El Islam y la Modernidad (II)

Profesor Ayatollah Murtada Mutahhari

El hombre no es la única criatura viviente que hace una vida gregaria. Muchos animales, especialmente los insectos, tienen una vida social. Siguen una serie de normas fijas y una forma de vida prudente y disciplinada. Los principios de la ayuda mutua, división del trabajo, producción y distribución, reglamentación y obediencia, orden y docilidad, están en vigor en sus grupos sociales. Las abejas y algunas hormigas y termitas han sido favorecidas con una civilización, disciplina y organización que para llegar a las cuales el ser humano, que se considera la más noble de las criaturas, deberían pasar no años sino siglos. Su civilización, a diferencia de la humana, no pasó a través de los siglos por el período primitivo, la edad de piedra, la edad de hierro y la época nuclear. Tuvieron siempre la misma civilización y organización que cuando se las trajo a la vida sobre la tierra y nunca cambiaron su condición. Solamente la vida del ser humano comienza de cero y avanza incesantemente, de acuerdo al Corán: "O bien les da a ambos, varones y hembras, o hace impotente a quien Él quiere…” [Corán 42:50].

Para los animales, las exigencias de los tiempos son siempre las mismas y no alteraron sus vidas ulteriormente. Para ellos el deseo de modernización y lo nuevo no tiene sentido. El mundo antiguo y moderno no existe, puesto que no realizan descubrimientos todos los días y no turban su forma de vida. La industria ligera y pesada no invade sus mercados todos los días con nuevos y mejores productos. ¿Por qué? Porque ellos viven por el instinto y no por la razón.

El hombre, por otra parte, es diferente. Su vida social siempre está sujeta a cambios y transformaciones. Todos los siglos son cambiantes para el hombre. El secreto de ser el hombre el más noble de la creación también yace en eso. El hombre es el hijo de la naturaleza completamente desarrollado y maduro. Es creado con la condición y capacidad de no necesitar la guía directa y protección de la naturaleza ni de esos misteriosos poderes llamados instintos. El hombre vive por medio del intelecto y no por medio del instinto.

La naturaleza ha reconocido la madurez de pensamiento de los seres humanos y los ha dejado como seres independientes, retirando su directo control sobre ellos. Todo lo que un animal puede hacer de acuerdo al instinto y bajo la influencia de las inviolables leyes naturales, debe ser hecho por el ser humano mediante el poder del intelecto, a través del conocimiento y de acuerdo a leyes positivas y la ley islámica (shariah), las cuales pueden ser desobedecidas. La esencia causante de toda la corrupción e irregularidades perpetradas por el ser humano en el curso del progreso, desarrollo, decadencia, degeneración, colapso y destrucción, también yace aquí. Así como los caminos del progreso y el desarrollo están abiertos para el ser humano, los caminos de la corrupción y el deterioro tampoco están cerrados.

A los seres humanos les ha sido dada la condición de llevar sobre sus hombros en palabras del Corán, la carga de esperanza que los cielos, la tierra y las montañas no podían soportar. En otras palabras, los seres humanos consintieron hacer una vida independiente y aceptaron la responsabilidad de los derechos y deberes. Por esa misma consideración no pueden ser inmunes a la transgresión, ignorancia, auto-engrandecimiento y malas acciones.

En el mismo lugar donde el Corán menciona la capacidad sin igual del ser humano para sobrellevar la carga de confianza y responsabilidad, le imputa, a renglón seguido, su tendencia a ser transgresor e ignorante.

Estas dos posibilidades en el ser humano, esto es, la posibilidad del desarrollo y la posibilidad de la decadencia, no se pueden separar. Un ser humano no es como un animal que, dentro de su vida colectiva, no avanza ni retrocede un paso, no va para la derecha ni para la izquierda. En la vida humana hay movimientos para un lado y para el otro, y si hay movimiento y aceleración también hay estancamiento y marchas lentas. Si hay justicia y virtud, también hay injusticia, vicio y degeneración. Si hay manifestaciones del conocimiento e inteligencia, hay asimismo muestras de ignorancia y sensualidad.

