La verdad sobre el Islam

Los profetas en el Corán - III

Por Abdun-Nabi Chaaban

12. ELÍAS (ILIÁS) (AS), ELISEO (AL YASÁ´A) (AS) Y DHUL KIFL (AS)

Estos tres profetas: Elías (AS), Eliseo (Al Yasá´a) (AS) y Dhul Kifl (AS), son nombrados en el Corán, en diferentes versículos, pero sin acompañar la mención por narración alguna. Por ello, se hará referencia a los versículos del Corán, donde se mencionan, sin narrar más allá de lo que el mismo Corán ha expuesto.

  • Y recuerda a Ismael, Eliseo (Al-Yasah) y a Dhul Kifl, todos predilectos” (38:48).
  • E Ismael, Idrís (Enoch) y Dhul Kifl, todos (eran) de los pacientes * Los pusimos bajo Nuestra misericordia; es cierto que eran de los justos” (21:85-86).
  • Y Elías, que fue uno de los enviados * Cuando dijo a su gente: ¿Es que no tenéis temor? * ¿Invocáis a Baal (una estatua) abandonando al mejor de los creadores? * Dios es vuestro Señor y el Señor de vuestros primeros padres. * Lo tacharon de mentiroso y se les hará comparecer” (37:123-127).

13. SAMUEL (AS) Y DAVID (AS)

Cerca de 500 años después que los hijos de Israel (de Jacobo (AS)) entrasen a Palestina, conducidos por el profeta Josué (AS), ellos estaban siendo atacados por Goliat (Jalút), un guerrero gigante, y su ejército. En ese momento, había entre ellos un profeta, Samuel (AS), a quien le pidieron que designase para ellos un rey, con el fin de que éste les liderase para luchar en contra de Goliat y su ejército. El profeta Samuel (AS) –conociéndolos- les indicó que a la hora de la verdad, ellos se retractarían y no pelearían, tal como lo habían hecho en anteriores oportunidades, en la época del profeta Moisés (AS): “¿No has visto a aquellos nobles entre los hijos de Israel, después de Moisés, cuando dijeron a un profeta que tenían?: Nombra un rey entre nosotros para que luchemos en el camino de Dios; (El profeta Samuel) Dijo: Pudiera ser que si se os manda ir a luchar no lo hagáis; contestaron: ¿Cómo podríamos dejar de combatir en el camino de Dios cuando nos han expulsado de nuestros hogares y separado de nuestros hijos? Sin embargo, cuando se les ordenó combatir, todos, excepto unos pocos, se rehusaron; Dios conoce a los injustos” (2:246).

A pesar de ello, Samuel (AS) designó, como rey de los hijos de Israel, a Saúl (Talút), quien es descendiente de Benjamín, hijo de Jacobo (AS) y hermano de José (AS). Saúl era fuerte y valiente, pero era una persona pobre. Al resto de los hijos de Israel no les complació esta designación y la protestaron, por el simple hecho de que Saúl era una persona pobre. Samuel (AS) hizo caso omiso de la protesta y les indicó que esta designación ha sido la voluntad de Dios: “Su profeta (Samuel) les dijo: Dios os ha designado como rey a Talút (Saúl); Dijeron: ¿Cómo puede corresponderle a él reinar sobre nosotros, si tenemos más derecho que él y ni siquiera le ha sido dada una gran riqueza? (Su profeta) dijo: La verdad es que Dios lo ha elegido a él entre vosotros y le ha dado gran conocimiento y corpulencia; Dios concede Su soberanía a quien quiera; Dios es Espléndido y Conocedor” (2:247).

El profeta Samuel (AS) les indicó a los hijos de Israel que el signo que demostraría que el reinado de Talút (Saúl) es mandato divino, consiste en que reaparecería o sería devuelta una urna que los profetas Moisés (AS) y Aarón (AS) habían dejado con algunas pertenencias y la cual se había desaparecido o los enemigos de Israel la habían capturado. Se narra que esta urna es la misma que la madre de Moisés (AS) usó para ponerlo en las aguas del río Nilo cuando éste nació, para evitar que fuese sacrificado por el faraón. De hecho, después de esta profecía de Samuel (AS), la urna apareció, por lo que los hijos de Israel no tuvieron más remedio que aceptar el reinado de Saúl (o Talút): “Su profeta les dijo: La señal de su soberanía, será que os traerá la urna, en la que hay sosiego procedente de vuestro Señor y también una reliquia de la familia de Moisés y Aarón; realmente, ahí tenéis un signo si sois creyentes” (2:248).

Al ser designado rey de los hijos de Israel, Saúl (Talút) fue ordenado por el profeta Samuel (AS) a conducirlos para la lucha en contra de Goliat (Jalút). En la vía hacia el destino del encuentro, tenían que atravesar un río (Río Jordán). Al llegar al mismo, Dios quiso poner a prueba, otra vez más, a los hijos de Israel, ordenándoles que bebiesen de ese río, de una manera muy específica. Aquellos que siguieron el mandamiento de Dios, fueron muy pocos y fueron los únicos que lograron atravesar el río para emprender la lucha en contra de Goliat. Los demás, por su incredulidad y consecuente desobediencia, no lo lograron: “Y habiendo salido Talút (Saúl) de expedición con el ejército, dijo: Dios va a poneros a prueba con un río: el que beba de su agua no será de los míos excepto aquel que no la pruebe o tome sólo un poco con la mano; todos, a excepción de unos pocos, se saciaron; y cuando él y los que con él creían, lo hubieron atravesado (al río), (los remisos) dijeron: Hoy no podemos hacer nada ante Goliat (Jalút) y sus ejércitos; y dijeron los que tenían certeza del encuentro con Dios: ¡Cuántos grupos pequeños en número vencieron a ejércitos numerosos con la voluntad de Dios! Dios está con los pacientes” (2:249). Finalmente, sólo un grupo muy reducido se mantuvo -hasta el final- firme como para enfrentar a Goliat (Jalút). Entre ese grupo reducido de hombres, estaba David (AS), siendo todavía un joven de muy temprana edad. Al encontrarse ese grupo con el ejército de Goliat, la lucha debió comenzar con un llamado a duelo, como era la costumbre de la época. David (AS) -aún siendo muy joven- reta a Goliat a un duelo, ante lo cual el gigante Goliat no tuvo más remedio que aceptar, después de ponerse muy furioso ante el reto de ese pequeño joven. Aunque no presenta detalles en cuanto a cómo sucedió todo, el Corán expresa que David (AS) venció a Goliat, cuyo ejército se rindió ante el reducido ejército del rey Saúl: “Cuando aparecieron en el campo de batalla ante Jalút (Goliat) y su ejército, (los Creyentes de los hijos de Israel) dijeron: ¡Señor nuestro! Danos paciencia, afirma nuestros pasos y concédenos la victoria sobre los incrédulos * Y los derrotaron con la voluntad de Dios; David mató a Jalút (Goliat) y Dios le concedió el poder y la sabiduría, y le enseñó lo que quiso; si no fuera porque Dios hace que unos hombres impidan (la ocurrencia de) el mal a otros, la tierra se corrompería, pero Dios es Graciable con la humanidad” (2:250-251).

