La recopilación de las virtudes

(Un tratado de ética islámica)

El alma y sus facultades

Allamah Muhammad Mahdi An-Naraqi

CUERPO Y ALMA

El hombre posee un alma y un cuerpo, cada uno de los cuales está sujeto a sus propios placeres y enfermedades. Lo que daña al cuerpo es la enfermedad, y lo que le provoca placer consiste en aquello que le da bienestar, salud y todo aquello que está en armonía con su naturaleza. La disciplina que trata de la salud y las enfermedades del cuerpo es la medicina.

Las enfermedades del alma las constituyen los malos hábitos y el sometimiento a las pasiones que degradan al hombre por debajo del nivel de las bestias. Los placeres del alma son las virtudes éticas y morales, que elevan al hombre y lo acercan a la perfección y la sabiduría, llevándolo a la cercanía de Allah.

La disciplina que trata de estos asuntos es la ciencia de la ética (‘ilm al-ajláq).

Antes que comencemos la discusión de los tópicos principales de nuestra materia, debemos probar que el alma del hombre es incorpórea, que posee una existencia independiente del cuerpo y que es inmaterial. Para probar esto se han esgrimido numerosos argumentos, entre los cuales podemos citar los siguientes:

1. – Una de las características de los cuerpos es que, toda vez que se les impone nuevas formas y modelos, renuncian y abandonan sus formas y modelos previos. En el alma humana sin embargo, nuevas formas (ideas), sean éstas de naturaleza sensible o intelectual, ingresan continuamente sin borrar las formas previamente existentes. De hecho, cuando mayor es el número de impresiones y formas intelectuales que ingresan al alma, más fuerte se vuelve ésta.

2. – Cuando los tres elementos de color, olor y gusto surgen en un objeto él se ha transformado. El alma humana sin embargo percibe todas estas condiciones sin ser materialmente afectada por ellas.

3. – Los placeres que el hombre experimenta en la cognición intelectual, sólo pueden pertenecer al alma, pues el cuerpo del hombre no juega ningún papel en ello.

4. – Las formas y conceptos abstractos que son percibidos por la mente son indudablemente inmateriales e indivisibles. Consecuentemente, su vehículo (el alma), debe también ser indivisible y por consiguiente inmaterial.

5. – Las facultades físicas del hombre se nutren a través de los sentidos, mientras que el alma humana percibe ciertas cosas sin el auxilio de los sentidos. Entre las cosas que el alma humana concibe sin atenerse a los sentidos están la ley de contradicción, la idea de que el todo es siempre mayor que una de sus partes, y otros principios universales similares. La negación por parte del alma de los errores que surgen de los sentidos, tales como ilusiones ópticas, se realiza con la ayuda de estos conceptos abstractos, aún cuando el material tosco requerido para estas correcciones sea provisto por los sentidos.

LAS DOS FORMAS DE LA SABIDURÍA

Ahora que la existencia independiente del alma ha sido probada, veamos qué cosas son responsables de su bienestar y deleite y cuales provocan en ella el disgusto y la infelicidad. La salud y perfección del alma reside en su comprensión de la real naturaleza de las cosas, y esta comprensión puede liberarla de la angosta prisión de la concupiscencia, la voracidad y todas las otras cadenas que inhiben su evolución y edificación, hasta el último estadio de la perfección humana, consistente en la cercanía a Allah. Este es el objetivo de la ‘sabiduría especulativa’ (al-hikmat an-nadariiah). Al mismo tiempo el alma humana debe purgarse a sí misma de los malos hábitos y rasgos (de carácter) que pueda tener, y reemplazarlos con modos éticos y virtuosos de pensamiento y conducta. Este es el objetivo de la ‘sabiduría práctica’ (al-hikmat al-‘amaliiah). La sabiduría especulativa y práctica están relacionadas como la materia y la forma, no pueden existir una sin la otra.

Como cuestión de principio, el término ‘filosofía’ se refiere a la ‘sabiduría especulativa’, y ‘ética’ designa a la ‘sabiduría práctica’ (o en acción). Un hombre que ha adquirido maestría en ambas, la sabiduría práctica y especulativa, es un espejo microcósmico del universo mayor: el macrocosmos.

