La verdad sobre el Islam

Muhammad (PB): el último profeta

Época inicial del Islam en la Meca

Por Abdun-Nabi Chaaban

COMIENZO DE LA REVELACIÓN

Para reflexionar sobre la vida, Muhammad (SAAWAWS) salía de La Meca, durante un mes en el año (el mes de Ramadán), y se aislaba en una montaña llamada Hará´ o Hira; ésta es la montaña más alta de La Meca, y queda a unos kilómetros al noreste de la misma; se llama –igualmente- la montaña “An-Nur”, o “Montaña de la Luz”. Sus reflexiones incluían temas como las maravillas de la creación del universo, la existencia misma y la disciplina y el equilibrio que caracterizan las manifestaciones de la naturaleza. La escogencia de esta montaña respondió a varias razones, entre las cuales se destacan: (a) la misma estaba apartada del paso de la gente,  y (b) desde allí, se podía contemplar la Káabah.

Su esposa Khadija lo visitaba allí y le llevaba su comida y bebida. A los 40 años de edad, en una de las noches del mes de Ramadán, estando Muhammad (SAAWAWS) aislado en el monte Hira y dormido, una voz le despierta diciéndole: “¡Lee!”. Muhammad (SAAWAWS) pregunta: “¡No leeré!”. La voz insiste: “¡Lee!”. Esto se repite varias veces, hasta que al final la voz le indica: “¡Lee! En el nombre de tu Señor, que todo lo creó. * Creó al hombre de una célula embrionaria (de un coágulo, o de un espermatozoide, en otras traducciones). * ¡Lee! Que tu Señor es el más generoso. * Que enseñó el uso de la pluma. * Enseñó al hombre lo que no sabía” (96:1-5). Después de esta recitación, la voz desapareció. Muhammad (SAAWAWS) regresó a su casa y le comentó a su esposa lo que le había pasado. Khadija, a su vez, le comentó lo sucedido a uno de sus primos, llamado “Warakah   Ibn Nawfal”, quien profesaba la religión cristiana y era erudito. Al escuchar lo sucedido y al estar al tanto de la profecía de la venida de un profeta concordando con el tiempo, lugar y circunstancias del momento, éste le dijo a Khadija que Muhammad (SAAWAWS) es el profeta esperado, y que le había pasado igual como le pasó a Moisés (AS) (con la diferencia de que la voz que le habló a Muhammad (SAAWAWS) era la del ángel Gabriel y no la de Dios). Así, Khadija, la esposa de Muhammad (SAAWAWS),  fue la primera persona que creyó en la condición de profeta de Muhammad (SAAWAWS) y en adoptar el Islam.

Se observa que los primeros versículos del Corán, revelados al profeta Muhammad (SAAWAWS) mencionan el cálamo o la pluma, como un instrumento genérico de escritura. Es decir, se trata de un llamado a adquirir el conocimiento y el saber. La segunda revelación menciona, igualmente, el cálamo (pluma): “Nún; por el cálamo y lo que escriben,* no eres ningún poseso por la gracia de Tu Señor.* Tuya será una recompensa ilimitada * y tu carácter es verdaderamente magnánimo” (68:1-4).  De allí, se observa la importancia de la ciencia y la búsqueda del conocimiento en la religión musulmana.

Luego, pasan varios días sin recibir revelación alguna, por lo que Muhammad (SAAWAWS) se entristece inmensamente, creyendo que ha cometido alguna acción que no le ha agradado a Dios.  A pesar de ello, él sigue encerrándose en la cueva del monte Hira, esperando algún milagro. Repentinamente, el ángel Gabriel vuelve a aparecer, dándole esta vez un mensaje tranquilizante: “¡Por la luz de la mañana! * ¡Por la noche cuando está en calma! * Que tu Señor no ha prescindido de ti ni te desdeña. * La Última Vida será mejor para ti que la Primera. * Tu Señor te dará y quedarás satisfecho. * ¿Acaso no te halló huérfano y te amparó? * ¿Y no te halló perdido (buscando el verdadero Dios) y te guió? * ¿Y no te halló pobre y te enriqueció? * Por eso, no abuses del huérfano, * ni ahuyentes al mendigo, * y habla de la gracia con que tu Señor te ha favorecido” (93:1-11).

