Al-Ma’sumin; arquetipos verdaderamente humanos

Hasan Félix. Manuel Águila

 

  “Al Ma’sumin” significa “impecable (por naturaleza)”, aquello que fue privado del error y la impureza. En el Sagrado Qur’an es aplicado a la Familia del Noble Profeta (BPD) al purificarlos en sobremanera (33. 33) y hacerles entender los Misterios del Libro. Bajo este nombre nuestro Movimiento se ha identificado como muestra del Linaje Espiritual y de la Silsilah (cadena de transmisión) a que respondemos.

  A  diferencia de otras sociedades la vida en Occidente gira en torno a términos como “bueno o malo” “positivo o negativo”. De hecho, la Existencia es conceptuada sobre este dualismo. La religión y la política se definen a través de estas apreciaciones, donde el espíritu y la materia, el mundo y las instituciones coexisten contradictoriamente.

 Desde este punto de vista el pecado y sus efectos condenan al hombre, vaticinándole una larga estadía en el infierno sin que este pueda hacer nada por sí mismo. Por lo cual, concluyen las agrupaciones rigoristas, las enfermedades, cambios climatológicos y otros desastres son culpa del pecado, aunque estos castigos se extiendan sobre inocentes. La fuente de estos conceptos no es más que la resonancia de acuerdos heredados en la Edad Media, comandos de fe legados por el clero dominante  en su afán de extender a otras sociedades su manera de interpretar el mundo.

  Al lector no familiarizado con altos estudios de la Biblia, le resulta asombroso descubrir que en ella no aparece ni una sola vez el término “pecado” al menos en su forma elaborada actual. Los términos hebreos usados en el Antiguo Testamento varían marcadamente. Podemos observar la palabra ‘awen, aplicada a “dolor, vanidad”, esta designación posee dos similares arábigos: ‘ana “cansado” y ‘aynun “pena, debilidad”. Además tiene relación con el vocablo hebraico ‘ayin “nada”. La relación de estos cognados sugieren a los antropólogos que ‘awen significa la ausencia de lo que no tiene valor.

  Por otro lado tenemos palabras como ‘ashan “culpa”, ithmun “ofensa” quizás “crimen” y otras variantes como athima “errar”, “resbalar” y athimun “perverso”. Sin embargo, los textos árabes no incluyen la idea de restitución y  los ugaríticos del Rash Shamra el vocablo atm podría significar “ofensa” y a su vez “pago por algo”. Otra palabra interesante resulta ‘amal “queja”, “trabajo”, la cual se mantiene igual en arameo y en árabe, al menos en este último hasta la actualidad.   El griego Koiné del Nuevo Testamento emplea la palabra jamartía “errar en el blanco” lo que denota el no cumplimiento de un propósito y aunque los eruditos se empeñen en afirmar que su significado etimológico se pierde en las páginas del N. T, Pablo la utiliza para ejemplificar su integridad cristiana nos dice que él “prosigue al blanco” (Col 3. 14) en oposición al término jamartía “aquel que equivoca su lanzamiento en arco”. Sin embargo, como hemos visto, el término latino “peccàtum” nos resulta todo un concepto o tecnicismo ajeno en su mayor parte al sentido original del mensaje profético, pues refleja un discurso teológico capaz de dirigir nuestra reflexión por una senda no compatible con el desarrollo de la conciencia. (Diccionario expositivo de palabras del A. T y N. T. W. E. Vine)

  Nuestro discurso no radica en definir términos como bueno o malo, más bien nos interesa destacar que el concepto latino trajo aparejado ideas equívocas de conductas que nos llevaron a masacrar sociedades o juzgar formas de vida hasta la actualidad reinante, desviando la apreciación de lo que concebimos como perfección. De aquí, poco tendría el hombre que luchar por adquirirla, pues ante los ojos de su Creador siempre sería un vulgar pecador y la Naturaleza caída jamás reflejaría la grandeza del Misterio, pues en su estado crítico no más tendría que conformarse con la esperanza escatológica de un mundo de resurrección. 

  Desde el punto de vista de las religiones proféticas, el mundo es la manifestación de Dios, de ahí el Hadiz: “Yo era un Tesoro oculto”. La Esencia Divina se manifestó, a eso es lo los musulmanes designamos como “Al-lah”, Nombre genérico (y no propio) de eso “Incognoscible Manifestado”. En ese proceso creativo todos los Nombres atributos hicieron accesibles los dones divinos, de manera que todo lo existente resulta ser la manifestación de estos nombres.

  La creación y lo que ella abarca- siguiendo esta línea de pensamiento- no puede hacer otra cosa que expresar a su Señor. Cuando el Sol y la Luna, los animales y las plantas, así como el hombre muestran en sí mismo lo que son, manifiestan “perfección e impecabilidad”, Todos los Nombres de Dios se encuentran repartidos por todo el universo, y aún más, lo conforman. Es la alteración de su fluir lo que en cierta medida los místicos musulmanes consideran “errar en el blanco” o “pecado”. Al equilibrarlos, el hombre puede ser catalogado como “Ma’sum” y convertirse en un Espejo Perfecto de los atributos de Dios.

(Ver la continuacón en archivo pdf)

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