De Ali (P) a Maquiavelo
Trabajo comparativo del paralelismo entre el pensamiento de Ali (p) y Nicolás Maquiavelo
Por Dep. Prensa Acá Uruguayos.com
María Raquel Denis, acauruguayos.com
Fuente: tercercamino.com
diariolospueblos
 
CONTEXTO HISTORICO
Maquiavelo escribe El Príncipe en 1513 para Lorenzo II de Medici cuando retorna al poder en Florencia al finalizar el periodo de República en el cual Maquiavelo cumplió funciones de diplomático y secretario de Estado con el objetivo de ser tenido en cuenta para volver a las funciones públicas.
Ali (600-661 D.C.) escribe estas cartas dirigidas a Mâlik Al-Ashtar cuando lo designó Gobernador de Egipto, es sin duda la más amplia de las cartas que escribió por los temas que trata, referidos en su totalidad a las condiciones del buen gobernante, sus deberes y responsabilidades.
SOBRE CONQUISTA DE NUEVOS TERRITORIOS CON COSTUMBRES E IDIOMAS DIFERENTES
MAQUIAVELO:
Pero cuando se adquieren Estados en una provincia con idioma, costumbres y organización diferentes, surgen entonces las dificultades y se hace precisa mucha suerte y mucha habilidad para conservarlos; y uno de los mejores y más eficaces remedios sería que la persona que los adquiriera fuese a vivir en ellos. Esto haría más segura y más duradera la posesión. Porque, de esta manera, ven nacer los desórdenes y se puede reprimir con prontitud; pero, residiendo en otra parte, se entera uno cuando ya son grandes y no tienen remedio. Además, los representantes del príncipe no pueden saquear la provincia, y los súbditos están más satisfechos porque pueden recurrir a él fácilmente y tienen más oportunidades para amarlo,31 si quieren ser buenos, y para temerlo, si quieren proceder de otra manera. Los extranjeros que desearan apoderarse del Estado tendrían más respeto; de modo que, habitando en él, sólo con muchísima dificultad podrá perderlo.
Otro buen remedio es mandar colonias a uno o dos lugares que sean como llaves de aquel Estado; porque es preciso hacer esto o mantener numerosa tropas. En las colonias no se gasta mucho, y con esos pocos gastos se las gobierna y conserva, y sólo se perjudica a aquellos a quienes se arrebatan los campos y las casas para darlos a los nuevos habitantes, que forman una mínima parte de aquel Estado.
Y como los damnificados son pobres y andan dispersos, jamás pueden significar peligro; y en cuanto a los demás, como por una parte no tienen motivos para considerarse perjudicados, y por la otra temen incurrir en falta y exponerse a que les suceda lo que a los despojados, se quedan tranquilos. Concluyo que las colonias no cuestan, que son más fieles y entrañan menos peligro; y que los damnificados no pueden causar molestias, porque son pobres y están aislados, como ya he dicho.
Ha de notarse, pues, que a los hombres hay que conquistarlos o eliminarlos, porque si se vengan de las ofensas leves, de las graves no pueden; así que la ofensa que se haga al hombre debe ser tal, que le resulte imposible vengarse.
Si en vez de las colonias se emplea la ocupación militar, el gasto es mucho mayor, porque el mantenimiento de la guardia absorbe las rentas del Estado y la adquisición se convierte en pérdida, y, además, se perjudica e incomoda a todos con el frecuente cambio del alojamiento de las tropas. Incomodidad y perjuicio que todos sufren, y por los cuales todos se vuelven enemigos; y son enemigos que deben temerse, aun cuando permanezcan encerrados en sus casas. La ocupación militar es, pues, desde cualquier punto de vista, tan inútil como útiles son las colonias.