Así, el ángel Gabriel seguía revelándole a Muhammad (SAAWAWS)  lo que Dios le ordenaba. Desde las primeras revelaciones, Dios le indicó que tenía que comenzar a practicar la oración. El Ángel Gabriel le enseñó cómo realizar la ablución y la oración. La primera persona a la que Muhammad (SAAWAWS) le enseñó esto fue a su esposa Khadija.

La primera persona, después de Khadija, que creyó en la condición de profeta  de Muhammad (SAAWAWS),  entró en el Islam y comenzó a practicar las oraciones, fue su primo Alí, hijo de su tío Abi Táleb, teniendo 10 años de edad. En ese entonces, Muhammad (SAAWAWS) tenía a Alí criándose en su casa, desde que éste tenía 6 años, ya que estaba ayudando a su tío que tenía varios hijos y estaba pasando por una situación económica difícil.

La tercera persona que adoptó el Islam fue Zaid Ibn Haritha, quién fue esclavo de Khadija, y posteriormente adoptado, como hijo, por Muhammad (SAAWAWS). Después de Zaid, la cuarta persona en adoptar el Islam fue Abu Bakr, quien fuera, después de la muerte de Muhammad (SAAWAWS),  el primer Califa.

COMIENZO DE LA PREDICACIÓN Y REACCIÓN DE LA MECA

Dios le indicó a Muhammad (SAAWAWS) inicialmente que tenía que comenzar a predicar sus revelaciones a los demás, pero comenzando primero con sus familiares más allegados: “Y advierte a tus parientes más cercanos, * y extiende tus alas (de benevolencia) en favor de los creyentes que te sigan. * Pero si te desobedecen, di: Soy inocente de lo que hacéis” (26:214-216).

Así, Muhammad (SAAWAWS) tuvo que comenzar su misión de predicación, hacia las personas más allegadas de sus familiares, y de una manera más o menos restringida y oculta. Para ello, él convocó a sus tíos y primos, ascendiendo a unas cuarenta personas, a su casa, para comunicarles su intención de iniciar la predicación, habiendo preparado previamente la cena para ellos. Todos comieron y bebieron de lo que se les había preparado, manteniéndose las mismas cantidades originales de la comida y la bebida. El Profeta (SAAWAWS) entonces les indicó: “Hijos de Abdul Muttalib: después de ver este milagro, no conozco a joven alguno entre los árabes que le haya ofrecido a su tribu (a sus familiares) lo que yo os ofrezco a vosotros, lo cual es el bien de esta vida y el de la vida eterna y que  Dios me ha ordenado que les predique  esto. Quien me apoye en este asunto, será mi hermano, mi regente y mi sucesor entre vosotros”. Ninguno le respondió al Profeta (SAAWAWS), excepto su primo Alí, el más joven de los presentes, quien le dijo al Profeta (SAAWAWS) “yo te apoyaré”. El Profeta (SAAWAWS) repitió lo dicho 3 veces, con el mismo resultado, por lo que –al final- les dijo a sus parientes: “Éste (Alí) es mi regente y mi sucesor entre vosotros; deben escucharle y obedecerle”. Abu Lahab le dijo a su hermano Abi Táleb, en tono de burla, que a partir de ahora tenía que obedecer a su propio hijo Alí.

Durante los primeros tres años, el Profeta (SAAWAWS) se mantuvo predicando las revelaciones de una manera muy discreta, a sus más allegados. En ese período, las personas que adoptaban el Islam, ocultaban sus prácticas religiosas y oraciones, ya que podían recibir maltratos y agresiones de las personas paganas, politeístas e idólatras. La predicación en los primeros tres años se realizó en tres fases: (1) sólo hacia el círculo más cercano al Profeta (SAAWAWS), luego (2) hacia sus familiares y amigos y luego (3) hacia un círculo externo a la familia y amigos, en La Meca. Sin embargo, durante ese período de tres años, esta predicación estuvo signada siempre por suma discreción y selectividad. Después de ese período, Muhammad (SAAWAWS) recibió la orden divina de comenzar a anunciar públicamente, a todos, su predicación “Así pues, proclama abiertamente lo que se te ordena y apártate de los politeístas” (15:94).