SIGNIFICADO Y ORIGEN DEL TÉRMINO AJLÁQ

La palabra ajláq es el plural de julq que significa disposición (carácter, modo de ser, inclinación). “Disposición” es aquella facultad (malakah) del alma que obra como fuente de todas aquellas actividades que el hombre realiza espontáneamente, sin pensar en ellas. Una malakah es una propiedad del alma que se genera a partir de la ejercitación y la práctica repetida, y que no es destruida fácilmente.

Una particular inclinación (malakah) puede aparecer en los seres humanos por una de las siguientes razones:

1. — Estructura física y natural: Se observa que algunas personas son pacientes, mientras que otras son susceptibles y nerviosas. Algunas son fácilmente perturbadas y entristecidas, mientras que otras muestran una gran resistencia y elasticidad.

2. — Hábito: el cual se forma debido a la continua repetición de ciertos actos y conduce a la aparición de cierta disposición.

3. — Práctica y esfuerzo consciente: el cual, si se prolonga lo suficiente, puede eventualmente conducir a la formación de una disposición.

Aún cuando la estructura física de un individuo produce ciertas disposiciones en él, no es de ningún modo cierto que el hombre no tiene elección en este asunto, y que está absolutamente compelido a sufrir los dictados de su conformación física. Por el contrario, dado que el hombre tiene el poder de elegir, puede sobreponerse a los dictados de su naturaleza física a través de la práctica y el esfuerzo, y puede adquirir la disposición de su elección.

Desde luego, debe admitirse que aquellas dis­posiciones que se originan en facultades mentales tales como inteligencia, memoria, agilidad mental y otras similares, no son alterables. Todas las otras disposiciones sin embargo, pueden ser cambiadas según la voluntad del hombre. El hombre puede controlar su concupiscencia, ira y otras emociones y deseos, y canalizarlos para instruirse a sí mismo y autopropulsarse en el camino de la perfección y la sabiduría.

Cuando hablamos de la capacidad del hombre para operar cambios en sus disposiciones e inclinaciones, no nos referimos a que el hombre deba destruir sus instintos de reproducción y autopreservación. El hombre no podría existir sin estos instintos. Lo que queremos decir es que debe evitarse caer en los extremos respecto de ellos, y mantener, por el contrario, una condición de equilibrio y moderación para que ellos puedan cumplir sus funciones propiamente. Así como la semilla de un dátil crece y se transforma en un árbol lleno de frutos a través de un cuidado apropiado, o un caballo salvaje es entrenado para servir a su dueño, o un perro es amaestrado hasta ser un amigo y una ayuda para el hombre, así también puede el hombre alcanzar la perfección y la sabiduría mediante la autodisciplina y la perseverancia inteligente.

La perfección humana tiene muchos niveles. A mayor cantidad de autodisciplina y esfuerzo por parte del individuo, mayor es el nivel de perfección al que puede eventualmente acceder. En otras palabras, él se encuentra entre dos puntos extremos, el más bajo de los cuales está por debajo del nivel de las bestias, y el más elevado sobrepasa incluso la excelsa categoría de los ángeles. El movimiento del hombre a través de esos dos extremos es el tema de discusión de ‘ilm al-ajláq o ciencia de la ética. Su objetivo es elevar y guiar al hombre desde el más bajo estadio animal, hasta esa exaltada categoría superior a los ángeles.

Se revela con esto la importancia de la ética. Es por las razones antes mencionadas que la ética es considerada la más elevada y valiosa de las disciplinas. En efecto, el valor de una ciencia está directamente relacionado con la importancia del tema que le concierne, y el tema de la ética es el hombre y los medios por los cuales puede obtener la perfección. Más aún, sabemos que el hombre es la más noble de las criaturas, el fin último de cuya existencia es obtener la perfección; se sigue entonces que la ética es la más noble de las ciencias.

De hecho, en el pasado, los sabios no consideraban a ninguno de los otros campos del conocimiento como siendo verdaderamente ciencias independientes. Creían que sin la ciencia de la ética y la purificación espiritual, la maestría en cualquier otro conocimiento no sólo carecía de valor, sino que conduciría de hecho a la obstrucción del discernimiento y a la destrucción final de aquello que persigue. Por ello es que se dice:

El conocimiento es el mayor de los velos.

lo que le impide al hombre ver la real naturaleza de las cosas.

