asistir, tal como hizo el Imam ‘Alî (P) en su época.
Entonces, vemos que este fac­tor por sí solo no influyó en el levantamiento de Karbalâ, sino que lo que influyó fue este factor conjuntamente con el tercero –que mencionaremos más ade­lante-, y que es el factor de la invitación de la gente de Kufa, porque dicha invitación fue hecha al Imam para que se hiciese cargo del gobierno y no por otra cosa. En consecuencia, este factor por sí solo no es independiente y debe ser tomado en cuenta en forma conjunta con el tercero.
2) Uno de los importantes factores que influyeron en el le­vantamiento del Imam (P), y que desde el punto de vista cronoló­gico tal vez sea el primero, es el factor de la bai‘ah o juramento de fidelidad. El Imam Husein (P) estaba en Medina, y Mu’awiah, que deseaba obtener de él el ju­ramento de fidelidad para la su­cesión de su hijo Iazîd antes de su propia muerte, envió a tal efecto a sus agentes a Medina. Su jura­mento hubiese significado una aprobación para el Califato de Iazîd, no sólo en lo que se refiere a la persona de este último en particular, sino también a la tra­dición que quería fundar Mu’awiah, que consistía en que “el sucesor fuese nombrado por su predecesor”, es decir, quería im­plantar un régimen monárquico hereditario. Esto significaba el rechazo de la norma que estable­cía que el próximo califa debía ser elegido por la gente –como creen los Sunnis-, o, de aquella que promulga que el califa debía ser nombrado de acuerdo con la de­signación divina y aclarado por el Profeta -como creen los Shi’as. Por lo tanto, todo esto no era tan sólo hacer que la gente aprobara la sucesión de un hijo por orden de su padre, sino también el esta­blecimiento de una tradición in­troducida por primera vez, por Mu’awiah, razón por la cual que­rían obtener el juramento de fi­delidad del Imam Husein (P).
Esta exigencia se encontró con una reacción negativa por parte del Imam (P), basada en “la pie­dad o el temor a Dios”. Cada ser humano se enfrenta a veces con una serie de exigencias en su so­ciedad en variadas apariencias, ya sea en forma de placer, deseo por posición, amenaza o temor. La persona debe resistirse ante todo eso y decir ‘no’ a fin de ser vir­tuoso y piadoso.
Hasta aquí el movimiento está basado en una reacción de nega­tiva a exigencias ilegales. Ellos amenazaron y él (P) dijo que es­taba listo para morir, pero no para jurar fidelidad. El Imam Husein (P) dijo: “Me rehúso a jurar fide­lidad, aún cuando ningún lugar me fuera dejado sobre la Tierra para vivir”. También dijo: “Ese bastardo hijo de un bastardo (o sea Ibn Ziâd), da a elegir una de dos cosas: la espada o la humilla­ción. ¡Lejos está Husain de tolerar la humillación! ¡Nunca! ¡Nuestro Dios no aprueba eso para noso­tros!”.
3) Tras oponerse el Imam a ju­rar fidelidad a Iazîd, la gente de Kufa lo invita y le anuncian que están listos para auxiliarle y ayu­darlo a tomar el poder, y es así que el Imam recibe cartas, una tras otra.
La gente de Kufa se dio cuenta de que veinte años antes de este suceso, ‘Alî (P) había gobernado en ese pueblo donde los efectos de sus enseñanzas aún permane­cían. Tan pronto como Mu’awiah murió, ellos se reunieron y dije­ron que no perderían la oportu­nidad y que no debían permitir que Iazîd fuera Califa, pues te­nían a Husein ibn ‘Alî (P). Ellos debían invitarle a gobernar, y estar preparados para auxiliarle y así tornar al Califato verdadera­mente islámico. Aquí hay una invitación por parte de la gente basada en que “estamos prepara­dos con toda el alma y el corazón” y en que “nos hemos congregado para vuestra llegada”. Kufa, que siempre había sido un campo militar de los musulmanes, envió invitaciones al Imam Husein (P). No fue sólo una persona, o dos, o diez..., sino dieciocho mil cartas, cada una de las cuales era a veces firmada por veinte personas, hasta que llegó el número a cien mil personas que le enviaron cartas.
¿Qué debía hacer el Imam ahora? No necesitaba más excu­sas. La petición había sido hecha, y la reacción por parte de los musulmanes que se habían revelado era positiva y el Imam (P) debía dar una respuesta positiva y apresurarse a su ayuda.
