Sobre el Hombre Perfecto

LA PREOCUPACIÓN O INQUIETUD DEL HOMBRE

Profesor Ayatola Murtada Mutahhari

 “Y cuando su Señor probó a Abraham con ciertas órdenes. Al cumplirlas, dijo: ‘Haré de ti guía para los hombres’. Dijo (Abraham): ‘¿Y de mi descendencia?’. Dijo (Dios): ‘Mi alianza no incluye a los impíos’”.(2:124).

Como sabemos, hay diferentes puntos de vista respecto a la naturaleza y esencia del hombre. En general existen dos opiniones básicas acerca de la verdadera esencia del hombre, las que se encuentran en las concepciones espiritualista y materialista. En la visión de los espiritualistas el hombre se compone de cuerpo y alma. El alma sobrevive siempre después de la muerte de manera permanente. Distintas escuelas de pensamiento religioso han adherido a esta concepción, y entre ellas se encuentra el Islam, cuyos textos son explícitos al respecto. La otra concepción (la materialista) sostiene que el hombre no es sino una entidad física y nada más, que deja de existir con su muerte, por lo que la descomposición del cuerpo significa la disolución de la personalidad del hombre.

LA MORAL DEL HOMBRE

En tanto las diferencias respecto a la real esencia del ser humano son muy grandes, no hay ninguna diferencia en los puntos de vista acerca de lo que da valor y una personalidad al mismo. Tales elementos no son materiales y se pueden denominar morales. La persona es humana debido a estos elementos. En otros términos: saquemos estas cualidades morales del hombre y éste se vuelve un verdadero animal. Por lo tanto, la moral del ser humano no es contingente, accidental, respecto a su constitución física. No todo pariente, erecto, bípedo, puede ser llamado ser humano, sin importar quien sea. Saadi ha confirmado este punto de vista en las siguientes líneas:

“Por el alma, el cuerpo del hombre es ennoblecido,

y esta delicada prenda no es un signo de humanidad.

Si un hombre fuese conocido por sus ojos, nariz, boca y oídos,

¿qué diferencia habría entre un cuadro

colgado de la pared y la humanidad?”

¡No! Ser verdaderamente humano[1] no consiste en tener muchos miembros incólumes. Consiste en la existencia de una serie de cualidades éticas y morales por medio de las cuales el ser humano adquiere valor y personalidad. Hoy día, esas propiedades que confieren valía al hombre y cuya ausencia le coloca directamente entre los animales, se denominan valores humanos.

Como ya hemos advertido en otra parte, las perversiones que asedian al individuo o a la sociedad, son de dos categorías. Una aparece cuando los anti-valores se levantan contra los valores y los resisten. Por ejemplo, cuando la opresión se opone a la justicia, cuando la represión se opone a la libertad, el ateísmo contra la religión y la adoración, la estupidez contra la razón y el intelecto. De todos modos, la mayoría de las perversiones del hombre pueden no ser como éstas. Los anti-valores son rápidamente derrotados en su desafío. La mayoría de las perversiones de los hombres ocurren como el flujo y reflujo de la marea. En algunos casos un valor o cualidad humana particular adquiere un crecimiento canceroso. Crece más que otros valores y los hace desaparecer. Por ejemplo, el ascetismo o la castidad, como hemos mencionado, son un valor. Son una vara por medio de la cual se mide el humanismo. Sin embargo, algunas veces un individuo o una sociedad se vuelve tan obsesionada con este valor que reemplaza a todos los demás en una persona o grupo. Ninguna otra cosa tiene sentido de valor más que aquel que es motivo de obsesión. Esto es como el crecimiento exagerado de un miembro u órgano corporal, digamos, la nariz, mientras que los otros órganos se ven frustrados en su crecimiento y desarrollo.

EL SUFRIMIENTO Y SU APROVECHAMIENTO

Los argumentos expresados antes señalan el hecho de que incluso las ideologías más materialistas creen en un conjunto de valores morales. Los valores humanos, en términos generales, se pueden resumir como una sola cabeza con varias caras. De lo que nuestros místicos, sufís y hombres de saber modernos han hablado, y que es lo que aparece primero en los textos islámicos, es de la afirmación de que el criterio de humanismo es “afligirse y sentir pena”. La diferencia entre el hombre y el animal es que el hombre alberga aflicciones, una serie de aflicciones de las que carecen los no humanos, ya sean cuadrúpedos o bípedos, es decir, incluidos los seres que carecen de todo atributo humano.