Como un paso importante, Muhammad (SAAWAWS) comenzó a despotricar de las estatuas e ídolos, así como de las muchas personas de la época que los adoraban y veneraban. A raíz de esto, un grupo representativo de La Meca se dirigió a Abi Táleb reclamándole sobre la acción de su sobrino Muhammad (SAAWAWS). Abi Táleb era una persona de respeto, aprecio y posición social (no económica). Después de varios reclamos, éste le alertó a Muhammad (SAAWAWS) sobre lo que estaba sucediendo y el reclamo de este grupo de personas. A ello, Muhammad (SAAWAWS) le respondió con su famosa frase: “Tío, Juro por Dios que aunque ellos pusieran el sol en mi mano derecha y la luna en mi mano izquierda para que abandonara esta misión, antes de que Él la haya hecho victoriosa, no la abandonaría, a no ser que muriera en el empeño”. Al escuchar esto, y ver la firmeza de su sobrino, Abi Táleb le confirmó que siempre lo estaría protegiendo, y que nunca lo  abandonaría; y así lo hizo.

Igualmente, Hamzah, el tío del Profeta (SAAWAWS), adoptó el Islam y, siendo un joven muy fuerte y valiente, le daba protección a su sobrino.

Así, cuando Muhammad (SAAWAWS) comenzó a comunicar públicamente las revelaciones de Dios, varias tribus de La Meca y de sus alrededores reaccionaron con el rechazo y la confrontación. Abi Táleb, así como los otros tíos (excepto Abi Lahab) y familiares de Muhammad (SAAWAWS) protegían siempre al Profeta (SAAWAWS).  Abi Lahab –tío del Profeta- estuvo, desde el principio y hasta su muerte, rechazando las predicaciones de Muhammad (SAAWAWS) y se convirtió en uno de sus enemigos acérrimos.

Las tribus idólatras y politeístas de La Meca comenzaron a ver en la predicación de Muhammad (SAAWAWS) de la nueva religión un peligro, para ellos mismos y para sus hijos, ya que la predicación comenzó a producir separación entre los miembros de una familia, al atender y aceptar algunos de ellos los mensajes de la nueva religión. Por otro lado, ellos previeron en esta predicación un peligro para la posición de La Meca como un destino de peregrinación, así como un centro de intercambio comercial, ya que al llegar los  peregrinos y mercaderes de todas partes, y al escuchar la nueva predicación de Muhammad (SAAWAWS),  y los insultos que los adeptos de la nueva religión le daban a las estatuas e ídolos sembrados en La Meca,  estos peregrinos y mercaderes no volverían más. Para evitar esta situación, se pusieron de acuerdo para adelantar una campaña propagandística en contra de Muhammad (SAAWAWS),  inventando acusaciones en su contra, con el fin de debilitar su credibilidad. Al intentar buscar las acusaciones apropiadas, se encontraron con la imposibilidad de llevar esto a la práctica, ya que todos sabían que Muhammad (SAAWAWS) no tenía defecto real alguno con el cual fundamentar sus acusaciones. Finalmente, Walid Ibn Al Mughírah, uno de los politeístas de La Meca, sugirió tildar a Muhammad (SAAWAWS) de hechicero. Aunque ellos sabían que esto no era verdad, veían que su acción tenía el efecto de la hechicería, ya que producía una separación entre los hermanos, los hijos y los padres así como entre los familiares.

Así, los idólatras y politeístas de La Meca trataron de intimidar a Muhammad (SAAWAWS) con insultos, maltratos y amenazas, aunque nunca pudieron hacerle daño físico, por temor a la posición de sus tíos entre las tribus de La Meca.

