Presidente Trump, ¿conoce a la dinastía As-Saud?
Por Kamel Gomez El Cheij
 
La visita de Donald Trump a Arabia Saudí es un hecho. El principal aliado regional –luego de Israel, por supuesto- ya se prepara para recibir más armamento, en especial misiles de última generación. Si Israel asesina en Palestina, Líbano y Siria; los saudíes se suman a asesinar y encarcelar en su propio país, invaden Bahréin colaborando con la V Flota norteamericana, y de paso, masacran a la pobre población civil en Yemen.
Israel, Arabia Saudí y EE.UU. saben que la culpa de todo es de…Irán. Por suerte para el mundo, ni Rusia ni China piensan igual.
Pero no siempre los persas fueron malos muchachos. Algunos actores regionales siguen siendo lo mismo, otros son historia. La guerra en Siria es la síntesis de la “tercera guerra mundial en partes” por un nuevo orden mundial, donde Medio Oriente es, en especial para Trump y sus generales, la madre de todas las batallas. El Pentágono tiene bombas para esta batalla. En Afganistán ya la probaron. Por las dudas, le avisaron a Trump que Bin Laden ya estaba muerto.   
Invitamos a hacer un repaso histórico de la dinastía saudí. Quizás el lector se pueda dar una idea de que a veces, el pasado y el presente, se parecen como dos gotas de agua.
Es que con los británicos primero, con los norteamericanos luego y siempre con los mercenarios takfiríes[1], podemos resumir el triste papel de una dinastía ya sin reflejos geopolíticos.
Gran Bretaña primero, EE.UU. después
Tras el fin de la Primera Guerra, y la derrota del “enfermo” Imperio Otomano, Gran Bretaña y Francia dividieron el mundo árabe. Arabia ingresó a la influencia británica. Los gringos, siempre tan demócratas, dieron al sharif Husein el trono. Era el año 1916 y los árabes tenían su rey. Había que pagar favores.
Han pasado ya cien años del acuerdo Sykes-Picot, y Medio Oriente está cada vez más resistente. Occidente no puede imponer su agenda. Por eso, ya hay analistas que insisten en re-mapear la región. El Nuevo Orden Mundial necesita apoyar a las nuevas comunidades fogoneadas, sean étnicas o religiosas. Es que el viejo orden colonial europeo no sirve más. Kissinger lo dice así:
“Si múltiples estados contiguos en el corazón del mundo árabe son incapaces de establecer un gobierno legítimo y un control coherente sobre sus territorios, la organización territorial de Oriente Próximo instaurada tras la Primera Guerra Mundial habrá entrado en su etapa terminal.
El conflicto en Siria e Irak y áreas adyacentes se ha transformado en símbolo de una nueva y ominosa tendencia: la desintegración del Estado en unidades tribales y sectarias, algunas de ellas a caballo entre las fronteras existentes, en conflicto violento unas con otras, o manipuladas por facciones externas rivales, sin observar reglas comunes, excepto la ley de una fuerza superior[2].”  
Retomemos. En Arabia, los ingleses, de la mano del capitán Shakespear y al Tratado Anglo-Saudí, tenían a un mejor jugador: Ibn Saud derrocará a Husein, y con la “asistencia” británica (dinero, armas) se convertirá en nuevo rey. Del tratado de protectorado en 1915 al tratado de “amistad y buenas intenciones” de 1927, los británicos hacían su “pequeño juego” en Arabia. En 1932, se crea Arabia Saudita. Le pusieron su nombre al país –sugerencia británica-, quizás para disimular la
“…presencia tutelar británica. Al lado de Ibn Saud, el capitán Shakespear, destacado por el Indian Office, patrocinaba discretamente las ambiciones de una familia a la que Whitehall ayudó a apoderarse de La Meca y Medina en 1924-1925, expulsando a la dinastía hachemí, con peligrosas pretensiones panárabes, de las que T.E. Lawrence, el legendario Lawrence de Arabia, ejerció en vano de abogado”.[3]
Al año siguiente, el rey ya firma una concesión petrolera por sesenta años. Surat Al Kafirun[4] usaron para justificarse. SOCAL[5] le decían los norteamericanos, luego ARAMCO. Hacia afuera, petróleo por protección. Del interior del país se encargaba el Wahabismo, viejo aliado. Ecuación que todavía perdura.
