La recopilación de las virtudes

(Un tratado de ética islámica)

Las enfermedades del alma y su tratamiento

Allamah Muhammad Mahdi An-Naraqi

ENFERMEDADES DEL PODER DE LA IRA Y SU TRATAMIENTO

Como ya dijimos, el Poder de la Ira tiene tres estados: deficiencia, moderación y exceso, cada uno de los cuales discutiremos en detalle a continuación.

A.— La condición de exceso

Temeridad: Es involucrarse en situaciones peligrosas y mortales a pesar de las advertencias de la razón y el Din. El Sagrado Corán lo prohíbe explícitamente cuando dice:

“...No os arrojéis con vuestras propias manos a la destrucción”. (2:195)

La manera de curar la temeridad es pensar cuidadosamente antes de embarcarse en algún curso particular de acción, para ver si la razón y el Din lo aprueban o no. Si encuentra su aprobación, debe proceder, pero debe abstenerse si es desaprobado por alguno de ellos (la razón o el Din). Si fuera necesario debe abstenerse de acciones que no involucran mucho peligro para así restringir su propensión a la temeridad. Debe mantenerse en este curso de acción hasta que esté seguro de haber superado completamente este vicio, y hasta que haya alcanzado la condición de moderación: el coraje. Una vez alcanzado este estado debe preservarlo.

B.— La condición de deficiencia

Cobardía: Es timidez bajo circunstancias que requieren una acción violenta inmediata. La cobardía, lo opuesto al enojo y el temperamento violento, resulta de un sentimiento de inferioridad, irresolución, melancolía y falta de autoconfianza. En una tradición atribuida al Sagrado Profeta, éste dice (B.P. y Desc.):

“Allahumma, me refugio en Ti de la avaricia, y me refugio en Ti de la cobardía”.

La manera de tratar la cobardía es estimular en sí la ira y el temperamento decidido y violento, y tomar un curso violento de acción cuando no es demasiado peligroso hacerlo así, hasta que el alma arribe al estado del coraje que es el punto de moderación del Poder de la Ira. Debe precaverse de no desplazarse fuera de la moderación hacia el exceso.

C.— La condición de moderación

Coraje: Es la manifestación del Poder de la Ira en su estado de moderación, y se define como el sometimiento de la facultad de la ira al intelecto. Esta subordinación es uno de los más admirables rasgos y es la causa de numerosas virtudes espirituales. Se obtiene esta virtud después de combatir exitosamente contra la temeridad y la cobardía, y como resultado de una perseverante y constante ejercitación.

* * *

OTROS VICIOS DEL PODER DE LA IRA

El poder de la ira es afligido por diecisiete vicios (principales) que describiremos brevemente a continuación.

1.— Miedo (Jauf)

El miedo es una incómoda expectativa de que algo desagradable pueda ocurrir. Por ejemplo, uno puede temer abordar un barco, o dormir solo en una casa. Es claro que hay una diferencia entre cobardía y miedo.

El miedo es de dos clases. Primeramente está el temor a Allah, a los pecados y al castigo divino. En segundo lugar está el temor a otra cosa que Allah. El primer tipo de temor es elogiable y conduce al hombre a la perfección, mientras que el segundo es un vicio indeseable provocado por la cobardía.

El miedo impropio tiene su causa en la posibilidad de que algo desagradable pueda ocurrirle a uno mismo o a algo que nos es querido. Por ejemplo, uno puede temer la muerte, o un peligro fatal, a los cuerpos muertos, a los demonios, etc. La raíz de estos miedos es la debilidad espiritual que puede superarse mediante el autoexamen. Por ejemplo si uno toma conciencia de que no puede hacer nada por eludir un cierto o probable peligro de muerte, y de que ese temor no es útil para conjurarlo, gradualmente se perderá el temor. Si su miedo es causado por un desordenado amor al mundo y a las cosas materiales debe reducir ese apego.

