El Mahdi (P)

(La paz sea sobre el)

Por: Seied M. Baqir As-Sadr (r. a.)

Al-Mahdi no es solamente la encarnación de una doctrina islámica de carácter religioso, sino también  una aspiración, que la humanidad ha  poseido en sus diferentes religiones y doctrinas, y la formulación de una aspiración innata a través de la cual todo los seres humanos, a pesar de la diversidad de sus creencias y las divergencias de sus caminos, manifiestan su esperanza en el Día Prometido,  cuando los Mensajes Divinos revelen su significación grandiosa y cuando la difícil marcha a través de la historia desemboque en la armonía,  paz y  justicia que el mundo necesita.

¿Cómo probar que Al-Mahdi tuvo una existencia histórica real y que no fue una simple suposición suscitada  en el espíritu de un gran número de individuos? ¿Qué hacer, pues, para tener esta convicción?

Notemos que la idea de Al-Mahdi, en tanto que Guía Esperado para el cambio del mundo hacia uno mejor, es sacada de los hadices del Profeta en general, de los Imames de Ahlul Bait en particular y confirmada en muchos textos incuestionables.

Así, se han contabilizado 400 hadices proféticos establecidos a este respecto por las cadenas de transmisión sunnitas (ver obra de Sayd Sadr al-Din Al-Sadr «Al-Mahdi»), y más de 6.000 en las cadenas shiítas y sunnitas conjuntas (Ver Muntajab Al-Azar fil Imam az-zani ‘ashar de Sheij Lutful·lah As-Safi). Se trata de una cifra record en relación a muchas otras cuestiones islámicas evidentes sobre las cuales los musulmanes no cuentan con reservas normalmente.

 En cuanto a la encarnación de esta idea por el doceavo Imam en persona, hay suficientes argumentos sólidos que la hacen convincente y a la que se puede referir en dos tipos de pruebas: la prueba islámica y la prueba científica. La primera nos permite demostrar la existencia del Guía Esperado y la segunda debe conducirnos a constatar que Al-Mahdi no es un mito, ni una pura visión del espíritu, sino una verdad establecida por la realidad histórica.

La prueba islámica consiste en los cientos de hadices atribuidos al Profeta y a los Imames de Ahlul Bait, indicando cómo Al-Mahdi fue predesignado, siendo de la familia de Ahlul Bait, descendiente de Fátima, de la línea de Al-Husein y el noveno descendiente de éste, y que los Imames sucesores del Profeta serían  doce.

Esos hadices precisan la «idea general» de Al-Mahdi, materializándolo en la persona del doceavo Imam de Ahlul Bait. Son numerosos y extensos, a pesar de la prudencia de los Imames de Ahlul Bait y la consigna de no divulgar demasiado en público la predestinación  del Guía Esperado, para evitarle cualquier tentativa de asesinato o eliminación.

El gran número de hadices concordantes no es el único criterio de su credibilidad. Otros indicios y características militan igualmente en favor de su veracidad. Tomemos el ejemplo de ese hadiz profético que habla de futuros Imames (califas o príncipes, según las diferentes cadenas de transmisión). Se relata según ciertos autores que serían en número de doce. Eso es citado en más de 270 cadenas de transmisión que forman parte de las más célebres colecciones de hadiz, sunnitas y shiítas, como Al-Bujari, Muslim, At-Tirmidhi, Abi Daud, así como en el Masnad Ahmad, Mustadrak al Hakim Al-Sahihein... Lo que hay que retener sobre todo de ese hadiz, es que el hecho de ser transmitido por Al-Bujari, contemporáneo del Imam Al-Hadi, y del Imam Al-Askari, significa que fue relatado por el Profeta anteriormente y antes que la idea de doce Imames fuera completamente materializada. Ello significa también que no se puede suponer que ese hadiz fuera transmitido -y por tanto formulado- bajo la influencia de la realidad imamita duodécima, o del reflejo de dicha realidad.

Dado que está materialmente establecido que el hadiz fue registrado anteriormente a que la predicción del suceso de los doce Imames  estuviera aún completamente realizada, se puede asegurar que no es el reflejo de una realidad, sino la expresión de una verdad divina, pronunciada por alguien cuyas palabras eran las revelaciones y que dijo: «Los califas que me sucederán serán en número de doce». La realidad duodécima comienza con el Imam Ali y termina con Al-Mahdi, única encarnación razonable de ese hadiz profético.

En cuanto a la prueba científica, consiste en una  experiencia que la gente ha vivido durante un período de aproximadamente 70 años: La Pequeña Ausencia (primera ocultación del Imam Al-Mahdi)

Antes de entrar en los detalles de esa cuestión, conviene explicar esquemáticamente lo que es la Pequeña Ocultación.

La Pequeña Ocultación traduce la primera etapa del Imamato del Guía Esperado. En efecto, la Providencia quiso que ese Imam desapareciera de la escena pública cuando recibió la misión del Imamato, y que guardara el anonimato frente a los sucesos, aunque estuviera siempre cerca, de corazón y espíritu. Pero si esta desaparición hubiera sido súbita, habría provocado un gran shock en las bases populares del Imamato en la Umma; pues esas bases estaban acostumbradas a tener  contacto con su Imam en todas las épocas.