LA PURIFICACIÓN Y EL EMBELLECIMIENTO DEL ALMA

Las virtudes morales en el hombre proporcionan felicidad eterna, mientras que la corrupción moral lo conduce a una perpetua desdicha. Por consiguiente, es necesario que el hombre se purgue y autopurifique de todos los rasgos nocivos de carácter, y adorne el alma con todas las formas de virtudes éticas y morales. Más aún, sin haberse limpiado a sí mismo previamente de todos los malos hábitos, le sería imposible fomentar y desarrollar en sí estas virtudes morales. El alma humana puede ser comparada a un espejo a este respecto. Si deseamos que algo se refleje bien en un espejo debemos primero limpiarlo para que el polvo y la suciedad no desfiguren el reflejo. Cualquier intento de obedecer las órdenes de Allah puede ser fructífero y exitoso sólo si previamente uno se ha purificado a sí mismo de hábitos y tendencias nocivas. De lo contrario, sería como poner joyas en un cuerpo sucio y mal vestido. Cuando se ha completado la autopurificación, y uno se encuentra libre completamente de todos los hábitos malignos en pensamiento, habla y acción, entonces el alma esta lista para recibir la ilimitada gracia de Allah. Tal recepción es la razón última por la que el hombre fue creado.

De hecho, la gracia de Allah y los misterios divinos son siempre accesibles al hombre. Es el hombre quien debe purificar su alma, y desarrollar en sí mismo la receptividad necesaria para beneficiarse de la infinita gracia de su Creador.

Hay una tradición del sagrado Profeta (B.P. y Desc.) que dice:

“Los ángeles no entran en una casa en la cual hay un perro”.

¿Cómo es posible entonces, para la gracia de Allah y la iluminación divina, el entrar en un corazón lleno hasta el borde con deseos inmorales, egoístas y bestiales? El hadiz del Profeta (B.P. y Desc.):

El Dín[1] se sustenta en la limpieza.

no se refiere solamente a la limpieza exterior, sino que más bien alude a la pureza interna del alma.

A fin de obtener la perfección final, es necesario recorrer el sendero de la lucha contra la concupiscencia egoísta y las tendencias inmorales que puedan existir en el alma, y preparar así el camino para recibir la gracia de Allah. Si el hombre pone el pie en el camino de la autopurificación, Allah irá en su ayuda y lo guiará a lo largo del sendero:

“Y a aquellos que se esfuerzan por nosotros, ciertamente les guiaremos por nuestros caminos”. (29:69)

LAS FACULTADES DEL ALMA: EFECTOS Y CARACTERÍSTICAS

En el momento de su creación, el alma humana es como una tabla en blanco, desprovista de cualquiera facultad (rasgo de carácter, aptitud), sea buena o mala. A medida que se progresa en la vida, el hombre desarrolla facultades que están directamente relacionadas a la manera en que éste vive, piensa o actúa. El habla y los actos del hombre, cuando se repiten durante un largo período de tiempo, producen un efecto duradero en el alma que se conoce como “facultad” (malakah) (o sea: rasgo de carácter, aptitud). Esta facultad penetra el alma y se convierte en el origen y causa de las acciones del hombre. En otras palabras, el alma humana termina acostumbrándose a esta facultad, la que establece una unión con ella y determina la dirección del ser humano según sus dictados.

Si estas facultades (malakát) son nobles, se manifiestan en la sabiduría y ética del comportamiento y el discurso en el hombre. Si por el contrario son malignas y viles, se manifestarán a través de un comportamiento inmoral y perverso.

Realmente estas facultades juegan un rol decisivo en la determinación del destino del individuo en el mundo eterno del “más allá” (ajirat). El alma irá acompañada allí por las mismas facultades a las que estuvo asociada y unida en este mundo. Si estas facultades son virtuosas, el alma tendrá la eterna bienaventuranza, y si son perversas, enfrentará el castigo eterno.

Esta cuestión de los malakát (facultades) provee la respuesta para aquellos que preguntan: ¿cómo puede Allah, el Graciabilísimo, Misericordiosísimo, condenar a un individuo a un castigo eterno por un pecado cometido en un corto espacio de tiempo? Lo que no debe olvidarse es que cuando una falta se comete repetidamente, conduce al desarrollo de una facultad en el hombre; a partir de que esta disposición perversa se incorpora al alma, el castigo y la tortura que la acompañan la afligirán también. Dice el Generoso Corán:

“Y a cada hombre le hemos colgado en su cuello su suerte (lit: su pájaro) y extraeremos para él el día de la Parada un libro que encontrará abierto. ¡Lee tu libro! Tu alma te basta hoy como recurso en contra tuya”. (17:13, 14).