Gracias a ARAMCO (nacionalizada en 1988) y a la II Guerra Mundial, Roosevelt sería el nuevo protector de “la zona estratégica más importante del mundo”, según sus palabras. Vaya innovación[6], descuidada por los fundamentalistas. Ibn Saud lo conocerá en 1945, en el día de San Valentín: nacía un nuevo amor, que soportaría hasta la caída de dos torres gemelas. El Rey relajaría por unos momentos su vida sexual[7] para reunirse en el Quincy.  Extraña asociación[8], llamativamente no analizada por los religiosos saudíes.
“Ibn Saud cuenta con Estados Unidos para proteger la integridad del reino: en la década de 1940 de las ambiciones hachemitas (Irak y Jordania); en la década de 1950 de las de Nasser; y a partir de 1979 de los llamados de la revolución iraní. Esa “garantía” se materializará en 1990, cuando, a raíz de la invasión a Kuwait, 500.000 soldados estadounidenses desembarcan en Arabia. Ningún otro país –los dirigentes sauditas están convencidos– puede ofrecerles semejante garantía.”[9]
Años después, será Brzezinski quien resumirá las relaciones del reino con EE.UU:
Necesitamos su petróleo, y debemos, por consiguiente, asegurarnos su amistad, y por tanto estamos comprometidos en la protección de su seguridad. Ellos son, a su vez, casi totalmente dependiente de nosotros para su seguridad en una región en la que son vulnerables y muy ricos. Existe, pues, un tipo muy curioso de interdependencia, aunque asimétrica”.[10]
Gamal Abdul Nasser, mi general, cuanto vales…
La década del 50 traerá cambios sustanciales. Los oficiales libres de Egipto se llevarán puesta a la monarquía de su país y tendrán al arabismo como bandera de confrontación contra Israel. En 1956 la guerra por la nacionalización del Canal de Suez, tendrá a los Saud del lado de Nasser. Tibio apoyo. Gran Bretaña, Francia e Israel en frente.
El Panarabismo[11] y la popularidad de Nasser, la unión con Siria, la represión a los Hermanos Musulmanes (que se refugiaban en Arabia Saudí), la guerra en Yemen, más un intento de asesinato a Nasser al parecer con colaboración de la Casa Saud, llevarían al fin de las relaciones en 1962.
La Guerra en Yemen provocaría las primeras diferencias políticas con EE.UU. Kennedy consideraba válido negociar con Nasser, y además reconoció a la República de Yemen. Se intentaba  contener a Nasser y  moderar la influencia soviética. Llegaría así el turno del Rey Feisal (1964), responsable de modernizar al reino con reformas sociales y económicas. Incluso fomentó la educación, incluyendo a las mujeres:
El príncipe heredero Faisal, que reinó de 1964 a 1975, deseaba que se abriera la educación pública a las niñas: por entonces, sólo el 22% de los niños estaban escolarizados, y apenas el 2% de las niñas. Un sector de los ulemas, apoyados por muchos padres, fundamentalmente en las regiones más conservadoras, se opuso a la propuesta del príncipe. Durante una entrevista, Faisal interrogó a los ulemas: “¿Hay algún versículo del Corán que prohíba la educación de las niñas?” Ante el silencio que se produjo, continuó: “Como educarse incumbe a cada musulmán, vamos a crear escuelas. Los padres que quieran enviar sus hijas podrán hacerlo. Los otros pueden optar por mantenerlas en la casa. Cada uno será libre de decidir”[12]
Feisal, con los ingresos del petróleo, representó la contracara al nacionalismo árabe, ponderando una modernización que levantaba las banderas del Islam. En frente, Egipto y el Baaz de Siria e Iraq llamaban a la unidad de los árabes y promovían el fin de las monarquías.  
La guerra del ‘67 debilitaría a Nasser y sus aliados. La pérdida de territorio que provocó la dura derrota frente a Israel (con apoyo occidental, por supuesto), sería el comienzo del fin para el nacionalismo árabe. Feisal y el petróleo árabe financiarían a Siria, Jordania y Egipto (tras la retirada este último de Yemen).
