Una investigación objetiva de la historia del Islam demuestra que el Corán, esta Escritura maravillosa, fue el milagro más grandioso y el arma principal que esgrimió el Profeta en su tarea de difusión. Los maestros de la lengua, los poetas y oradores de la época y posteriores fueron anonadados por la elocuencia del Libro, por su extraordinaria expresividad, su atracción y sabiduría. Todos los árabes -para quienes el cultivo de la lengua era como una religión confesaban que jamás se había presentado una exposición tan sublime como la suya.
Los más significativos momentos de la historia están conectados a las vidas de los grandes hombres. Sus vidas, las de los grandes hombres, son como la trama sobre la cual se teje la historia humana; son como hi­los luminosos que de manera ejemplar, misteriosa, marcan el rumbo del devenir humano. Ellos son la gran obra de la creación, sus vidas lo más resonante de la historia.Por otra parte, a menudo estos hombres se encuentran en los qui­cios de la historia, en la frontera de los grandes cambios y revoluciones sociales, cuyas motivaciones encierran sus propias vidas. Fueron así los eslabones que unieron mundos, civilizaciones y tiempos diferentes, opuestos, a través de existencias de aventura, brillantes, completas.
Son unánimes las evidencias de que la primera mujer que creyó en Muhammad fue Jadiya. Dijo ‘Aisha: “Siempre lamenté no haber podido vivir en la época de Jadiya, pues me sorprendía el gran amor y cariño del Profeta hacia ella. La recordaba más que a nadie.”
El período más difícil y delicado para su futuro espiritual por el que pasa todo ser humano es la juventud. En ella se intensifican y alcanzan su maduración los instintos sexuales y el tormento de la pasión oscurece la razón y el juicio. Todos los deseos se intensifican y la luz de la razón tiende a oscurecerse. Los palacios de la imaginación perturban el camino de los jóvenes. Si en estas circunstancias un joven posee fortuna su vida puede tomar un rumbo peligroso.
...La hora de la mubahala llegó. El día anterior el Profeta y la delegación habían acordado realizarla en un sitio desértico, lejano a la ciudad. De entre todos los musulmanes y parientes el Enviado de Dios sólo eligió cuatro personas. Ellas eran Alí, Fátima, Hasan y Husain. Salvo ellos nadie más lo acompañaría, puesto que no existían almas más puras y firmes en la fe que las de ellos cuatro Muhammad atravesó la distancia entre su casa y el sitio designado con especial esplendor, cargando al Husain en sus brazos y tomando de la mano a Hasan. Fátima y Alí lo seguían. Les había dicho: “Cuando yo pronuncie mis palabras ustedes agreguen ‘Amín’ (Así sea)”...
Las oscuras nubes de la ignorancia se habían abatido sobre Arabia. La iniquidad y maldad generalizadas, las guerras sangrientas, el incremento del saqueo y la matanza de las hijas mujeres, habían extinguido casi por completo las cualidades morales de ese pueblo. La sociedad árabe estaba pasando por el período más oscuro y triste de su historia.Pero justamente en ese momento surgió una estrella de esperanza que iluminó ese oscuro ambiente, y fue el nacimiento de quien sería el Sello de la Profecía: Muhammad (B.P.). Este acontecimiento marca un hito notable, un punto de inflexión en la decadencia de un pueblo sumido por entonces en la ignorancia. Al cabo de pocos años esa estrella se convertiría en un sol que iluminaría todo el mundo instaurando las bases de una civilización y cultura justas para todo el orbe.
Habían transcurrido ya tres años desde el inicio de la misión profética cuando el Enviado de Dios, luego de convocar a sus parientes según ya se relató, comenzó la proclama general del Islam.Un día ascendió a la colina de Safa y con fuerte voz clamó: “la Sabaaha”, expresión comúnmente usada para advertir a las multitudes en una ocasión importante, o también para difundir públicamente noticias terribles.
Cuando nació el fundador del monoteísmo Babilonia estaba gobernada por Nimrod Ibn Canaan, idólatra empedernido y megalómano hasta el punto de considerarse el dios del universo y gran difusor en su pueblo de falsas supersticiones. El principal arsenal de que se valía Nimrod lo constituía un grupo de astrólogos y adivinos quienes (con su apoyo) fortalecían su gobierno. Nimrod vivía inmerso en un mar de supersticiones. Cierto día, mientras se encontraba en medio de una de sus tantas orgías, lo interrumpieron los astrólogos para darle la primera señal de alarma: “Tu reinado está próximo a ser destruido por un babilónico”.
Para que podamos valorar la importancia del sagrado movimiento y revolución cultural y espiritual a que dio lugar el Islam, es imprescindible que conozcamos la situación reinante en dos culturas. La primera, en la que fue revelado el Sagrado Corán, medio en el cual nació y creció el Islam. Y la segunda, la cultura y el medio ambiente en la que transcurrían sus vidas los pueblos más civilizados de la época.
Algunos preguntan acerca de los argumentos y pruebas en las  que se basa la legislación de la escuela Ya'farita para considerar que es obligatorio realizar la prosternación sobre la tierra o sobre aquellos vegetales no comestibles ni usados para confeccionar ropa (Excepto cuando no haya más remedio).También se preguntan acerca de la costumbre de algunos de los seguidores de AHLUL BAIT (P) de llevar siempre consigo una Turbah (trozo de arcilla prensada) para rezar.