Palabras del Imam Ĥusain ibn ­‘Alî

(La paz sea con él)

Desde Medina hasta Karbalá

Autor: Aiatul-lah Muĥammad Ṣâdeq Naӱmî

Traducción: Redacción de Kauzar

Zohre Rabbani y Masuma Assad de Paz

Primer discurso del Imam en el día de Ashura

El Imam, luego de ordenar las filas de su ejército, subió a su caballo, se alejó de las tiendas y con una voz alta y expresiva se dirigió al ejército de ‘Umar ibn Sa’d, diciendo: “Oh gente, escuchad mis palabras, no os apresuréis en comenzar la batalla, dejadme realizar mi tarea de aconsejarles y explicarles la motivación de mi viaje hacia aquí. Si aceptáis mi argumento y me tratáis con justicia, habréis encontrado el camino de la dicha y felicidad y no tendréis ningún argumento para luchar contra mí. Y si no aceptáis y no tratáis con justicia, entonces, “…decidid junto a vuestros compañeros y que no os preocupe llevar a cabo lo que vayáis a decidir, y ejecutad vuestra sentencia contra mí sin hacerme esperar más”. (Sura 10: 71): “En verdad mi protector es Dios, Quien hizo descender la escritura y protege a los bienhechores” (sura 7:196).

Prueba final e irrefutable

Ĥusaîn Ibn ‘Alî (la paz sea con él), aunque veía que el enemigo estaba preparado para comenzar la guerra- al punto de impedir el acceso al agua hacia el campamento del Imam-, no quería ser él quien la comenzara, sino que quería concientizarlos y aconsejarlos para que puedan diferenciar entre el camino de la verdad y la falsedad y también para que nadie participe en el derramamiento de sangre del Imam en forma inconsciente y sin entender, cayendo en una desgracia eterna sin haber prestado atención ni tener conocimiento.

Sebṯ Ibn Ӱuẕi, en su libro Taḏkiratul Jaûaṣ dijo: “Cuando Ĥusaîn Ibn ‘Alî observó que la gente de Kufa insistía en matarlo, tomó un Corán, lo abrió, lo puso sobre su cabeza y se quedó frente a las filas enemigas, y dirigiéndose a ellos dijo: “Oh, gentes, este libro de Dios y mi abuelo, el enviado de Dios, que sean árbitro entre mí y vosotros. Oh gente, ¿por cuál delito consideráis lícito el derramamiento de mi sangre, acaso yo no soy el hijo de la hija de vuestro profeta? ¿Acaso no habéis oído la palabra de mi abuelo respecto a nosotros cuando dijo: ‘Estos dos son los jóvenes del paraíso’? Si no corroboráis lo que digo preguntad a Ӱâber, a Ẕaid Ibn ˈArqam y a ˈAbu Sa’id Judrî. ¿Acaso Ӱa’far Ṯaîîâr[1] no es mi tío? Nadie respondió, excepto Shemr que exclamó: “Ya entrarás al infierno”. El Imam (la paz sea con él) le respondió: “Allahu Akbar. Mi abuelo me había pre anunciado de un sueño que tuvo en el que había un perro que chupaba la sangre de ahlul bait y pienso que tú eres aquel perro””.[2]

Este es el ejemplo del sentimiento y el cariño del Imam -porque hasta último momento trató de guiarlos- quien fue un líder divino y humanista frente al enemigo sanguinario.

Esto demuestra el método de los hijos de Fátima Zahra (la paz sea con ella), que en las circunstancias más sensibles no abandonan ni por un instante la misión que Dios puso sobre sus hombros para que el día de mañana nadie diga: “Si yo les hubiera destruido con un castigo, antes de ello, habrían dicho: “¡Señor nuestro! ¿Por qué no nos envías un Mensajero para que sigamos Tus señales antes de que nos alcance la humillación y la desgracia?””. (Corán, 20:134).