Al principio, antes de este su­ceso, su deber era sólo decir “no” a Iazîd y conservarse a sí mismo puro. Por lo tanto, si él hubiese aceptado la sugerencia de Ibn ‘Abbâs, quien le aconsejaba esca­par e irse a vivir en las montañas del Yemen para estar a salvo del ejército de Iazîd, él habría cum­plido con su primera obligación desde el punto de vista de lealtad y piedad.
Pero ahora un nuevo deber había recaído sobre él como re­sultado de la invitación de los musulmanes, quienes se propo­nen una especie de ultimátum. A pesar de que el Imam (P) sabía desde el mismo comienzo de su partida que la gente de Kufa no estaba preparada adecuadamente, y que eran gente temerosa y sin principios, sin embargo, ¿qué respuesta podría dar él a la histo­ria? Si los hubiera abandonado, ¿qué habríamos dicho hoy pre­guntándonos por qué el Imam (P) no les dio una respuesta positiva? Si el Imam Husein (P) se hubiera rehusado a dar una respuesta po­sitiva, el mundo hoy hubiera di­cho que si él hubiera aceptado la invitación, Iazîd y sus seguidores hubieran sido aniquilados por la valiente gente de Kufa. Kufa había sido un campo militar de los musulmanes y esta gente había sido gobernada por ‘Alî (P) durante cinco años. Allí, la voz de ‘Alî (P) y de las viudas y huérfa­nos que habían sido mantenidos por él, aún podían ser oídas. Ellos habrían dicho que el Imam Husein (P) no fue porque estaba asustado, y que si hubiera ido a Kufa, comenzaría una revolución.
Por lo tanto, él consideró un deber decir: “Yo estoy listo, si vosotros lo estáis”.
4) Sabemos que en el Islam existe un principio llamado: “amr bil ma’rûf ua nahi ‘anil munkar”, esto es, “encomendar el bien y prohibir el mal”, particularmente en los asun­tos en que se pretenda de­clarar ilícito algo que el Legis­lador prohibió, o tornar lícito algo decla­rado como ilícito, o cuando se echan por la borda los derechos de la gente, o se incre­menta so­bremanera la corrupción o la opresión.
Respecto a este princi­pio, el día que partió de Medina el Imam Husein (P) escribió en su testa­mento a su hermano Muhammad Hanafîiah lo si­guiente:
“Que la gente del mundo sepa que yo no soy un re­belde de­seoso de la gue­rra, que no soy un co­rrupto ni un desobe­diente que busca una posi­ción, como tam­poco soy un opre­sor. No tengo tales pro­pósi­tos. Mi le­vantamiento es de re­forma. Yo me he revelado para reformar la nación de mi abuelo. Yo quiero ordenar lo bueno y prohibir lo malo”.
En esta carta no hay mención de la exigencia de la bai’ah, ni natural­mente tam­poco de la in­vitación de la gente de Kufa, que todavía no había sido realizada, por lo que las acciones del Imam Husein (P) pueden ser explicadas por su ló­gica de ataque, martirio y difu­sión de la revolución. La acción de Imam Husein (P) sólo se justi­fica con esta lógica. Si su lógica hubiera sido de defensa, él no habría permitido a sus com­pañe­ros partir en la no­che antes de ‘As­hura, y no les da­ría la elec­ción de que­darse o par­tir, ni les hubiera dicho que se fueran, que no tenían que morir allí, ya que si él hubiese par­tido con una lógica de defensa, nece­sitaba de sus com­pañeros para di­cha defensa.
El no les prohibió irse, si­guiendo la lógica de un revolucio­nario, la lógica de un atacante, la lógica de quien quiere escribir su mensaje con san­gre.
En otra parte dijo: “Escuché a mi abuelo el Enviado de Dios decir: Quien vea a un gobernante tirano que haga lícitas las prohi­biciones de Dios…”
En otra parte: “¿Acaso no veis que no se actúa en base a la ver­dad y que no es vedada la false­dad? ¡Que el creyente desee realmente encontrar a Dios!”.
