El héroe en el Shahnameh[1]; La ética del héroe

“Los héroes son propiedad humana, comensales de toda mesa y de toda casa familiar.”

José Martí

El héroe épico de la posmodernidad

En nuestra contemporaneidad posmoderna (como diría el filósofo E. Dussel “el último expector de la modernidad occidental”) uno de los géneros literarios dirigidos fundamentalmente hacia un sector juvenil, influyente igualmente en la población adulta, que goza de una gran demanda de lectura es la fantasía heroica, o llamada también fantasía épica. La misma viene acompañada de otros elementos de la cultura de masas como son las historietas (comic y manga), los video juegos y los juegos de roles con estos temas, las letras de muchas canciones de heavy metal y audiovisuales que van desde un video clip y los animes, hasta las versiones cinematográficas de muchas de las novelas de este género. Indudablemente este es un tema que mueve muchos estudios desde las ciencias sociales (sociología, psicología, antropología, semiótica y crítica literaria), como también mueve millones de dólares en el mundo de las editoriales, productoras e industrias del entretenimiento y que es uno de los protagonistas de esa sinfonía de la globalización o mundialización cultural, que los medios dispersan por todo el planeta en ese entramado juego del fenómeno de masas. Muchos de los autores de este género lucrativo y tan pocas veces artístico, como en toda literatura llevan, una carga ideológica que sustenta disímiles de discursos, que en muchos casos enarbolan tendencias a un pensamiento débil y ambiguo con carencia de voluntad y espiritualidad. Un gran peso de este discurso reposa en el elemento axiológico, pues en este tipo de género el eje temático se encuentra en la disputa entre el bien y el mal, siendo héroe el personaje donde se encarna los valores positivos que se dirigen a un fundamento ético.

Los antecedentes de este género literario se encuentran obviamente en la literatura épica de la antigüedad y el medioevo oriental y occidental. La epopeya muestra en la figura del héroe la encarnación de una serie de valores positivos que lo convertían en paradigma, en sujeto cantado y alabado en la noche de los tiempos y al cual iba dirigido todo mimetismo. Gilgamesh, Rama, Aquiles, Rostam, Da Nauta o Tristán gozan de ese mérito que tanto el rapsoda, el griot o el juglar narraron para de modo pedagógico crear en los oyentes y lectores la construcción de un ética ayudara a crear los cimientos de una colectividad tanto justa y honesta, como valiente y espiritual.

Shahnameh, el gran libro épico de la literatura persa, pone en la figura del héroe el modelo o paradigma del hombre íntegro en un texto que representa más que nada un viaje interior, a lo espiritual por excelencia y al pleno sentido de la ética, en especial el ajlaq o ética islámica.

 El Shahnameh, La gran épica persa

El Shahnameh [2](Shah = Rey, Nameh = Carta, Libro, crónica) es la Historia (testimonio) de los reyes y héroes de Irán, que va desde el comienzo de los tiempos hasta la conquista árabe. La obra, que refleja la civilización sasaní podría tener su parangón en occidente con la Ilíada y la Odisea, o con el Ramayana en la India[3]. La genialidad de su autor, así como su versatilidad en varios campos del saber se aprecian en su obra, ya que todas las ciencias se ven en el Shahnameh. Pero su aporte más trascendental fue lograr la identificación de un país a su lengua, historia, cultura y tradiciones sin desdeñar los ricos valores islámicos.

Ferdusi trabajó durante unos veinticinco o treinta y cinco años en el Shahnameh[4] que sería no solo la obra cumbre del llamado Renacimiento Persa del siglo X, sino también la más trascendente en la vasta literatura iraní. La obra se realizó en una circunstancia histórica particular en la historia de Irán. En la historia de la civilización persa y su unión con la civilización islámica se aprecia un enriquecimiento su potencial cultural, aunque con la entrada del Islam a Irán la lengua árabe se adoptó en todo el territorio como lengua de administración y para todos los aspectos de la nueva religión, por ser la lengua del Corán y la utilizada para la oración, la teología, la jurisprudencia y demás ciencias islámicas. El persa, como medio de expresión literaria fue suprimido, persistió sólo en el campo y en la intimidad del hogar. Consecuentemente, toda la literatura que se produjo por los iraníes en este periodo se escribió en árabe. A partir de mediados del siglo IX se realizó un renacimiento de la lengua persa desde Jurasán que ganó fuerza proporcional al grado de emancipación política y autoafirmación iraní. Luego obtendría, al fin, el éxito seguro con la obra de Ferdusi, él mismo diría: “He pasado trabajo 30 años para revivir a Irán”. Se escribió con un estilo poético de un verso con 10 palabras para lograr un equilibrio, donde se utilizaron cincuenta mil versos y en ellos sólo 984 expresiones árabes.