Estos discursos y consejos de parte del Imam se repitieron en el día de Ashura a pesar del poco tiempo. El Imam (la paz sea con él), en la primera parte de este sermón, les recordó su misión como Imam, para que la hueste de ‘Umar Ibn Saad no piense que él tenía el objetivo de proponer la paz, sino que su objetivo, por un lado, era dejar una prueba final[3],  y, por otro lado, explicar una serie de verdades y realidades que, como líder y Guía por parte de Dios, tenía la responsabilidad de transmitir.

El Imam interrumpe su discurso

Al llegar al último párrafo de la primera parte de su discurso, se escucharon los llantos de algunas mujeres y niñas que estaban atentas a las palabras del Imam. Por lo tanto, el Imam interrumpió su discurso y envió a Abbas y a ‘Alî Akbar para tranquilizarlas, mientras decía: “Que sepan que tendrán muchos llantos, aún, por delante”.

Cuando las mujeres y niñas se calmaron, el Imam retomó su discurso y luego de alabanzas a Dios, disertó otro sermón:

“Oh, siervos de Dios: temed a Dios y estén atentos y cautelosos en esta vida. Ciertamente, si hubiera sido posible que se le otorgue todo el mundo a alguien, o que alguien pudiese quedarse en el mundo por siempre, ciertamente que los profetas lo merecerían más y esto hubiese sido más prioritario, además de haber sido un fallo más satisfactorio, mientras que, en realidad, Dios ha creado al mundo para que perezca, entonces lo nuevo del mundo se envejece, sus  mercedes se eliminan y sus alegrías se cambian a tristezas y congojas, la estadía en él es  provisoria y su casa es una fortaleza transitoria. Entonces, tomad provisión de él, ciertamente que la mejor provisión es la piedad. Y temed a Dios para que seáis victoriosos.

Oh gentes, ciertamente que Dios, Altísimo, ha creado el mundo y lo ha establecido como morada efímera y de perecimiento, en donde se altera y cambia el estado de sus habitantes uno tras otro. Entonces, el engañado es aquel a quien el mundo lo engañó, es quien el mundo lo encegueció, entonces cuidad que este mundo no os engañe. Ciertamente que corta la esperanza de quien confía en él y frustra la codicia de quien espera algo de él. Veo que ahora, vosotros, os habéis reunido en un asunto que ha atraído la cólera de Dios y el Altísimo les retiró Su generoso rostro y les ha destinado su cólera y castigo. ¡Qué bueno es nuestro Señor y qué malo que sois vosotros como siervos!

Vosotros que habéis prometido obedecer a Dios y habéis creído en Muĥammad (la paz sea con él y su descendencia), luego os precipitáis en contra de su familia e hijos para matarlos. Ciertamente que Satanás les ha hecho olvidar el recuerdo de Dios, Altísimo. ¡Muerte a vosotros y a los que no creen! ‘Inna lillah ua inna ilahi rayi’un’. De Dios venimos y hacia Él es nuestro retorno (Corán, 3:86; 90).  ‘Ellos son un pueblo que han descreído luego de haber sido creyentes…entonces, que perezca el pueblo opresor…’”. (Corán, 11:44; 23:44).

El Imam (la paz sea con él), luego de estas palabras conmovedoras, comenzó la tercera parte de su jutbah, presentándose a sí mismo y continuando con sus consejos.

 “Oh, gentes, decidme quién soy yo, luego volved a vosotros mismos, y reprochense. ¡Pensad! Acaso es lícito para vosotros matarme, rompiendo así toda forma de respeto y honor. ¿Acaso no soy el hijo de la hija de vuestro profeta y el hijo de su albacea y su primo, el primer creyente en Dios y la primera persona que corroboró todo lo que su enviado ha traído? ¿Acaso Hamzah, el señor de los mártires, no es el tío de mi padre? ¿Acaso, Ӱa’far Ṯaîîâr no es mi tío? ¿Acaso no ha llegado a vosotros el dicho del enviado de Dios que dijo respecto a mi hermano y a mí “estos dos son los señores de los jóvenes del paraíso”? Si me corroboráis lo que he dicho veréis que estas son verdades que no dejan lugar a duda, porque, por Dios, jamás he mentido, desde el primer día, porque he concebido que Dios trata con su ira al mentiroso y hace volver el daño de la mentira a quien la haya perpetrado. Y si no creéis en mi palabra, entre vosotros hay discípulos del Profeta (la paz sea con él y su descendencia), a quienes podréis preguntarles. Preguntad a Ӱâber Ibn ‘Abdel-lah Ansari, Abu Sa’îd Judrî, Sahl Ibn Sa’âd Sa’îdî, Ẕaid Ibn ˈArqam y ˈAnâs Ibn Mâlek, quienes han oído estas palabras del enviado de Dios respecto a mi hermano y a mí. Y sólo esta frase puede ser para vosotros un impedimeto para que me maten”.