Siempre existe la posibilidad de que los cambios y las nuevas ideas y valores desarrollados en un periodo particular pueden ser no provechosos y nocivos para la humanidad.

Gente rígida y gente ignorante.

Una de las características del ser humano es su tendencia a irse hacia los extremos. Si el hombre tiene una visión moderada, intenta separar los cambios del primer tipo de los del segundo. Intenta avanzar en el tiempo con la capacidad del conocimiento, la iniciativa, el esfuerzo y el trabajo firme. Intenta adaptarse a las manifestaciones del progreso y al avance de su época y simultáneamente intenta comprobar las direcciones equivocadas seguidas en su momento, para no volver a incurrir en ellas. Sin embargo y por desgracia, no siempre las cosas son así. Hay dos peligrosos males o afecciones que siempre amena­zan al hombre en este sentido, estos son: el mal de la inflexibilidad y convencionalismo y el mal de la inestabilidad y la ingenuidad.

Las consecuencias de la primera afección son el estancamiento, el quedarse, el impedir el avance y el desarrollo, mientras que las consecuencias de la segunda son retroceder, recaer en situaciones incorrectas y tomar la dirección equivocada. Una persona convencional e inflexible odia todo lo nuevo y no acepta nada que no sea lo viejo y antiguo, mientras que la persona ingenua e inestable toma todas las cosas nuevas como permitidas, en nombre de una "necesidad de los tiempos", o de la modernidad y el progreso. Una persona inflexible considera que todas las cosas nuevas son fuente de corrupción o corruptas y destructivas, a la vez que la persona ingenua toma todas esas cosas como producto de "la civilización" y una prolongación del conocimiento y la ciencia. Una persona inflexible no distingue entre el corazón de un fruto y la cáscara, el medio y el fin. Para ella la religión tiene la responsabilidad de proteger las antiguas tradiciones. Desde su punto de vista, el Corán fue revelado con el propósito de detener la corriente del tiempo, dejando la situación del mundo fija e inamovible exactamente como estaba. En su visión, la lectura de la última parte del Corán escrita con un junco a modo de lápiz, usar un cofre tradicional, bañarse en un baño tradicional, comer con las manos, usar lámpara de aceite para alumbrarse, permanecer analfabeto y sin instruirse, debería ser preservado como observancias religiosas. Por otro lado, un progresista ingenuo quiere conocer todas las nuevas costumbres e ideas que han aparecido en Occidente y seguirlas prestamente, llamándolas "modernización" y "exigencias de los tiempos".

Tanto el convencional como el progresista ingenuo, están de acuerdo en suponer que cualquier situación perteneciente a tiempos pasados fue una parte de mandamientos y ritos religiosos. La diferencia está en esto; la persona convencional saca la conclusión que esos ritos deberían ser mantenidos y preservados mientras que el progresista cree que la religión está intrincadamente relacionada al culto del pasado, adherido a lo fijo y estancado.

En el pasado reciente, el problema de la incompatibilidad entre la ciencia y la religión ha sido una materia de aguda discusión y controversia entre los occidentales. La idea de incompatibilidad entre la ciencia y la religión surgió básicamente debido a dos razones. Una fue que la iglesia mantuvo que ciertas cuestiones de la ciencia y la filosofía antigua eran materias religiosas y deberían, desde el punto de vista religioso, ser aceptadas como dogmas, pero después los avances científicos mostraron que esas ideas eran incorrectas. La otra razón es que las ciencias en su conjunto alteraron y reformaron las formas de vida.    

El conservadorismo religioso quiso poner la superficial forma de vida material bajo el gobierno de la religión, precisamente como hicieron con las cuestiones filosóficas, dándole un matiz religioso. El ingenuo y el ignorante pensaron que al ser la cuestión así, la religión consideraba la vida material del pueblo como si tuviese una forma y molde particular. Y cuando la forma material de la vida hubo de ser modificada de acuerdo al discernimiento de la ciencia, ésta proclamó que la religión había dejado de tener sentido. La inflexibilidad del primer grupo junto a la ignorancia del segundo, llevó a la ilusoria idea que ciencia y religión eran incompatibles.