El príncipe que anexe una provincia de costumbres, lengua y organización distintas a las de la suya, debe también convertirse en paladín y defensor de los vecinos menos poderosos, ingeniarse para debilitar a los de mayor poderío y cuidarse de que, bajo ningún pretexto, entre en su Estado un extranjero tan poderoso como él. Porque siempre sucede que el recién llegado se pone de parte de aquellos que, por ambición o por miedo, están descontentos de su gobierno; como ya se vio cuando los etolios llamaron a los romanos a Grecia: los invasores entraron en las demás provincias llamados por sus propios habitantes.
Lo que ocurre comúnmente es que, no bien un extranjero poderoso entra en una provincia, se le adhieren todos los que sienten envidia del que es más fuerte entre ellos; de modo que el extranjero no necesita gran fatiga para ganarlos a su causa, ya que enseguida y de buena gana forman un bloque con el Estado invasor.
Las dificultades nacen en parte de las nuevas leyes y costumbres que se ven obligados a implantar para fundar el Estado y proveer a su seguridad. Pues debe considerarse que no hay nada más difícil de emprender, ni más dudoso de hacer triunfar, ni más peligroso de manejar, que el introducir nuevas leyes. Se explica: el innovador se transforma en enemigo de todos los que se beneficiaban con las leyes antiguas, y no se granjea sino la amistad tibia de los que se beneficiarán con las nuevas. O Tibieza en éstos, cuyo origen es, por un lado, el temor a los que tienen de su parte a la legislación antigua, y por otro, la incredulidad de los hombres, que nunca fían en las cosas nuevas hasta que ven sus frutos. De donde resulta que, cada vez que los que son enemigos tienen oportunidad para atacar, lo hacen enérgicamente, y aquellos otros asumen la defensa con tibieza, de modo que se expone uno a caer con ellos
(Aconseja fortalecer a los débiles y debilitar a los poderosos pero por razones distintas a las de Ali)
 
ALI:
Trata de comprender que un gobierno puede crear la buena disposición en las mentes de sus súbditos, haciéndolos sinceros y fieles, sólo cuando ese gobierno es amable y considerado, cuando reduce sus problemas y dificultades, cuando no les oprime ni tiraniza, y cuando jamás les exige cosas más allá de sus capacidades.
Estos son los principios que debes conservar y sobre los que debes actuar. Permite que tu actitud sea tal, que ellos no te pierdan la fe, porque la buena fe de su parte, te reducirá muchos problemas administrativos y mitigará tus apremios. Y en lo concerniente a tu confidencia y confianza, otórgala a aquellos a quienes has probado en las dificultades y a quienes has favorecido, y en cambio desconfía siempre de aquellos a quienes has ofendido y de aquellos que han demostrado su infidelidad, su ineficiencia y su ineptitud. No abandones estas prácticas y tradiciones. No destruyas las costumbres y leyes que han introducido los buenos musulmanes, creando con ellas unidad y amistad entre los diversos sectores de la sociedad y generando la prosperidad de los pueblos. No destruyas ni introduzcas innovaciones en ellas, porque si haces a un lado estas buenas tradiciones y disposiciones, el premio por haberlas introducido será para los que las desarrollaron y tuyo será sólo el castigo por haberlas abolido.
Estudia mucho con los hombres de conocimiento (ulemas) y conversa mucho con los sabios (hukama’) respecto de la consolidación de aquellos que haga que tu comarca prospere y el pueblo se fortalezca.
SOBRE LAS AMISTADES
MAQUIAVELO:
Hierón de Siracusa, que de simple ciudadano llegó a ser príncipe sin tener otra deuda con el azar que la ocasión; pues los siracusanos, oprimidos, lo nombraron su capitán, y fue entonces cuando hizo méritos suficientes para que lo eligieran príncipe. Y a pesar de no ser noble, dio pruebas de tantas virtudes, que quien ha escrito de él ha dicho: "Que nada le faltaba para reinar sino el reino. "Licenció el antiguo ejército y creó uno nuevo; dejó las amistades viejas y se hizo de otras; y así, rodeado por soldados y amigos adictos, pudo construir sobre tales cimientos cuanto edificio quiso; y lo que tanto le había costado adquirir, poco le costó conservar
ALI:
No permitas que se te acerque nada ni nadie que no merezca tu apoyo. Nunca degrades tu dignidad y prestigio.
