La administración Obama sin mucho para festejar de los comicios persas

La República Islámica de Irán tuvo comicios presidenciales. Aunque ganó un candidato presentado como más "moderado", la Casa Blanca tiene poco para alegrarse. Sólo festejaría la vuelta del Sha, pero eso es imposible.
 

POR EMILIO MARIN

El 14 de junio hubo elecciones en Irán, país demonizado por Estados Unidos, sus aliados europeos e Israel. Había ocho candidatos anotados para suceder a Mahmud Ahmadinejad, quien había cumplido los dos mandatos permitidos, pero se bajaron dos, quedando seis en carrera para el mandato 2013-2017.
En ese tiempo de especulaciones sobre quién podría ser el ganador, las autoridades estadounidenses y las agencias internacionales mantuvieron un perfil bajo. Daban por supuesto que el triunfador sería uno de los cinco candidatos más cercanos al guía de la nación, ayatolá Jamenei.
Un traspié.
Cuando Ahmadinejad ganó su segundo mandato, en 2009, hubo denuncias de "fraude" y violentas manifestaciones inspiradas por las potencias occidentales. Eso terminó en una derrota política para éstas. No pudieron demostrar tales irregularidades, la ventaja del ganador fue más que clara y su apoyo social, indudable.
Los norteamericanos, que nunca digirieron ese traspié, alentaron el boicot, que sus seguidores en Irán practicaron en las elecciones municipales. Cualquier semejanza con tácticas empleadas en Venezuela por sectores afines no es mera coincidencia...
A muchos frustrados por la victoria de Ahmadinejad en 2009, convencidos del "fraude", no les seducía volver a votar en junio. Les parecía inútil, visto el carácter "dictatorial" del sistema iraní. Estaban como derrotados antes de tiempo.
Por eso los candidatos más radicalizados del islamismo no se preocuparon por evitar la dispersión. Estaban convencidos de que ninguno lograría el 50 por ciento más uno de los votos y que habría una segunda vuelta el 21 de junio; allí se daría apoyo al más votado, a cambio de políticas compartidas.
Ganó el más abierto.
Aquellas especulaciones fueron erróneas porque terminó ganando el más flexible con EEUU y Europa, que no significa en absoluto un pro-yanqui. Hasan Rohani obtuvo 18.6 millones de votos y se alzó con el 52 por ciento del total. El ministro del Interior, Mostafa Mohamad Nayar, confirmó que no habría ballottage y que el electo era Rohani.
Los otros candidatos, más afines a posiciones más radicalizadas de la revolución islámica, se escalonaron desde el segundo hasta el sexto puesto: Mohammed Baqer Qalibaf, alcalde de Teherán con el 16,54 por ciento; Said Yalili, con 11,3 por ciento; Mohsen Rezai, con 10,5 por ciento; Ali Akbar Velayati, con el 6,1 por ciento, y por último Mohamad Qarazi, 1,2 por ciento.
Rezai, ex comandante de los Guardianes de la Revolución, y Velayati, ex canciller, son parte de los ocho iraníes imputados por la sesgada investigación judicial argentina en la causa AMIA. Rezai, tiene "circular roja" de Interpol, no así Velayati. Desde cierto ángulo, que ambos no resultaran electos amplía las posibilidades de que comparezcan en las audiencias en Teherán por aquella causa, cuando se ponga en marcha la Comisión de la Verdad que deben integrar cinco expertos internacionales neutrales, acordados por los dos países.
En táctica electoral, el sector reformista fue más hábil, pues los rivales que podían disputar el electorado a Rahani se fueron bajando. El último en declinar fue Aref, quien contaba con el aval del ex presidente Jatami (1997-2005): llamó a sufragar por quien a la postre sería el ganador.
Razones de una victoria.
Aún los mayores defensores de la revolución islámica y que cuentan con muchas razones para no apartarse de esa defensa, admiten que en estas elecciones los candidatos que aparecían como más vinculados al gobierno y al Consejo de Expertos del ayatolá Jamenei, ofrecían un cierto flanco.
"Es la economía, estúpido", habría dicho Bill Clinton. Su famoso lema de campaña de 1991-1992 contra Bush padre bien podría haber sido empleado en la competencia persa.
Es que al cabo de muchos años de enemistad, bloqueo económico y sanciones financieras y comerciales por las potencias imperiales, la economía iraní ha atravesado y aún atraviesa varias dificultades.
Su moneda el rial se depreció más del 40 por ciento, según algunas informaciones, y existe una inflación superior al 25 por ciento, lo que en cualquier país afecta a los sectores de ingresos fijos y más bajos. Irán ha debido reorientar sus ventas petroleras a causa de las sanciones que le fueron lloviendo en forma injusta, aduciendo EEUU y aliados el programa nuclear pacífico de los persas.