Ferdusi aprovechó tanto las historias populares del pueblo iraní, como los valores éticos espirituales del islam para introducir, con forma atractiva y dulce de la poesía, los valores de amor a la patria, la búsqueda de lo divino y las ciencias y la recta conducción ética, valiéndose fundamentalmente de una estela de héroes y heroínas persas (héroes Rostam, Arash, Zal, Rustin, Sam y heroínas como Gorda Farid, Roodabeh)

 El Shahnameh logra armonizar los elementos éticos de la antigua Persia Sasánida de credo mazdeísta[5] con los valores tomados del aslaq o ética islámica. No es por azar que Ferdusi comienza el Shahnameh con un fragmento del “Nayul Al Balaga”, recopilación de cartas, discursos y frases del Imam Ali (P) el sobrino del Profeta Muhammad (P.B.), paradigma del héroe, no solo por su valentía sino también por su sabiduría y amplios valores. Para Ferdusi el héroe (muy identificado con el concepto de héroe solar de los mitólogos[6]) tiene un vínculo estrecho con la divinidad, todos sus héroes comienzan cada una de sus acciones invocando el nombre de Dios y llevan un camino íntimo hacia la Verdad.

En el Shahnameh se constatan los siguientes valores del héroe:

•          Historia de héroes antiguos

•          Lucha por los valores de la humanidad

•          Sacrificio por la justicia

•          Lucha contra el ego                                       

•          Defensa de la patria

•          Vínculo con Dios

•          Ayuda a otro, alteridad

Otros aspectos axiológicos del Shahnameh son:

1. Santidad de madre y mujeres, no hay malos actos entre héroes y mujeres (La Maternidad: la madre es la que enseña al héroe).

2. No debe haber traición en las relaciones de familia.

3. Respeto de los niños.

4. Respeto en general.

5. Respetar al amigo y al enemigo.

6. Ética de la guerra (hacer esclavos a los enemigos, no quemar casas, no violar, no robar...)

7. Derechos humanos.

8. Los indefensos son respetados.

9. El respeto a la ancianidad (Zal = anciano famoso del Shahnameh).

10. El derecho de asilo político.

11. La mujer es parte de la heroicidad, Ferdusi no discrimina géneros (la mujer en la guerra: mujeres heroínas como Gorda Farid, Roodabeh (madre de Rustin), Maniyeh bella mujer y de virtud.) La mujer es igual al hombre, pero la mujer tiene una posición alta.[7]

Estos valores del héroe en el Shahnameh son visibles en los canones de caballería oriental que se reflejaron en la caballería medieval en Occidente. Estos canones éticos tuvieron su base en el shiismo iranio, convergencia de la ética mazdea con la islámica. Al respecto dice Henry Corbin:

 “Esta palabra (fotowwat, javânmardî) implica a la vez las ideas de juvenilitas y caballería. La palabra persa javânmardî y su equivalente árabe fotowwat designan una forma de vida que se ha manifestada en vastas regiones de la civilización islámica, pero que, en cualquier lugar que se la encuentre, lleva siempre de forma clara la impronta shiíta irania. La fotowwat, de la que puede afirmarse que es la categoría ética por excelencia, otorga un sentido espiritual a toda asociación humana, al hecho mismo del compagnonnage; fue la idea de fotowwat la que inspiró la organización de las corporaciones de oficios u otras análogas que se multiplicaron en el mundo islámico¨[8]

Con respecto esta vez al fondo mazdeísta que posee esta orden, elemento visible en el libro de Ferdusí tratándose de una epopeya historia de la antigua Persia, nos dice el iranólogo francés:

 “…hay que recordar que todo el mundo está de acuerdo en buscar los orígenes de la javânmardî no sólo en el mundo espiritual iranio shiíta, sino incluso, más allá de él, en el Irán preislámico, es decir, en el mundo zoroastriano.[9]

Si el elemento primordial en la ética del héroe del Shah Nameh se encuentra en su vínculo con lo divino, la epopeya evidentemente debe comenzar con el relato hierohistórico de la creación, a ratos con equivalencia a las poéticas teogonías orientales, pero con plena concordancia con el credo islámico:

“Antes todo, es necesario que conozcas bien el origen de los elementos. Dios creó el mundo de la nada para revelar su poder. Creó la materia de cuatro elementos, los hizo aparecer sin pena y sin trabajo. El primero es el elemento del fuego brillante, que se alza en lo alto, en medio está el aire, después el agua y debajo la tierra oscura.

Primero, el fuego comenzó a propagar sus rayos. Su calor produjo entonces sequía. A continuación, el reposo engendró al aire frío que, a su vez, dio origen a la humedad. Estando ya asignado el lugar de los cuatros elementos, éstos formaron este mundo transitorio. Se interpretaron unos y otros y aparecieron seres de todas las especies.