Egipto derrotado, Nasser muerto (1970), permitían con el petróleo ubicar a Arabia Saudí en un actor, ahora sí, central. La “custodia” de La Meca y Medina, las dos principales ciudades santas del Islam, harían el resto. Y no sólo por la religión. En la actualidad, el rito del Hayy o Peregrinación, otorga al reino una ganancia de entre ocho y diez mil millones de dólares, un 10 % de su PBI:
“La familia Saud, regente de ese cortijo en propiedad que es el país, lo único que ha hecho ha sido adherir lo mejor del capitalismo al Islam, una religión que-recordemos-les brinda una clientela potencial de 1.200 millones de personas. El metro cuadrado de tierra en La Meca cuesta más de 22.000 euros. La loma donde se levantó una vez la casa de Jadiya, primera esposa del profeta, donde tal vez ambos enterraran a su dos hijos varones, albergan hoy el edificio más grande del mundo. Un complejo de 12 torres con 10.000 estancias, un centro comercial, 70 restaurantes y cuatro helipuertos.”[13]
La otra cara de la región estaba a cargo del socialismo del Baaz, su carácter panarabista y secular, que se desarrollaba en Siria pero con más fuerza en Iraq desde 1968.
Feisal, Palestina y el Panislamismo
En 1969 el Rey Feisal destinaría recursos financieros a la OLP. Arabia Saudí se sumaba explícitamente a la lucha contra Israel.
Pero su jugada más astuta, con serias repercusiones en el presente, será la reunión de países musulmanes celebrada en 1962 en La Meca, con el nacimiento de la Liga Mundial, y la crítica a los nacionalismos. El “islam saudí” nacía también de su preocupación por el comunismo, y el avance de golpes de estado contra monarquías en la región. Además, se sumaban países como Paquistán e Irán (sí, eran otras épocas), lo que permitía romper la hegemonía árabe y disputarle a Nasser su protagonismo.
Incluso la causa palestina sufrirá una “islamización”. La crisis de la mezquita de Al Aqsa en el ‘69 fue analizada desde una perspectiva islámica, y el rey Feisal durante la década del setenta implementará una política de difusión del Islam para contener el nacionalismo árabe. Con las exorbitantes ganancias que dejaba el petróleo, más la reivindicación del Islam, tan caro al sentimiento popular,  Feisal y su “generosidad” fueron muy reconocidos.
Pero Feisal tiene una acción memorable. El embargo de petróleo en 1973, tras la guerra que ganaron los árabes a Israel. Ante el apoyo incondicional de EE.UU. a Israel[14], Arabia Saudí le impuso el embargo de petróleo. O armas para Israel, o petróleo para Occidente. Así de fácil. Mejor no comparemos con la actualidad…
Feisal logró de la mano del embargo de petróleo duplicar el PBI de su país, y recomponer su relación con EE.UU. rápidamente…comprando armamento. En pleno embargo, Kissinger dijo a los saudíes:
“Muy bien, pueden aumentar los precios del petróleo y acaparar enormes capitales, pero sean razonables: cojan ese dinero e inviertan en Estados Unidos, lo que es una excelente política. Cómprennos armas. Guarden sus capitales en nuestra casa, lo que mantendrá nuestra economía a flote. No entraremos en recesión o en depresión por los elevados precios del petróleo. Todo el mundo ganará con eso”.[15]
Ahora Arabia Saudí, junto con Israel e Irán (sigue leyendo bien) serían los principales aliados de Norteamérica en Medio Oriente.
Durante la década del 70, los saudíes compraron armamento por más de 30 mil millones de dólares a EE.UU. No había rencores. De paso, los gringos hicieron tres ciudades militares para tranquilizar a la monarquía en sus fronteras con Iraq, Yemen y Jordania, respectivamente. A Feisal se le fue la mano con sus amigos, y tuvo que pagar con su vida: fue asesinado en 1975 por alguien de su familia.
Y llegó Jomeini, y el Islam se hizo revolución
Si la política de fomentar el Islam provocaba serias críticas a Feisal por su despilfarro, corrupción y sus estrechos vínculos con EE.UU., el reinado de Jalid y la llegada de los “siete Sudaríes”, con Fahd a la cabeza, no tuvieron mejor suerte. El tratado de paz de Camp David entre Egipto e Israel en el ’78 poco importaba ya. Los sucesos de 1979, con el triunfo de la Revolución Islámica de Irán y la invasión soviética a Afganistán, provocaron profundos cambios en la región.