Esa Organización Internacional de Energía Atómica, primero con un director egipcio y luego otro japonés, han sospechado que el enriquecimiento de uranio de Irán apuntaba a la producción de armas, cosa nunca probada. Y en base a esas suposiciones, nunca formuladas a Israel, que efectivamente cuenta con ese tipo de armas, el Consejo de Seguridad votó varias sanciones contra Teherán. Todo eso, a lo largo de años, parece haber erosionado en parte la economía iraní.
Y en ese marco, un candidato como Rohani, prometiendo más sensatez en las relaciones internacionales, disponiéndose a dialogar con Occidente y a ofrecer más pruebas del carácter pacífico de aquel programa nuclear, etc, tenía visos de mejorar los asuntos económicos. La mayoría de los votantes parece haberse inclinado por un giro de este tipo.
Dentro de la revolución.
La parquedad y apenas tibieza con que las agencias noticiosas internacionales han recibido la inesperada victoria de Rohani es un claro síntoma de que están desorientadas. Ese es un buen signo político visto desde el Tercer Mundo.
Pero no sólo eso. En su primer conferencia de prensa, el ganador debe haberlos desorientado un poco más, porque no rompió lanzas con la revolución islámica de la que forma parte.
Los primeros saludos recibidos fueron de Ahmadinejad y Jamenei, sus supuestos adversarios o críticos. Rohani agradeció esos mensajes pero también los de los ex presidentes Jatami y Rafjansani, de orientación más reformista. Esta búsqueda de unir a todas las voces de Irán no sería muy del agrado de la Casa Blanca, siempre pendiente de sembrar violencia interna en ese país.
Luego, hay que tomar nota de que el electo reiteró su disposición a reabrir un diálogo con EEUU y a dar más pruebas de su programa nuclear pacífico, pero con determinadas condiciones. Textualmente afirmó: "Lo que EEUU debería hacer en primer lugar es dejar de interferir en los asuntos internos de Irán, aceptando todos los derechos de Irán, que son legítimos e internacionalmente reconocidos, inclusive los derechos nucleares".
Rohani también rechazó las sanciones en contra de su país: "son injustas y opresivas; el pueblo de Irán no ha hecho nada para sufrirlas y ha cumplido la ley y los acuerdos internacionales".
Decepción en la Casa Blanca.
De esas primeras declaraciones se pueden extractar dos importantes definiciones más, que ubican a Rohani al interior, y no fuera, de la revolución islámica que en 1979 inspiró el ayatolá Jomeini.
Uno fue su mensaje de amistad para con los países latinoamericanos, especialmente Venezuela. Esto, dicho en momentos en que la reacción venezolana en sintonía con el Departamento de Estado busca desestabilizar al presidente Nicolás Maduro, tiene una clara implicancia política.
La otra señal, referida a Medio Oriente, fue la toma de posición a favor de una solución política en Siria, a contramano de la violencia y el terrorismo que apadrinan EEUU y la Unión Europea. "Queremos un freno a la intervención extranjera en Siria y estamos en contra del terrorismo en aquel país. Bashar al Assad tendría que tener permitido quedarse en el poder hasta las elecciones de 2014", manifestó Rohani.
Está bien que en la vida la gente cambia políticamente, para un lado u otro. Pero ante esas declaraciones inmediatamente después de su triunfo, en Washington deben haber reparado otra vez en esta currícula del presidente electo: a lo largo de la guerra con Irak (1980-88), fue miembro del Alto Consejo de Defensa, comandante de las fuerzas de contraataque aéreo y vicecomandante adjunto de las Fuerzas Armadas.
Masivo y sin denuncias.
Volviendo al balance del 14 de junio. La masividad, la limpieza y la ausencia de denuncias también fue un duro golpe a EEUU, UE e Israel. Hubo una concurrencia masiva, del 73 por ciento, con varios candidatos, pluralismo, debates en los doce canales de televisión nacional y cuatro internacionales, más las universidades, mezquitas, etc. Ese proceso popular no da el perfil de "dictadura" que tratan de vender el imperialismo y el sionismo.
En un reportaje a CX36 de Montevideo, el profesor estadounidense James Petras lo decía bien: "los problemas y programas en debate en Irán son muchos más amplios y abiertos que en las elecciones de EEUU. Aquí es imposible tener un candidato reformista, porque los dos partidos reciben millones de dólares, tienen el monopolio de los medios de comunicación sumado a las restricciones legales sobre la posibilidad de montar una candidatura opuesta. Es mucho más democrático y abierto el sistema en Irán, con más posibilidades de selección. Además el porcentaje de voto en Irán llega a un 73% mientras que en EEUU apenas alcanza al 50%. Entonces tiene más sentido ir a votar en Irán que en EEUU".

Fuente: http://www.laarena.com.ar

www.islamoriente.com

Fundación Cultural Oriente

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