Saúl (Talút) había prometido que a aquella persona que venciese a Goliat la dejaría compartir su reinado con ella, y le ofrecería su hija en matrimonio. Así, David (AS) llegó a ser el yerno de Saúl (Talút) y copartícipe de su reinado. Al morirse Saúl, David (AS) se transformó en el rey único de los hijos de Israel.

El Corán nos narra como Dios favoreció a David (AS) con diversos beneficios:

  • La profecía, unida al reinado: “¡David! Te hemos hecho representante Nuestro en la Tierra; juzga pues entre los hombres con la verdad y no sigas los deseos, ya que te extraviarían del camino de Dios; cierto que aquéllos que se extravían del camino de Dios tendrán un severo castigo por haberse olvidado del Día del Juicio” (38:26). David (AS) fue el primero que Dios le favoreció en hacerlo conjuntamente profeta y rey.
  • La revelación de los Salmos, los cuales conforman conjuntos de: glorificaciones a Dios, súplicas a Dios, consejos, prédicas y sermones:
    • “….Y a David, al que le dimos los Salmos” (4:163)
    • Tu Señor es Quien mejor conoce a cuantos están en los cielos y en la Tierra; Hemos dado preferencia a unos profetas sobre otros, y a David le dimos los Salmos” (17:55)
  • Le hizo subordinar las montañas, las aves y el hierro “Y así fue como dimos a David una gracia procedente de Nos: ¡Montañas, acompañad su glorificación, y las aves también! E hicimos blando el hierro para él” (34:10). David (AS) moldeaba el hierro, como si el mismo estuviera a altísimas temperaturas, para hacer escudos con él. Las montañas y los pájaros estaban a la orden de David (AS), para complacerle en lo que quisiese.
  • En otros versículos, se refuerza lo anterior, y se incluye la sabiduría, la elocuencia y el juicio correcto: “Ten paciencia con lo que dicen; y recuerda a Nuestro siervo David, el que había sido dotado de fortaleza; es cierto que él se volvía mucho a su Señor * Le subordinamos las montañas que con él glorificaban al anochecer y al amanecer * Y las aves reunidas, todas obedientes a él. * Fortalecimos su reino y le dimos sabiduría y un juicio certero” (38:17-20).

Como parte de ser profeta y mensajero, Dios le indicó a David (AS) que él es su delegado en la Tierra, para juzgar entre las personas, con justicia. Un elemento importante en la acción de juzgar consiste en escuchar a ambas partes querellantes, antes de emitir un juicio. Para enseñarle esta sabiduría a David (AS), Dios le hizo enfrentar una prueba, con dos personas querellantes (en algunas referencias, se dice que estas dos personas eran dos ángeles enviados por Dios con este propósito): “¿Te ha llegado el caso de los litigantes, cuando escalaron hasta lo más alto del templo? * Y se presentaron ante David, que sintió miedo de ellos; entonces dijeron: No temas, somos dos litigantes; uno de nosotros ha abusado del otro, así que juzga entre nosotros con la verdad, sin inclinarte por ninguno, y guíanos al camino medio. * Este es mi hermano, él tiene noventa y nueve ovejas y yo sólo tengo una; él me dijo: Déjala a mi cuidado y luego ha podido más que yo con sus argumentos. * (Moisés) Dijo: Él ha sido injusto contigo al pedirte tu oveja para juntarla a las suyas; realmente muchos de los que se asocian con otros cometen abusos, pero no así los que creen y practican las obras de bien; sin embargo éstos son pocos; entonces David se dio cuenta de que lo habíamos puesto a prueba y pidió perdón a su Señor, cayó postrado y se arrepintió. * Le perdonamos aquello y es cierto que goza de proximidad ante Nos y de un hermoso lugar de destino. * ¡David! Te hemos hecho representante Nuestro en la tierra, juzga pues entre los hombres con la verdad y no sigas los deseos, ya que te extraviarían del camino de Dios; cierto que aquéllos que se extravían del camino de Dios tendrán un violento castigo por haberse olvidado del Día del Juicio.” (38:21-26).

Según el profeta Muhammad (SAAWAWS), David (AS) se caracterizaba por una devoción sumamente sublime; él pasó su vida ayunando un día sí y otro no; igualmente, pasaba una buena parte de la noche realizando rezos.

14. SALOMÓN (SULEIMÁN) (AS)

Salomón (AS) es hijo del profeta David (AS) y heredó de su padre la profecía (el ser profeta) y la sabiduría, con la voluntad de Dios: “Es cierto que a David y a Salomón les dimos conocimiento y dijeron: Gracias a Dios, quien nos ha preferido sobre muchos de Sus siervos creyentes * Y Salomón fue el heredero de David….” (27:15-16).