Recuerda que los murmuradores y escandalosos traficantes son un grupo indigno y sagaz. Aunque pretenden ser consejeros bien intencionados y sinceros no te apresures en creer las noticias que te dan ni los consejos que te ofrecen.
No aceptes los consejos de los miserables, ellos harán lo imposible para evitar que seas amable y realices buenos actos. Te harán temeroso de la pobreza y la miseria. De la misma forma, no permitas que cobardes o débiles actúen como tus consejeros, porque te volverán vacilante cuando dictes y hagas ejecutar tus órdenes. Ellos obstruirán tu capacidad para dirigir los asuntos con firmeza y harán que tus empresas y emprendimientos se conviertan en tímidos y temerosos intentos. Al mismo tiempo, evita que cualquier persona codiciosa y ambiciosa aspire a ser tu asesor, porque sólo te enseñará cómo explotar a la comunidad y como oprimir y tiranizar a la gente, para sacarles sus riquezas. Recuerda que la mezquindad, la cobardía y la avaricia, parecen ser diferentes cualidades malignas pero todas surgen de lo mismo: la falta de fe y confianza en Dios.
Tus peores ministros, serán aquellos que han sido ministros de los gobiernos tiranos y opresores que te antecedieron; aquellos que fueron partícipes de atrocidades y salvajes crueldades cometidas por sus gobiernos. Tales personas no deberían obtener tus confidencias ni deberían ser tu confianza porque ellos han ayudado a los pecadores y han servido a gobiernos crueles y tiranos.
En su lugar encontrarás a personas que, siendo tanto juiciosas como instruidas, no han tenido mentalidad pecadora o criminal ni han ayudado a los tiranos en su tiranía, ni asistido a los pecadores a llevar a cabo sus actos indignos. Tales personas te ocasionarán menos dificultades. Serán de la mayor ayuda, simpatizarán contigo sinceramente. Si tienes confianza en ellos, romperán sus relaciones con tus opositores. Conserva como compañeros a tales personas, tanto en tus reuniones personales como oficiales.
Solamente compañeros y ministros tan honestos y humanos deberían obtener tu completa confianza. Confía en que te dirán las más amargas verdades, sin temor a tu rango. También rechazarán asistirte o ser parte en acciones que a Dios le disgusta que realicen Sus Amigos. Como compañeros y amigos, junta y reúne a tu lado a personas piadosas, honestas y veraces. Enséñales a que no te adulen ni busquen tu favor mediante falsos ruegos, porque la adulación y las falsas súplicas, engendran la vanidad y la presunción; haciendo que uno pierda la conciencia de su real personalidad y deberes.
SOBRE LOS MOTIVO DE FALTA DE GLORIA.
(La gloria era muy importante para Maquiavelo, era toda la meta que un hombre debía aspirar, el único fin de la vida era la buena fama que un hombre pudiera dejar marcada para el resto de la historia)
ALI:
Debes saber que un hombre bueno y virtuoso, es conocido y reconocido por lo bueno que se dice de él, y por las alabanzas que Dios le ha destinado recibir de otros.
Siempre debes apreciar y adoptar una política que no sea demasiado severa ni demasiado indulgente; una política que se base en la equidad y la justicia y que sea largamente apreciada y aprobada. Recuerda que las quejas y el descontento del hombre corriente, del individuo sin recursos y de la gente abatida, tienen preponderancia por sobre la aprobación de personas importantes, ya que el desagrado de unas pocas personas importantes será disculpado por el Señor, si el pueblo en general está feliz contigo.