Consideremos el sufrimiento, pena o aflicción. En principio puede parecer extraño plantear cuál es el sentido de la aflicción. La aflicción es una cosa mala y debe evitarse. ¿Cómo puede ser un criterio para la estimación de valores? ¿Puede ser una buena cosa el sufrimiento?

Se debe advertir que el dolor es a menudo confundido con lo que lo produce. Por ejemplo, lo que es indeseable respecto a una enfermedad o lesión es la existencia de microbios y otras cosas que han causado esa enfermedad o lesión. Si se sienten dolores intestinales, lo malo aquí puede ser la presencia de una úlcera u otro agente que los provocan. Si bien el dolor trastorna al ser humano, significa también una señal de alerta para éste. Incluso los dolores físicos, es decir, los que afligen tanto a los seres humanos como a los animales, les dan conciencia de su existencia.

Cuando tenemos un dolor de cabeza, seguramente nos ha afectado algún agente, de otra manera no lo sentiríamos. El dolor nos informa que hay algo que anda mal en alguna parte del cuerpo. Es un indicador de la misma manera que el instrumental de un automóvil nos muestra si el motor calienta, cual es el nivel de aceite, etc., y si son valores normales. Y como se puede ver, éstas son cosas buenas. Lo malo es que el motor se sobrecaliente, etc. Si no hubiese dolor alguno nunca sabríamos que algo anda mal en nosotros. Sin embargo, el dolor, como un agente con una orden judicial que debe poner en vigor, nos hace que tomemos medidas médicas o curativas. Por lo tanto, el dolor, incluso el físico y orgánico, es una bendición. Es un sentimiento y despertar, el principio de la conciencia de algo. El conocimiento y la conciencia son cosas buenas, aún cuando se los obtenga por medio del dolor físico. Como bien ha dicho  Moulavi:

“Los dolores y preocupaciones como esencia del malestar

en la enfermedad iluminan la abundancia.

Los buscadores de la verdad saben que esto es cierto:

El consciente cuanto más sufre más

en realidad conoce bien todas las cosas

(como) quien siente el dolor

De una llaga ulcerada”.

 Moulavi advierte además que uno goza de una mayor consciencia y conocimiento en proporción a los dolores y angustias que pueda sentir. Cuando mayor es el sentimiento mayor es el conocimiento y la conciencia de la persona. La incapacidad de sentir dolor o aflicciones indica indolencia y apatía, torpeza. La capacidad de sentir aflicciones es equivalente al sentido agudo, la comprensión y la conciencia. ¿Cuál de estas cosas elige el ser humano: no tener preocupaciones, ser ignorante y sin aflicciones, o ser consciente, tener conocimiento aunque haya que sentir penas y aflicciones? Con toda seguridad ser consciente y poseer conocimiento es mejor que la tranquilidad y el confort del hombre ignorante, insensible. Como expresa un antiguo dicho: “Un Sócrates descarnado es mejor que un cerdo gordo”. Esto significa que es mejor ser instruido y sabio aunque pobre, que ser un individuo voraz y consentido.

EL AGRAVIO DE LA RAZÓN

Una cuestión manifiesta en nuestra literatura es el reclamo o demanda frente a la razón. Se refleja en nuestra poesía. La razón y el intelecto han sido sometidos a la burla en muchos escritos poéticos. Mucha gente ha expresado el deseo de no tener razón o inteligencia, sosteniendo que la sabiduría y el conocimiento son calamitosos para el hombre[2]. Un poeta ha dicho:

“Mi enemigo, el enemigo de mi alma,

(son) mi razón, mi intelecto,

Deseo que mis ojos y oídos

pudieran no ver ni oír”.

O también:

“No seas sabio, para afligirte por el loco,

 sé loco para afligirte por el sabio”.

Tales individuos prefieren la comodidad de la enajenación mental a ser mentalmente despiertos y de amplia comprensión si esto último va unido a incomodidades o malestares. Pero esos argumentos son falsos. Ningún individuo que abarque los valores de la atención y sensibilidad y logre el verdadero humanismo podrá llamar jamás enemigo a su intelecto. Más bien, pronunciará las palabras del Profeta del Islam (BPD): “Un verdadero amigo del hombre es su razón e intelecto, y su real enemigo es la ignorancia” (Usul Al-Kafi, Vol. 1, pág. 11). Posiblemente aquellos que se quejan de las penurias creadas por la razón no han sentido las aflicciones y miserias que ofrece la ignorancia.