Salomón (AS) le hizo una súplica muy particular a Dios: “Dijo: Señor mío, perdóname y concédeme un reino que nadie más después de mí pueda tener; realmente Tú eres el Otorgante” (38:35). Por ello, adicionalmente a la profecía y a la sabiduría, Salomón (AS) fue favorecido con varios dones especiales, los cuales constituyen signos de Dios:

  • Entender el lenguaje de los pájaros: “Y Salomón fue el heredero de David; dijo: ¡Oh gente! Se nos ha enseñado el lenguaje de las aves y se nos ha dado de todo, realmente esto es una merced evidente” (27:16).
  • Se le fue subordinado el viento:
    • Y le subordinamos el viento que corría, bajo su mandato, dócilmente y a donde él quería” (38:36)
    • Y a Salomón (le subordinamos) el viento, que en una mañana hacía el recorrido de un mes y en una tarde el de otro….” (34:12)
  • Se le fue subordinado un grupo de demonios: “Y (le subordinamos entre) los demonios, todos aquellos albañiles y buzos” (38:37).
  • Se le fue subordinado un grupo de los Genios: “…..Y había genios que trabajaban para él con permiso de su Señor….” (34:12).
  • Se le fue subordinado el cobre fundido: “…. E hicimos que manara para él un manantial de cobre fundido….” (34:12).

El ejército de Salomón (AS), que él conducía para luchar por predicar los mensajes y mandatos de Dios, estaba conformado por: hombres, Genios y pájaros: “Y se reunieron para Salomón sus ejércitos de genios, hombres y pájaros….” (27:17). En relación a este ejército y al entendimiento del lenguaje de los animales, incluyendo pájaros e insectos, por parte del profeta Salomón (AS), el Corán nos narra una anécdota ilustrativa: “Así cuando llegaron al valle de las hormigas, entonces dijo una de ellas: ¡Hormigas! Entrad en vuestras viviendas; no vaya a ser que Salomón y sus ejércitos os aplasten sin darse cuenta * Entonces sonrió risueño por sus palabras y dijo: ¡Señor! Muéveme a agradecerte la merced con la que me has favorecido a mí al igual que a mis padres, y a que actúe con una rectitud que sea de Tu beneplácito, e inclúyeme, mediante Tu misericordia, entre Tus siervos justos” (27:18-19).

En unos versículos del Corán, se narra, igualmente la historia de Belkis, reina de Sabá´a, en Yemen (aunque su nombre no está explícitamente especificado), y como la misma aceptó someterse a los mandatos de Dios, a raíz de una concatenación de hechos donde participaron aparte del profeta Salomón (AS), un pájaro y una persona cuyo nombre no se menciona. Los versículos presentan los detalles con suficiente elocuencia, por lo que se referirá a los mismos para transmitir la narración: “Y (Salomón) pasó revista a las aves, entonces dijo: ¿Qué ocurre que no veo a la abubilla?, ¿Acaso es una de los que están ausentes? * La castigaré duramente o la degollaré a menos que venga con una prueba evidente. * (Cuando llegó la abubilla) Permaneció no muy lejos y entonces dijo: Me he enterado de algo que tú no alcanzas a saber y he venido hasta ti desde Sabá´a con una noticia cierta. * He hallado a una mujer que reina sobre ellos y a la que se le ha dado de todo; posee un magnífico trono; * la encontré a ella y a su pueblo postrándose ante el sol en lugar de (postrarse) ante Dios; Satanás les ha embellecido sus acciones y les ha desviado del camino, y no tienen guía * ¿Por qué no se postran ante Dios, que es Quien hace salir lo que está escondido en los cielos y en la tierra y sabe lo que ocultan y lo que muestran? * Dios, no hay dios excepto Él, el Señor del Trono inmenso. * (Salomón) Dijo: Veremos si es verdad lo que dices o si eres de los que mienten. * Ve con este escrito mío y déjalo caer sobre ellos, luego retírate y espera su reacción * (Ella) Dijo: ¡Consejo de nobles! Me han arrojado un escrito noble * Es de Salomón y es en el nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo: * No os levantéis contra mí, venid a mí sometidos (a Dios) * (Ella) Dijo: ¡Consejo de nobles! Dadme un dictamen sobre mi caso; no tomaré ninguna decisión hasta que no os pronunciéis. * Dijeron: Nosotros tenemos fuerza y una poderosa ofensiva, pero tuya es la decisión; mira pues lo que vas a ordenar * (Ella) Dijo: Cuando los reyes entran en una ciudad la trastornan por completo humillando a sus habitantes poderosos; así es como actúan. * Voy a enviarles un regalo y esperaré lo que traigan de vuelta los mensajeros. * Y cuando llegó (el regalo) a Salomón, dijo: ¿Me tentáis con riquezas cuando lo que Dios me ha dado es mejor de lo que os ha dado a vosotros y no obstante os contentáis con vuestros regalos? * Vuelve a ellos, que vamos a ir con ejércitos a los que no podrán enfrentarse, los expulsaremos de ella humillados y quedarán empequeñecidos * (Salomón) Dijo: ¡Mis nobles! ¿Cuál de vosotros me traerá su trono antes de que vengan a mí, sometidos (a Dios)? * Dijo uno de los Genios: Yo te lo traeré antes de que te levantes de tu asiento; yo tengo fuerza para ello y soy digno de confianza * Y dijo el que tenía conocimiento del Libro: Yo te lo traeré antes de que vuelva a ti tu mirada; y cuando lo vio instalado ante él, dijo: Esto es parte de la merced de mi Señor para probarme si soy agradecido o ingrato, y quien es agradecido sólo lo es para sí mismo, pero quien es ingrato, realmente mi Señor es Rico, Generoso (con él). * Dijo: Hacedle (a la reina, Belkis) irreconocible el trono para que comprobemos si tiene guía o si es de los que no tienen guía * Y cuando ella vino, le preguntaron: ¿Es así tu trono? Respondió: Pareciera él; pero nosotros habíamos recibido el conocimiento antes que ella y éramos sometidos (a Dios) * Mientras que a ella la había desviado lo que adoraba fuera de Dios, realmente pertenecía a un pueblo de incrédulos * Se le dijo: Entra en el palacio; y cuando lo vio creyó que era una superficie de agua y se descubrió las piernas; (Salomón le) dijo: Es un palacio de cristal pulido; (Ella) dijo: ¡Señor mío! He sido injusta conmigo misma pero me someto, junto con Salomón, a Dios, el Señor de todos los mundos” (27:20-44).