Entonces, el partió de Medina con esta consigna: la de ordenar el bien y prohibir el mal. No fue una cuestión de alzamiento a causa de serle exigido el jura­mento de fidelidad, sino de le­vantamiento con motivo de or­denar lo bueno y prohibir lo malo en cualquier caso, pues los vicios se habían difundido por todo el mundo islámico, y su obligación religiosa le hizo necesario el re­velarse.
La esencia de cada uno de los factores:
Así es que, en general, po­demos decir que fueron tres los factores que influyeron en el movimiento o levantamiento del Imam Husein (P): el primero, el hecho de “abstenerse de dar la bai’ah o juramento de fidelidad”; segundo, “la aceptación de la in­vitación de la gente de Kufa”, y por último, el factor de “ordenar el bien y prohibir el mal” (al-‘amru bil ma’rûf uan-nahi ‘anil munkar).
La primera cuestión es de le­gítima defensa, algo que le in­cumbe personalmente al negarse a dar la bai’ah. En la segunda cuestión él es un auxiliador. Pero en la tercera, el Imam (P) actúa como atacante al confrontar al gobierno de la época, y de acuerdo a todo esto el Imam Husein era un revolucionario.
El factor de la invitación de la gente de Kufa es aquel que le da al movimiento su carácter de ayuda y auxilio. El factor de la exigencia de la bai‘ah, es el que le da su carácter defensivo. Y el factor de ordenar el bien y prohi­bir el mal, es el que le da su ca­rácter de ataque. Obviamente éstos no tienen el mismo valor, sino que cada factor tiene un va­lor particular en sí mismo y es en esa medida, que sumados, le dan al movimiento su valor total. Cada uno de los factores arriba mencionados suscita una obliga­ción diferente para el Imam (P), y es por eso que nosotros decimos que el movimiento es de un ca­rácter múltiple.
Sobre las bases del primer factor, es decir, la cuestión de dar la bai’ah, el deber del Imam (P) era simplemente no dar el jura­mento de fidelidad, y si aceptaba la sugerencia de Ibn ‘Abbâs y se iba a las montañas del Yemen para mantenerse a salvo, hubiese sido correcto.
Sobre las bases del segundo factor, es decir la cuestión del pedido de la gente de Kufa, él tenía la obligación de darles una respuesta positiva mientras ellos respetaran su promesa. Desde el momento en que lo abandonaron, ya no tuvo esa obligación al haber violado ellos la promesa, ya que entonces el asunto de que él lle­vara las riendas del gobierno se tornaría nulo y vacío. Entonces el Imam (P) no tenía la obligación, pero ¿por qué él continuó su ta­rea? Esto demuestra que su tarea no estaba limitada al factor de la invitación, el cual fue un asunto temporario comenzando el 15 de Ramadán, hasta que él llegó al límite de Irak y Arabia y se en­contró con Hurr bin Iazîd Ar-Riahi y oyó de la muerte de Mus­lim, por lo que el asunto de auxi­liar a Kufa perdió su validez. Además, teniendo en cuenta que se habló con la gente de Kufa y no con Iazîd y su gobierno, su obligación era sólo decirle a la gente de Kufa que si no lo que­rían, él volvería sobre sus pasos, lo cual no implicaba que si se tomara esa medida daría la bai’ah, algo que él mismo dejó en claro al expresar:
“Aunque vosotros no me al­berguéis, aún así no daré la bai’ah”.
En la cuestión de prescribir lo bueno y prohibir lo malo, él ya no era un defensor o un auxilia­dor, sino un atacante y un revo­lucionario. Así pues, considero que el factor de la invitación de la gente de Kufa, fue el menos efec­tivo de los factores, pues si ello hubiera sido efectivamente un factor fundamental, el Imam (P) habría renunciado a su exigencia y juraría lealtad en el momento en que oyó que la situación de Kufa había cambiado, y no pro­nunciaría más su consigna de prescribir lo bueno y prohibir lo malo, pero justamente sus más cálidas y emocionantes palabras son después de la derrota de Kufa. Esto demuestra que para él el tercer factor, es decir, prescribir lo bueno y prohibir lo malo es más significativo como un medio para atacar al gobierno como un revolucionario.
En este ensayo me limitaré a desarrollar solamente el tercero de los factores, que a mi enten­der, es el más importante y de más valor.