Sin embargo, si las causas del dolor están ausentes, entonces la no aflicción es lo deseado y no el sentirla. Pero si las causas y fuentes de la aflicción se pueden ver y así y todo el observador no se aflige, entonces puede ser digno de lástima, dada su insensibilidad e ignorancia. Esto también es cierto para una enfermedad física porque una enfermedad indolora es más peligrosa. Tomemos el cáncer, que es indoloro en su etapa inicial y va acompañado de dolor cuando ya está avanzado. El peligro del cáncer yace en que golpea sin aviso, es decir, de manera indolora. En vista de las afirmaciones anteriores de que los valores son apreciados por el hombre porque van acompañados con el dolor, no podemos rechazarlos diciendo que el dolor es una cosa mala.

LA ANGUSTIA O INQUIETUD Y EL HOMBRE

¿Qué es la inquietud o aflicción del hombre? Si un hombre sufre de un dolor de cabeza, su dolor no se debe a que sea un ser humano, porque también le puede doler la cabeza a una oveja. Los dolores que sentimos en nuestros miembros son dolores animales, físicos, orgánicos. Quienes hablan de las inquietudes o aflicciones del hombre no tienen presente el tipo de dolor mencionado antes. El dolor o inquietud en que se apoyan los reales valores humanos son de otro tipo.

Un grupo, como el de nuestros gnósticos y sufís, alaban constantemente un cierto dolor o inquietud en el hombre, que es una preocupación o inquietud por Dios y por los esfuerzos en su búsqueda. Este grupo coloca al hombre en un nivel más elevado que el de los ángeles porque éstos están libres de las inquietudes y las aflicciones, mientras que el hombre se inquieta y se preocupa.

La visión islámica sostiene que el hombre es una realidad en la que ha sido insuflado un espíritu divino que pertenece a otro mundo, y que por lo tanto no está nunca realmente conforme con los objetos de este mundo y de la naturaleza. En este mundo el hombre se siente como un extraño, faltándole congruencia con todas las cosas terrenales porque éstas son limitadas y perecen y, por lo tanto, no sienten la inquietud y preocupación por la inmortalidad. Esta es la aflicción que mueve al ser humano a adorar y rendirle culto a Dios, a suplicarle, a aproximarse a Él y a buscar Su cercanía a través de su origen o esencia primordial.

ALGUNOS EJEMPLOS DE LAS INQUIETUDES Y AFLICCIONES DEL HOMBRE

Nuestros místicos ofrecen parábolas interesantes. Algunos de ellos han ejemplificado al hombre con un loro cautivo, traído enjaulado de la India. El pobre animal está siempre impaciente y piensa en retornar a su lugar de origen cuando se rompa la jaula y pueda liberarse.  Moulavi inicia su Maznavi con una bella descripción de un alma así extraviada al decir:

“Escucha lector

Como cuenta historias

De los lamentos frente a las separaciones.

Dame un pecho agrietado por la separación

Que yo puedo divulgar la historia de los deseos y aflicciones del corazón”.

Unas pocas líneas más adelante continúa  Moulavi:

“Dos voceros tenemos nosotros,

vocean los agravios por medio del caramillo (flauta de caña).

Una boca escondida

en los labios (heridos) del caramillo”.

A veces  Moulavi describe al hombre en otro estilo:

“A veces se supone un fil (elefante) para soñar

con su morada india mientras duerme

Ningún asno sueña con el Indostán”.

El sentido es que un elefante recién llegado de la India debe ser golpeado repetidamente en la cabeza porque sino recordará su origen en el Indostán. Aquí  Moulavi dice simplemente que solamente el elefante sueña con la India. Un burro nunca sueña con la India porque no se siente un expatriado lejos de su morada. En otras palabras, Moulana nos está diciendo en realidad que es la aflicción y la angustiante inquietud y deseo lo que nos hace añorar el otro mundo.  Moulavi siente una nostalgia mística, desea ardientemente retornar al Señor, se inquieta ante la súplica al Ser Supremo y la reunión con El.