Como ya se mencionó, un grupo de los Genios o “Jinn” estaba subordinado a las órdenes de Salomón (AS) y trabajaba para él. Éstos Jinn presumían saber lo oculto y enterarse de los eventos antes de su ocurrencia. En el último año antes de su muerte, Salomón (AS) les ordenó la construcción de un templo, y ellos procedieron a realizar esta tarea. Un día, Salomón (AS) subió a lo alto de su palacio, para reflexionar y para contemplar la construcción del templo, y dio instrucciones de que nadie le molestara hasta que él bajara de aquel lugar. En ese momento, él tenía cerca de 53 años de edad, y usaba un bastón para apoyarse. Mientras estaba parado, apoyado en su bastón, apareció un individuo junto a él, a quien Salomón (AS) quiso amonestar por haber desobedecido su instrucción. Al preguntarle sobre quién era y quién le había dado permiso para entrar al lugar donde se encontraba, ese individuo le dijo: “yo no le temo a nadie, ni a los reyes, y el que me autorizó entrar hasta aquí es el verdadero dueño del palacio; yo soy el ángel de la muerte”. Salomón (AS) se percató que había llegado el momento de encontrarse con Dios, y le pidió al ángel que nadie se enterase de su muerte hasta que se completase la construcción del templo. Así, a pesar de que Salomón (AS) murió, se quedó en la posición en que se encontraba: parado, apoyado sobre su bastón, durante meses. Nadie podía molestarle, con base en sus propias instrucciones, siendo él el rey. La gente del palacio quedó asombrada en cuanto a cómo Salomón (AS) estaría allí tanto tiempo, sin recibir comida y sin hablar con nadie. Una vez que terminó la construcción del templo, Dios envió un comején para roer el bastón o el cetro de madera de Salomón (AS), a raíz de lo cual su cadáver se cayó al piso. En ese momento, se enteró la gente, así como los “Genios”, de su muerte. Este suceso fue importante para que todos se percataran que los “Genios” no tienen conocimiento de lo oculto ni de los sucesos futuros, tal como ellos mismos presumían: “Y cuando decretamos que muriera, lo único que les hizo darse cuenta de su muerte fue el comején que carcomió su cetro; así, cuando (su cadáver) cayó, se les hizo claro a los genios, que si hubieran conocido el más allá no habrían permanecido en el denigrante castigo” (34:14).

Aunque no está especificado en el Corán, se narra que el profeta Salomón (AS) completó la construcción de lo que se conoce hoy como la Mezquita Al Aqsa, la cual había comenzado su padre, el profeta David (AS), y construyó –igualmente- lo que se conoce hoy como la Iglesia de la Resurrección, o la Iglesia del Santo Sepulcro.

15. JONÁS (YÚNUS) (AS)

La profecía de Jonás (Yúnus) (AS) está confirmada en el siguiente versículo del Corán: “Y Jonás (Yúnus), ciertamente fue uno de los enviados” (37:139). Narraciones basadas en dichos del profeta Muhammad (SAAWAWS) nos transmiten que Jonás (AS) fue enviado, para predicar el mensaje y los mandatos de Dios a su gente, que habitaban en la localidad llamada antiguamente Ninawah y conocida actualmente como Mosul (en Irak), y que le rendían culto a los ídolos, en vez de adorar a Dios. Jonás (AS) se quedó más de 30 años predicando, sin obtener un resultado positivo o aceptación por parte de su gente de los mensajes de Dios, o –al menos- lograr que dejasen de adorar a los ídolos.

Después de décadas de predicación, Dios le hizo saber a Jonás (AS) que, en tres días, su pueblo iría a ser objeto de un fuerte castigo divino, si no rectifican su actitud idólatra. Jonás (AS) le advirtió a su gente lo que les iría a suceder, pero –aún así- tampoco le hicieron caso. Cuando se cumplió el tiempo anunciado para hacer caer el castigo, la gente avistó una gran nube negra y extraña acercándose hacia ellos. En ese momento, se dieron cuenta que el castigo ya venía, de una manera irremediable y comenzaron todos, sin excepción (se cuenta que pasaban las 100 mil personas), a pedirle perdón a Dios, mostrando un auténtico arrepentimiento. A raíz de sus súplicas, sabiendo Dios -por supuesto- su autenticidad, los salvó del castigo que les tenía advertido.

Mientras tanto, Jonás (AS) se alejaba de la localidad, muy molesto porque su gente –hasta unos momentos antes del anunciado castigo- no había creído en él. Luego, él llegó a una playa, donde abordó una embarcación que pasaba por el sitio: “Cuando escapó en la embarcación completamente cargada” (37:140). Después que la misma zarpó otra vez, llegó un momento en que hubo fuertes oleadas, representando peligro para la embarcación. A raíz de esto, se decidió que alguien tenía que abandonarla. Para ello, se echó a la suerte quien iba a ser la persona que tenía que ser lanzada al agua, para que los demás se salvaran. La primera vez, fue seleccionado –al azar- el nombre de Jonás (AS). Al momento de querer lanzarse al agua, apareció un tiburón gigante, por lo que Jonás (AS) tuvo miedo y se abstuvo de lanzarse. Sin embargo, la situación seguía siendo de peligro por las oleadas, y se echó a suerte por tres veces consecutivas, resultando siempre Jonás (AS) la persona seleccionada. A la tercera vez, Jonás (AS) fue lanzado al agua, donde –al rato- lo tragó el tiburón: “Y echaron a suerte y (Jonás) fue de los perdedores * (Después de lanzarlo en el agua) El tiburón se lo tragó y así fue reprendido” (37:141-142).