Algunos miedos tienen causas imaginarias, tales como el miedo a la oscuridad, a los cuerpos muertos, etc. En tales casos uno debe hacer a un lado todas sus fantasías y fortalecer su propia alma.

El temor apropiado y digno de elogio es el que resulta de la Majestad e Infinitud de Allah. Este temor es llamado también jashiah o rahbah (temor reverente). Es también el miedo por los pecados que se han cometido y su castigo. Cuando mayor es este temor (a Allah), mayor es la contribución que puede hacer al propio desarrollo espiritual y la perfección. Más aún, cuando mayor y más profunda es la propia comprensión y conocimiento de Allah, mayor será en uno el temor a Su Poder. Dice el Sagrado Corán:

“Sólo temen a Allah Sus siervos sabios” (35:28).

Por eso, en los relatos de las vidas de los santos, encontramos a veces que desfallecen en razón de la intensidad de su temor a Allah.

El intenso temor a Allah es la fuerza que mejor controla el alma humana, ya que debilita los deseos egoístas, sensuales, preservando así de la rebeldía y el pecado, amansando el corazón humano en la sumisión a las órdenes divinas. Además, el temor a Allah aniquila todos los otros miedos, haciendo al hombre fuerte para enfrentar la injusticia, la tiranía y la opresión. Hablando de tal gente dice el Sagrado Corán:

“Para ellos es la seguridad y son los bien guiados” (6:82).

Y también:

“Y no temáis a los hombres, temedMe” (5:44).

Y en otro lugar:

“Allah se complace en ellos y ellos se complacen en Él. Esto es para quienes temen a su Señor” (98:8).

Y también:

“Y en cuanto a quien teme la estación (ante) de su Señor y aparta a su alma de la concupiscencia, por cierto tendrá su refugio en el paraíso” (79:40, 41).

Y se trasmitió que dijo el Profeta (B.P. y Desc.):

“Quien teme a Allah, Él hace que le teman todas las cosas, y quien no teme a Allah, Él provoca que tenga miedo de todo”.

Existen muchos versículos coránicos, como así también tradiciones acerca de lo meritorio del temor a Allah, que por brevedad nos abstendremos de mencionar aquí.

Debe hacerse notar que, aún en el temor a Allah, uno debe cuidarse de permanecer dentro de los límites de la moderación, a fin de que ello no provoque en uno la pérdida de la esperanza en Su misericordia, pues perder la esperanza en Su misericordia y compasión es un gran pecado. Dice el Sagrado Corán:

“¿Y quién desespera de la misericordia de su Señor sino los extraviados?” (15:56)

Si el temor a Allah llegara a tal extremo, entonces debe ser contra-balanceado con raÿa’, o esperanza en la misericordia de Allah. Luego, con la ayuda de las dos alas, la de la esperanza (raÿa’) y la del temor (jauf), un individuo puede ascender a los más altos planos de la perfección humana. El Sagrado Corán se refiere a este punto en estas palabras:

“Informa a mis siervos que Yo soy El que (todo lo) Perdona (Perdonador), el Misericordiosísimo, y que mi castigo es el castigo doloroso” (15:49, 50)

2.— Auto-depreciación o complejo de inferioridad

Este vicio, causado por la cobardía, es la condición que resulta cuando a un individuo le falta coraje para interferir positivamente en asuntos importantes, fracasando en el cumplimiento de sus responsabilidades sociales, tales como persuadir a otros de hacer el bien y prohibir las malas acciones.

El tratamiento de esta enfermedad es la misma que fue descripta en el caso de la cobardía. El individuo afectado por este vicio moral debe saber que un verdadero creyente en Allah no está nunca sujeto a la desgracia, y que Allah ha otorgado el honor y la dignidad al creyente. Dice el Sagrado Corán:

“...y el honor pertenece a Allah, a Su Mensajero y a los creyentes...” (63:8).

Y hay una tradición profética que dice:

“Allah ha asignado al creyente la obligación de (soportar) todo excepto la humillación de sí mismo”.