Efectivamente, Arabia Saudí jugó fuerte apoyando a los muyahidines, quienes con el financiamiento de la monarquía y el armamento estadounidense lograron derrotar a la “amenaza comunista”, para luego ser coparticipes necesarios de la caída de la Unión Soviética. Eran los años dorados, cuando Bin Laden era un “buen tipo”. Antes, como ahora, musulmanes al servicio del “dios” mercado. En fin, en palabras de Jomeini[16],  desde ese momento, el comunismo formaba parte de “los museos de historia política mundial”.[17]
Con la llegada de la revolución islámica, la casa saudí unificó a las petromonarquías formando el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG)[18], una mini-OTAN para contener al desafío de Irán. Había que apoyar al “árabe” Saddam Hussein, otro “buen tipo” de Occidente en la década del ‘80, contra el “persa” de Jomeini. Más adelante sería el “sunní” Saddam contra el “shií” Jomeini. Cualquier parecido con la actualidad no es casualidad.
Mientras Occidente entregaba armamento químico a su aliado iraquí, los saudíes, con franceses y norteamericanos ayudando, reprimieron la toma de La Meca por parte de musulmanes…sunníes:
“Pero los acontecimientos de La Meca tuvieron una importancia más amplia, más allá de su alarmante impacto inicial. Revivieron la controversia entre la legitimación islámica de la forma monárquica de gobierno (ya que la mayoría de los fundamentalistas creen que el Islam no aprueba la monarquía). También, y no es de extrañar, remarcó los problemas de la “corrupción en la tierra”, que en el caso saudí estaban exacerbados por el impacto de la riqueza del petróleo. La postura oficial estrictamente islámica por la elite gobernante no ligaba demasiado con las historias de enormes “comisiones” y sobornos, fiestas pornográficas, viajes para jugar en el extranjero y asuntos “amorosos”, por no mencionar los menos secretos pero igualmente extravagantes gastos en palacios reales, avionetas privadas, ceremonias de boda, carreras de camellos y cacerías con halcones”.[19]
Los saudíes han tomado nota, y el rey Salman apenas si lleva equipaje en sus viajes… ¿Malasia? Un descuido en el Aeropuerto.
El año entrante, en 1980, la represión llegaba a los shiíes. Ciudadanos de segunda en el reino, ni siquiera tolerados como musulmanes por la doctrina fundamentalista wahabí, ahora se les consideraba aliados de la Revolución Islámica.
El sheij Nimr, ejecutado por la dinastía en enero de 2016, es señal de la continuidad histórica del padecimiento de las comunidades shiíes. Yemen y Bahréin se suman a la lista. Los estadounidenses han separado bien el trabajo: Israel asesina “terroristas”, Arabia Saudí “shiítas”. Juntos asesinan a “terroristas shiítas”, como a Imad Mugnie. 
Paradoja de ver a un “estado islámico” y a un “estado judío” semejantes en sus intereses regionales, que hace tiempo ya coordinan su agenda político-militar a la vista de todos. Thierry Meyssan aseguró que delegaciones de muy alto nivel de Israel y Arabia Saudita, se han reunido cinco veces en Italia, India, y la República Checa[20], en forma secreta.
Ya lo hacen públicamente. Se les acaba el tiempo. Se juegan su supervivencia. Necesitan coaccionar a EE.UU. para que no se retire de Medio Oriente, y vaya a la guerra con Irán y su “media luna shií”. Trump viene a darles una mano, y ya bombardea Siria.
Ambos países aliados fueron inventados por Occidente, siendo todos socios comprometidos con el genocidio que vienen llevando a cabo en Medio Oriente. Siria es el lugar de disputa, necesitan romper el “corredor” del Eje de la Resistencia. Israel y EE.UU. bombardean al mismo tiempo para favorecer al ISIS. Estos mercenarios coordinan inteligencia, entrenamiento y armas, financiamiento en general, principalmente con los saudíes. Por las dudas, el ISIS pide disculpas públicamente por atacar soldados israelíes en el Golán sirio. Por suerte para Israel, esta vez, no usaron armamento químico.        