Jonás (AS) permaneció horas dentro del cuerpo del tiburón, sin que éste le haya hecho daño alguno. Estando en esta situación, Jonás (AS) no se olvidó de Dios, y comenzó a glorificarlo y alabarlo, mostrando arrepentimiento por haber dejado a su gente, por frustración, y no haber seguido tratando de guiarlos, hasta el último momento: “Y Dhun´Nun (apodo de Jonás, citado así en el Corán) cuando se marchó enfadado (por la negativa de su gente de creer en sus mensajes y en su predicación) sin pensar que lo íbamos a poner en aprietos; así clamó en las tinieblas: No hay dios sino Tú, Gloria a Ti; verdaderamente he sido de los injustos” (21:87). Las tinieblas a las que se refiere el versículo, en plural, representan las tres tinieblas o sitios oscuros: La oscuridad de la noche, la oscuridad del mar y la oscuridad del abdomen del tiburón. Jonás (AS) repitió esta glorificación y alabanza a Dios centenares de veces; finalmente, Dios lo salvó e hizo que el tiburón lo expulsara fuera de sí, en tierra firme: “Y le respondimos y lo libramos de la angustia; y así es como salvamos a los creyentes” (21:88). El sitio donde fue expulsado Jonás (AS), era desierto, sin vegetación, ni sombra ni frutales. Sin embargo, Dios hizo crecer, de inmediato una planta de calabaza, la cual fue usada como sombra y su fruto como alimento: “De no haber sido porque era de los que glorificaban, * habría permanecido en su estómago hasta el día en el que todos serán resucitados * Así lo arrojamos a una playa desierta, maltrecho * e hicimos que creciera sobre ella una planta de calabaza” (37:143-146).

Se narra que, después de esto, Jonás (AS) regresó a su ciudad y pasó el resto de su vida como el guía de su gente.

16. ZACARÍAS (AS), JUAN (AS) Y LA VIRGEN MARÍA (AS)

La historia de Jesucristo (AS) comienza, en el Corán, con un relato de la historia de la Familia de Imrán, los padres de la Virgen María (AS). Imrán es descendiente del profeta Salomón (AS) y, por ende, del profeta David (AS). Dios ha escogido la Familia de Imrán y la ha favorecido con la profecía, igual como lo había hecho antes con la Familia de Abraham (AS). De hecho, Imrán viene siendo descendiente de Abraham (AS): “Ciertamente Dios eligió a Adán, a Noé, a la familia de Abraham y a la familia de Imrán entre la gente * una generación descendiente de otra; Dios es Omnioyente y Sapientísimo” (3:33-34).

La Familia de Imrán vivía en Palestina, en la época inmediatamente previa al cristianismo, estando Palestina bajo el gobierno romano.

Imrán tuvo primero una hija, la cual se casó con el profeta Zacarías (AS). Sin embargo, él (Imrán) no había tenido hijos varones. Tanto él como su esposa querían tener un hijo varón, para dedicarlo al servicio de Dios, en el templo (se dice que se trata de la Mezquita Al Aqsa). Ambos ya tenían una edad avanzada y todavía no habían tenido el deseado varón. Un día, la esposa de Imrán queda embarazada y, para que se cumpliera su sueño, le hace una súplica a Dios, acompañada de una promesa: “Cuando dijo la mujer de Imrán: ¡Señor mío! Hago la promesa de consagrarte (para que se dedique exclusivamente a tu servicio) lo que hay en mi vientre, libre (de las obligaciones del mundo); acéptalo de mi; verdaderamente Tú eres Omnioyente y Sapientísimo” (3:35). Cuando la esposa de Imrán da a luz, se percata que, otra vez, la criatura es una hembra. Aún así, ella tenía que cumplir su promesa y dedicar a su nueva hija al servicio de Dios, en el templo: “Y cuando lo concibió, dijo: ¡Señor mío! He dado a luz una hembra y bien sabía Dios lo que había concebido; y el varón no es lo mismo que la hembra; la he llamado María (Maryam): La amparo a ella y a su descendencia en Ti del maldito Satanás” (3:36). Según una narración transmitida vía un dicho del profeta Muhammad (SAAWAWS), toda persona, al nacer, es tocada por Satanás, excepto María (AS) y –luego- su hijo Jesús (AS).

Como el profeta Zacarías (AS) era el que se encargaba de cuidar el templo, y –al mismo tiempo- era el yerno de la esposa de Imrán, ésta le entregó a María (AS), desde muy pequeña, para que se criase en el templo y comenzase a aprender a servir en el mismo y a pasar su tiempo en actos de adoración a Dios. Así, María (AS) inició a vivir en ese templo, casi encerrada, dedicada de una manera exclusiva a servir en el mismo y a realizar oraciones y súplicas. Zacarías (AS), siendo su tutor y protector, tenía que encargarse de su manutención, llevándole su alimento. Pero ¡Cuál sorpresa! Cada vez que él entraba al templo y se dirigía al cuarto donde María (AS) permanecía, encontraba que ella disponía de comida; lo extraño y milagroso del caso, es que –muchas veces- se trataba de comida que no era de la época o de la estación. Zacarías (AS) le preguntaba a María (AS) sobre como disponía de ese alimento y de donde el mismo provenía, a lo que María (AS) le respondía que el mismo es proveído por Dios: “Su Señor la aceptó con buena acogida, hizo que se criara bien y la confió a Zacarías; cada vez que Zacarías la visitaba en su lugar de oración, la encontraba provista de alimento; (Zacarías) decía: ¡María! ¿Cómo es que tienes esto? (María) decía: esto procede de Dios; es cierto que Dios provee a quien quiere, sin condiciones” (3:37). Esto demuestra: (a) la devoción de María (AS) y (b) la consecuente gracia de Dios para con ella. Debido a la gran devoción de María (AS), Dios la favoreció con su gracia.