Respecto al tercer factor, Husein es un hombre revolucio­nario. Y ya no hace falta ningún otro motivo o factor, puesto que la corrupción lo había cubierto todo, lo halâl de Dios se había convertido en harâm, y lo harâm en halâl, y el Profeta había dicho que: “Todo aquel que viera tal situación y no hiciera algo por cambiar ello por medio de la ac­ción o la palabra, entonces es un derecho de Dios que lo intro­duzca en el mismo lugar que hace entrar a los opresores, tiranos e innovadores de la religión”.
Dice el Corán: “Y que surja de entre vosotros un pueblo que preconice el bien, dicte la justicia y prohíba lo ilícito. Ellos serán bienaventurados”. (Sura Âl ‘Imrân; aleya 104) y también dice: “Sois la mejor nación que jamás haya surgido para la huma­nidad, porque encomendáis el bien, prohibís lo ilícito y creéis en Dios”. (Sura Âl ‘Imrân; aleya 110).
Es por ello que el tercer factor es el de más valor en el levanta­miento del Imam Husein (P), el cual es el que otorgó a este mo­vimiento el merecimiento de brillar a lo largo de la historia y permanecer vivo por siempre.
El tema de ordenar el bien y prohibir el mal:
Entonces vemos que res­pecto al tercer factor, el Imam Husein (P) se basó tanto en las aleyas coránicas como en los dichos del Santo Profeta (BP), y a lo largo del camino muchas veces repitió que su propósito era el ordenar el bien y prohibir el mal, y decía: “Yo decidí prescribir lo bueno y prohibir lo malo y de este modo seguir con la tradición de mi abuelo y de mi padre”.
Por otro lado, teniendo en cuenta que el Imam (P) era un atacante y un revolucionario, su lógica fue naturalmente diferente a la de un defensor y un auxilia­dor. La lógica de un defensor está basada en la lógica de alguien que posee algún objeto valioso. Para impedir que un ladrón se apodere de él, o él enfrenta al ladrón, o huye para mantener su propiedad intacta. Pero un atacante intenta destruir al otro, aún cuanѤo él mismo sea muerto en el proceso. Esta es la lógica de prescribir lo bueno y prohibir lo malo, la ló­gica de Husein (P), la lógica de un mártir.
La lógica de un mártir se re­fiere a la lógica de una persona que tiene un mensaje para su so­ciedad; un mensaje que debe ser escrito sólo con sangre. Así, este factor le otorga al movimiento un valor muchísimo mayor que los otros dos factores.
Las condiciones para “ordenar el bien y prohibir el mal”:
Debido a que este factor elevó sobremanera el valor del movimiento huseinî, debemos conocer la norma de ordenar el bien y prohibir el mal desde el punto de vista del Islam. ¿Qué principio es éste que posee tanto fundamento y poder y tiene tanta importancia desde el punto de vista del Islam, a tal punto que un hombre como Husein ibn ‘Alî (P) se ve obligado a ofrecer su vida en este propósito, a derramar su sangre, la de sus seres queridos, la de sus más íntimos compañe­ros, y en fin, a originar una trage­dia como ocurrieron pocas en el mundo?
En primer lugar, debemos ver quién es digno de llevar a cabo la acción de ordenar el bien y prohibir el mal. Para ello, anali­cemos las siguientes palabras del Príncipe de los Creyentes, ‘Alî ibn Abî Tâlib (P) en la Jutbah nº 132: “La maldición de Dios sea sobre aquellos que aconsejan a otros a ser buenos pero no siguen su propio consejo. Pensad sobre aquellos que dicen a otros que se abstengan del mal y ellos mismos no se abstienen”. Con estas pala­bras ‘Alî (P) nos quiere decir que aquél será digno de encomendar lo bueno y prohibir lo malo y de ser guía y conductor de la gente, que él mismo haya actuado en base a ello, y en otras palabras, aquél que, como nos lo dice la bendita aleya, sea de entre los que se arrepienten, de entre los que sirven a Al·lah, Le alaban, ayu­nan, se inclinan, se proster­nan, observan las leyes de Al·lah…”
En segundo lugar, debemos saber cuándo es adecuado orde­nar el bien y prohibir el mal, puesto que corremos el riesgo de rebajar el valor de este principio al cien por ciento si atribuimos demasiada importancia a una se­rie de cuestiones insignificantes. Por ejemplo, si el “ordenar el bien” de una persona  sólo con­siste en decirle a un hombre musulmán que se saque su anillo de oro o que se deje la barba, eso no será apropiado más que en determinadas circunstancias, como cuando no se observen más faltas que esas.