Respuesta a las divulgaciones

Debido a que un grupo de la gente de Kufa había sido influenciado por las palabras venenosas de Bani ˈUmaîîah, este grupo pensaba que luchar en contra del Imam Ĥusaîn Ibn ‘‘Alî (la paz sea con él) era apoyar a un califa legítimo (Îazîd). A su vez, debido a que el Imam Ĥusaîn (la paz sea con él) se había opuesto a éste, entonces, consideraba que era obligatorio para cada musulmán luchar contra el Imam.

Es por eso que, en respuesta a estas falsedades, el Imam Ĥusaîn (la paz sea con él) recuerda algunas características de su familia y ancestros y su propia espiritualidad, la cual había sido confirmada por el profeta Muĥammad (la paz sea con él y su descendencia) cuyas características eran claras e innegables para todo musulmán. Les recuerda los méritos de su padre, el Imam ‘Alî Ibn Abi Taleb (la paz sea con él), los méritos de Ĥamẕah y Ӱa’far, cuya lucha y esfuerzos de estos dos grandes mártires han consolidado al Islam y al Corán y, ambos, fueron martirizados en la batalla contra los incrédulos en la forma más desgarradora. El Imam (la paz sea con él), quiere a través de la mención de estas virtudes, corregir el pensamiento de la gente a quienes les recordó: “¡Cómo van a considerar mi marcha contraria al Islam y a la conveniencia de los musulmanes, mientras que el Islam ha nacido en nuestra casa, y ha llegado a vosotros a través de nuestros esfuerzos. Cuando mi padre aceptó el Islam, quienes se autoproclaman califas estaban sumergidos en la incredulidad y quienes de vosotros, hoy, consideráis que son apoyo del Islam, en el pasado, han sido los cabezas de la guerra en contra del Islam; mis tíos lucharon contra estas personas hasta llegar al martirio. ¡¿Cómo es posible que una persona, a quien el enviado ha presentado como “señor de los jóvenes del paraíso”, abandone el Islam y, paradójicamente, aquellos que en el pasado han sido enemigos del Islam, hoy levanten dicha bandera?!

Interrumpir la palabra del Imam

En este momento, Shemr ˈIbn Ḏil Ӱushan, uno de los comandantes del ejército de Îaẕîd, se dio cuenta de que las palabras del Imam llamaban a la reflexión de los soldados y existía la posibilidad de que se retracten de luchar contra él, entonces, interrumpió su discurso, exclamando: “Él adora a Dios sólo con la palabra y no entiende lo que dice”.

Habib Ibn Maẕâher, uno de los más destacados leales discípulos del Imam le respondió: “Tú adoras a Dios en setenta palabras. Exactamente, estas mismas palabras te caben a ti. Tú no entiendes las palabras del Imam porque Dios ha sellado tu corazón”.

Luego, el Imam continuó su discurso:

Jorazmi relata que el segundo discurso del Imam Ĥusaîn (la paz sea con él) tuvo lugar cuando en el día de Ashura, ambas huestes estaban perfectamente preparadas y las banderas del ejército de ‘Umar fueron izadas y resonaron los estruendos de sus tambores y trompetas. El enemigo, a cada lado, sitió las carpas del Imam Ĥusaîn (la paz sea con él) tal como se engarza la piedra de un anillo.