La característica opuesta a la auto-depreciación es la fortaleza de carácter y el respeto por sí mismo, esto es: uno debe adquirir un temperamento que no sea afectado ni por lo doloroso ni por lo placentero, ni por el elogio ni por el insulto. Se narra que el Imam al-Báqir (P) dijo:

“El (verdadero) creyente es más firme que una montaña”.

Y en otra tradición el Imam (P) ha dicho:

“Allah ha concedido al creyente tres cualidades: honor en este mundo y en el otro, la salvación en ambos mundos, y el temor a él en los pechos de los opresores”.

3.— Falta de confianza en sí mismo, timidez

Se refiere este vicio a un sentimiento de inferioridad que provoca el no realizar esfuerzos para alcanzar las alturas de la perfección abiertas al ser humano, contentándose el individuo con logros menores y rudimentarios. Es una de las consecuencias de la auto-depreciación. Su opuesto es el rasgo de la confianza, esto es: la voluntad de hacer el esfuerzo para obtener la dicha en este mundo y en el otro y la perfección. La confianza surge de las cualidades espirituales de perseverancia, coraje y respeto por sí mismo. Su tratamiento es subsidiario del de la cobardía, que es la madre de todos los vicios de este tipo.

4.— Falta del sentido de dignidad

Este vicio radica en la insuficiente atención y en la falta de cuidado en asuntos que así lo requieren, tales como la fe, el honor, los hijos y la propiedad. La causa de este vicio es la debilidad de carácter y el complejo de inferioridad. Su opuesto es el sentido del honor y el celo por estos asuntos, virtud digna de elogio en el hombre. Con referencia al Din, implica el esfuerzo por mantenerse inmune a los desvíos, el celo en su difusión, el esfuerzo por cumplir uno mismo con los preceptos del Din y hacer que otros los sigan también. Con respeto al propio honor, significa salvaguardar la propia dignidad y esforzarse en preservar la reputación. Respecto de los hijos, implica atender por su correcto crecimiento y sano desarrollo ético y cultural, para que reciban un temprano adiestramiento moral que se convierta en parte de su personalidad. El Islam concede gran importancia a los deberes de los padres en la educación y desarrollo de sus hijos. Esto se discute en detalle en los libros sobre tradiciones.

En lo referente a las propiedades y posesiones, significa que uno debe considerarlas siempre como parte de las bendiciones de Allah para con uno, y como depósito (en confianza) que El nos ha concedido. Debe abstenerse del consumo excesivo y el derroche, cumplir con los deberes del Din (zakat, jums) y no olvidar ayudar al necesitado.

5. — Precipitación (prisa, impaciencia)

Es el estado que impele a alguien a una decisión abrupta y a una acción irreflexiva. Esta condición es también consecuencia de debilidad de carácter y complejo de inferioridad. Su opuesto es la virtud de la precaución (reflexión) en el actuar y hablar. El resultado de la precipitación es el perjuicio, y es seguido por el remordimiento y el arrepentimiento. En muchos casos, los daños causados por acciones precipitadas pueden ser irreversibles.

Para curar este vicio de la precipitación deben comprenderse sus desagradables consecuencias, acostumbrándose a dignificar la compostura y la reflexión.

6. — Mala opinión sobre el Creador y Su Creación

Esta es una condición del alma que surge cuando el individuo alberga en sí desconfianza y cinismo respecto de Allah, Sus criaturas y sus obras, interpretando todo de manera negativa. Es también una consecuencia de la cobardía y un producto del complejo de inferioridad; esto porque una persona de carácter débil actúa según las impresiones que su imaginación le transmite. Lo opuesto a este rasgo del carácter es la buena opinión y la confianza respecto de Allah y los hombres, lo que significa tener una actitud favorable hacia todo salvo que exista una clara evidencia que deba conducir a la actitud opuesta. Dice el Sagrado Corán:

“Pensasteis mal... Sois gente sin ningún valor” (48:12).