Así, la norma de encomendar el bien y prohibir el mal es el único principio que garantiza la permanencia del Islam. En sí, si es que no existiera esta norma no existiría el Islam, porque ello sig­nifica estar atento constante­mente a la situación de los mu­sulmanes y no ser negligente res­pecto a ello, lo cual acarrearía la desintegración y desunión de los musulmanes, y a continuación la destrucción y deterioro del cuerpo de la sociedad. Es por ello que las aleyas del Corán a este respecto son muchas. El Sagrado Corán en repetidas ocasiones nos recuerda algunas de las socieda­des antiguas que fueron aniquila­das y desaparecieron, debido a que no existía en ellas la fuerza de la reforma, y no estaba vivo en ellos el ímpetu de encomendar el bien y prohibir el mal.
Ahora vea­mos qué condi­cio­nes presenta la norma de or­denar el bien y prohibir el mal y cómo pode­mos nosotros llevar a cabo ello. Princi­pal­mente, ¿qué quiere decir amr bil ma’rûf ua nahi ‘anil munkar? ¿Qué es ma’rûf? ¿Qué es el mun­kar? El Islam, de­bido a que no quiso li­mitar el tema de en­comendar el bien y prohibir el mal a ciertos asuntos espe­cí­ficos como la ado­ración, las transac­ciones, la mo­ral, el ám­bito fami­liar, etc., uti­lizó una pa­labra ge­neral: el ma’rûf, es de­cir, toda ac­ción buena y loable. El punto contra­rio: el munkar, es decir, todo lo malo o aborrecible. No dijo que fuera la idolatría,  o la corrup­ción,  o la maledicencia, o la men­tira, o provocar la des­unión, o la usura, o la os­tenta­ción, sino que dijo: todo lo que sea malo, execrable y bajo.
“Amr” signi­fica: “ordenar”, y “nahi”, “prohi­bir”. ¿Pero qué tipo de orden es esa? ¿Acaso es solo una or­den oral que debe ser emi­tida solo a tra­vés de la pala­bra? No, la norma de or­de­nar lo bueno y prohibir lo malo debe estar tanto en el nivel del corazón como de la pa­labra, de las manos y la acción. Es decir, debe­mos encomendar el bien y prohi­bir el mal con todo nues­tro ser. Ade­más, esta gran res­ponsa­bili­dad tiene dos pi­lares o condi­cio­nes. Uno de ellos es el desa­rrollo, el conocimiento y la per­cepción, conocer a la so­cie­dad, saber dónde se en­cuentra el mal y cuáles son sus raíces,…es decir, debemos saber qué es lo bueno y qué es lo malo y cómo debemos llevarlo a cabo. Si no conocemos ello en profun­didad entonces es mejor que no enco­mendemos el bien ni prohi­bamos el mal. Se debe ser de aquellos que no solo comprenden la situa­ción de su época sino que tienen percepción y discerni­miento res­pecto a los tiempos venideros y pueden compren­derlos, y de esta manera prevenir los aconteci­mientos. Es decir, no solo cono­cer las desgra­cias y perjuicios de su tiempo sino pre­ver los del fu­turo tam­bién. Es por ello que el Imam Husein (P) dijo que el pri­mer pe­cador manifiesto y el más grande en el mundo is­lámico era Iazîd ibn Mu’awiah, ya que el Imam y líder debe ser una per­sona que cumpla con los man­da­tos del Co­rán, establezca la justi­cia y tenga completa fe en la reli­gión.
La perspicacia del Imam Husein (p):
Una de las cosas que otorga valor al movimiento del Imam Husein es su perspicacia y discernimiento. Es decir, él en aquella época vio algo que los demás no podían percibir. La gente de aquella época no com­prendía las cosas que Husein comprendía. En ‘Ashura dijo: “Ellos me matarán, pero yo hoy os digo que después de matarme no podrán continuar con su go­bierno”. Y así fue, los omeyas no pudieron continuar con su go­bierno, puesto que Iazîd murió solo dos años después. Su hijo Mu’awiah ibn Iazîd, tras solo cua­renta días de asumir el califato, se sube al púlpito y dice: “¡Oh gente, mi abuelo Mu’awiah luchó contra ‘Alî, pero la verdad estaba con ‘Alî, no con mi abuelo. Mi padre Iazîd combatió a Husein ibn ‘Alî, pero la verdad estaba con Husein, no con mi padre, y yo me desen­tiendo de este padre. Yo mismo no me considero digno al califato, y para no cometer los mismos pecados que cometieron mi abuelo y mi padre, os anuncio que me hago a un lado del cali­fato”. Y así lo hizo. Ésta fue la fuerza de Husein ibn ‘Alî (P), la fuerza de la verdad, que surtió efecto tanto en el amigo como en el enemigo.