Se formó la bóveda celeste de rotación rápida y mostró incesablemente sus maravillas. Los sietes planetas tomaron la dirección de los doce meses. Cada uno se colocó en el lugar que le habían designado. Se revelaron la fortuna y el destino y llevaron, como es lo justo, felicidad a aquellos que los comprendieron. Los cielos se arroparon el uno entre el otro y comenzaron sus movimientos cuando todo fue armonía. Con sus mares y sus montañas, con sus llanuras y sus valles, la tierra era una lámpara brillante. Las montañas se elevaron, las aguas descendieron, las cabezas de las plantas se alzaron en alto. La tierra no tuvo en la repartición elevada. Ella formaba un punto central oscuro y negro. Las estrellas mostraron sus maravillas en los cielos y vertieron sobre la tierra sus luces. El fuego se elevó hacia el firmamento, el agua descendió, el sol comenzó a dar vueltas alrededor de la tierra. La vegetación apareció, así como árboles de todas las especies que elevaron alegremente sus coronas. Se extendieron, es el único poder que tienen; no pueden moverse por todos los lados como los animales.

También, cuando los animales, que pudieron moverse, aparecieron, escarbaron con sus patas toda la vegetación. Tienen el instinto del hambre, del sueño y del descanso. Están capacitados para amar la vida. No tienen el don de hablar con su lengua. No desean estar provisto de razón. Se nutren de arbustos y hojas. Desconocen la bondad o la maldad de sus acciones y Dios, su Creador, no les exige obediencia. Como Él es omnipotente, todopoderoso y justo, ninguna buena acción puede permanecer oculta.

Esto es así: nadie, ni entre los seres visibles ni entre los seres visibles ni entre los ocultos, sabe cuál será el fin de la existencia del mundo. [10]

Este será el eje de la ética del héroe del Shah Nameh que lo lleva a la postura de un hanif o creyente en un solo Dios.

Es con la figura del héroe persa Rostam donde se visualiza el paradigma del sujeto heroico y devoto, poseedor de una tradición ética mazdea y practicante, de por la anticipación que el autor da, de una la ética islámica. En Rostam vemos al héroe en esta dualidad de valentía y devoción:

“Habiendo finalizado sus devociones, Rostam le colocó a Rajsh su caparazón, montó a caballo, retomó su camino y entró en el país de los magos. Rápidamente hizo una larga marcha y al momento en que la luz del sol desaparecía, vio unos árboles, hierba y agua viva; en fin, un lugar digno para un héroe. Vio una fuente semejante al ojo de un faisán y, una copa, rojo vino como la sangre de la paloma, un cabrito asado, pan colocado encima del, salero y mermeladas dispuestos alrededor. Él bajo del caballo, le quitó la silla a Rajsh y se aproximó, asombrado, del cabrito y el, pan. Era la comida de los hechiceros que había desaparecido a la llamada de Rostam y al anuncio de su voz. Él se sentó a lado de la fuente sobre una pila de juncos y lleno de vino una copa de rubíes. Encontró al lado del vino una lira de armonioso sonido y todo el desierto parecía una sala de banquetes. Rostam, apoyando la lira contra su pecho le saco melodiosos sonidos y cantó lo siguiente: ¨Rostam es la plaga de los malvados, aunque los días de alegría son raros para él, cada campo de batalla es para él campo de torneo. El desierto y la montaña son sus jardines. Todos sus combates son contra los Divs y los dragones valientes; él jamás se podrá liberar de los Divs y de los desiertos. El vino y la copa, la rosa perfumada y el jardín no forman parte de lo que le ha otorgado la suerte. Siempre estoy ocupado en combatir a los cocodrilos y defenderme de los tigres. ”[11]

(ver la continuación en archivo pdf)

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[1] El Shahnameh fue escrito por Abul Qasim Mansur Ibn Hasan Al Ferdowsî (940- 1020) el padre de la literatura persa. Ferdusi nació cerca de Tus, hoy Mashhad, en Irán. Fue un caballero de provincia y un musulmán shiita practicante. Al igual que Avicena y Omar Jayyam, Ferdusi era un Hakim o sabio interdisciplinario. Fue contemporáneo de la dinastía turca de los Ghaznevidas que mantuvo el poder aproximadamente de 962- 1040. Durante ese reinado se adoptó el zabanê farsî (idioma persa) como lengua administrativa y se da a aparecer como heredera de los Samaníes, opuestos a los turcos qarakhanidas del Asia Central. El cenit de su poderío se dio con el caprichoso Shâh (sultán, rey) Mahmud Al Ghaznaví. Ferdowsî luego de trabajar por más de 30 o 35 años en la composición del “Shâhnâmeh” se dirigió a la corte del Shâh Mahmud con la confianza de que poseía una gran riqueza y reputación para interactuar entre los diversos poetas que retenía el monarca.