En ese momento, el Imam salió de entre la gente situándose frente a las filas del enemigo. Les pidió que se calmen y que escuchen sus palabras. Sin embargo, ellos continuaron hablando y haciendo bataola. Por ello, los invitó nuevamente a callarse: “Ay de vosotros, ¿por qué no os calláis para poder oír mis palabras siendo que los estoy convocando hacia la guía y la felicidad?

Quien me siga será feliz; y quien se oponga a mí será quien perezca. Y todos vosotros, al no escuchar mi palabra estáis desobedeciéndome. Ciertamente que debido a los obsequios ilícitos que habéis recibido y los alimentos ilícitos con los que habéis llenado vuestros estómagos, Dios ha sellado sus corazones. ¡Ay de vosotros! ¿Por qué no os calláis, por qué no me escucháis?

Cuando la palabra del Imam (la paz sea con él) llegó a este punto, los soldados de ‘Umar Sa’ad comenzaron a reprocharse mutuamente, obligándose a escuchar sus palabras.

Cuando el silencio se apoderó de las filas enemigas, el Imam continuó: “Oh gente, la ignominia, humillación y lamentos sean para vosotros que nos habéis convocado animosa y fervorosamente, y -cuando hemos respondido afirmativamente a vuestro pedido, dirigiéndonos inmediatamente hacia vosotros-, desenvainaron vuestras espadas en nuestra contra, encendiendo el fuego de la sedición que ya, nuestro enemigo en común, había encendido.

Entonces, vosotros os levantasteis en apoyo a vuestros enemigos y en contra de vuestros Imames y líderes, sin que ellos (los enemigos) hayan dado un paso en vuestro beneficio y sin que siquiera tengáis alguna esperanza en su bondad más que algunos pocos bocados ilícitos de este mundo -que ellos les han facilitado- y una vida vil que ambicionasteis y que les ha sido propuesta por ellos.

Deteneos, id más despacio. Ay de vosotros, nos habéis abandonado y privado de vuestro apoyo sin que hayáis visto de nosotros alguna falta o pensamiento errado. En momentos en que las espadas estaban envainadas, los corazones calmados y las opiniones firmes, os lanzasteis hacia nosotros como langostas acercándoos desde todas partes como mariposas (prometiéndonos un apoyo permanente), pero ahora, ¡que vuestro rostro sea ennegrecido! Ciertamente que vosotros sois de los tagut (rebeldes, cabeza de los desviados) de esta comunidad. Vosotros sois las sobras de los confederados (que se unieron en contra del Profeta en la batalla de Ahẕab), que han abandonado el Corán, y sois el arrojo sucio de Satanás y pertenecéis al partido de los traidores, los tergiversadores del Libro, extinguidores de la tradición del Profeta, los asesinos de los hijos de los profetas y exterminadores de la descendencia de los albaceas de los profetas, vosotros sois los que mezcláis los hijos ilegítimos con los hijos legítimos, que molestan y fastidian a los creyentes, y sois los sostenedores de los cabecillas que se burlan del Corán que, en palabras del Corán son “aquellos que fragmentaron el Corán” (Coran, 15:91).

El Imam continuó sus palabras

Vosotros, ahora, os habéis confiado y respaldado e  ̍Ibn Ĥarb y sus seguidores y también dejaron de apoyarnos. Sí, por Dios que la humillación y el engaño son de las características más destacadas que poseéis, y vuestras raíces y venas se han aferrado a estas y vuestro tronco y ramas (descendencia) las han heredado, y sus corazones se han desarrollado con este vicio, y sus pechos se hallan henchidos. Vosotros os asemejáis a una nefasta fruta que queda atravesada en la garganta de su agotado jardinero, pero que en boca del tirano ladrón es dulce y agradable.

La maldición de Dios caiga sobre quienes rompieron el pacto luego de haberlo consolidado. Ciertamente que vosotros habéis puesto a Dios como su garante y, por Dios que vosotros os encontráis entre estos.