En diversas otras ocasiones, los intentos de neutralizar al Profeta (SAAWAWS) se orientaban, más bien, por la vía de la persuasión y motivación. Como ejemplo, una vez “Utbah Ibn Rabí’ah” se acercó al Profeta (SAAWAWS) intentando persuadirlo para dejar de predicar su nueva religión, y le dijo: "Como bien sabes, tú eres un noble de la tribu y tu ascendencia te asegura una posición de honor. Y ahora has traído a tu pueblo un asunto que produce una profunda preocupación, por cuya causa has escindido su comunidad, has declarado necio su modo de vida, has hablado vergonzosamente de sus dioses y de su religión, y a sus antepasados los has llamado infieles o paganos. Escucha, pues, lo que propongo y mira si algo de ello te resulta aceptable: Si lo que buscas es la riqueza, de nuestras distintas propiedades juntaremos una fortuna para ti para que puedas ser el hombre más rico de entre nosotros; si lo que quieres es el honor, te haremos nuestro jefe supremo y no tomaremos ninguna decisión sin que tú antes la apruebes; si ambicionas la realeza, te designaremos nuestro rey, y si tú mismo no puedes desembarazarte de este genio (“Jinn”) que se te aparece o se ha apoderado de ti, encontraremos para ti un médico y gastaremos nuestra riqueza hasta que te cure por completo”.

La respuesta del Profeta (SAAWAWS) a este ofrecimiento de “Utbah Ibn Rabí’ah” fue la siguiente: “Ahora escúchame tú”, y seguidamente le recitó diversos versículos del Corán, que hablan sobre la revelación, la creación de la Tierra y el Firmamento, los profetas, los pueblos antiguos que habían sido destruidos como castigo por no creer en sus profetas y sobre los creyentes y las recompensas que tendrán en esta vida y en la próxima. El Profeta (SAAWAWS) terminó recitando el siguiente versículo: “¡Y entre sus signos están la noche y el día y el sol y la luna! No os prosternéis en adoración ante el sol ni ante la luna, sino prosternaos en adoración ante Dios, su Creador, si verdaderamente Lo adoráis” (41: 37). Aunque “Utbah” simulaba inicialmente que prestaba atención al hombre que esperaba ganarse, después de unos pocos versículos, estaba muy atento, escuchando con admiración, y asombrado por la belleza del lenguaje que penetraba en sus oídos.

Cuando “Utbah” volvió a sus compañeros, éstos quedaron tan impresionados por el cambio de la expresión de su rostro, que exclamaron: “¿Qué te ha sucedido?” Él les respondió diciendo: “He escuchado unas palabras como jamás había oído antes. No es poesía, por Dios, ni es brujería ni adivinanza. Hombres de Quraish, escuchadme, y haced como digo. No os interpongáis entre este hombre y lo que hace, sino dejadle, porque, por Dios, las palabras que he escuchado de él serán recibidas como grandes nuevas. Si los árabes le dan muerte os habréis deshecho de él a manos de otros y si él vence a los árabes, entonces su soberanía será vuestra soberanía y su poderío será vuestro poderío y seréis los hombres más afortunados”. Pero se mofaron de él, diciendo: “Te ha hechizado con su lengua”, a lo que él respondió: “Os he dado mi opinión; haced pues lo que consideréis mejor”. No se opuso más a ellos y el impacto que le habían producido los versículos coránicos no fue más que una impresión pasajera.

Después de este evento con Utbah, los paganos y los politeístas seguían intentando persuadir a Muhammad (SAAWAWS). Se reunieron en una asamblea y le pidieron asistir a la misma. Allí, le seguían ofreciendo dinero, posición y poder, a lo que el Profeta (SAAWAWS) les respondió: “No estoy poseído, ni busco el honor entre vosotros ni la realeza sobre vosotros. Dios me ha enviado a vosotros como mensajero, me ha revelado un libro y me ha ordenado que sea para vosotros un portador de buenas nuevas y un advertidor. Así que os he comunicado el mensaje de mi Señor, y os he aconsejado bien. Si aceptáis lo que os he traído, eso significa vuestra buena fortuna en este mundo y en el venidero; pero si lo rechazáis, entonces esperaré pacientemente a que Dios juzgue entre nosotros”. Sin dar señales de rendición, los paganos y politeístas presentes en la asamblea le pidieron que les mostrase alguna señal o algún milagro, para ellos creer en él como profeta: que quite alguna montaña de su sitio, que haga fluir un río, que resucite a algunos muertos, que les envíe un ángel que ellos puedan ver para que les confirme sus palabras, que le envíe –a él- un palacio o algún tesoro, etc. El Profeta (SAAWAWS) insistía en que él no fue enviado para esto, sino simplemente como advertidor y comunicador de buenas nuevas. Ya casi en una señal de frustración, ellos le solicitan a Muhammad (SAAWAWS) que le pida a Dios enviarles –en el acto- un castigo fuerte, si es que de verdad él era un profeta, a lo que él responde que Dios haría esto si Él quisiese y cuando Él quisiese.