El nivel de oposición y rechazo:
Los sabios islámicos consi­deran que la norma de encomendar el bien y prohibir el mal posee niveles y grados. Pri­meramente, la persona debe sen­tir odio y rechazo por lo malo, o sea que debe poseer una raíz en su corazón y espíritu. Seguida­mente, se dice que el primer nivel en la norma de prohibir lo abo­rrecible es el alejamiento y el rechazo, es decir, cuando vemos una persona que está cometiendo algo malo, para combatir contra su accionar e intentar que él lo abandone, nos enojamos con él, nos alejamos de él, nos opone­mos, es decir, cortamos nuestras relaciones con él, y éste es un tipo de correctivo, desde que nuestro alejamiento de él surtirá efecto en su espíritu.
El nivel de las palabras:
El segundo nivel que los sabios mencionaron para la norma de encomendar el bien y prohibir el mal, es el del con­sejo y la guía. Como el caso de alguien que por ignorancia se acostumbra a un cierto tipo de accionar aborrecible. Esta per­sona necesita de un maestro y guía, necesita de alguien que esté en continuo contacto con él y que le hable y aconseje en forma cá­lida y afectuosa, y le plantee el tema para que la persona esté informada. En este nivel, si no­sotros sabemos que a través de nuestras palabras, de una explica­ción lógica y clara podemos lo­grar que abandone esa práctica, entonces es obligatorio para no­sotros hacer eso.
El nivel de la acción:
Este es el tercer nivel. Cuando la persona está en un estado en que no surten efecto en él ni nuestro alejamiento y sepa­ración de él, ni nuestras palabras y consejos, debemos entonces entrar en acción. ¿Qué es lo que debemos hacer? Obviamente esto no significa que el único camino sean los golpes y castigos físicos. Por supuesto en el Islam se dan algunos casos en que se debe acu­dir a estos medios y a la aplica­ción de las penas, cuando ya no hay otra manera de evitar que la persona vuelva de sus aberrantes acciones, pero no debemos pensar que en todos los casos debemos recurrir a los correctivos y puni­ciones físicas.
Así también, llegamos a la conclusión de que tenemos dos tipos de “ordenar el bien y prohi­bir el mal”: uno verbal y otro práctico. El verbal es aquel en que la persona explica las realida­des y aconseja el buen accionar a la gente por medio de las pala­bras, y los incentiva y hace en­tender por este medio la diferen­cia entre lo bueno y lo malo. El amr bil ma’rûf uan nahi ‘anil munkar práctico es aquel en el que, luego de no haber surtido efecto el verbal, ya no se con­forma con las palabras, sino que acude a la acción.
La norma de ordenar lo bueno y prohibir lo malo indirecta y directa:
La norma de “ordenar lo bueno y prohibir lo malo” tanto verbal como práctica se puede llevar a cabo de dos mane­ras: directa o indirectamente. A veces debe hacérselo en forma directa, es decir, clara y llana­mente hablamos con la persona que está en el error y le pedimos que no vuelva a hacer ello. Otras veces indirectamente le hacemos entender que lo que hizo está mal, y éste es un método más provechoso y surte más efecto, es decir, sin que la persona se per­cate de que estamos dirigiéndo­nos a ella, le hablamos sobre al­guien que hizo un accionar se­mejante al que ésta cometió y expresamos lo equivocado de ese accionar. Un ejemplo para esto es el amr bil ma’rûf que hicieron en forma indirecta el Imam Hasan (P) y el Imam Husein (P) cuando aun eran niños. Un día que vie­ron a un anciano realizando la ablución, se percataron de que su ablución era incorrecta. Estos dos niños, por un lado sabían que debían hacerle saber al hombre que su ablución es incorrecta, y por otro lado, sabían que si di­rectamente le decían: ¡Señor, su ablución es incorrecta”, el an­ciano sentiría rebajada su perso­nalidad y se avergonzaría, se enojaría y su primera reacción sería decir: “No es así, mi ablu­ción es correcta”. Ante esto, estos dos inmaculados niños decidieron hacer lo siguiente: fueron ante el anciano y le dijeron: “Señor, no­sotros dos queremos realizar nuestra ablución ante usted. Ob­serve cuál de nosotros realiza la ablución de la mejor manera”. El anciano aceptó y el Imam Hasan y el Imam Husein ambos realiza­ron la ablución perfectamente. Al observar su ablución, el anciano se percató de que su propia ablu­ción era incorrecta y les dijo: “La ablución de ambos es correcta. Es mi ablución la que está mal”. Ahora, si los Imames venían hacia él y le decían: “¡Señor!, ¡no tiene vergüenza!, ¿cómo es que no sabe hacer la ablución correc­tamente?”… Imaginémonos como hubiera reaccionado el anciano.