Sabed que, ciertamente, el hijo ilegítimo de otro hijo ilegítimo me ha puesto en una encrucijada, entre la espada y la humillación ¡Y qué lejos está de nosotros la humillación! Ni Dios, ni su Profeta, ni los creyentes, ni los regazos y brazos inmaculados de nuestras madres aceptan tal humillación para nosotros. Tampoco las mentes recelosas y almas nobles de nuestros padres aceptarían para nosotros que prefiramos la obediencia de los canallas y viles por sobre la escena del martirio de los generosos y nobles.

Sabed que yo he cumplido con mi responsabilidad de aconsejarles y mi buena intención para vosotros, y sabed que a pesar de la escasez de mis fieles y la falta de apoyos estoy preparado para luchar contra vosotros.

Luego, el Imam recitó la siguiente poesía:

“Si triunfamos sobre el enemigo, en el pasado también hemos sido victoriosos; y si fracasamos, no nos pertenece el fracaso ni el temor.

Ya han sucedido cosas que benefician a otros.

Diles a los que nos reprochan: ¡Despertad, que pronto, ellos se enfrentarán con los reprochadores! ¡Cuando el camello de la muerte se levanta de una casa, seguro, se acostará en otra! (El Imam quiso decir que esta victoria temporal en los sucesos de Ashura, pronto verán su resultado).

Sabed, por Dios, que luego de esta guerra, no tendrán tiempo de subir sobre el vehículo de vuestras aspiraciones, excepto por el escaso tiempo que un jinete dura sobre su caballo.

Pronto verán que el molino de los sucesos os hará girar y, al igual que el buje de un molino, temblarán desconcertados.

Esta predicción y realidad, me la ha transmitido mi padre que a su vez le ha sido transmitida por mi abuelo, el enviado de Dios”. Y recitó las siguientes aleyas, que son las palabras del profeta Noé para el pueblo incrédulo y del profeta Hud para su pueblo incrédulo.

“Decidid junto a vuestros partidarios y que no os preocupe llevar a cabo lo que decidáis y, ejecutad vuestra sentencia contra mí sin hacerme esperar más. (Corán; 10:71).

En verdad, confío en Dios, mi Señor y vuestro Señor. No existe criatura que Él no lo lleve sostenido de su copete. Verdaderamente mi Señor está sobre un camino recto. (Corán, 11:56).

Luego, el Imam Ĥusaîn (la paz sea con él), levantó sus manos hacia el cielo y dijo: “Oh Dios mío, córtales la lluvia y envíales años de sequía como los años de Yusuf. Haz que domine sobre ellos el joven de la tribu de Zaquifah que les haga saborear copas amargas de humillación, que no deje a nadie de ellos en paz y que vengue mi sangre, la de mis amigos, mi familia y mis seguidores, muerte por muerte y golpe por golpe, ciertamente que ellos nos desmintieron, nos abandonaron y humillaron, y Tú eres nuestro Señor, en Ti nos encomendamos y hacia ti es nuestro rumbo.

Puntos importantes en este sermón

Cada frase de este valioso sermón, al igual que otros sermones, necesita de explicación y desarrollo y contiene importantes resultados e instrucciones aleccionadoras.

En una parte de este sermón el Imam reprocha a la gente de Kufa y le recuerda la traición al pacto. ¿Cómo es que un día, a raíz de los crímenes de los omeyas, se lanzan hacia el Imam como mariposas alrededor de una vela y luego son capaces de cambiar su posición ciento ochenta grados, dejar solo al Imam y nuevamente apoyar a los omeyas?

En el comienzo de este sermón el Imam considera esta conducta como resultado de comidas ilícitas con las que llenaron sus panzas. Luego les explica: sepan que, en la encrucijada de una muerte honorable y una vida humillante, elegiré la muerte honorable: “haihat minna ddellat” (lejos está de nosotros, la humillación).

Más adelante, el Imam les anuncia su futuro desgraciado y nefasto a través de la frase: “Oh Dios, haz que domine sobre ellos el joven de la tribu de Zaquifah” (haciendo referencia al Mujtar Zaqafi, el valiente joven de la tribu de Zaquifah que, luego de algunos años, tomó Kufah y vengó y la sangre del Imam Ĥusaîn de todos los asesinos y criminales de Karbalá).