LA AFLICCIÓN DEL SER HUMANO EN PALABRAS DE ‘ALÎ (P)

Alí (P) ha sido citado por Kumail en los siguientes términos: “Cuando alcanzamos el desierto y nadie más que nosotros estaba presente, ‘Alî (P), suspirando profundamente, dijo: ‘¡Kumail!, el corazón del hombre es como un contenedor, un recipiente. El mejor de los contenedores es el que preserva su contenido. Escucha lo que digo’”. Hazrat ‘Alî (P) clasificó entonces a la gente en tres grupos, lo que no explicaré aquí. Finalmente dijo (P): “¡Ay! No hay personas de confianza cerca para que les informe lo que yo tengo en mi corazón”. De todos modos, más adelante dice: “...pero la tierra no está nunca desprovista de quienes mantienen la Complacencia de Allah abiertamente o, si son temerosos, de manera oculta, con el objeto de que el placer de Allah y Sus pruebas no vayan a ser refutadas”. ‘Alî (P) continuó con estas palabras: “El conocimiento les ha llevado a la comprensión verdadera y así se han unido con el espíritu de convencimiento”. (“Nahyul Balaga”, sermón 147. También aparece en el capítulo 2, bajo el título “Atributos de ‘Alî (P)”.

Tal es la aflicción del hombre: el dolor por la separación del Señor, el deseo ardiente por la cercanía a Él y el moverse en Su dirección. Esta aflicción persiste hasta que el hombre logra la unión con la Verdad Ultima. El hombre puede estar ocupado con otras cosas, pero son mera diversión. Dice el Sagrado Corán: “Seguramente en el recuerdo de Dios todos los corazones se confortan...” (13:28). Las ansiedades, inquietudes y aflicciones del corazón, en otras palabras, los dolores y angustias del hombre, pueden encontrar la paz solamente en una cosa, y es el recuerdo de Dios y Su afinidad. Los gnósticos o místicos y sufís permanecen o habitan en este dolor y le dan poca o ninguna importancia a las demás aflicciones.

LA PARÁBOLA DE  MOULAVI

 Moulavi ha relatado la siguiente historia: “Había un hombre muy ocupado en hablar con el Señor y rezarle, diciendo constantemente: ‘Allah, Allah’. Satanás descendió sobre él y lo tentó para que se quedara callado a partir de ese momento. Satanás le dijo: ‘Tú mencionas constantemente el nombre de Dios desde el amanecer hasta el crepúsculo y le llamas con una pasión y sentimiento ardientes. ¿Te ha respondido siquiera? ¿Has escuchado alguna vez decir al Señor: ‘Sí, Mi siervo, te escucho'? ¡Si en vez de llamarle hubieras golpeado a las puertas de los hombres, seguramente alguno de ellos te hubiera respondido!’”... (Ver la continuación en archivo pdf)

Extraído del libro El Hombre Perfecto Desde la visión del Islam y otros pensamientos;

Editorial Elhame Shargh

Fundación Cultural Oriente

Todos derechos reservados.

Se permite copiar citando la referencia.

www.islamoriente.com

Fundación Cultural Oriente

 

[1]En la conversación coloquial usamos los términos “ser humano” y “volverse humano”. Ha surgido un proverbio entre nuestros estudiantes de derecho religioso que traducido literalmente dice: “¡Cuán fácil es volverse instruido (en los asuntos de la religión y la ley), cuán difícil es volverse humano!”.

[2]La queja contra la razón tiene numerosos aspectos. Los gnósticos la han tenido presente algunas veces. Pero la mayoría de las quejas se refieren a las aflicciones que pueden causar la razón y la inteligencia.

[3]Se narra que él conocía su próximo martirio, como se refiere en lo que sigue. (Nota del Editor).

[4]Los Jauáriy fueron un grupo extremista que se separó de Alí (P) en la batalla de Siffín contra Muawiyah. Eran ignorantes sin visión. Uno de sus seguidores fue quien martirizó a Alí (P). (Nota del Editor)

[5]El Imam Alí (P) fue herido en la cabeza ese día por un jariyita, con una espada envenenada, mientras estaba prosternado dirigiendo la oración en la mezquita. Murió a consecuencias de la herida a los pocos días. (Nota del Editor)

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