 El “Custodio” de las dos Mezquitas
Fahd se haría cargo del país en 1982, en plena baja del precio del petróleo:
“A partir de 1981 y la caída del movimiento del petróleo, los desequilibrios se volvieron dramáticos: alrededor de un millón de empresas de construcción y de firmas comerciales quebraron, los precios inmobiliarios cayeron de un 30 por 100 a un 40 por 100 y estalló la burbuja especulativa inmobiliaria, lo que provocó la ruina de miles de inversores; el estado pidió su primer préstamo al extranjero (para financiar los gastos de armamento…) y su primer préstamo doméstico, que consistió en financiar hasta un 20 por 100 de su presupuesto por medio de bonos llamados “de desarrollo”. En 1983 el presupuesto saudí fue deficitario por primera vez; no dejo de serlo hasta 2000 cuando se produjo un aumento imprevisto y pasajero de los precios del petróleo.”[21]
El “servidor” de los dos Nobles Haram, las mezquitas de La Meca y Medina, se decidió por la austeridad económica. Los extranjeros, árabes de otros países y asiáticos, muy importantes en la construcción, empezaban a ser un problema. También las tendencias fundamentalistas dentro del reino, pues los jóvenes saudíes no entraban en los planes de la dinastía, y notaban cómo sus fracasos se acompañaban del despilfarro de la monarquía y sus vínculos con Occidente. Muchos de esos jóvenes serían los muyahidines, quienes lucharían en Afganistán contra el comunismo soviético.  
La década de los ’80 había retirado a Egipto y colocado al Iraq baasista de Saddam Husein en principal líder de la región árabe. Si bien Arabia Saudí nunca gustó de la retórica iraquí, prefirió apoyar a Saddam con casi 26 mil millones de dólares en la guerra contra Irán.  Todas las monarquías del Golfo, unidas en el CCG, apoyaron a Iraq. La revolución islámica de Jomeini era más peligrosa. Occidente pensaba igual, por eso enviaba a su aliado árabe importante cantidad de armas químicas. Cualquier duda, pregunten a los kurdos...
La Doctrina Carter marcaba la postura de EE.UU:
“Cualquier intento por parte de cualquier fuerza para obtener el control de la región del Golfo Pérsico será considerado como un ataque contra los vitales intereses de los Estados Unidos de América y dicho ataque será rechazado con cualquier medio necesario, incluyendo la fuerza militar”.[22]
 El fracaso de la operación secreta para liberar rehenes norteamericanos en la embajada de su país en Teherán, sería la despedida política de Carter, pero no de su doctrina. Con Reagan y su “consenso estratégico”, el rey Fahd venía al pelo. Siempre había armas a mano para los amigos saudíes.
El Protectorado
El 2 de agosto de 1990 la invasión a Kuwait por parte de Iraq empezaría una nueva relación de EE.UU con los saudíes. Terminada la guerra Iraq- Irán[23], con el regreso de los “afganos saudíes”, la monarquía entregó toda su seguridad a EE.UU. El reino “invitó” a las tropas de EE.UU a su territorio: 500 mil soldados eran bienvenidos por una dinastía temerosa de su supervivencia. La Guerra del Golfo[24] fue una humillación para los religiosos saudíes, a pesar de una fatua ad hoc por parte de los wahabíes. El supuesto “custodio” de los lugares más importantes del Islam, La Meca y Medina, debía ser protegido… por el Pentágono. Ni los cruzados imaginaron tanto.
Los republicanos no tuvieron que hacerse problemas económicos, porque “cuando las fuerzas armadas estadounidenses tuvieron necesidad de desplegarse sobre el terreno para la guerra del Golfo, en 1990-1991, el reino saudí gastó en total 55 mil millones de dólares –cuya mayor parte se destinó a cubrir el avituallamiento de las tropas estadounidenses en su suelo, y 17.000 mil millones fueron directamente cedidos a Estados Unidos como contribución a la financiación de su esfuerzo de guerra[25].” Interdependencia asimétrica, en palabras de Brzezinski.
Bush padre quería exorcizar el fantasma de Vietnam, además de mostrarle al mundo quién había triunfado en la Guerra Fría. Era el “Fin de la Historia”, para algunos. Un genocidio iraquí que aún no termina, fue el precio. Liberado Kuwait, y a pesar de ligeras reformas por parte de la dinastía, la retórica anti-saudí fue creciendo en todo el mundo árabe-islámico. Bin Laden se hacía popular. Por las dudas, con Clinton, los terroristas wahabíes tendrían varios destinos, desde Argelia hasta Chechenia, sin olvidarnos de Bosnia.
Los demócratas y los republicanos siempre hacen lo mismo. Bush hijo nos ayuda en nuestra para nada original tesis. Obama y la actual derrotada candidata demócrata a la presidencia siguen la misma hoja de ruta. Por las dudas, Hillary reconoció haber financiado a los mercenarios del ISIS en Siria. Y los bombardeos de EE.UU. que padeció el ejército sirio tras la tregua de septiembre de 2016 son la certeza de que poco importa el fundamentalismo, sino la geopolítica.  