Al ver esa correspondencia de actos, Zacarías (AS), quien era ya un anciano -igual que su esposa, la hermana de María(AS) - y todavía no había tenido hijos, le suplicó a Dios para que le favoreciese con un hijo para dedicarlo –igualmente- al servicio de Dios. La súplica de Zacarías (AS) fue escuchada: “Entonces Zacarías suplicó a su Señor diciendo: ¡Señor mío! Concédeme una buena descendencia procedente de Ti; realmente Tú eres el que atiende las súplicas * Y los ángeles lo llamaron mientras permanecía rezando en el lugar de oración: Dios te anuncia la buena noticia (del nacimiento) de Juan (Yahya), que será confirmador de una palabra de Dios, señor noble, casto, y uno de los virtuosos profetas * (Zacarías) dijo: ¡Señor mío! ¿Cómo voy a tener un hijo si he alcanzado ya la vejez y mi mujer es estéril? (Dios) dijo: Así será; Dios hace lo que quiere” (3:38-40). La pregunta de Zacarías (AS) hacia Dios no fue en tono de incredulidad, sino en términos de mostrar su sorpresa. En otro capítulo del Corán, se hace igual referencia a la súplica de Zacarías: “Este es el relato de la misericordia de tu Señor con Su siervo Zacarías * Cuando invocó íntimamente a su Señor * Dijo: ¡Señor mío! Mis huesos se han debilitado y mi cabello ha encanecido y nunca, mi Señor, he sido decepcionado en mis súplicas a Ti * Temo por mis sucesores después que yo no esté, más siendo mi esposa estéril; agráciame de Tu parte con un sucesor * que me herede y herede a la familia de Jacobo y hazlo, Señor, que te sea complaciente” (19:2-6). En ambas referencias, se observa que Zacarías (AS) le suplica a Dios para que lo agracie con un hijo, aún siendo ya en la vejez, no para que su hijo cuide de él, ni para que le deje una importante herencia material; la súplica del profeta Zacarías (AS) emana del deseo de dejar un sucesor a quien le pueda transferir su profecía (que sea profeta), y que pueda seguir conduciendo a su pueblo después de su muerte (la de Zacarías (AS)).

Otros versículos narran también lo relacionado a esta súplica de Zacarías y a su asombro cuando Dios le anuncia la buena nueva: “¡Zacarías! Por cierto que te damos la buena noticia de (el nacimiento de) un hijo, cuyo nombre será Juan (Yahya); nadie antes de él ha tenido ese nombre” (19:7). Dios es El que le ha dado el nombre de Juan (Yahya) al hijo de Zacarías (AS). Éste responde, asombrado: “Dijo: ¡Señor! ¿Y cómo tendré un hijo siendo mi mujer estéril y habiendo llegado yo a la decrepitud?” (19:8). Obsérvese cómo Zacarías (AS) es respetuoso y considerado para con su mujer; el hecho de que ella era estéril, no fue razón para que él no compartiese con ella la causalidad del porqué no habían tenido hijos. Dios le respondió, mediante su Ángel: “Dijo: Así lo ha dicho tu Señor, eso es simple para Mi; igual que una vez te creé cuando no eras nada” (19:9). El asombro de Zacarías (AS) fue inmenso, que le pidió a Dios que le mostrase un signo o que le adelantara algún indicio: “Dijo: ¡Señor mío! Dame un signo; (Dios) dijo: Tu signo será que durante tres noches y sin que tengas ningún impedimento para ello, no podrás hablarle a la gente” (19:10). Así fue: Zacarías (AS) salió del templo y pasó tres días consecutivos comunicándose con su gente sólo con señas, ya que se vio imposibilitado de hablar. Todas sus comunicaciones consistían en pedirle a la gente que glorificasen a Dios, mañana y tarde.

Así, nació Juan (Yahya) (AS) y el mismo fue agraciado por Dios, igual que su padre, con la profecía. Dios describe muy breve y elocuentemente a Juan (Yahya) (AS): “¡Juan! ¡Observa fervorosamente el Libro! Y le agraciamos desde la infancia con la sabiduría * así como con ternura procedente de Nosotros y pureza, y era temeroso (de su Señor) * y piadoso con sus padres, y jamás fue arrogante ni rebelde. * Paz sea sobre él el día en que nació, el día en que muera y el día en que sea resucitado” (19:12-15). Es importante resaltar que Juan (Yahya) (AS) viene siendo el primo de Jesús (AS), hijo de María (AS). Las madres de ambos son hermanas, siendo hijas de Imrán.

El Corán no menciona relato alguno acerca de la muerte de los profetas Zacarías (AS) y su hijo Juan (Yahya) (AS). Algunas narraciones transmitidas en libros sobre las biografías de los profetas informan que ambos, Zacarías (AS) y Juan (Yahya) (AS), fueron asesinados: Zacarías (AS) fue cortado en dos mitades por una sierra, y Juan (AS) fue decapitado por la espada. Aquí nos conformaremos con este comentario, ya que la idea es presentar la visión del Corán sobre los profetas, y no detalles e historias no mencionadas en el mismo.

17. JESUCRISTO (AS)

En cuanto a María (AS), ella no era profeta; sin embargo, Dios la favoreció con una posición excepcionalmente privilegiada: “Y cuando los ángeles dijeron: ¡María! Ciertamente Dios te ha elegido, te ha purificado y te ha escogido entre todas las mujeres del mundo * ¡María! Conságrate a tu Señor y póstrate e inclínate con los que se inclinan” (3:42-43).

Sin embargo, la mayor gracia con que Dios favoreció a María (AS) ha sido el milagro de la concepción de Jesús (AS), dentro de su vientre, creado por la palabra de Dios: “Cuando los ángeles dijeron: ¡María! Dios te anuncia una palabra procedente de Él cuyo nombre será el Mesías, Jesús Hijo de María; noble en esta vida y en la Última; y será de los bienaventurados * y hablará a la gente (estando todavía) en la cuna y (también) siendo maduro, y será de los virtuosos” (3:45-46). Los ángeles hablan con María (AS), siendo, junto a Sara la esposa de Abraham (AS), las únicas mujeres a lo largo de la historia de la humanidad con que los ángeles han tenido una conversación; únicamente los mensajeros han sido favorecidos con esta gracia de Dios. Los ángeles le hacen a María (AS), en este pequeño versículo, seis anuncios importantes: (1) Que tendrá un hijo, (2) que este hijo será creado por la palabra de Dios, sin tener la acción previa de un padre, (3) que su nombre será “Jesús Hijo de María” (AS), (4) que será apoyado con un –primer- signo de Dios, consistente en que hablará con la gente estando todavía un niño de cuna y (5) que será un profeta y (6) que –específicamente- se trata del Mesías. María (AS) pregunta, extrañada: “Dijo: ¿Cómo habría de tener un niño si ningún humano me ha tocado y jamás fui adúltera? * (El ángel) Dijo: Así lo ha dicho tu Señor: Eso es simple para Mí, para hacerlo un signo para los humanos y una misericordia de Nuestra parte; es un asunto decretado” (19:20-21).