Y también dice el Sagrado Corán:

“Y el libro (registro) será expuesto y verás a los pecadores atemorizados por su contenido decir: ‘Ay de nosotros, ¿qué significa este libro? No omite pequeña ni grande falta sino que las enumera’. Y encontrarán registrado todo cuanto hayan hecho. Tu Señor no defraudará a nadie”. (18:49).

Y también:

“El día en que cada alma se enfrente con todo el bien que haya hecho y todo el mal que haya cometido, deseará que haya una gran distancia entre ella y sus acciones”. (3:30)

EL ALMA Y SUS PODERES

El alma (nafs) es esa esencia celestial que emplea al cuerpo y utiliza sus varios órganos para obtener sus objetivos y propósitos. El alma tiene también otros nombres, como espíritu (rúh), intelecto (‘aql) y corazón (qalb), aunque estos términos tienen por su parte otros usos.

Las más importantes facultades del alma son:

1.— El poder de la inteligencia o razón (intelectual) (al-qúuah al-‘aqlíiah), que es de naturaleza angélica.

2.— El poder de la ira (al-qúuah al-gadabíiah), de naturaleza feroz.

3.— El poder del deseo (al-qúuah ash-shahuíiah), que es de naturaleza animal.

4.— El poder de la imaginación (al-qúuah al-uahmíiah), de naturaleza demoníaca.

La función y el valor de cada uno de estos poderes y fuerzas del alma es generalmente bien conocida. Si el hombre no poseyera el poder de la razón, le sería imposible distinguir el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, lo verdadero y lo falso. Si no tuviera la facultad de la ira, no podría defenderse contra los ataques y agresiones. Si la fuerza de la atracción sexual y el deseo no existieran en el hombre, la continuidad de la existencia de la especie humana estaría en peligro. Y finalmente, si al hombre le faltara el poder de la imaginación, no podría visualizar conceptos universales y particulares, y sería incapaz de realizar inferencias basadas en ellos.

Con esta explicación se han aclarado las características distintivas de cada una de estas cuatro facultades del alma humana. La razón es el ángel guía del hombre. El poder de la ira y la fiereza en el hombre, provocan en él la violencia y la ferocidad. Su poder del deseo y pasión lo impulsan hacia la inmoralidad y la licenciosidad. Y la facultad imaginativa del hombre le provee del material preliminar para la formación de planes demoníacos, conspiraciones y maquinaciones. Ahora bien, si la facultad de la razón toma el control de las otras facultades, las mantiene en su lugar y modera sus excesos, trabajarán para el bienestar del hombre y desempeñarán funciones útiles; de lo contrario, nada sino el mal y la perversión pueden esperarse de ellas.

ALEGORÍA DE LAS FACULTADES DEL ALMA

Las relaciones recíprocas de estas cuatro facultades del alma pueden describirse con la siguiente alegoría. Imagínese a un viajero que va a lomo de un caballo, acompañado por un perro y un hombre que es espía de los bandidos. El viajero montado representa a la razón; la montura (el caballo) representa el deseo y la pasión: El perro designa al poder de la ira y fiereza, y el espía representa a la facultad imaginativa. Si el viajero que acabamos de mencionar consigue satisfactoriamente mantener el control de su montura, el perro y el espía, manteniendo su autoridad sobre ellos, llegará a su destino a salvo, de lo contrario será destruido.

Así es el alma humana: un campo de batalla en el cual se libra una continua lucha entre estos cuatro poderes. Cuál será la característica y naturaleza dominante en el alma de un individuo, depende enteramente del resultado de esta batalla. En otros términos, aquel de los cuatro poderes que emerja victorioso determinará el carácter e inclinación del alma. Por eso es que algunas almas son angélicas, otras animales y bestiales y algunas incluso demoníacas.

En un hadiz del Imam ‘Ali (P.), éste dijo:

“En verdad Allah caracterizó a los ángeles con el intelecto, sin deseo sexual ni ira, y a los animales los dotó del deseo y la ira sin intelecto, y ennobleció al hombre concediéndole todas estas cualidades. Por consiguiente, si el intelecto del hombre domina a su deseo y ferocidad, él se eleva hasta una estación que está por encima de la de los ángeles, porque este grado es obtenido por el hombre a pesar de obstáculos que no aprisionan a los ángeles”.