He aquí la explicación de algunos puntos.

  1. El resultado del alimento ilícito en el desvío de la verdad

Según muchas narraciones de Ahlul Bait (la paz sea con ellos) y de algunas aleyas coránicas, cada uno de los pecados, si no va seguido de un arrepentimiento sincero y un regreso hacia Dios puede ser efectivo en la formación de desviaciones y extravíos de pensamiento. Pero, en medio de todos los pecados, alimentarse de comidas ilícitas, tiene mayor efecto en los extravíos y desvíos del camino de la verdad.

Este principio no sólo en las personas adultas tiene efecto, sino que tiene que ser acatado minuciosamente en la alimentación de los niños y de las madres durante el embarazo ya que, aunque los niños no son responsables de cuidarse en la comida, esta, en sí misma, tendrá un efecto primordial en la formación de su futura estructura intelectual y espiritual.

Por lo tanto, el Imam Ĥusaîn (la paz sea con él), en la primera parte de este sermón, considera que la causa principal de su oposición a él es el consumo de comida ilícita, a tal punto que no están dispuestos, ni siquiera, a escuchar sus palabras.

En el desarrollo de este tema el Imam nos recuerda cómo en años pasados, ellos habían recibido muchísimo dinero ilícito de parte de Muauiah, a título de regalos, con el fin de hacer fracasar a su padre, ‘Alî (la paz sea con él), y alejar a su hermano Ĥasan Muӱtabah de la política y el califato. A raíz de estas comidas ilícitas con las que llenaron sus estómagos, sus corazones se ennegrecieron y sus ojos se enceguecieron frente a la verdad y sus oídos se ensordecieron frente a la palabra de su Imam.

  1. La fuerza del Islam en contra del Islam

El segundo punto importante en este sermón es el llamado a la reflexión respecto a ¡¿cómo es posible que ellos se levanten en contra de la familia del Profeta valiéndose de la espada que le pertenece a esta familia?! ¿Usan la fuerza que el mismo Islam les ofreció en contra del propio Islam?

Si reflexionamos un poco, veremos que estos dos puntos importantes que el Imam menciona no se limitan, únicamente, a la época y lugar del Imam Ĥusaîn (la paz sea con él) sino que es una realidad que todos los seres humanos experimentan cuando se efrenta la verdad con la falsedad. [Nada más parecido a la triste realidad que vivimos en nuestros días donde, quienes se consideran custodios de los dos principales lugares sagrados del Islam, en lugar de gastar su dinero en apoyar a los musulmanes oprimidos del mundo en contra de los opresores de la arrongancia mundial y el sionismo, lo gastan en la formación de grupos extremistas que apuntan sus espadas en contra de los musulmanes en diferentes países musulmanes, unidos al sionismo, encontrándose en la misma trinchera de los enemigos del Islam. Si toda esta riqueza legendaria hubiera sido utilizada para el avance de los países islámicos, ¡qué gran avance hubiera habido en estos países!].

Y como dice el Imam, esta conducta de parte de los musulmanes cuánta alegría podría traer para los enemigos y cuánta tristeza y angustia para los que aman el Islam: “Vosotros os asemejáis a una nefasta fruta que queda atravesada en la garganta de su agotado jardinero, pero que es dulce y agradable en la boca de su ladrón tirano”.