La historia en el Corán.

El Islam es una religión que avanza y lleva al progreso. Así como recuerda a los musulmanes que siempre deberían estar en estado de crecimiento, desarrollo y evolución ­aunque dentro de la estructura del Islam, el Corán compara a los seguidores de Muhammad (PB) con una semilla sembrada en la tierra. Más aun, esa semilla crece bajo la forma de una diminuta y delicada hoja que después se fortalece y se yergue en su tallo. Por esta etapa pasa con tal velocidad y vigor, que los campesinos se sorprenden y alegran por ello. Este es un ejemplo de la sociedad hacia lo que señala el Corán. El desarrollo es una de las metas hacia la que el Corán se dirige.

El Corán pone el fundamento para una sociedad que está en un estado de continuo crecimiento, extensión, dilatación y expansión.

Will Durant dijo que ninguna religión ha llamado a sus seguidores con el vigor que lo ha hecho el Islam. La historia del advenimiento del Islam muestra como fue de vigoroso y fuerte, estableciendo una sociedad nueva y haciéndola progresar. El Islam está tanto contra el conservadurismo inflexible como contra la ingenuidad ignorante. El peligro que amenaza al Islam viene tanto del primero como del segundo. Los conservadores, los inflexibles y quienes gustan mostrar que todas las cosas antiguas pertenecen al Islam, cuando en realidad pueden no estar relacionadas con la auténtica religión islámica, han dado al ingenuo progresista una excusa para considerar al Islam contrario al desarrollo en su verdadero sentido. Por otra parte, la imitación, el culto a la moda y la mímica de Occidente, la creencia que la prosperidad de la gente oriental yace en su forma de ser física, espiritual, superficial e internamente occidentalizada, da a las personas ingenuas la idea que deberían hacer suyas todas las costumbres, maneras y tradiciones occidentales, que el Derecho Civil debería ser hecho conforme a las leyes occidentales. Ello provoca que el grupo conservador mire con pesimismo todas las cosas nuevas y las considere un peligro para su religión, su independencia y su situación nacional y social. En medio de todo esto, es el Islam el que puede corregir los errores de ambos grupos.

La actitud de los conservadores da buenos motivos para los ataques de los progresistas, y las estupideces de éstos vuelvan más inexorables a los conservadores. Es extraño que los aparentemente civilizados progresistas supongan que los nuevos tiempos no puedan producir equivocaciones y errores. ¿Piensan acaso que los cambios de los tiempos no son hechos por el hombre sino por algún otro ser?, ¿desde cuándo la humanidad se ha vuelto infalible, sin errores ni equivocaciones, al hacer las modificaciones de cada época? Así como el hombre en cada período hace nuevos descubrimientos para beneficio de la humanidad bajo la influencia de sus tendencias científicas, morales, estéticas y religiosas, así también está bajo la influencia de su egoísmo, ambición, sensualidad y codicia de riqueza y explotación. Precisamente como un hombre tiene éxito en la construcción de nuevas invenciones y en la búsqueda de mejores formas de vida, también está, de vez en cuando, expuesto a cometer equivocaciones y errores.

De cualquier manera, el egocéntrico progresista no comprende estas palabras. Siempre repite su frase hecha de que el mundo actual es lo que existe, lo que se ve. Lo que resulta aún más extraño, es que esta gente piense de los fundamentos de la vida de la misma manera que piensa de sus zapatos, sombrero o ropas. Así como los zapatos fueron nuevos una vez y después se gastaron, tuvieron un valor al ser fabricados y adquiridos debiendo tirarlos cuando envejecieron, todas las realidades del universo se consideran de la misma manera. La idea de los progresistas respecto a lo bueno y lo malo de algo no se basa más que en si es nuevo o viejo. De acuerdo a ellos el cacique, es decir el hombre poderoso que ilegítimamente y por la fuerza se llama "amo", establecido confortablemente mientras cientos de brazos trabajan para darle de comer, no es malo en sí mismo sino porque ahora se transformó en anticuado y el mundo de hoy día no lo acepta. Ya no es su época y ahora se lo considera obsoleto. Naturalmente al principio, cuando tal cosa apareció por primera vez y era totalmente nueva en el mercado mundial, era buena.