El Imam ‘Alí (P) dijo:

“Piensa favorablemente de lo que hace tu hermano (en la fe), a menos que te llegue algo que pruebe lo contrario. No desconfíes de lo que dice en tanto te sea posible considerarlo correcto y bueno”.

La manera de contrarrestar este vicio del carácter es pasar por alto y disculpar lo que uno pueda ver o escuchar [de malo] sobre su hermano, conservando una opinión favorable sobre él en su corazón, y manteniendo una actitud respetuosa y amable con él.

7. — Ira

La ira es una de las fuerzas básicas en el alma y posee tres estados:

1º) El estado de exceso, que se caracteriza porque lo pone a uno fuera de los límites de la religión y sus leyes.

2º) El estado de deficiencia, que se distingue porque uno es incapaz de reaccionar con energía y violencia incluso cuando ello es imprescindible para la autodefensa.

3º) El estado de moderación, en el cual la ira es una reacción que se produce en las circunstancias apropiadas y lícitas.

Queda claro que el primero y segundo estados se cuentan entre los vicios del alma, y que el tercero es una de sus virtudes que surge del coraje.

La ira excesiva es una dolencia fatal, que puede asimilarse a un ataque temporario de locura. Cuando amaina el ataque de ira es seguido por remordimiento y arrepentimiento, que constituye la respuesta saludable de toda persona racional.

El Imam ‘Alí (P) dijo:

“La ira es un ataque de locura, porque quien la padece se arrepiente luego. Y si alguien no se arrepiente luego es porque esa locura ha quedado fija”.

Por otro lado, la ausencia absoluta de ira es también un vicio que conduce al hombre a la humillación, la supeditación y la incapacidad de defender sus derechos.

Para curar el exceso de ira uno debe primero eliminar sus causas. Estas pueden ser el orgullo, el egoísmo, la terca obstinación, la codicia u otros vicios por el estilo. Uno debe considerar qué indecoroso es el exceso de ira y qué graves pueden ser sus consecuencias. En segundo lugar es preciso reflexionar sobre los beneficios de la tolerancia y la autocontención y asociarse con personas que posean estas cualidades. Es preciso también comprender que el poder de Allah es absoluto, que todo está bajo Sus órdenes, lo que lleva a tomar consciencia de la propia debilidad comparada con el infinito poder de Allah. En tercer y último lugar el afectado por este vicio debe saber que una persona presa de la ira no es amada por Allah; y más aún, comprender que en estado de ira uno puede hacer algo de lo cual luego se avergonzará.

Lo opuesto a la ira es la afabilidad y la tolerancia, que se cuentan entre las más nobles cualidades del alma, pues hacen a la persona indulgente y misericordiosa, incluso cuando tiene el poder para vengarse y desquitarse. Dice el Sagrado Corán:

“¡Sé indulgente, ordena el bien y apártate de los ignorantes!” (7:199)

Y el Profeta (B.P. y Desc.) dijo:

“La indulgencia eleva la honra del hombre. Sed pues indulgentes y perdonad y Allah os honrará”.

8. — Violencia

La violencia consiste en utilizar una fuerza furiosa y destructiva, en acción o de palabra, y es una de las consecuencias de la ira. Su opuesto es la virtud de la gentileza, que es un producto de la paciencia. Dirigiéndose al Profeta (B.P. y Desc.) el Sagrado Corán le dice respecto de este rasgo de carácter:

“Si hubieras sido áspero y duro de corazón se habrían apartado de ti...” (3:159)

En una tradición atribuida al Profeta (B.P. y Desc.) se dice:

“Cuando Allah ama a alguien le concede el rasgo de la simpatía. Y a quien carece de simpatía se le ha negado toda bendición”.

Y asimismo en otra tradición profética se dice:

“La consideración y la amabilidad con la gente son la mitad de la fe”.

