42 Años de Traición al Pueblo SaharauiPor Pablo Jofré LealPeriodista y Analista InternacionalArtículo Exclusivo para Islamoriente El mes de noviembre marca para los pueblos árabes un mes infausto. Un mes marcado de fechas trágicas, que nos obliga a mirar la historia, aprender de ella y recordar – volver a pasar por el corazón – como una obligación política y moral.
El año 2014 cuando el mundo occidental conmemoraba alborozado los 25 años de la caída del Muro de Berlín sostuve en un artículo que sea en América del Norte, África, Asia Central, Medio Oriente, Europa o el Lejano Oriente los muros, las vallas, las cercas y alambras son creaciones destinadas a separar, a dividir, a segregar, a hacer más injustas las relaciones entre nuestras sociedades.El mundo del Tercer Milenio muestra la marcha de un sistema, parafraseando la frase de un fallecido Papa como “intrínsecamente perverso”, donde la riqueza social, conseguida a golpe de reivindicaciones, luchas, prisión, represión y muerte de millones de hombres y mujeres a lo largo de la historia, ha quedado concentrada en unas pocas manos.
Yemen sigue sufriendo la política criminal del régimen saudí y que ha significado, desde marzo del año 2015 a la fecha la muerte de 13 mil personas, de las cuales al menos 3 mil son niños menores de 14 años y que adiciona 50 mil heridos. Dentro de estas cifras hay que considerar al menos dos mil muertos y 600 mil posibles casos, producto de la epidemia de cólera que azota a Yemen desde octubre del año 2016.
En estos días, la ciudad santa de Karbalá acoge a millones de peregrinos de diversas partes del mundo para conmemorar en forma masiva la ceremonia del luto de Arbain – cuyo significado es 40 en árabe – para representar los cuarenta días de luto desde la Ashura en el mes santo de Muharram. Una conmemoración que se da en un marco político regional complejo, con agresiones a diversos países musulmanes entre ellos, Siria, Irak, Afganistán, Yemen y la crónica ocupación de los territorios de Palestina.
Este 2 de noviembre del año 2017 se conmemoran cien años desde aquel fatídico acuerdo entre el sionismo y el imperio británico, para dar rienda suelta a los objetivos de colonización de Palestina.Una colonización que sería llevada a cabo por parte de colonos judíos europeos, alentados por la dirigencia sionista y bajo el mito religioso del retorno a una tierra prometida por una divinidad, que lo mismo exhibía títulos de dominio que exclusividad y preferencias respecto a pueblos elegidos.
El gobierno argentino, presidido por el Multimillonario derechista Mauricio Macri, ha intensificado su accionar islamófobo, a partir del papel asignado a su administración, tras la visita a ciertos países latinoamericanos, el pasado mes de julio, del Primer Ministro sionista Benjamín Netanyahu.
Este año 2017 ha sido rico en decisiones y acciones de organismos internacionales, la sociedad civil y el pueblo palestino, destinadas a denunciar la ocupación de los territorios palestinos a manos del régimen israelí y su “racional política criminal”Y hago uso de este concepto de supuesta coherencia y lógica de la política criminal del sionismo porque efectivamente esta es premeditada, destinada a infligir daño a la población palestina, a generar muerte y desolación e impedir la conformación de un Estado palestino. Por tanto, una política dotada de cordura y no aquella eximente y supuesta “locura de acciones desquiciadas llevada a cabo por dirigentes y militares dementes”.
La Asamblea General de la ONU en su versión N° 72, muestra al mundo, que su principal amenaza, clara e inequívocamente, está representada por el imperialismo y el sionismo y las dos figuras símbolos de esta conducta y actuación política: el Presidente estadounidense Donald Trump y el Primer Ministro israelí Benjamín Netanyahu.Ambos políticos, en un trabajo claramente asociativo expresaron en sus discursos en la sede de la ONU en Nueva York, la misma retórica ultranacionalista, bélica, iranofóbica y despreciativa sobre el derecho de los pueblos al respeto de su soberanía. Ambos dieron a conocer, que actuarán unidos en la decisión de violar el Plan integral de Acción Conjunta – JCPOA por sus siglas en inglés - firmado entre la nación persa y el G5+1 – conformado por Estados Unidos, Rusia, China, Inglaterra, Francia y Alemania - en julio del año 2015.
El gobierno estadounidense, administrado por el multimillonario Donald Trump está empeñado en violar el Acuerdo Nuclear firmado entre la República Islámica de Irán y el G5+1 y ha utilizado la tribuna de la Asamblea General de las Naciones Unidas para lazar su artillería guerrerista.Una conducta catalizada, principalmente por las presiones del régimen israelí y el lobby sionista, que no sólo se expresa en Estados Unidos, sino también en Francia e Inglaterra. Además de tratar de cumplir parte de las promesas electorales efectuadas por Trump al complejo militar industrial norteamericano y los sectores más reaccionarios de esta sociedad. Ofrendas encaminadas a tratar de seguir perpetuando una hegemonía en Oriente Medio y Asia Central, cuestionada gracias al positivo papel cumplido por Irán y su apoyo a las sociedades de Siria. Palestina, Yemen, Bahrein e Irak junto al Eje de la Resistencia.
El gobierno de Myanmar ejecuta una política de exterminio de la población musulmana Rohingya, al considerarlos seres humanos de segunda categoría.Hombres y mujeres sin ciudadanía, considerados extranjeros en una tierra que habitan hace siglos. Reprimidos y masacrados, y que forman parte de las minorías étnicas de este país conformado también por Shans, Kachin, Chin, Karen entre otros 135 distintos grupos étnicos. En el caso específico de los Rohingyas este grupo humano constituye un pueblo de aproximadamente un millón de seres humanos, en un global poblacional de Myanmar de 51 millones de habitantes de los cuales el 32% son minorías étnicas y un 68% de la mayoría étnica Bamar de creencia budista y de cuyo seno han salido los dirigentes políticos desde la independencia lograda el año 1948 de Gran Bretaña.