La acción correcta y la piedad, el mejor amr bil ma’rûf:
Una de las mejores maneras de “ordenar el bien y prohibir el mal” de manera indi­recta es que uno mismo sea vir­tuoso y piadoso, uno mismo sea hombre de acción y piedad. Cuando nosotros mismos somos así, entonces somos como una corporeización del amr bil ma’rûf. No hay nada que influya más sobre el ser humano como la acción. Vemos que la gente sigue mucho a los profetas y santos de Dios, pero no sigue mucho a los filósofos y sabios. ¿Por qué? Por­que el filósofo solo dice, habla, funda una escuela, expone una teoría y está sentado en una habitación escribiendo libros que luego entrega a la gente. Pero los profetas y santos no poseen solo teorías e hipótesis. Ellos actúan, tienen accionar, primero actúan y luego exponen sus palabras y hablan. Cuando la persona actúa y recién luego requiere a los de­más que realicen ello, esto tiene más efecto. El Imam ‘Alî (P), en Nahy-ul Balâghah, Discurso 180, dijo: “Juro por Dios que no os persuado a obedecer ninguna orden de Dios a menos que yo la haya obedecido primero fiel­mente; y no os pregunto de nin­gún vicio o pecado a menos que primero me haya abstenido yo mismo de ello”.
Tenemos un vivo ejemplo de ello en Imam Husein (P): ¡qué tan pocas palabras pronunció, y qué tanto hizo en la práctica! Cuando hay acción, no hacen falta mu­chas palabras.
En medio de la caravana de Husein a Karbalâ se encuentran sus seres más queridos. ¿Acaso si Husein ibn ‘Alî hubiera dejado a sus seres queridos en Medina y no los hubiera llevado consigo, al­guien les hubiese hecho algo? No. Pero si sus seres queridos no hubie­ran estado presentes en Kar­balâ, ¿acaso el suceso de Kar­balâ tendría hoy el valor que po­see? Está claro que no. Imam Husein quiso hacer algo que fuera un paradigma en el camino de Dios, que su accionar llegara a la cima del sacrificio. No dejó nada que no obsequió en el ca­mino de Dios. Además, sus seres queridos no acompañaron a Husein forza­dos; ellos tenían sus mismas creen­cias, su misma fe, sus mis­mas ideas, puesto que Husein no estaba dispuesto a lle­var consigo a nadie que abrigara en su ser si­quiera un punto de debilidad y por ello dos o tres ve­ces en medio del camino les ad­virtió a todos sus acompañantes lo que ocurri­ría y que si alguien quería retro­ceder y no acompañarlo más era libre de hacerlo, puesto que si en el día de ‘ashura al­guno de los com­pañeros de Husein –incluso un niño- se hubiera pasado, por temor, a las fuerzas del ene­migo, ello se hubiera contado como una falla e imperfección para Husein. Pero ocurrió lo con­trario, fue de las filas del enemigo que se pasa­ron a sus filas; un ene­migo como Hurr, que se encon­traba a res­guardo y protegido, ¡se pasa a sus filas para encontrar la muerte se­gura! Y esto, en suma, es uno de los mayores orgullos de Husein y de la escuela de Husein.
El límite de la norma de or­denar el bien y prohibir el mal:
En la norma de “encomen­dar el bien y prohibir el mal” se plantea el tema de: ¿Hasta qué punto estamos obligados a llevar a cabo ello? A veces s
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