9. — Mal carácter

Este vicio es también causado por la ira y su opuesto es el buen temperamento. Este vicio provoca el rechazo de la gente y conduce a la ruina en este mundo y el otro. Invalida y destruye además las buenas acciones. Se ha citado que el Profeta (B.P. y Desc.) dijo sobre esto:

“El mal carácter arruina las buenas obras como el vinagre arruina la miel”.

Dirigiéndose al Profeta (B.P. y Desc.) el Sagrado Corán dice:

“Tú posees por cierto un carácter sublime” (68:4).

10. — Rencor

El rencor también es causado por la ira, y es un complejo que se forma cuando la ira se reprime. Tiene nefastas consecuencias como ser la envidia y la ruptura de relaciones con la persona hacia la cual se dirige, pudiendo llegar hasta la agresión física, pasando por comentarios ilegítimos sobre ella, tanto difundiendo mentiras a su respecto, como a través de la maledicencia, la calumnia y la divulgación de sus secretos.

A veces el rencor se manifiesta abiertamente como hostilidad directa, llevando a confrontaciones, peleas, maldiciones e insultos, todos vicios fatales.

El procedimiento para curar esta enfermedad del alma, es que el individuo al cual aflige comprenda que el sentimiento de rencor hiere a quien lo alberga en su corazón mucho más que a la persona contra la cual va dirigido. En segundo lugar, él debe decidirse a adoptar una actitud amigable y servicial respecto de la persona por la cual siente rencor, haciendo cosas buenas por ella aunque sus emociones lo empujen en sentido opuesto, siguiendo con esta actitud hacia él hasta librarse de tal dolencia.

11. — Engreimiento y vanidad

Este es otro vicio del Poder de la Ira, y se manifiesta cuando el hombre tiene una elevada opinión de sí mismo en razón de alguna ventaja, real o imaginaria. Y por otro lado, falla también en reconocer los atributos de la perfección de Allah, Origen de todo. Muchas tradiciones señalan la nocividad de este rasgo. Una señala que el Profeta (B.P. y Desc.) dijo:

“Aun cuando no cometierais ningún pecado, temería que cayerais en algo peor para vosotros: ¡La vanidad! ¡La vanidad!”

Los resultados nefastos del engreimiento y la vanidad son: arrogancia, descuido, negligencia con las propias faltas y, consecuentemente, incapacidad para corregirlas; depreciación de las propias obras a los ojos de los hombres y de Allah; ausencia de gratitud por las bendiciones divinas recibidas, arriesgando así su pérdida; incapacidad para preguntar por aquello que se ignora y, consiguientemente, seguir en la ignorancia; y finalmente, sostener y proclamar opiniones infundadas.

Para curar a un individuo de esta dolencia del alma es preciso que él dirija su atención hacia Allah y Lo conozca. Cuando él comprenda que solamente el Creador Omnipotente es digno de adoración y alabanza, que él no es nada en comparación con la Majestad de Allah, que no hay nada absolutamente que pueda llamar suyo, y que incluso seres muy superiores a él mismo, como los profetas y los ángeles, también son nada en comparados con Allah, se dará cuenta de lo absurdo de ser engreído y vanidoso, y de que debe considerarse a sí mismo como es en verdad: una insignificante criatura de Dios.

Cuando el hombre contempla y reflexiona sobre su insignificante origen como una gota de esperma y su fin cierto como un puñado de polvo, así como sobre la brevedad de su vida como una desgraciada criatura sujeta a enfermedades y dominada por su concupiscencia e instintos, se olvidará no sólo de su vanidad sino incluso de sí mismo, dedicándose por completo a la adoración a Dios. Dice el Sagrado Corán:

“¡Maldito sea el hombre! ¡Qué desagradecido es! ¿De qué lo ha creado Él? De una gota lo ha creado y determinado; luego, le ha facilitado el camino; luego, le ha hecho morir y ser sepultado; luego, cuando Él quiera, le resucitará”. (80:17-22)

Y también tenemos el siguiente poema de un poeta persa:

“¡No alardees de tu riqueza, valor y elegancia:

la primera te la pueden arrebatar una noche los ladrones

y la otra desvanecerse ante un solo golpe de fiebre!”