Las palabras del Imam nos enseñan que el musulmán debe elevar su conocimiento y tener perspicacia para conocer las circunstancias que se viven en cada época, y que debemos saber que en cada tramo de la historia y en cada lugar existen los Yazid que se levantan para hacer fracasar al Islam. Y lamentablemente, existen entre los propios musulmanes quienes, conscientes o no, apoyan las filas de los Yazid de cada época. Y en estas situaciones, ¡qué prueba tan difícil es que no sólo los Yazid, Mu’âûiah y Ĥaӱӱaӱ (gobernadores opresores y criminales omeyas) no puedan pasarla, sino que, incluso, los musulmanes que ostentaban ser los más practicantes (pero que, en realidad, eran ingenuos, carentes de perspicacias y capacidad de reconocer quiénes eran los enemigos), tampoco. En la historia, encontramos, además, muchos otros ejemplos: a Abu Musa Ash’ari, a quien la gente eligió para representar la hueste del Imam ‘Alî en la batalla de Siffin, -en lugar de elegir a Malik Ashtar quien había sido sugerido por el Imam ‘Alî (la paz sea con él)- en contra de Amru As, el astuto ministro de Mu’âûîah quien lo engañó en la sentencia luego de terminada la batalla­ ; y los participantes de la batalla de Yamal en contra del Imam ‘Alî (la paz sea con él); y los participantes de la batalla de Nahrauan -quienes, en su mayoría, memorizaban el Corán y con marcas en sus frentes debido a sus largas prosternaciones-, ellos tampoco pudieron pasar esta prueba.

Estas últimas no son menos peligrosas para el Islam que los primeros.

  1. La voluntad inquebrantable

El tercer punto importante en este sermón es el anuncio de la posición categórica del Imam y la voluntad inquebrantable de no aceptar la humillación.

El Imam Ĥusaîn (la paz sea con él), en la situación más difícil y estando bajo las espadas, lanzas y el aplastamiento de caballos exclamó: “haihat minna ddellat”.

Según el escritor de estas líneas, en lugar de una bandera roja sobre la cúpula del santuario del Imam (la paz sea con él), sería más adecuado poner una bandera con este lema.

El Imam, con sus expresivas palabras dijo: “Si ahora triunfamos sobre el enemigo, sepamos que en el pasado también hemos sido victoriosos; y si fracasamos, entonces, el fracaso y el temor no nos corresponde”. El Imam quiso decir que, aunque nos martiricemos no fracasaremos. Nuestros cuerpos se harán pedazos bajo las patas de los caballos, pero no dañarán, en lo más mínimo, nuestra inquebrantable voluntad.

Cuando el Sheij Kazem Azri compone la poesía que dice: “Las lanzas habrán podido afectar todos los miembros de su cuerpo, pero no han podido dañar su nobleza, voluntad y gran personalidad, puesto que estas virtudes están exentas de cualquier cambio o alteración”, una persona conocida del poeta soñó con Fátima Zahra (la paz sea con ella), que le decía: “Ve y pide la poesía al Sheij Kâẕem. Aunque esta persona no tenía buena relación con el poeta fue a la casa diciéndole: “Sheij, tú has compuesto esta poesía: “…”. El sheij le dijo: “Sí, pero yo todavía no la he recitado a nadie hasta este momento, ¿de dónde sabes tú?” Contestó: “Ahora, Fátima Zahra me la ha recitado en sueños y me dijo que viniera a tu casa”.

“Las lanzas habrán podido afectar todos los miembros de su cuerpo, pero no han podido dañar su nobleza, voluntad y gran personalidad, puesto que estas virtudes están exentas de cualquier cambio o alteración”

La maldición proferida por el Imam

Según historiadores, en el día de Ashura, luego de los discursos y orientaciones, tres personas se enfrentaron al Imam en forma presencial mostrando su mayor impertinencia en rechazar la verdad. Por ello, el Imam los maldijo. Inmediatamente la maldición del Imam cayó sobre ellos en forma milagrosa. Dos de estas, a la misma hora; y la tercera, poco tiempo después de Ashura obtuvieron el resultado de su mala acción.

Primero, según Jarazmí, el Imam, al observar que su discurso no había surtido efecto y que la gente estaba en condiciones de atacar, dirigió su rostro hacia el cielo y dijo: “Oh, Dios nuestro, ciertamente que nosotros somos la familia de tu profeta, sus hijos, su estirpe, sus parientes: derrota a quienes nos han oprimido y usurpado nuestro derecho, ciertamente que Tú eres Oyente, Cercano”.

 Muĥammad Ibn Ash’as, quien estaba a cargo de la hueste enemiga y oía las palabras del Imam se acercó y dijo: “¿Qué parentesco existe entre tú y Muĥammad? El Imam, al ver esta actitud de negación en forma tan directa exclamó: “Oh, Dios mío, este mismo día, muéstrame su humillación en forma inmediata”. Esta maldición de parte de un corazón fervoroso, amable, pero a la vez herido, fue cumplida.