De esta manera, María (AS) quedó embarazada, por la palabra de Dios, y tuvo que mantenerse durante su embarazo oculta en un lugar apartado, ya que no hallaba como explicarle de una manera razonable a la gente lo que le sucedió. Además, ella estaba segura que la gente no le iba a creer su explicación. Finalmente, llegó el momento del parto; María (AS) se sentó debajo de una palmera seca: “Así pues lo concibió y se retiró a un lugar apartado * Y le sobrevino el parto junto al tronco de una palmera; (María) dijo: ¡Ojalá y hubiese muerto antes de esto y que hubiese sido olvidada completamente!” (19:22-23). En este momento de desesperación, su hijo Jesús (AS), recién nacido, habla con ella, tratando de calmarla: “Y (su hijo, Jesús) la llamó de debajo de ella: No te entristezcas; tu Señor ha puesto un arroyo a tus pies * Sacude hacia ti el tronco de la palmera y caerán dátiles maduros y frescos * Come y bebe, y consuélate; y si ves a algún humano dile: Ciertamente, he hecho un voto de silencio al Misericordioso y hoy no hablaré con persona alguna” (19:24-26).

Luego, ya cuando podía caminar, María (AS) se fue de regreso a su pueblo, llevando a su hijo Jesús (AS) en sus brazos. Cuando la gente la vio en ese estado, le recriminaron, sorprendidos, lo que supuestamente había hecho, creyendo que había sido adúltera: “Y llegó a su gente llevándolo en sus brazos; dijeron: ¡Oh, María! Has hecho algo muy grave * ¡Hermana de Aarón! Tu padre no ha sido un hombre de mal ni tu madre una adúltera” (19:27-28). Ante este acoso, y habiendo hecho su voto de silencio, María (AS) se limitó a señalar al niño recién nacido, queriendo decirles que le preguntasen a él, por lo que la gente se asombró aún más: “Entonces hizo un gesto señalándolo; dijeron: ¿Cómo vamos a hablar con un niño (siendo aún) de cuna?” (19:29). Allí, el recién nacido Jesús (AS) habló con la gente, presentándose a sí mismo, e indicándoles el rol que él desempeñaría en este mundo: “(Jesús) Dijo: Ciertamente yo soy el siervo de Dios; Él me ha dado el Libro y me ha hecho profeta * Y me ha hecho bendito dondequiera que esté y me ha encomendado la Oración y la purificación (zakat o impuesto purificador) mientras viva * Y ser bondadoso con mi madre; y no me ha hecho ni insolente ni rebelde. * La paz fue conmigo el día en que nací, y será conmigo el día en que muera y el día en que sea resucitado. * Ese es Jesús, hijo de María; esto es la pura verdad de la que dudan” (19:30-34).

Así, Dios ha querido que María (AS) y su hijo Jesús (AS) fuesen sus signos, lo cual no tiene porqué asombrar a la gente ni hacer que la gente dude de ello, más cuando Dios ha creado tanto a Adán (AS) como a Eva sin padre ni madre:

  • E hicimos del hijo de María y de su madre un signo….” (23:50)
  • Por cierto que el ejemplo de Jesús, ante Dios, es como el de Adán; lo creó de tierra y luego le dijo: ¡Sé! Y fue. * Tal es la verdad procedente de tu Señor; no seas pues de los que dudan” (3:59-60).

Dios le transmitió a Jesús (AS) sus mensajes y mandatos, los cuales confirman los mensajes y mandatos de la Torah, el Libro que Dios le reveló a Moisés: “Y tras los otros (profetas), enviamos a Jesús, hijo de María, confirmando aquello que ya estaba en la Torah; y le dimos el Evangelio en el que había guía, luz y una corroboración de lo que ya estaba en la Torah, así como guía y exhortación para los temerosos” (5:46).

En relación a la esencia de la profecía de Jesús (AS), Dios advierte en el Corán que Dios envió a Jesús (AS) como profeta, igual como envió a los demás profetas, y que el concepto de la trinidad y su aplicación a Jesús (AS) no es más que una distorsión de la verdad, que fue inventada por algunos para hacer extraviar a los creyentes: “Realmente son blasfemos quienes dicen: Dios es el Mesías, hijo de María, aún cuando fue el Mesías quien dijo a los hijos de Israel: ¡Adorad a Dios! Mi Señor y el vuestro; aquel quien asocie algo con Dios, Dios le vedará el Paraíso y su albergue será el Infierno; no hay quien auxilie a los inicuos. * Son blasfemos los que dicen: Dios es el tercero de tres, cuando no hay sino un Único Dios; si no desisten de cuanto dicen, ésos que han caído en la blasfemia les azotará un castigo doloroso.* ¿Es que no van a volverse hacia Dios y Le van a implorar perdón? Dios es Indulgentísimo, Misericordioso. * El Mesías, hijo de María, no es más que un mensajero antes del cual ya hubo otros mensajeros; su madre era una mujer creyente y ambos comían alimentos; observa cómo les dilucidamos los signos y observa cómo luego se desvían” (5:72-75). Como un elemento argumentativo, Dios le hace a Jesús (AS) una pregunta retórica acerca del comentario inverosímil y su propagación, para que sea el mismo Jesús (AS) -objeto de dicho comentario- el que niegue su veracidad: “Y cuando Dios dijo: ¡Jesús, hijo de María! ¿Has dicho tú a la gente: Tomadme a mí y a mi madre como divinidades en vez de Dios? (Jesús) Dijo: ¡Glorificado seas! No me pertenece decir aquello a lo que no tengo derecho; si lo hubiera dicho, Tú lo sabrías; Tú sabes lo que hay en mí, pero yo ignoro lo que hay en Ti; cierto es que Tú eres el Conocedor de lo más recóndito. * No les dije sino lo que me has ordenado: ¡Adorad a Dios, mi Señor y el vuestro! Y he sido testigo de ellos mientras permanecí en su compañía; y cuando me llevaste a Ti, Tú eras Quien los observaba, Tú eres Testigo de todas las cosas. * Si los castigas... Son Tus siervos; y si los perdonas... Tú eres ciertamente el Poderoso, el Sabio” (5:116-118).

