Cuando la medicina de los siriacos llegó a la mano de los musulmanes, ésta tomó una fuerza sin precedentes, así como la minuciosidad de sus estudios e investigaciones. En lugar de las breves tesis científicas que eran habituales en los siriacos, se recopilaron y se escribieron las grandes enciclopedias de la medicina por parte de los musulmanes. Por supuesto, no quedó lejos de la mirada las investigaciones y los estudios clínicos, especialmente en las enfermedades locales. En verdad, las investigaciones de los sabios judíos, cristianos e incluso de los sabeos, que se realizaban en “territorio del Islam” fueron por el estímulo y el liderazgo de los musulmanes en estas áreas. El más antiguo ensayo existente de oftalmología es el de Hunayn Ibn Ishaq. La abundancia y propagación de toda variedad de enfermedades de la vista en el territorio del Islam, era la mayor motivación para dedicar la atención de los médicos musulmanes a la oftalmología y a sus ciencias relacionadas.
La civilización y la cultura islámica en el período de la cúspide de su florecimiento, expone la situación de la civilización humana en una larga etapa de su transformación, pero la historia de esta cultura, su inmensidad y su riqueza es algo casi milagroso. Así que teniendo esta visión bien se puede hablar de un milagro islámico, como también se habla de un milagro griego. En realidad, lo que puede nombrarse como milagro islámico se inició en sus principios por trasladar a su seno el milagro griego, como hicieron también éstos pues su cultura no salió de la nada sino que tuvo préstamos de otras culturas anteriores.
La familiarización del Islam con los legados del mundo antiguo aparece tan magnífico en el presente que, posiblemente excepto al levantamiento científico-técnico de los cien años reciente en Japón, no se puede encontrar algo semejante en la historia del mundo. El fervor y el entusiasmo que mostraron los musulmanes en la época de la gloria de su imperio les llevaron a ...
La civilización del Islam, que llegó a ser heredera de la cultura antigua del Oriente y del Occidente, no se limitó a las culturas anteriores, ni las imitó absolutamente; más bien las armonizó y perfeccionó. Su periodo de perfección que finalizó con el dominio mongol, fue una etapa de construcción, —construcción de una cultura universal y humana—en un territorio con diversos grupos étnicos como: Ibérico, griego, indio, iraní, turco, e incluso chino. Si se considera los elementos de esta mezcla, aparentemente el de lo indio e iraní en relación a la cantidad no es menor que el ibérico y el griego. Pero la importancia de esta combinación multiétnica está en su valor universal y humano así como en su forma islámica. Además, el factor que la hizo universal fue la fuerza de su fervor y la voluntad de quienes, aunque pertenecían a tribus y naciones diferentes, fueron portaestandartes del llamamiento hacia el Islam y sus enseñanzas.
La motivación y el consejo dado por el Islam con respecto a la ciencia y a los sabios, fue el mayor medio de conocimiento con que los musulmanes se acercaron a la cultura y a las ciencias humanas. El Sagrado Corán exhorta a la gente sistemáticamente a pensar y meditar en la creación y a reflexionar sobre los secretos de las señales de Dios e indica frecuentemente la superioridad de los sabios y sus grados, incluso llegó a considerar a los “sabios” sucesores de Dios y de sus ángeles, esto mismo como dice Al-Ghazali (Algazel), es suficiente en el mérito y la posición de la ciencia.
La civilización islámica, que desde las conquistas de los musulmanes hasta la aparición de los mongoles, había puesto al territorio del Islam como el precursor de todo el mundo civilizado y educador de la humanidad en relación al orden, la disciplina moral, la superioridad del nivel de vida, la generosidad y la eliminación de todo prejuicio, así como potenciador del desarrollo y la elevación en áreas de la ciencia y la cultura, fue sin duda un periodo luminoso de la civilización humana. Y el mundo de hoy le debe a la civilización islámica tanto como le debe a la civilización griega, con la diferencia en que la cultura islámica aún ejerce una influencia espiritual y no carece de atracción ni de espiritualidad.
Los aportes del Islam son un luminoso capítulo en la historia de la humanidad, no solo por la grandeza de los musulmanes al crear una cultura universal, sino por lograr un grupo de victorias que les ayudó en su momento a constituir un nuevo mundo más allá del Oriente y del Occidente; el gran territorio del Islam.
Cuando se habla de la importancia de los avances de los musulmanes en las diversas ramas de las ciencias, por supuesto no deben olvidarse disciplinas islámicas como el kalam y la filosofía,  aunque debe considerarse igualmente la desconfianza demostrada por muchos musulmanes—especialmente los ascetas y jurisprudentes— en relación con la filosofía e incluso la teología —kalam—. Existe un falso concepto con relación a la filosofía islámica que no es más que la transmisión de la filosofía griega al árabe. En verdad el hecho de que se le denomine “filosofía islámica”, no es solo por haber tomado elementos del saber griego, sino por poseer aspectos esenciales y la contribución de sus propios aportes. Desde el aspecto de sus objetivos y resultados, cuenta con un nivel esencial en el sendero de las investigaciones filosóficas, y nunca se detiene en una esfera del saber, y hoy en día avanza tal como lo hizo en el pasado.
La importancia que tuvo la religión entre los musulmanes, hizo que los otros asuntos fueran cuestiones de segundo orden, por lo cual los investigadores pusieron especial interés en las creencias y las escuelas religiosas de las diversas naciones y tribus. Este punto, junto con el contacto y comunicación permanente de ellos con los seguidores de las religiones y leyes existentes o introducidas al territorio del Islam, generó la creación de la ciencia llamada Milal wa Nihal —Sectas y credos —, así como la ciencia del Kalam —teología islámica—. En realidad, aunque en algunas compilaciones de los musulmanes se ven inconsistencias y quizá prejuicios, como Bagdadi, Esfarayeni, Ibn Hazm e incluso Shahrestani, estas obras acerca de las “sectas y credos” muestran a lo máximo el éxito posible de estos estudios en los siglos de intolerancia de la Edad Media. Los antiguos griegos también mostraron interés por estos estudios. Herodoto y Estrabón durante sus viajes acumularon información desclasificada e investigaciones sobre Egipto y Babilonia las cuales se consideraban valiosas —antes de los descubrimientos de las escrituras y documentos antiguos—.
La compilación de los libros de historia general más antigua es el Tarij Iaqubi de Ibn Wadhih —un historiador shia— sin lugar a duda es una obra maestra de los musulmanes en la historiografía. El gran libro de Tabari —Tarij Tabari, la Historia de Tabari—, el cual tiene un estilo propio de historia narrativa de los sucesos, es una enciclopedia histórica llena de informaciones útiles y variadas. El libro Muruj Adh-Dhahab de Al-Mas’udi y también otro libro de él, At-Tanbih val-Ishraf son obras de la historia general, las cuales posteriormente fueron comentadas y perfeccionados por eruditos como Miskawayh, Ibn Azir, Ibn Al-Yuzi, Abul-Fida, Ibn Jaldún, Dhahabi y Ibn Tagri Bardi y así llegaron a ser la mayor referencia en historia de las naciones y tribus islámicas. También los libros de Tabaqat, Wafaiat y Tarayim fueron de importancia para las obras de eruditos como Sam’ani, Ibn Jalcan, Kutubi, Safdi, Ibn Abi Asibea entre otros, convirtiéndose en referencias y fuentes valiosas para la investigación de la historia y la civilización del Islam.