Los esclavos que se convirtieron en grandes personalidades del Islam - Salman el Persa

Al·lâmah Saîied Said Ajtar Rizvî

Traducido del inglés por: Javier (Abdul Karim) Orobio

Los Esclavos en la Historia del Islam

Para que tengamos una idea de cómo elevó el Islam el estatus de los esclavos y les dio un trato humano en lugar de considerarlos como bestias, que es la forma como eran vistos antes de la llegada del Islam, es bueno revisar la siguiente narración: Un día el Profeta (s.a.w.) se encontraba sentado junto a Salmân, Bilâl, ‘Ammâr, Suhaib, Jabbâb (todos habían sido esclavos) y junto a ellos también se encontraba un grupo de árabes musulmanes pobres; de repente, uno de los incrédulos que pasaba por ese lugar, al ver a estas personas “insignificantes” junto al Profeta, le dijo: “¿Has preferido a estas personas en vez de tu gente? ¿Quieres que los sigamos? ¿Dios les ha concedido Su Gracia, para que ellos crean y nosotros no? Es mejor que te apartes de ellos; si lo haces, entonces tal vez te sigamos”. El Profeta hizo caso omiso a su exigencia, y Dios le reveló el siguiente versículo:

﴿ وَلاَ تَطْرُدِ الَّذِينَ يَدْعُونَ رَبَّهُم بِالْغَدَاةِ وَالْعَشِيِّ يُرِيدُونَ وَجْهَهُ مَا عَلَيْكَ مِنْ حِسَابِهِم مِن شَيْءٍ وَمَا مِن حِسَابِكَ عَلَيْهِمْ مِن شَيْءٍ فَتَطْرُدَهُمْ فَتَكُونَ مِنَ الظَّالِمِينَ * وَكَذلِكَ فَتَنَّا بَعْضَهُم بِبَعْضٍ لِيَقُولُوا أَهَؤُلآءِ مَنَّ اللّهُ عَلَيْهِمْ مِن بَيْنِنَآ أَلَيْسَ اللّهُ بِاَعْلَمَ بِالشَّاكِرِينَ * وإِذَا جَآءَكَ الَّذِينَ يُؤْمِنُونَ بِاَيَاتِنَا فَقُلْ سَلاَمٌ عَلَيْكُمْ كَتَبَ رَبُّكُمْ عَلَى نَفْسِهِ الرَّحْمَةَ أَنَّهُ مَنْ عَمِلَ مِنكُمْ سُوءاً بِجَهَالَةٍ ثُمَّ تَابَ مِن بَعْدِهِ وَأَصْلَحَ فَاَنَّهُ غَفُورٌ رَحِيمٌ ﴾

«No rechaces a quienes invocan a su Señor mañana y tarde por deseo de agradarle. No tienes tú que pedirles cuentas de nada, ni ellos a ti. Y, si les rechazas, serás de los impíos. Así hemos probado a unos por otros para que digan: ¿Es a éstos a quienes Dios ha agraciado de entre nosotros? ¿No conoce Dios mejor que nadie a los agradecidos? Cuando vengan a ti los que creen en Nuestros signos, di: ¡Paz sobre vosotros! Vuestro Señor se ha prescrito a Sí Mismo la Misericordia, de modo que si uno de vosotros obra mal por ignorancia, pero luego se arrepiente y enmienda, Él es Misericordioso, Indulgente.» (S. Corán: 6: 54)

Salmân, Bilâl, ‘Ammâr y sus compañeros dijeron: “Cuando Dios reveló estos versículos, el Profeta se dirigió a nosotros,  nos dijo que nos acercáramos y dijo: “Vuestro Señor se ha prescripto a Sí Mismo la Misericordia”. Un día, cuando estábamos junto a él y quería marcharse, se puso de pie. Luego Dios le reveló:

﴿ وَاصْبِرْ نَفْسَكَ مَعَ الَّذِينَ يَدْعُونَ رَبَّهُم بِالْغَدَاةِ وَالْعَشِيِّ يُرِيدُونَ وَجْهَهُ وَلاَ تَعْدُ عَيْنَاكَ عَنْهُمْ تُرِيدُ زِينَةَ الْحَيَاةِ الدُّنْيَا وَلاَ تُطِعْ مَنْ أَغْفَلْنَا قَلْبَهُ عَن ذِكْرِنَا وَاتَّبَعَ هَوَاهُ وَكَانَ أَمْرُهُ فُرُطاً ﴾

«No rehúyas estar con los que invocan a su Señor mañana y tarde por deseo de agradarle. No quites los ojos de ellos por deseo del ornato de la vida mundanal. No obedezcas a aquel cuyo corazón hemos hecho que se despreocupe de Nuestro recuerdo, que sigue su pasión y se conduce insolentemente.» (S. Corán: 18: 28)

Cuando se reveló esta aleya, a partir de ese momento el Profeta nos hacía sentar junto a él, de tal forma que nuestras piernas rozaban las suyas, y nunca se ponía de pie antes que nosotros. Cuando presentíamos que había llegado la hora de que partiese, nosotros nos poníamos de pie primero, y luego él se ponía de pie y se marchaba después de nosotros. El Profeta solía decirnos: “Le doy gracias a Dios Quien no me ha llevado de este mundo antes de haberme ordenado ser perseverante con cierto grupo de mi Ummah. Pasaré el resto de mi vida junto a ustedes, y después de la muerte, permaneceré con ustedes”.[1]

Quiero dar una breve lista de aquellos esclavos que ocuparon los niveles terrenales y espirituales más elevados en el Islam y en la sociedad islámica, desde los inicios del Islam.