Así pues, las tribus de La Meca y sus nobles no creían en Muhammad (SAAWAWS),  como profeta y mensajero de Dios; más bien, hicieron todo lo posible por evitar que él siguiese con sus predicaciones. A pesar de esto, más personas, especialmente de las clases más humildes de La Meca, se convertían al Islam, creyendo en Muhammad (SAAWAWS) y en su condición profética. Cuanto más aumentaban sus seguidores, más sentían los politeístas que su comunidad y su forma de vida estaban en peligro. Para contrarrestar esto, los politeístas e idólatras se impusieron la misión de perseguir a todos los conversos, agredirles, maltratarles y torturarles. Cada clan se encargaba de sus propios conversos: los encerraban y atormentaban golpeándoles y haciéndoles pasar hambre y sed; los torturaban, extendiéndolos sobre la tierra endurecida por el sol de La Meca cuando éste estaba en su cenit para hacerles renunciar a su religión.

PRIMERA EMIGRACIÓN: HACIA ETIOPÍA

Cuando los politeístas de La Meca se dieron cuenta que no podían convencer a Muhammad (SAAWAWS),  y que su predicación estaba dando sus frutos, éstos dirigieron sus acciones hacia los seguidores del Profeta (SAAWAWS). Los Creyentes, nuevos musulmanes, comenzaron así a ser objeto de persecución, maltratos, agresiones, torturas e inclusive de asesinato, por parte de los paganos o politeístas. Ellos practicaban sus oraciones en secreto, ocultándose de los paganos.

A raíz de esto, Muhammad (SAAWAWS) sugiere a sus seguidores a emigrar a Etiopía, indicándoles que allí había un rey justo (Al Najashei), que les daría protección. Esta fue la primera emigración de los musulmanes (cerca del año 615 d.c.). La misma no fue por debilidad de los musulmanes, ni por miedo; la misma fue ordenada, ya que todavía los musulmanes no tenían ni siquiera la potestad (u orden divina) de repeler los ataques y los maltratos, sino de tener paciencia y pasividad ante esos ataques. Entre los primeros emigrantes (en total 83 personas) se contaba: Outhmán Ibn Affán (quien luego sería tercer Califa), así como Jáafar Ibn Abi Táleb (primo de Muhammad (SAAWAWS) y hermano de Alí), a quien el Profeta (SAAWAWS) envió como predicador.

Las tribus de Quraish, al enterarse que los musulmanes creyentes que habían emigrado a Etiopía estaban seguros,  tranquilos y bien tratados, quisieron perjudicarles. Para ello, enviaron dos personas (entre ellos: Amr Ibn Al As) a hablar con el rey Al Najashei, a quien trataron de engañar, diciéndole que los que habían emigrado de La Meca a Etiopía, eran personas que habían renegado de la religión de sus padres, y que no habían adoptado tampoco la religión del Rey, quien era cristiano, sino que habían inventado una nueva y desconocida religión. Quisieron hacerle ver al Rey que estas eran personas débiles y perdidas y que sus parientes en La Meca quieren velar por ellos, por lo que solicitan al rey que los expulse y les haga regresar a su Tierra. Para ayudarse en su misión, estas dos personas trajeron obsequios para el Rey y para todos sus colaboradores. Sin embargo el Rey no quiso entregar los creyentes a estas dos personas y expulsarles, obligándoles a regresar a La Meca, sin antes escucharles, ya que estos creyentes habían confiado en ese Rey y en su hospitalidad, por lo que le era difícil defraudarles. El Rey decidió escuchar los argumentos de los creyentes emigrantes, antes de tomar una decisión.