De acuerdo a ello, es malo explotar a las mujeres porque el mundo de hoy ya no lo aprueba ni tolera, pero ayer, cuando el mundo desconocía el derecho inherente a la mujer, no aceptó su derecho a la propiedad ni prestó atención alguna a su opinión o puntos de vista porque explotarla era lo nuevo y había llegado recientemente al mercado, era bueno. De acuerdo a gente como esa, porque ahora estamos en la era espacial y es imposible aban­donar el avión para conducir en mula, ignorar la electricidad y alumbrarse con una lámpara de aceite, despreciar las grandes hilanderías para usar el torno de hilar a mano, no querer ver las máquinas impresoras y escribir a mano, así también es imposible negar o rehuir los bares, no ir a la playa, no emborracharse, no jugar al póker, no vestir faldas sobre las rodillas, porque todas esas cosas son fenómenos que pertenecen a la época moderna. Si uno no hiciese esas cosas, significaría volver a la época del transporte en mulas.

Muchos individuos se han perdido e innumerables familias han fracasado o se han destruido por culpa de la frase "los signos de los tiempos". Dicen que es la época de la ciencia, la era del átomo, la época de los satélites y misiles. Muy bien. También agradecemos a Dios por vivir en esta época y de esta manera, deseando poder incrementarla y servirnos de ella mejor, obtener beneficios del arte y de la ciencia. No obstante, surge una pregunta: ¿han muerto todos los otros factores motivadores e incentivadores, fuera del manantial del conocimiento técnico?, ¿todos los fenómenos de este siglo no son más que progresos científicos?, ¿asegura la ciencia que la naturaleza del científico ha sido hecha completamente bondadosa, servicial y humanizada? La ciencia no hace tal aseveración sobre el científico porque un grupo de ellos pueden emprender investigaciones y hacer descubrimientos con el propósito y la sinceridad más elevados, mientras que grupos ávidos de poder, ambiciosos y adoradores del dinero, emplean el resultado de ese trabajo para obtener sus inicuos propósitos. La sentida queja de la ciencia es siempre que la misma se ha vuelto objeto de explotación debido a la turbulenta naturaleza de los hombres. La preocupación y desgracia de nuestra época es esa misma. La ciencia avanza en el campo de la física y descubre las leyes de la luz, pero un grupo de explotadores hace de ese descubrimiento un medio para hacer películas con imprevisibles resultados destructivos. La ciencia de la química avanza y descubre cómo hacer nuevas combinaciones, después de lo cual alguna gente comienza a pensar cómo explotar estos avances y urdir una catástrofe para el alma humana con el nuevo descubrimiento llamado heroína. La ciencia encuentra su camino hacia el átomo y encauza su maravillosa fuerza, pero antes que cualquier plan para usarla en el progreso de la humanidad, los hombres ambiciosos del poder mundial fabricaron bombas y las arrojaron sobre gente inocente.

Cuando se hizo un homenaje a Einstein, el gran sabio del siglo XX, éste subió a la tribuna de oradores y dijo: "¿En honor de quién van a hacer este homenaje?, ¿de alguien cuyo talento ha sido la fuente de recursos para la preparación de la bomba atómica?".

Einstein no usó su capacidad intelectual para la preparación de una bomba, sino que la ambición de otro grupo explotó su genio. Nunca se puede aceptar la heroína, la bomba atómica, tal o cual tipo de película, porque sean precisamente "signos de los tiempos". Si la más perfecta bomba fuese a ser lanzada con el más ingenioso aparato por un piloto modelo sobre gente inocente,  la salvajada del acto no disminuiría en lo más mínimo.

Fuente: los derechos de la mujer en el Islam, Editorial Elhame Shargh

Todos derechos reservados. Se permite copiar citando la referencia.

www.islamoriente.com  Fundación Cultural Oriente

Article_image
Article_rate
Average: 3 (1 vote)
Bajar el archivo PDF