Pocos minutos después, Muĥammad Ibn Ash’ar, se alejó de su gente para hacer sus necesidades, en ese momento un escorpión lo picó y murió inmediatamente estando desnudo. [4]

Segundo, según Beladhari, Ibn Azir y otros historiadores, cuando la hueste enemiga se acercaba a las tiendas del Imam (la paz sea con él) y su gente, un hombre llamado Abdullah Ibn Huze Tamimi, se acercó y con una voz alta se dirigió a los compañeros del Imam y preguntó: “¿Está entre vosotros Ĥusaîn?

Nadie le respondió. Por segunda y tercera vez repitió su palabra. Uno de los fieles del Imam mientras lo señalaba, le dijo: “Él es Ĥusaîn, ¿qué quieres?

Abdullah, se dirigió al Imam diciendo: “Te albricio que caerás en el fuego”. El Imam (la paz sea con él) respondió: “Mentiste, puesto que yo me encontraré con un Señor Indulgente, Generoso, Quien es obedecido y acepta la intercesión, ¿Tú quién eres? Abdullah dijo: “Yo soy el hijo de Huze”. En ese momento el Imam levantó su mano hacia el cielo y lo maldijo con unas palabras relacionadas con su nombre: “Allahumma Huzhu ila an nar” (Dios mío, arrójalo al fuego). El hijo de Huze, se enfadó al oir la palabra del Imam, pegó un latigazo a su caballo, por lo que el animal, de repente, comenzó a correr a gran velocidad y él se cayó por detrás del caballo, pero su pie se enganchó con la montura “rekab”, el caballo comenzó a corcovear y lo arrastraba consigo de un lado a otro hasta que por fin corrió hasta una zanja de fuego y el cuerpo semi-vivo se cayó en esta y, de este modo, antes de caer en el fuego del otro mundo, lo probó en este mundo. El Imam, al ver esta escena, se prosternó ante Dios y agradeció.[5]

Ibn Azir, luego de relatar lo mencionado de Masruq Ibn Uail Jazrami, relata: “Yo me había unido al ejército de Kufa con el propósito de obtener los trofeos y él estaba en las primeras filas de la hueste, pero cuando observé con mis propios ojos lo sucedido con el hijo de Huze, me di cuenta de que esta familia tiene un lugar elevado ante Dios, por lo tanto, me alejé de ellos y me dije a mí mismo que no debía luchar contra ellos porque si no entraría en fuego.

Tercero, relata Biladari: “En el día de Ashura, Abdullah Ibn Hassin Azudi, dijo elevando su voz: ‘Oh, Ĥusaîn, observas esta agua del Éufrates que es, al igual que el cielo, azul y transparente, ¡por Dios que no dejaremos que ni una gota de esta agua llegue a tu garganta hasta que mueras de sed. El Imam (la paz sea con él), en su respuesta exclamó: “Dios mío, hazle morir, estando sediento, y no lo perdones.

Dice Beladarí: “Así como el Imam lo habá maldecido, Ibn Hassin murió sediento, pues luego de Ashura, a pesar de que tomaba agua en cantidades, no se saciaba, y así fue sucediendo hasta el fin de sus días.[6]

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[1] Ṯaîîâr significa volar mucho. Según hadices del profeta, Dios le va a dar al tío del profeta Ya’far, dos alas en el paraíso.

[3] Finalizar la prueba, en idioma árabe, se dice “etmam huyyah” cuyo significado es ofrecer mejores argumentos para terminar con las excusas del interlocutor.

[4] Maqtal Jurazmi, tomo 1, p. 241

[5]Insab el Ashraf, tomo 3, p. 3, Kamel Ibn Azir, tomo 4, p. 27, Maqtal Jurazmi, tomo 1, p. 294, Historia Ibn ‘Asaker, p. 256.

[6] Insab el Ashraf, tomo 3, p. 181.

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