Recuerda, Mâlik, que generalmente estos grandes personajes, son mentalmente la escoria de la sociedad humana, y son las personas que durante tus momentos de tranquilidad y felicidad, serán las más arrastradas, y las menos útiles durante tus horas de necesidad y adversidad; ellos odian por demás la justicia y la equidad. Continuarán reclamando más y más riquezas del estado, raramente estarán satisfechos con lo que reciban y nunca se sentirán obligados por el favor que se les ha dispensado. Si sus reclamos son justificadamente rechazados, nunca aceptarán ninguna excusa razonable, cuando los tiempos cambien nunca los hallarás constantes, fieles ni leales. El hombre corriente, el pobre y el sector aparentemente menos importante de tus súbditos, son los pilares del Islam; ellos son el verdadero grupo de musulmanes, y el poder y la fuerza defensiva en contra de los enemigos del Islam.
Conserva una mente abierta, sé más amigable y asegura su confianza y simpatía. Ten cuidado al organizar tus contactos y al dar tu amistad (ya sea con personas importantes o comunes), mantenlos alejados de ti. Piensa en ellos como en los enemigos del estado, traficantes escandalosos que tratan de encontrar faltas y hacer propaganda con ellas.
Porque en cualquier parte, la gente tiene fallas y debilidades y, es deber de los gobiernos controlar sus menores debilidades.
MAQUIAVELO:
Pero puesto que hay otros dos modos de llegar a príncipe que no se pueden atribuir enteramente a la fortuna o a la virtud, corresponde no pasarlos por alto, aunque sobre ellos se discurra con más detenimiento donde se trata de las repúblicas. Me refiero, primero, al caso en que se asciende al principado por un camino de perversidades y delitos; y después, al caso en que se llega a ser príncipe por el favor de los conciudadanos. Con dos templos, uno antiguo y otro contemporáneo, ilustraré el primero de estos modos, sin entrar a profundizar demasiado en la cuestión, porque creo que bastan para los que se hallan en la necesidad de imitarlos.
El siciliano Agátocles, hombre no sólo de condición oscura, sino baja y abyecta, se convirtió en rey de Siracusa. Hijo de un alfarero, llevó una conducta reprochable en todos los períodos de su vida; sin embargo, acompañó siempre sus maldades con tanto ánimo y tanto vigor físico, que entrando en la milicia llegó a ser, ascendiendo grado por grado, pretor de Siracusa. Una vez elevado a esta dignidad, quiso ser príncipe y obtener por la violencia, sin debérselo a nadie, lo que de buen grado le hubiera sido concedido. Se puso de acuerdo con el cartaginés Amílcar, que se hallaba con sus ejércitos en Sicilia, y una mañana reunió al pueblo y al Senado, como si tuviese que deliberar sobre cosas relacionadas con la república, y a una señal convenida sus soldados mataron a todos los senadores y a los ciudadanos más ricos de Siracusa. Ocupó entonces y supo conservar como príncipe aquella ciudad, sin que se encendiera ninguna guerra civil por su causa. Y aunque los cartagineses lo sitiaron dos veces y lo derrotaron por último, no sólo pudo defender la ciudad, sino que, dejando parte de sus tropas para que contuvieran a los sitiadores, con el resto invadió el Africa; y en poco tiempo levantó el sitio de Siracusa y puso a los cartagineses en tales aprietos, que se vieron obligados a pactar con él, a conformarse con sus posesiones del Africa y a dejarle la Sicilia.