Salmân, el persa

Fue el hijo de un sacerdote zoroástriano en la provincia de Fars. Desde el comienzo quiso encontrar y practicar una religión que estuviera libre de las tergiversaciones del ser humano. Esto fue antes de la llegada del Islam. Se convirtió al Cristianismo y en su afán de adquirir el conocimiento divino estuvo al servicio de varios sacerdotes distinguidos. Después de pasar por muchas dificultades y sufrimientos, se unió a un monje en Antioquía, monje éste que en el momento de su muerte le anunció que era hora de la aparición del último Profeta del universo. Le dijo que partiera hacia el Hiÿâz, la provincia árabe donde estaba La Meca y Medina. En el camino fue esclavizado por una banda de guerreros y fue vendido de un amo a otro, pasando por las manos de diez amos. Finalmente, fue comprado por una judía en Medina. No es posible dar detalles de las torturas por las que tuvo que pasar durante su cautiverio, pero parece ser que el destino lo acercaba a su objetivo, porque fue en Medina donde conoció al Profeta del Islam. Después de algunas pruebas, Salmân reconoció en él los signos del Profeta referido en el Nuevo Testamento (Juan 1: 19-25). Salmân aceptó el Islam[2] y el Santo Profeta lo compró de su ama judía y lo liberó. Esto fue después de la batalla de Badr, la primera batalla del Islam, y antes de la batalla de Uhud.[3]

La fe de Salmân, su conocimiento, piedad y logros espirituales incomparables lo colocaron por encima de cualquier compañero del Santo Profeta (s.a.w.). Es considerado uno de los cuatro pilares del auxilio a la verdadera fe del musulmán junto con Abû Dharr al- Ghiffarî, Miqdâd y ‘Ammâr. Tiene la particularidad de haber sido incluido entre Ahl-ul Bait (La Gente de la Casa del Profeta) por virtud de su fe y su piedad. Las tradiciones demuestran su superioridad y es imposible narrar sus virtudes en este resumen. Sin embargo, cito algunas de ellas para darle al lector una idea del estatus de este hombre ante los ojos del Profeta y de sus sucesores.

Aunque ya había aceptado el Islam, Salmân no participó en la batalla de Badr debido a su cautiverio en ese entonces. Después de Badr, combatió en las demás batallas en defensa del Islam y de los musulmanes. Cuando los Quraishitas de La Meca, todos unidos con otras tribus incluyendo los judíos de Medina, sitiaron a Medina, fue Salmân quien le propuso al Profeta cavar un foso alrededor de Medina para evitar el ataque de los enemigos por los puntos débiles de la ciudad. Y es por esta razón que esta batalla se conoce con el nombre de la Batalla del Foso (Jandaq).[4]

Fue en esta batalla que se suscitó una discusión amistosa entre los emigrantes de La Meca (los Muhâÿirûn) y los nativos de Medina (los Ansâr). El tema: ¿Era Salmân un Muhâÿir o un Ansâr? Los Ansâr sustentaban que puesto que Salmân había llegado al Profeta en Medina, por lo tanto pertenecía al grupo de los Ansâr; los Muhâÿirûn argumentaban que como éste había dejado su familia, era un Muhâÿir.

(ver la continuación en archivo pdf)

Fuente: La Esclavitud

Desde las Perspectivas Islámica y Occidental

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[1] Al-Maÿlisî, M.B., Haiât-ul Qulûb, vol. II (Teherán: Ketabfurûshî-e Islamîiah, 1371 AH). Pp. 562-3; Abû Na‘îm Ahmad al-Isfahânî, Hiliat al-Awlîiâ’, vol. I (Beirut, 1967), pp. 146-7.

[2] Ibn Sa‘d, Op. cit., vol. IV: I, p. 58.

[3] Al-Maÿlisî, Bihâr al-Anwâr; vol. 22 (Teherán, n.d.), p. 355: Abû Na‘îm, Op. cit., vol. 1, pp. 193-5; Ibn Haÿar al-‘Asqalânî, Al-Isâbah fi Tamîiz as-Sahâbah, vol. 3 (Calcuta: Asiatic Society of Bengal, 1853-88), p. 224.

[4] Ibn Sa‘d, Op. cit., vol. II: 1, p. 47.

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