PLACER Y DOLOR

El placer es una condición experimentada por el alma cuando percibe algo que armoniza con su naturaleza. El dolor y el sufrimiento son ocasionados al entrar en contacto con cosas que desarmonizan con su naturaleza. Siendo cuatro los poderes del alma, se sigue que los placeres y sufrimientos deben dividirse también en cuatro categorías, correspondientes a cada facultad.

El placer de la facultad de la razón radica en la adquisición de conocimiento sobre la real naturaleza de las cosas, y su sufrimiento estriba en la ignorancia y la privación de tal saber.

El placer de la facultad de la ira y fiereza consiste en la sensación de ser victorioso, y en la satisfacción de sobreponerse al enemigo y tomar venganza de él. Su sufrimiento reside en el sentimiento de ser superado y derrotado.

El deleite de la facultad del deseo y la pasión radica en disfrutar de comidas, bebidas y contacto sexual, mientras el sufrimiento consiste en la negación de tales experiencias.

El placer de la facultad de la imaginación reside en la visualización de circunstancias que conducen a la aparición de deseos carnales y tendencias demoníacas, mientras que su sufrimiento radica en la insuficiencia e inadecuación de tales visiones.

El más fuerte y puro de los placeres es el experimentado por la facultad de la razón. Es una forma de placer que es tanto inherente como natural en el hombre. Es un placer constante, que no está sujeto a las experiencias cambiantes de la vida diaria. Por el contrario, los otros placeres, los que pertenecen al cuerpo y son animales, son de naturaleza transitoria y sin ningún valor duradero. Estos placeres animales son tan bajos y triviales que el hombre se avergüenza de ellos y trata de ocultarlos. Si se dijera de un hombre que él experimenta gran placer comiendo, bebiendo y teniendo relaciones sexuales, seguramente se avergonzaría y alteraría por ello. No tendría por qué hacerlo si tales actividades fueran decorosas para el hombre, en cuyo caso se alegraría y enorgullecería de su amplia difusión.

Podemos concluir entonces que el tipo de placer que es propio del hombre, y puede decirse que es realmente gratificante (y que no es tal solamente en apariencia), es aquel que experimenta la facultad intelectual del alma. Esta clase de placer tiene muchos grados, el más elevado de los cuales se experimenta en la cercanía de Allah y se adquiere a través del permanente esfuerzo en estar cada vez más cerca de Él. Cuando la totalidad del propio esfuerzo está dirigido a la obtención de este verdadero y eterno placer, los placeres sensuales son eclipsados, tomando su verdadero lugar en la vida, manteniéndose en un estado de moderación.

BIENESTAR Y FELICIDAD

El fin último de la purificación del alma y de la adquisición de las virtudes éticas es la obtención de la felicidad. La mayor consumación de la felicidad y la alegría para el hombre es transformar en la corporización de los atributos y características divinas. El alma de un hombre verdaderamente feliz se ha desarrollado en el conocimiento y el amor a Allah. Esa alma es iluminada por el esplendor que emana de Allah. Cuando eso ocurre, nada sino belleza emanará de él, puesto que la belleza sólo puede surgir de lo que es bello.

Debe hacerse hincapié en que esta verdadera felicidad no puede ser obtenida ni conservada a menos que todas las facultades y poderes del alma hayan sido purificados y reformados. Mediante la corrección de algunas facultades del alma, o de todas ellas, solamente por un corto espacio de tiempo, no se obtendrá la felicidad. Es en esto similar a la salud física. De un cuerpo puede decirse que está sano, sólo cuando todas sus extremidades y órganos están sanos. Por consiguiente, el individuo que aspire a obtener este estado último y perfecto debe liberarse a sí mismo de las cadenas de las fuerzas demoníacas y tendencias animales y recorrer la escalera que asciende a los reinos superiores.

LA RECOPILACIÓN DE LAS VIRTUDES

(Un tratado de ética islámica)

Publicado por: Editorial Elhame Shargh

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Se permite copiar citando la referencia.

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[1] Es decir: la fe y el modo de vida islámico, la religión en su conjunto, todo lo cual resume la palabra dín. (Nota del Traductor al Español)

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