De aquí, el suceso de la Pequeña ocultación, durante la cual el Imam desaparecía de la vida pública aunque continuaba comunicándose con su gente y sus seguidores  por medio de sus representantes y  hombres de confianza, constituyendo así la  unión entre él y las gentes que creían en su línea imamita. Los representantes del Imam durante este período fueron cuatro. Las personas que les frecuentaban permanentemente, eran unánimes en constatar su piedad, su integridad y su entereza. Estos representantes fueron:

1. Uzman Ibn Said Al-Omari,

2. Muhammad Ibn Uzman Ibn Said Al-Omari,

3. Abul Qassim Al-Husein Ibn Ruh, y

4. Abul Hasan Ali Ibn Muhammad Al-Samari.

Ellos realizaron la tarea de representantes del Imam sucesivamente y en el orden establecido anteriormente. Cada vez que uno de ellos moría, otro le sucedía por orden, por un período de aproximadamente 70 años, descubriendo una misma escritura y los mismos caracteres, grafológicamente uniformes.

Fue Al-Samari, el último de los cuatro representantes, quien anunció el fin de la fase de la Pequeña Ocultación caracterizada por la presencia de un representante nombrado. A partir de la Gran ocultación no habría más representantes nombrados y encargados de servir de intermediarios entre el Imam Guía y los musulmanes. El paso de la Pequeña Ocultación a la Gran ocultación supone el fin de una etapa, dado que ésta, por su carácter progresivo y transitorio, ha permitido prevenir a los musulmanes del choque y el sentimiento de vacío que habrían de soportar a continuación de la desaparición del Imam y prepararles progresivamente para aceptar la idea de «la representación general», que significa que la representación del Imam no está asegurada por  individuos nominalmente designados, sino por una línea general, la línea del Muytahid (doctor en ley islámica que alcanza un nivel en que puede deducir las mismas a partir de las fuentes de la legislación) justo conocedor de las cuestiones de la vida temporal y de la religión.

Dicho esto, se puede observar claramente, que Al-Mahdi fue una verdad vivida por toda una comunidad musulmana y expresada por sus embajadores y representantes a lo largo de 70 años. Durante este período, nadie denunció la menor inexactitud en las palabras de dichos representantes, ni el menor índice de error en su conducta, ni el menor error en su trasmisión de los mensajes.   ¿Puede concebirse que un «mentiroso» pudiera mentenerse durante 70 años y ser sostenido sucesivamente por 4 personas que, sin ninguna relación particular y privilegiada, le trataran como una verdad vivida por ellos mismos y vista por sus propios ojos, sin que nada de anormal o sospechoso apareciera en todo ello, y alcanzaran, por la credibilidad de su actitud, la confianza de todo el mundo en la causa que pretendían vivir y sentir concretamente?

Así, el fenómeno  de la Pequeña Ocultación puede ser considerado como una «experiencia científica» y una realidad objetiva vivida, que nos permite creer en la existencia real del Imam Guía, en su nacimiento, en su vida, en su desaparición y en el anuncio general que hizo de la Gran Ocultación.

¿Por qué no ha reaparecido el Guía durante este largo período, si ya está verdaderamente formado y preparado en la acción social?

La respuesta es que el éxito de toda operación de transformación social, depende de las circunstancias y las condiciones objetivas y que no podría alcanzar su objetivo excepto si se presentan estas circunstancias y condiciones.

La misión para la cual el Imam Al-Mahdi está reservado  viene a cambiar el mundo radicalmente y a conducir a la humanidad, a toda la humanidad, de las tinieblas de la injusticia, hacia la Luz. Para conseguir el éxito en una operación de cambio de tal embergadura, no basta con hacer reaparecer al Guía y su mensaje sobre la escena, sino habría sido realizada en la época del Profeta. Lo que necesita es una atmósfera planetaria propicia y un ambiente general favorable  para la realización de un cambio universal. Tal atmósfera planetaria se presentará mejor a medida que se progrese en el tiempo.

En el plano humano, el sentimiento de agotamiento que acusa el hombre de nuestra época, es considerado como un factor esencial de esta atmósfera favorable en la aceptación del nuevo mensaje. Este sentimiento de cansancio nace y enraiza en el hombre, cuando éste culmina las diferentes experiencias de civilización que atraviesa, agobiado por los resultados negativos de todo cuanto ha edificado y descubriendo una necesidad transcendente, que le lleva a volverse instintivamente hacia lo metafísico.

En el plano material, las condiciones objetivas de la vida moderna podrían ser más propicias que las de la época de la Pequeña Ocultación, en la realización del mensaje a escala planetaria, pues acorta  las distancias, posibilita la interacción entre los pueblos,  la disponibilidad de los medios y los instrumentos necesarios para la creación de una organización centralizada cuyo objetivo sería sensibilizar a los pueblos del mundo al nuevo mensaje y educarles a ese respecto... (ver la continuación en archivo pdf)

Extraído del libro «El Imam Al-Mahdi».

Editado por la Asamblea Mundial de Ahlul-Bait. Qom- Irán

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