Jáafar, en representación de los demás, le narró al Rey lo que les había pasado: “éramos un pueblo sumido en la ignorancia; adorábamos y rendíamos culto a estatuas hechas por nosotros mismos; comíamos animales muertos (es decir carne no “halal” o ilícita), cometíamos pecados, no le dábamos importancia a la relación familiar o a los parentescos, ni a los vecinos,  el fuerte se apoderaba del débil, hasta que Dios nos envió un mensajero quien nos pidió adorar y venerar a un sólo Dios, y dejar de adorar a piedras y estatuas de nuestra creación; igualmente nos pidió asumir siempre la verdad en nuestras interacciones, cuidar de lo que se nos encomienda, darle la merecida importancia al parentesco,  tratar bien a nuestros vecinos, alejarnos de los pecados y del mal obrar, no hacer falsos testimonios, no apoderarnos de las herencias de los huérfanos, no atestiguar adulterio en falso en contra de la mujer, adorar a un solo Dios, practicar rezos diarios, practicar el ayuno, dar parte de nuestros ingresos y ganancias a los pobres (zakat), …  Así, por seguir a este mensajero y por creer en su mensaje y practicar sus enseñanzas, hemos sido perseguidos, torturados y maltratados por el resto de nuestro pueblo que no creyó en ese mensajero, y que nos quieren forzar a regresar a nuestra oscura época.   Ante esta amenaza, hemos buscado refugio en ti, en tu justicia y en tu buena hospitalidad.” El Rey le preguntó a Jáafar si le podía recitar algo de lo que el mensajero había predicado. Entonces, éste le recitó parte del capítulo de Mariam (María) (AS), que narra la historia de la Virgen María (AS) y de cómo Jesucristo (AS) fue concebido por la palabra y el espíritu de Dios. Entonces el Rey afirmó que esto concuerda con lo narrado en el Evangelio y que ambas predicaciones tenían que provenir,  obligatoriamente de una misma fuente o raíz (un único Dios). Basado en esto, el rey Al Najashei no complació a los paganos y los hizo devolver, sin complacerles con la entrega o expulsión de los creyentes.  

No conforme con esto, Amr Ibn Al As, quería hacer otro intento para convencer al rey en expulsar a los creyentes. Este le indicó al Rey pedirles a los creyentes que le indicaran qué dicen las revelaciones sobre Jesucristo (AS); él sabía que las revelaciones que Muhammad (SAAWAWS) predicaba afirman que Jesucristo (AS) no es Dios. El Rey accedió a esta solicitud y le pidió a Jáafar que le indicara qué se predicaba sobre Jesucristo (AS), a lo que éste contestó: “Nuestro Profeta (SAAWAWS) dice que Jesucristo (AS) es el siervo de Dios y es su mensajero, y es su espíritu y su palabra hacia la Virgen María (AS)”. Esto hizo aferrar más al Rey a proteger a los creyentes musulmanes.

BLOQUEO SOCIAL Y ECONÓMICO

Al ver que los creyentes se estaban extendiendo, y después de numerosos intentos fallidos para debilitarlos, llevados a cabo por los politeístas y paganos, éstos acordaron tomar varias acciones en su contra, especialmente los pertenecientes al clan de Hachim, o sea familiares cercanos del Profeta (SAAWAWS). Se acordó que dichas acciones estuviesen redactadas en un documento: nadie desposaría a una mujer del clan de  Hachim o daría su hija en matrimonio a un hombre de ese clan, y nadie les compraría o vendería nada, ni siquiera alimento. Esto tenía que continuar hasta que este clan proscribiese a Muhammad (SAAWAWS) o hasta que él renunciase a sus pretensiones de profecía. Dicho documento fue suscrito por casi cuarenta jefes de Quraish (La Meca) y, luego, colocado solemnemente en el interior de la Káabah.

De este bloqueo fue exceptuado Abi Lahab, uno de los tíos del Profeta (SAAWAWS), pero –al mismo tiempo- uno de sus enemigos acérrimos. En el Corán existe un pequeño capítulo donde se les promete el infierno a Abi Lahab y a su esposa, por el maltrato y daño que ambos le hacían al Profeta: “¡Que perezcan las manos de Abi Lahab! Y que perezca él. * De nada le servirá su riqueza ni cuanto ha adquirido. * Se abrasará en un fuego flameante * junto a su mujer acarreadora de leña (acarreadora de infamias). * Llevando al cuello una soga de fibras retorcidas”  (111:1-5).