Quien estudie, pues, las acciones de Agátocles y juzgue sus méritos, muy poco o nada encontrará que pueda atribuir a la suerte; no adquirió la soberanía por el favor de nadie, como he dicho más arriba, sino merced a sus grados militares, que se había ganado a costa de mil sacrificios y peligros; y se mantuvo en mérito a sus enérgicas y temerarias medidas. Verdad que no se puede llamar virtud el matar a los conciudadanos, el traicionar a los amigos y el carecer de fe, de piedad y de religión, con cuyos medios se puede adquirir poder, pero no gloria. Pero si se examinan el valor de Agátocles al arrastrar y salir triunfante de los peligros y su grandeza de alma para soportar y vencer los acontecimientos adversos no se explica uno por qué tiene que ser considerado inferior a los capitanes más famosos. Sin embargo, su falta de humanidad, sus crueldades y maldades sin número, no consienten que se lo coloque entre los hombres ilustres. No se puede, pues, atribuir a la fortuna o a la virtud lo que consiguió sin la ayuda de una ni de la otra
SOBRE LOS EJERCITOS
 
ALI:
De entre tus oficiales deberían recibir tu más alto respeto y consideración quienes ponen la mayor atención a las necesidades de los soldados a su cargo, quienes se adelantan a ayudar a los soldados con sus medios y bienes personales, de tal modo que los soldados puedan llevar una vida feliz y tranquila y puedan estar completamente confiados acerca del futuro de sus familias e hijos. Si están así satisfechos y libres de ansiedades y preocupación, pelearán sincera y valientemente en todas las batallas. Tu constante atención a los oficiales y a los soldados, hará que te quieran cada vez más.
MAQUIAVELO:
Digo, pues, que las tropas con que un príncipe defiende sus Estados son propias, mercenarias, auxiliares o mixtas. Las mercenarias y auxiliares son inútiles y peligrosas; y el príncipe cuyo gobierno descanse en soldados mercenarios no estará nunca seguro ni tranquilo, porque están desunidos, porque son ambiciosos, desleales, valientes entre los amigos, pero cobardes cuando se encuentran frente a los enemigos; porque no tienen dísciplina, como tienen temor de Dios ni buena fe con los hombres; de modo que no se difiere la ruina sino mientras se difiere la ruptura; y ya durante la paz despojan a su príncipe tanto como los enemigos durante la guerra, pues no tienen otro amor ni otro motivo que los lleve a la batalla que la paga del príncipe, la cual, por otra parte, no es suficiente para que deseen morir por él.
Concluyo, pues, que sin milicias propias no hay principado seguro; más aún: está por completo en manos del azar, al carecer de medios de defensa contra la adversidad. Que fue siempre opinión y creencia de los hombres prudentes "Que nada hay tan débil e inestable como la fama de poder que no se apoya en las propias fuerzas." Y milicias propias son las compuestas, o por súbditos, o por ciudadanos, o por servidores del príncipe.
SOBRE LA IMPORTANCIA DE GANARSE EL CARIÑO DE LOS SUBDITOS
 
ALI:
El mayor deleite para el corazón de un gobernante debería ser el hecho de que su país está siendo conducido de acuerdo a los principios de la equidad y la justicia y que sus súbditos lo quieran. Ellos te querrán solamente cuando sus corazones no estén resentidos en tu contra. Su sinceridad y fidelidad se pondrá a prueba cuando se unan para apoyar tu gobierno, cuando acepten tu autoridad sin considerarla una insoportable carga sobre sus cabezas y cuando no deseen que tu gobierno llegue a su fin.
Permíteles pues que abriguen tantas esperanzas en ti como quieran y cúmplelas tanto como razonablemente puedas. Habla bien de aquellos que merecen tus elogios. Aprecia sus buenos actos y permite que esas buenas acciones se conozcan públicamente.
La oportuna publicidad de una noble acción y de obras valiosas crean más fervor en los valientes y animan a los cobardes. Debes conocer y estar al tanto de los buenos actos realizados por cada individuo, de modo que el mérito de la noble acción hecha por uno no se le atribuya a otro.