Henry Kissinger señala:
“Pero el gran error estratégico de la dinastía saudí fue suponer, aproximadamente desde la década de 1960 hasta el año 2003, que podía respaldar e incluso manipular al islamismo radical en el extranjero sin amenazar su propia posición en el ámbito interno[26].”
Claro que Kissinger no menciona el necesario rol de EE.UU. para respaldar e incluso manipular al islamismo radical. Siempre es bueno recordar la sinceridad de Brzezinski, cuando afirmó:
“¿Qué era más importante en la visión mundial de la historia? ¿Los talibán o la caída del imperio soviético?”.[27]
En la particular visión mundial de la historia que tienen los estadounidenses, no se trata de ningún error estratégico. En su libro El Gran Fracaso, Zbigniew Brzezinski escribe:
“La religión como base para la afirmación nacional tuvo especial importancia en el caso de Asia Central, con sus cuarenta y cinco a cincuenta millones de musulmanes. Después de años de proclamar que la influencia de la “superstición” había sido quebrada, la prensa soviética confesó, en 1987 y 1988, que el Islam ponía en práctica un despertar religioso de importancia, que las actividades religiosas clandestinas iban en ascenso y que la guerra de Afganistán había vuelto a encender un sentimiento de identidad musulmana. Se decía que aun los funcionarios comunistas de las regiones musulmanas participaban con discreción en ceremonias religiosas y se identificaban cada vez más con las costumbres locales y las tradiciones nacionales”.[28]
Ni yihadistas, ni fundamentalistas o integristas, ni mucho menos terroristas. ¿Las mujeres afganas? Representadas por el actual Consejo para Niñas de Arabia Saudí…no se ven, y no es por el burka.
Eran los talibanes y la “resistencia” que ponían en práctica a través “del despertar del Islam” contra la invasión soviética. Ellos, con sus barbas y sus turbantes, también respondían a los intereses geoestratégicos norteamericanos. Hasta allí viajarían Rambo y los boinas verdes. Era la resistencia contra el imperialismo soviético, de la mano de la CIA y el Pentágono.
Mutatis Mutandis, ¿Qué es más importante en la visión mundial de la historia norteamericana? ¿El ISIS o la caída de Al-Asad, aliado de Rusia e Irán?
Los tiempos de Al Qaeda: la llegada del Rey Abdullah
Desde enero de 1996, y tras el accidente cerebro vascular de Fahd, Abdullah ejerció la máxima autoridad del reino. Contaba con el apoyo de la Guardia Nacional. Será en agosto de 2005, con la muerte de Fahd, oficialmente rey.
Al Qaeda ya golpeaba con fuerza. Los atentados en Tanzania y Kenia, en 1998, sacudían a la inteligencia de EE.UU. Lo mismo pasó con el Uss Cole en el 2000. Antes, los saudíes vieron con sus propios ojos que su invención llegaba a sus tierras: en noviembre de 1995 y junio de 1996 se produjeron dos atentados, dirigidos a los militares estadounidenses.
También en mayo del 2003, tres atentados suicidas en Riad contra norteamericanos, obligó a la dinastía a solicitar la retirada norteamericana. Total, Qatar se prestaba como el nuevo centro de operaciones y vuelos militares. Al año siguiente, luego de la decapitación a un ciudadano norteamericano, las fuerzas saudíes liquidaran a Abdul Aziz Al Muqri, líder de Al Qaeda en Arabia.
Bin Laden se cobraba viejas cuentas con sus anteriores jefes. Norteamericanos y saudíes vieron cómo su alianza se chocaba contra dos torres gemelas. El planeta conoció al “terrorismo” islámico. Pero en los aviones no había ni iraníes ni shiítas. Eran saudíes. Resultaba que era cierto que había donantes sauditas financiando al terrorismo.
EE.UU. se apoyó en el “Choque de Civilizaciones”: se atacó sin piedad en Afganistán, para desterrar a los talibanes. Aliados en otras épocas. El Mullah Omar nunca quiso entregar a los saudíes a Osama. Los saudíes se molestaron, un poco.