Este terrible bloqueo o boicot duró cerca de 3 años (617 DC-620 DC). Después de este período, gente cercana a la familia de Hachim comenzaron a romper el bloqueo, lo cual ayudó a aflojar y mejorar la situación.

A pesar de esto, la cantidad de creyentes iba en aumento, a pasos lentos pero firmes. La adopción del Islam por parte de personas reconocidas como valientes, ayudó en esta expansión. Sólo a título de ejemplo, se menciona a Hamzah, tío del Profeta (SAAWAWS), conocido como “el León de Dios”, y Omar Ibn Al Khattab. Por otro lado, ayudó mucho también el hecho de que el Profeta (SAAWAWS) proviene de la familia de Hachim, la cual es reconocida como una de las principales y más importantes e influyentes, si no la principal, de las familias de La Meca.  

“AÑO DE LA TRISTEZA”

En el año 620 DC, muere Abi Táleb, el tío del Profeta (SAAWAWS). A los tres días, muere también Khadija, su esposa. Esto fue tres años antes del año de la Hijra (año de la emigración a la ciudad de Madinah). Después de la muerte de Abi Táleb, Muhammad (SAAWAWS) fue objeto de más maltratos por parte de las tribus de Quraish, aprovechando para hacerle lo que no podían en la vida de Abi Táleb, quien era su principal protector. Esto le dificultó a Muhammad (SAAWAWS) ejercer la predicación, más todavía que cuando contaba con la protección de su tío Abi Táleb. Por ello, el Profeta (SAAWAWS) llamó el año de la muerte de su tío y de Khadija como el “año de la tristeza”.

VIAJE MILAGROSO DE MUHAMMAD (SAAWAWS): ISRA´A Y MI´RAJ

El Isra´a: es el viaje milagroso o “viaje nocturno” que realizara el profeta Muhammad (SAAWAWS) desde la Káabah o Mezquita Al Harám en La Meca, que circunde a la Káabah,  hasta la Mezquita Al Aqsa en Jerusalén: “Alabado sea Aquel que transportó a Su siervo en la noche desde la mezquita Al Harám hasta la mezquita lejana (Al Aqsa), cuyo entorno hemos bendecido, para mostrarle algunos de Nuestros signos; pues, en verdad, sólo Él todo lo oye, todo lo ve” (17:1).

En una noche, mientras Muhammad (SAAWAWS) dormía, le aparece el ángel Gabriel y a su lado un animal extraño, llamado Al Buraq (cuyo tamaño está entre burro y mula, pero con alas). Muhammad (SAAWAWS),  por indicación de Gabriel, monta el Buraq, el cual lo lleva –volando- hasta Jerusalén.

Allí, Muhammad (SAAWAWS) ve a los profetas Abraham (AS), Moisés (AS), y Jesús (AS), entre otros y reza con ellos en la Mezquita Al Aqsa.

En las afueras de la mezquita, Muhammad (SAAWAWS) encuentra tres jarrones: uno con yogurt, otro con agua y el tercero con vino. Muhammad (SAAWAWS) bebió del jarrón de yogurt. El ángel Gabriel le comentó que si hubiera tomado del jarrón de agua, su nación se hubiera inundado, y si hubiera tomado del jarrón de vino, su nación estaría “perdida”. El hecho de haber bebido del jarrón de yogurt significa que su nación estaría a salvo.