MAQUIAVELO:
Siendo mi propósito escribir cosa útil para quien la entiende, me ha parecido más conveniente ir tras la verdad efectiva de la cosa que tras su apariencia. Porque muchos se han imaginado como existentes de veras a repúblicas y principados que nunca han sido vistos ni conocidos; porque hay tanta diferencia entre cómo se vive y como se debería vivir, que aquel que deja lo que se hace por lo que debería hacerse marcha a su ruina en vez de beneficiarse; pues un hombre que en todas partes quiera hacer profesión de bueno es inevitable que se pierda entre tantos que no lo son. Por lo cual es necesario que todo príncipe que quiera mantenerse aprenda a no ser bueno, y a practicarlo o no de acuerdo con la necesidad
Dejando, pues, a un lado las fantasías, y preocupándonos sólo de las cosas reales, digo que todos los hombres, cuando se habla de ellos, son juzgados por algunas de estas cualidades que les valen o censura o elogio. Uno es llamado pródigo, otro tacaño (y empleo un término toscano, porque «avaro», en nuestra lengua, es también el que tiende a enriquecerse por medio de la rapiña, mientras que llamamos «tacaño» al que se abstiene demasiado de gastar lo suyo); uno es considerado dadivoso, otra rapaz; uno cruel, otro clemente y así sucesivamente
Sé que no habría nadie que no opinase que sería cosa muy loable que, de entre todas las cualidades nombradas, un príncipe poseyese las que son consideradas buenas; pero como no es posible poseerlas todas, ni observarlas siempre, porque la naturaleza humana no lo consiente, le es preciso ser tan cuerdo que sepa evitar la vergüenza de aquellas que le significarían la pérdida del Estado, y, si puede, aun de las que no se lo haría perder, pero si no puede no debe preocuparse gran cosa y mucho menos de incurrir en la infamia de vicios sin los cuales difícilmente podría salvar el Estado, porque si consideramos esto con frialdad, hallaremos que, a veces, lo que parece virtud es causa de ruina, y lo que parece vicio sólo acaba por traer el bien estar y la seguridad.
Empezando por las primeras de las cualidades nombradas, digo que estaría bien ser tenido por pródigo. Sin embargo, la prodigalidad, practicada de manera que se sepa que uno es pródigo, perjudica; y por otra, parte, si se la práctica virtuosamente y tal como se la debe practicar, la prodigalidad no será conocida419 y se creerá que existe el vicio contrario. Pero como el que quiere conseguir fama de pródigo entre los hombres no puede pasar por alto ninguna clase de lujos, sucederá siempre que un príncipe así acostumbrado a proceder consumirá en tales obras todas sus riquezas y se verá obligado, a la postre, si desea conservar su reputación, a imponer excesivos tributos, a ser riguroso en el cobro y a hacer todas las cosas que hay que hacer para procurarse dinero. Lo cual empezará a tornarlo odioso a los ojos de sus súbditos, y nadie lo estimará, ya que se habrá vuelto pobre. Y como con su prodigalidad ha perjudicado a muchos y beneficiado a pocos, se resentirá al primer inconveniente y peligrará al menor riesgo. Y si entonces advierte su falla y quiere cambiar de conducta, será tachado de tacaño.
Ya que un príncipe no puede practicar públicamente esta virtud sin que se perjudique, convendrá, si es sensato, que no se preocupe si es tildado de tacaño; porque, con el tiempo, al ver que con su avaricia le bastan las entradas para defenderse de quien le hace la guerra, y puede acometer nuevas empresas sin gravar al pueblo, será tenido siempre por más pródigo, pies practica la generosidad con todos aquellos a quienes no quita, que son innumerables, y la avaricia con todos aquellos a quienes no da, que son pocos.
En consecuencia, un príncipe debe reparar poco -con tal de que ello le permita defenderse, no robar a los súbditos, no volverse pobre y despreciable, no mostrarse expoliador- en incurrir en el vicio de tacaño; porque éste es uno de los vicios que hacen posible reinar.
Y si hay algo que deba evitarse, es el ser despreciado y odioso, y a ambas cosas conduce la prodigalidad.
Por lo tanto, es más prudente contentarse con el tilde de tacaño, que implica una vergüenza sin odio, que, por ganar fama de pródigo, incurrir en el de expoliador, que implica una vergüenza con odio.