Cuando el Corán aclara la posición de profeta de Jesús (AS), nos confirma -al mismo tiempo- los milagros con que Dios lo apoyó, como signos reforzadores para que la gente creyese en él: “Cuando Dios dijo a Jesús hijo de María: Recuerda Mi bendición sobre ti y sobre tu madre cuando te apoyé con el Espíritu Santo para que hablaras a la gente estando en la cuna, y en la madurez, y cuando te enseñé el Libro y la Sabiduría, la Torah y el Evangelio y cuando plasmas con barro (algo) en forma de pájaro y alientas en él y se transforma en pájaro (viviente) con Mi beneplácito, y cuando sanas al ciego de nacimiento y al leproso con Mi beneplácito, y cuando resucitas a los muertos con Mi beneplácito, y cuando contuve a los hijos de Israel cuando fuiste a ellos con las pruebas claras, y los incrédulos de ellos dijeron: Esto no es más que magia evidente” (5:110). Otros versículos muy similares a éste reconfirman los milagros con que Dios agració a Jesús (AS): “Y (será) un mensajero para los hijos de Israel (y les dirá): He venido a vosotros con un signo de vuestro Señor; voy a crear para vosotros, a partir del barro, algo con forma de ave; alentaré en ello y será un ave con el beneplácito de Dios; y sanaré al ciego de nacimiento y al leproso y resucitaré a los muertos con el beneplácito de Dios y os revelaré (sin verlo) lo que coméis y lo que guardáis en vuestras casas; por cierto que en ello hay un signo para vosotros, si sois creyentes * Y para confirmaros lo que había antes de mí en la Torah y para permitiros parte de lo que se os estaba prohibido; he venido a vosotros con un signo de vuestro Señor, así pues, temed a Dios y obedecedme” (3:49-50). A parte de la confirmación de los milagros o signos de Dios, se aclara también que: (1) Jesús (AS) fue enviado como mensajero para los hijos de Israel, (2) para confirmar los mensajes y mandatos de la Torah, (3) para permitir algunas de las cosas que estaban vedadas a los hijos de Israel y (4) para exhortarles a adorar y temer a Dios.

El Corán hace referencia también a los Apóstoles, a quienes Dios les inspiró que creyesen en Jesús (AS), y los mismos pidieron reforzar su fe con un signo de Dios que les involucrase directamente a ellos y que pudiesen usarlo para convencer a los demás a creer en Dios. Ellos pidieron que tal signo fuese específicamente que Dios les descendiese del cielo una mesa servida: “Y cuando inspiré a los Apóstoles a que creyeran en Mí y en Mi mensajero, dijeron: Creemos y atestiguamos que estamos sometidos (a Ti). * Y cuando los Apósteles dijeron: ¡Jesús, hijo de María! ¿Podría tu Señor descender del cielo una mesa servida para nosotros? Dijo: Temed a Dios si (realmente) sois creyentes. * Dijeron: Queremos comer de ella para que nuestros corazones se sosieguen, saber que nos has dicho la verdad y ser testigos de ello. * Jesús, hijo de María, dijo: ¡Dios, Señor nuestro! Envíanos una mesa servida procedente del cielo que sea para nosotros una conmemoración desde el primero hasta el último así como un signo procedente de Ti; y agrácianos, pues Tú eres el mejor de los que proveen. * Dios dijo: La haré descender para vosotros, pero al que después de esto reniegue, lo castigaré como jamás he castigado a nadie en el mundo” (5:111-115).

Es cierto que los enemigos de Jesús (AS) planificaban crucificarlo; sin embargo, Dios quiso protegerlo de este acto y le informó a su profeta lo que estaban maquinando en su contra: “Cuando Dios dijo: ¡Jesús! Voy a llevarte y a elevarte hacia Mí y voy a poner tu pureza a salvo de los incrédulos; y haré prevalecer a los que te hayan seguido por encima de los incrédulos, hasta el Día de la Resurrección; luego a Mí será vuestro retorno y entonces dirimiré vuestras diferencias” (3:55). En otro versículo, Dios confirma, otra vez, la salvación de Jesús (AS) de ser crucificado, y su elevación al cielo: “Y (les haré sufrir) por su blasfemia y haber dicho contra María una grave calumnia * Y por haber dicho: Nosotros matamos al Mesías, hijo de María, el mensajero de Dios, cuando en realidad no es cierto que le mataran, ni le crucificaran, sino que se les simuló; y los que discrepan sobre ello, (realmente) tienen duda de ello porque no tienen ningún conocimiento alguno (de lo que pasó), sino que siguen conjeturas; pues con toda certeza que no lo mataron * Sino que Dios lo elevó hacia Sí, Dios es Todopoderoso y Sabio * Y entre la gente del Libro no hay nadie que, antes de su muerte, no vaya a creer en él; y el Día de la Resurrección él dará testimonio de ellos” (4:156-159). Aquí Dios confirma, con una contundente afirmación, que Jesús (AS) no fue matado ni crucificado, sino que Él lo ascendió al cielo, salvándolo de los que estaban maquinando su asesinato. En relación a la simulación que se menciona en uno de los versículos anteriores, el Corán no da más detalles en cuanto a cómo posteriormente sucedió todo. Lo importante es darse cuenta que el último versículo referenciado nos dice que, antes de la muerte de Jesús (AS), no habrá nadie de la gente del Libro, es decir, judíos y cristianos, que no vaya a creer en Jesús (AS). Esto confirma algunos dichos del profeta Muhammad (SAAWAWS) que nos transmiten la idea de que Jesús (AS) está vivo, en el cielo, y que volverá a la Tierra, antes del Día de la Resurrección.

Extracto de “LA VERDAD SOBRE EL ISLAM” Desmitificando falsos paradigmasñ Por Abdun-Nabi Chaaban

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