[2] Es español son conocidas dos traducciones del Shahnameh, la primera traducida por Clara Janés Nadal y Ahmad Mohammad Taherí de Editorial Alianza en España y la otra publicada de forma bilingue (español -persa) y traducida( directamente del persa) por la Dra. Beatriz Salas con la supervisión del Dr.Mohammad Javad Adabi. Su edición corrió por parte de la Organización de Obras y Personalidades Culturales de Irán y la Organización Chape Par, con maravillosas ilustraciones de pasajes del Shah Nameh de Damut Baisonghori, Shah Tahmashi y Shah Ismaeli y prefacios de los doctores en literatura persa Mohammad Javad Adabi y Mohammad Hosseiní.

[3] La obra presenta analogías en la estructura épica con distintas obras de este género literario de la antigüedad y el medioevo., desde el arcano poema de Pentaur de la literatura egipcia (en el que se narran las cruentas batallas de Ramsés II contra los Hititas) pasando por la obra cumbre del Sánscrito “El Ramayana” (la epopeya del héroe Rama), hasta el Kalevala (libro epopéyico de Finlandia).

 Las crónicas de la dinastía van acompañadas de comentarios sobre la inevitabilidad del cambio político- religioso, vivas descripciones de batallas (al modo homérico) y reflexiones melancólicas expresadas con una calidad rara para aquellos días. Ferdowsî fue un extraordinario narrador y sus personajes son héroes y gigantes que logran recordar los episodios mesopotámicos del Gilgamesh, pero su lenguaje es libre de hipérboles. Existe parangón entre los libros históricos hebreos como Shoftim (Jueces: también traducible como “Cabezas, líderes o regidores”) y el Libro de los Reyes donde se narran combates y se cuentan largas genealogías monárquicas de Judea y la antigua Israel.

[4] El Shâhnameh cuenta en sus 60 000 dísticos escritos en mutuqârib (métrica persa) la historia (mitad leyenda, mitad relato histórico pletórico en simbología mazdea) de los monarcas de Persia, desde el principio de los eones hasta el último rey sasánida. Se revivió con el Shâhnameh las leyes y preceptos morales (vidévdad) del antiguo Irán, fundándose en obras de prosa escrita en la antigua lengua pelvi y con ello logró dar espíritu al sentimiento de nación de un pueblo con 300 años de yugo extranjero. Se propuso utilizar Ferdowsî la menor cantidad de palabras posible en árabe, en los 60 000 versos utilizó 984 expresiones en lengua árabe. De este modo el Shâh Nameh propició el primer rompimiento de la unidad lingüística del imperio islámico, convirtiéndose en una obra que sobrepasó a todas las demás por su tema y rico estilo, dando génesis a lo que se ha catalogado como el Renacimiento Persa, donde el Farsi pasó a ser una lengua tanto literaria como diplomática.

[5] Se comenta que el Shâh Mahmud no apreció el iranismo algo mazdeizante de Ferdowsî y que fue realmente el visir Fadl Ibn Ahmad, quien protegió al poeta a la vez que comenzó la iranización como vehículo de lenguaje administrativo. Otra fuente habla que Ferdowsî fue víctima de las intrigas de cortesanos y literatos celosos que tomaron como punto de ataque la simpatía de Ferdowsî por el Shiismo.  Sin embargo, lo cierto fue que Mahmud Al Ghaznaví se negó a recompensar al poeta como era debido y este, en venganza lo satirizó a través de crueles y satíricos versos que ponían de manifiesto su ascendencia esclava; por lo que Ferdowsî tuvo que vivir el resto de su vida huyendo de la cólera del Shâh. Se le adjudica al poeta de Mashhad una serie de poemas líricos y de una versificación del Iusuf Wa Zuleiyah, basado en la historia del Profeta Iusuf (P).

[6] Ver los conceptos de héroe solar de la escuela de Tartu de Moscú en ¨ Árbol del Mundo. Diccionario de imágenes, símbolos y términos mitológicos¨ (con entradas escritas por Eleazar Meletinski, Vladímir Toporov, Viacheslav Ivanov, Iuri Lotman y otros, traducido, prologado y anotado Rinaldo Acosta, publicado en la Colección Criterio y Casa de las Américas en la Habana.

[7] “Martí y el Shahnameh. Aproximación del legado iranio al pensamiento martiano”. Abdulwali Amílcar, Islam Oriente

[8] “El hombre y su ángel” Henry Corbin, Ediciones Destino, 1995, España.

[9] Idem.

[10]“ Shahnameh (El libro de los Reyes). Hakim A. Ferdowsi. Organización Chape Par, Teherán, 2013.

[11] “ Shahnameh (El libro de los Reyes). Hakim A. Ferdowsi. Organización Chape Par, Teherán, 2013

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