SOBRE LA RELACION CON LOS SUBDITOS
 
ALI:
No subestimes mal ni pagues mal un trabajo bien hecho, y así mismo, no pagues demasiado un trabajo simple por haber sido realizado por una persona importante y no permitas que su posición y prestigio sean la causa de la sobre evaluación de su trabajo; y al mismo tiempo no devalúes una gran acción si fue hecha por una persona común. Permite que la justicia, la equidad y el juego limpio sean tu máxima.
En lo concerniente a la recaudación de las rentas públicas e impuestos, siempre debes tener en cuenta la prosperidad del contribuyente, esto es más importante que el impuesto en sí, porque estos impuestos y los contribuyentes, son la fuente original de la que depende el bienestar de tu gobierno y tus súbditos. Un estado realmente subsiste con las rentas de los contribuyentes porque su capacidad imponible descansa sobre la fertilidad de la tierra.
El gobernante que no presta atención a la prosperidad de sus súbditos y a la fertilidad de la tierra, concentrándose solamente en la recaudación de las rentas, asola la tierra, arruina el estado y lleva la destrucción a las criaturas de Dios. Su gobierno no puede durar mucho. Si los contribuyentes se quejan de la pesada incidencia de las tasas e impuestos, de cualquier calamidad accidental, del capricho del viento monzón, de la escasez de medios de irrigación, de la destrucción de sus cosechas debido a las excesivas lluvias y, si son quejas son verdaderas, entonces reduce sus impuestos. La reducción debe ser tal que les provea de oportunidades para mejorar su condición y aliviar su situación.
La disminución de los ingresos del estado debido a tales razones no debería deprimirte, porque la mejor inversión para un gobernante es la ayuda a sus súbditos en tiempos de dificultades. Ellos son la verdadera riqueza de un país y cualquier inversión en ellos, aun en la forma de reducción de impuestos, será devuelta al estado bajo la forma de prosperidad de sus ciudades y la mejora del país en general.
Al mismo tiempo que las rentas, podrás merecer y obtener su cariño, respecto y encomio. ¿No sería esto una eterna felicidad? No solamente esto, sino que tu benigno gobierno y humano comportamiento, producirán un efecto tal en ellos que te ayudarán en las dificultades y podrás confiar en su apoyo. Tu amabilidad, clemencia y justicia, serán una especie de entretenimiento moral para ellos. Su feliz y próspera vida, por la que te estarán agradecidos, serán para ti el mejor apoyo, la más fuerte protección y el mayor tesoro. Si más tarde sobrevienen circunstancias en las que necesites su apoyo, ayuda, confianza, riqueza y fuerza, entonces ellos no te escatimarán nada.
Recuerda Mâlik, su in país es próspero y si su gente está bien entonces soportará feliz y voluntariamente cualquier carga. La pobreza de la gente es la causa real de la devastación de un país.
MAQUIAVELO:
Trate el príncipe de huir de las cosas que lo hagan odioso o despreciable, y una vez logrado, habrá cumplido con su deber y no tendrá nada que temer de los otros vicios. Hace odioso, sobre todo, como ya he dicho antes, el ser expoliador y el apoderarse de los bienes y de las mujeres de los súbditos, de todo lo cual convendrá abstenerse. Porque la mayoría de los hombres, mientras no se ven privados de sus bienes y de su honor, viven contentos; y el príncipe queda libre para combatir la ambición de los menos, que puede cortar fácilmente y de mil maneras distintas. Hace despreciable el ser considerado voluble, frívolo, afeminado, pusilánime e irresoluto, defectos de los cuales debe alejarse como una nave de un escollo, e ingeniarse para que en sus actos se reconozca grandeza, valentía, seriedad y fuerza. Y con respecto a los asuntos privados de los súbditos, debe procurar que sus fallas sean irrevocables y empeñarse en adquirir tal autoridad que nadie piense en engañarlo ni en envolverlo con intrigas.
El príncipe que conquista semejante autoridad es siempre respetado, pues difícilmente se conspira contra quien, por ser respetado, tiene necesariamente que ser bueno y querido por los suyos. Y un príncipe debe temer dos cosas: en el interior, que se le subleven los súbditos; en el exterior, que lo ataquen las potencias extranjeras.