Todavía hoy en EE.UU. no se conoce toda la verdad sobre el 11 de septiembre. Los saudíes fueron protegidos. Republicanos y demócratas, patrocinadores del terrorismo mundial, deben muchos favores a los saudíes. El capital nunca es terrorista para ellos: los saudíes tienen 750 mil millones de dólares activos en EE.UU.
En el 2003, otro ex aliado, Saddam Husein, pasó a la historia. Los gringos, retrasados con la globalización, jugaron todas sus fichas para mantenerse como imperio “americano”. Entraron, y todavía no saben cómo salir. Esta vez, el rey Abdullah no repitió el mismo error que Fahd.
La caída de Afganistán e Iraq produjo enormes pérdidas humanas. En Iraq, con la guerra de la década de los ’80, la guerra de Bush padre, las sanciones demócratas y luego la guerra de 2003, para llegar al ISIS. Son casi 40 años de Iraq. Más de 70 en Palestina. Siria entró en su séptimo año…la configuración del Nuevo Orden Mundial quiere disciplinar a la región con genocidio. No digamos Holocausto, no sea que “banalicemos” el término o seamos “antisemitas”. Además, ya sabemos que hay uno solo en la historia de la humanidad. Si los iraquíes en vez de musulmanes fuesen judíos…
Armas, guerras, bombas que ya nada tienen de convencionales, mercenarios…lo que haga falta por Israel y el petróleo.
El rey Abdullah intentará con Irán bajar tensiones. Incluso en 1999 llegará Jatami a Yeddah. Era la primera vez que un presidente iraní visitaba Arabia Saudí desde el triunfo de la revolución. Incluso en abril de 2001 firmaran un acuerdo de seguridad. Pero si la invasión norteamericana en 2003 rompe el status quo en la región (favoreciendo a Irán, como bien señalaba la inteligencia saudí a sus pares de EE.UU.), será la guerra del Líbano en el 2006 –Harb Tammuz- la que arruinará todo acercamiento. Los saudíes, cuando no, colaboraron –y siguen colaborando- con el clan Hariri, aliados de Occidente –por lo tanto, de Israel- en el país de los cedros.
La guerra del 2006 permitirá conocer al mundo al Hezbollah, el “Partido de Dios”. Todavía nadie en Occidente explica cómo Hezbollah pudo resistir y vencer a la maquinaria terrorista de guerra israelí. Al reduccionismo abismal materialista no le penetra la espiritualidad. Y a los soldados sionistas menos. Israel recibió una paliza en el campo de batalla, y los árabes empezaron a entender que la “Muqauama”, la Resistencia, era el camino a seguir. Los saudíes, por su parte, vieron como el Líbano se sumaba al “Eje de la Resistencia”. Un aliado menos en la región.   
Abdullah seria reconocido por su propuesta de paz anunciada en febrero de 2002: si Israel reconocía Palestina, con las fronteras de 1967, Arabia Saudí invitaba al resto del mundo árabe a mantener relaciones normales con los sionistas. Se fue a la tumba sin respuestas. Quizás Herzl le expliqué en el Otro Mundo el proyecto del Gran Israel. Pueda ser que el monarca se asombre de las pretensiones que Herzl tenía para hacer el estado judío en la Patagonia argentina.
Antes de su muerte, el rey Abdullah, haciendo ya uso de la “tradición”, realizó compra de armamentos. Ya triangulan compra de armas israelíes a través de Sudáfrica. En 2014, fue el mayor importador de armas.
 En el 2011 el presupuesto militar saudí se lo lleva todo EE.UU. para la compra de helicópteros apache, blackhawk y MD-530, aviones f-15, sumando 30 mil millones de dólares.
Las importaciones saudíes de armamento aumentaron un 275 % entre 2011 y 2015 (SIPRI)
El presupuesto es de 67 billones de dólares, cuarto presupuesto militar del mundo, después de EE.UU, Rusia y China.
Solamente en el año 2012 se compran: 84 F15, 190 helicópteros de combate, 12 mil misiles y más de 15000 bombas.
“El informe de Ayuda Militar del Departamento de Estado declaró que aprobó embarques de armas por 44.280 millones de dólares a 173 naciones en el último año fiscal. Entre los más controvertidos se encuentran los planes del Departamento de Defensa de vender a Arabia Saudí 6.800 millones de dólares y a los Emiratos Árabes Unidos 4.000 millones en armamento de alta tecnología, incluyendo misiles crucero lanzados desde el aire y municiones de precisión.
 
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