En la misma noche, después de rezar en la mezquita Al Aqsa, Muhammad (SAAWAWS) fue transportado a los cielos (el Mi´raj), en compañía del ángel Gabriel. Allí logró ver el Infierno y el Paraíso, entre otras cosas: “Y le inspiró a Su siervo lo que le inspiró. * No mintió el corazón en lo que vio. * ¿Podéis acaso negar lo que vio? * Ya lo había visto en otra revelación * junto al Árbol del Loto del límite. * A cuyo lado está el jardín del Refugio. * Cuando al Árbol del Loto lo cubrió lo que lo cubrió. * No se desvió la mirada ni se propasó. * Y vio algunos de los mayores signos de su Señor” (53:10-18). En estos cielos, vio a Adán (AS), Jesús (AS), Juan (AS) -hijo de Zacarías (AS)-,   José (AS) hijo de Jacobo (AS), Idrís, Aarón, Moisés (AS) y Abraham (AS). En este viaje, fue establecida la cantidad de 5 rezos diarios. El viaje terminó con el retorno a Jerusalén, y de allí a La Meca.

A su regreso a La Meca, Muhammad (SAAWAWS) informó sobre su viaje milagroso, el cual duró una sola noche. Muchos no le creyeron, ya que un viaje normal entre los dos sitios mencionados no llevaría –en aquellos tiempos-  menos de un mes, entre ida y vuelta (sin considerar la ascensión a los cielos).  Abu Bakr -quien fuera luego el primer Califa- fue uno de los primeros en creer en la historia de Muhammad (SAAWAWS),  por lo que el Profeta (SAAWAWS) le dio el apodo de “Siddík” (crédulo), por el cual se conoce hasta ahora.

El Corán no mencionó los detalles de estos viajes. Existen opiniones encontradas sobre los mismos. Algunos piensan que el viaje fue en cuerpo y en espíritu y otros piensan que fue sólo en espíritu.

EN BUSCA DE APOYO FUERA DE LA MECA

Ese mismo año de la muerte de Khadija y Abu Táleb, y buscando algún tipo de apoyo fuera de La Meca, Muhammad (SAAWAWS) comenzó a viajar por los pueblos cercanos, sólo, con el fin de predicar las revelaciones de Dios, y llamar a los pueblos a adoptar el Islam. El primero de estos pueblos en visitar fue El Tá´if, el cual está a unos 90 Km al sureste de La Meca. El Profeta (SAAWAWS) buscaba en este pueblo protección de los maltratos de la gente de La Meca, por un lado, y la posibilidad de que la gente de El Tá´if creyera en su mensaje y lo siguiera. Sin embargo, allí recibió  un maltrato igual al que recibía en La Meca. Finalmente, él recurrió a tres hermanos que eran de los pudientes en Tá ´if y tenían una buena posición, intentando ganárselos. Sin embargo, los tres le dieron respuestas humillantes y denigrantes. Al salir de ese pueblo, muchas personas le siguieron, parándose en ambos lados del camino, y le tiraron piedras hasta que se alejó, sangrando. En los otros pueblos, corrió, más o menos, con la misma suerte, mientras  la enemistad de Quraish hacia él fue creciendo.

PACTOS DE “AL ÁQABAH” Y ADOPCIÓN DEL ISLAM POR PARTE DE “MADINAH”

Un año más tarde, estando Muhammad (SAAWAWS) en una localidad llamada Áqabah (cercana a La Meca), predicando –sin éxito- las revelaciones del Islam, se encontró con un grupo de 6 personas de la tribu “Khuzroj”, de la ciudad Madinah, ubicada al norte de La Meca.  Estas personas vivían entre  judíos y habían escuchado de éstos que ya había llegado la época en que vendría un profeta, y que aparecería en estos lugares.  Al escuchar las predicaciones de Muhammad (SAAWAWS),  quien les dijo que él era el profeta que los judíos les habían profetizado con base en sus escrituras, estas 6 personas creyeron en él y adoptaron el Islam, antes de regresar a Madinah. A su regreso, estas mismas personas comenzaron a predicar lo que Muhammad (SAAWAWS) les enseñó y varias personas, de varias tribus, adoptaron el Islam gracias a ello. Al año siguiente, 12 personas de Madinah encontraron a Muhammad (SAAWAWS) también en la Áqabah, y allí, después de escuchar sus predicaciones, pactaron con él tres temas importantes: (1) no asociar a nadie con Dios, (2) obrar bien, alejándose de los pecados: no robar, no cometer adulterio, no matar, no mentir, no calumniar  y (3) no desobedecer al Profeta (SAAWAWS). Este pacto se llamó “Primer Pacto de Al Áqabah”

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