No debe olvidarse que la vanidad y el engreimiento pueden también producirse cuando uno es agraciado con bendiciones divinas, tales como conocimiento, devoción, piedad, fe, coraje, generosidad, paciencia, ancestros honrados, belleza, riqueza, fortaleza, elevada posición, inteligencia, etc. Para evitar tal resultado, uno debe recordar siempre la propia debilidad y defectos, tal recuerdo ayudará a apartar la vanidad.

Lo opuesto al engreimiento y vanidad es la modestia, que es de las más valiosas cualidades en lo que hace a la edificación del alma y la perfección del hombre.

12. — Arrogancia

La arrogancia es una de las consecuencias de la vanidad y el engreimiento. Cuando un individuo piensa de sí mismo como algo superior, eso es engreimiento y vanidad, y cuando tiende, además, a considerar a los demás como inferiores a sí mismo, eso es arrogancia.

Contrastando con estos estados, cuando uno piensa de sí como algo pequeño e insignificante, es modestia, y cuando, además, considera a los otros como superiores a sí mismo, eso es humildad.

En cualquier caso, la arrogancia es uno de los más terribles vicios morales, ya que constituye un grueso velo que oculta a la visión del individuo sus propios defectos, impidiéndole así superarlos para obtener la perfección. Dice el Sagrado Corán:

“...así pone Allah una marca en todo corazón de orgulloso, arrogante” (40:35).

Y también:

“Apartaré de mis ayats (Mi Revelación) a aquellos que se magnifican a sí mismos (los arrogantes)” (7:146).

Y el Profeta (B. P. y Desc.) ha dicho:

“No entrará al Paraíso quien tenga en su corazón el peso de un grano de mostaza de kibr (orgullo, arrogancia)”.

Jesús (P.) ha dicho: “Tal como una planta crece en el suelo suave, y no donde es duro y rocoso, así también la sabiduría brota y crece en un corazón que es humilde y suave, y no en los duros corazones de los arrogantes. ¿No has visto que el hombre que mantiene su cabeza altiva (arrogantemente) la golpea fuertemente contra el tejado, mientras que aquel que la conserva baja tiene el techado como su amigo y refugio?”.

La cura de la arrogancia es la misma que la prescripta para la vanidad. Otro medio es estudiar los distintos versículos coránicos y tradiciones que tratan de este vicio y lo condenan. Se debe además perseverar en la práctica de la humildad hacia Allah y los hombres, asociándose con los pobres y los débiles, absteniéndose de la vestimenta ostentosa y sí utilizar la simple; tratar en los mismos términos al rico y al pobre, saludar a todos sin consideración a su edad, abstenerse de procurar un sitio privilegiado u honorífico en las reuniones. Brevemente, deben resistirse todos esos deseos egoístas que contribuyen a la arrogancia.

Lo opuesto a la arrogancia es la humildad, una de las más dignas virtudes morales. El Sagrado Corán habla aquí sobre la virtud de la humildad:

“Y los siervos del Graciabilísimo son quienes caminan por la tierra con humildad, y cuando les hablan los ignorantes dicen: ¡paz!” (25:63).

Y también:

“Y sé humilde (Oh Profeta) con quien te sigue de los creyentes” (26:215).

Debe hacerse notar que la humildad es el justo medio entre la arrogancia y el servilismo (o abyección). Pues el primero es un vicio como así también el último. Está clara la diferencia entre abyección y humildad, pues aquel es un vicio que rebaja al hombre.

13. — Rebeldía

Es una forma de arrogancia y también un vicio fatal. Se define como el rebelarse contra aquellos a los que se debe obediencia, tales como los Profetas, sus sucesores (ausiá), los gobernantes justos, los maestros y padres, etc. En una tradición profética leemos:

“El pecado que más rápido recibe el castigo es la rebeldía”.

Ha dicho también el Profeta (B. P. y Desc.):

“Es el derecho de Allah humillar a lo que se rebela contra algo”.