En lo que se refiere a los súbditos, y a pesar de que no exista amenaza extranjera alguna, ha de cuidar que no conspiren secretamente; pero de este peligro puede asegurarse evitando que lo odien o lo desprecien y, como ya antes he repetido, empeñándose por todos los medios en tener satisfecho al pueblo. Porque él no ser odiado por el pueblo es uno de los remedios más eficaces de que dispone un príncipe contra las conjuraciones.
Llego, pues, a la conclusión de que un príncipe, cuando es apreciado por el pueblo, debe cuidarse muy poco de las conspiraciones; pero que debe temer todo y a todos cuando lo tiene por encinigo y es aborrecido por él. Los Estados bien organizados y los príncipes sabios siempre han procurado no exasperar a los nobles y, a la vez, tener satisfecho y contento al pueblo. Es éste uno de los puntos a que más debe atender un príncipe.
También concurre en beneficio del príncipe el hallar medidas sorprendentes en lo que se refiere a la administración, como se cuenta que las hallaba Bernabó de Milán. Y cuando cualquier súbdito hace algo notable, bueno o malo, en la vida civil, hay que descubrir un modo de recompensarlo o castigarlo que dé amplio tema de conversación a la gente. Y, por encima de todo el príncipe debe ingeniarse por parecer grande e ilustre en cada uno de sus actos.
Asimismo se estima al príncipe capaz de ser amigo o enemigo franco, es decir, al que, sin temores de ninguna índole, sabe declararse abiertamente en favor de uno y en contra de otro El abrazar un partido es siempre más conveniente que el permanecer neutral. Y siempre verás que aquel que no es tu amigo te exigirá la neutralidad, y aquel que es amigo tuyo te exigirá que demuestres tus sentimientos con las armas. Los príncipes irresolutos, para evitar los peligros presentes, siguen las más de las veces el camino de la neutralidad, y las más de las veces fracasan.
El príncipe también se mostrará amante de la virtud y honrará a los que se distingan en las artes. Asimismo, dará seguridades a los ciudadanos para que puedan dedicarse tranquilamente a sus profesiones, al comercio, a la agricultura y a cualquier otra actividad; y que unos no se abstengan de embellecer sus posesiones por temor a que se las quiten, y otros de abrir una tienda por miedo a los impuestos. Lejos de esto, instituirá premios para recompensar a quienes lo hagan y a quienes traten, por cualquier medio, de engrandecer la ciudad o el Estado. Reúnase de vez en vez con ellos666 y dé pruebas de sencillez y generosidad, sin olvidarse, no obstante, de la dignidad que inviste, que no debe faltarle en ninguna ocasión.
Paso a las otras cualidades ya citadas y declaro que todos los príncipes deben desear ser tenidos por clementes y no por crueles. Y, sin embargo, deben cuidarse de emplear mal esta clemencia César Borgia era cruel, pese a lo cual fue su crueldad la que impuso el orden en la Romaña, la que logró su unión y la que la volvió a la paz y a la fe. Que, si se examina bien, se verá que Borgia fue mucho más clemente que el pueblo florentino, que, para evitar ser tachado de cruel, dejó destruir a Pistoya. Por lo tanto, un príncipe no debe preocuparse porque lo acusen de cruel, siempre y cuando su crueldad tenga por objeto el mantener unidos y fieles a los súbditos; porque con pocos castigos ejemplares será más clemente que aquellos que, por excesiva clemencia, dejan multiplicar los desórdenes, causa de matanzas y saqueos que perjudican a toda una población, mientras que las medidas extremas adoptadas por el príncipe sólo van en contra de uno. Y es sobre todo un príncipe nuevo el que no debe evitar los actos de crueldad, pues toda nueva dominación trae consigo infinidad de peligros.
Sin embargo, debe ser cauto en el creer y el obrar, no tener miedo de sí mismo y proceder con moderación, prudencia y humanida
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