Dijo el Imam ‘Alí (P.):

“La rebeldía conduce a su poseedor al infierno”.

La manera de curar el vicio de la rebeldía es que el afectado por ello medite en su condición espiritual y en las tradiciones en que se recomienda la justa obediencia, esforzándose al mismo tiempo en promover el espíritu de humildad en sí mismo.

14. — Ceguera respecto de las propias faltas

Es otro de los resultados de la vanidad. Su opuesto es el ser consciente de las faltas y defectos.

15. — El fanatismo

El fanatismo es otro vicio moral que conduce a la degeneración de la mentalidad y comprensión de la persona afligida. Pueden existir prejuicios acerca de las propias creencias religiosas, de la nación, la tribu, la familia u otras cosas, y pueden manifestarse en las palabras de uno o en la acción. Cuando el fanatismo se vuelca sobre cosas justas se le llama entusiasmo y celo, y es encomiable. Si por el contrario se produce respecto de lo que es impropio, es claramente un vicio.

Hay una tradición profética que dice:

“Quien tenga un grano de mostaza de fanatismo en su corazón, Allah lo levantará el Día de la Resurrección entre los árabes paganos de la era pre-islámica”.

La manera de curar el vicio del fanatismo es que el individuo se aboque a la introspección y tome conciencia de que el fanatismo bloquea su desarrollo y nubla su comprensión de la realidad. Si busca la Verdad, debe hacer a un lado el fanatismo ciego y el prejuicio y examinar todas las cosas de una manera desapasionada y objetiva.

16. — Ocultación de la Verdad (y su tergiversación)

El vicio de la tergiversación y ocultación de la verdad tiene su origen en el fanatismo, la cobardía y el miedo. Puede también ser causado por el deseo de riquezas o motivos similares. En cualquier caso, conduce a la desviación del sendero recto y acarrea la degeneración moral. Su opuesto es la revelación de lo real y la constancia en el sendero de la verdad. Hay numerosas tradiciones y versículos coránicos que condenan la ocultación de la verdad y elogian la veracidad. Algunos de los que más clara y directamente tratan este asunto son los siguientes:

“¿Por qué cubrís la verdad con la falsedad, ocultándola a sabiendas?” (3:71).

“...y quien es más injusto que quien oculta un testimonio que ha recibido de Allah...” (2:140).

“Aquellos que ocultan las evidencias y la buena guía que hemos revelado después que las hemos clarificado en el Libro, esos son maldecidos por Allah y los que maldicen” (2:159).

Para curarse de esta enfermedad, debe notarse que ella engendra la ira de Allah, pudiendo conducir al kufr (la infidelidad e impiedad). Además, debe meditarse sobre los beneficios de dar expresión a la verdad, y entonces impulsarse a seguirla en la acción.

17. — Insensibilidad y crueldad

Cuando un individuo es afligido por este vicio no le afectan ni le preocupan los dolores y sufrimientos de sus camaradas. Su opuesto es la virtud de la misericordia y la compasión. Hay varios versículos coránicos que desaprueban esta negativa cualidad, elogiando la compasión y el amor.

El tratamiento y la cura de esta dolencia del alma es de lo más difícil, dado que la insensibilidad se enquista en el carácter volviéndose crónica y difícil de remover. El mejor tratamiento es que la persona afectada comience evitando las acciones crueles, que constituyen la manifestación externa de este vicio. Luego debería esforzarse en asociarse y acompañar a los demás en sus sufrimientos y dificultades, considerándolos como problemas propios. Más aún, deberá tratar de reaccionar de la manera apropiada en tales circunstancias hasta que, gradualmente, comience a sentir el aroma de la compasión, haciéndose permanente (con lentitud) en su interior.

Fuente: LA RECOPILACIÓN DE LAS VIRTUDES (Un tratado de ética islámica)

Publicado por: Editorial Elhame Shargh

Todos derechos reservados.

Se permite copiar citando la referencia.

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