Las Etapas de la Jurisprudencia Islámica Imamita (I)
Por el Shaij Muhammad Ibrahim Al-Yannati
Traducido por Shaij Feisal Morhell
 
Desde la época de su apa­rición en la resplandeciente ciu­dad de Me­dina, la jurisprudencia is­lámica ha tenido diferentes pro­ce­sos en su evo­lución y ha sido tes­tigo de diversas etapas[1] que po­demos clasificar de la siguiente manera:
La Primera Etapa: La Etapa de la Legislación y su Anuncio.
Esta etapa comienza en el día en que al Mensajero de Allah (BP) le fue conferida la profecía en la enno­blecida ciudad de la Meca, cuando tenía cuarenta años de edad, y duró hasta el día de su falleci­miento en la ciudad de Medina 23 años después. Este período ter­minó en el año 10 de la Hégira, ya que residió en la Meca durante aproximadamente trece años hasta que emigró a Medina llegando a ella el Lu­nes 11 de Rabi‘ul Auwal después de haber estado oculto tres días en la cueva. La emigración (Hiyrah o Hégira) del Profeta (BP) marca el comienzo del ca­lendario Islámico lunar, y al re­sidir en Medina alre­dedor de diez años hasta ser con­vocado y aceptar el llamado de su Señor el Lunes 28 del mes de Safar del 11 H., el total de esta etapa llega a ser lo que señalamos anterior­mente.
Con esto queremos señalar que el Fiqh o jurisprudencia islámica surgió en esta etapa de forma paulatina y no súbitamente, ya que el Mensajero de Allah (BP) no les hizo llegar el Fiqh y las normas divinas de improviso sino en forma gradual, cuando se reunía con sus compañeros  y éstos se familiarizaban con el Fiqh y las normas divinas que Allah, Exal­tado Sea, le ordenaba anunciar­les.
Eso también ocurría cuando sus com­pañeros recurrían a él, ante la ne­cesidad de alguna normativa reli­giosa, social, moral, u de otro tipo;  lo que se realizaba sin inter­mediar ninguna otra persona. Entonces el Profeta (BP) les res­pondía, ya sea mediante una aleya del Corán, lo cual es indi­cado en las palabras del Altísimo que di­cen: «...El es quien envió de entre los iletrados un Mensa­jero que les recita sus ale­yas...»[2], o bien les respondía con la tradición o Sunnah que iba estipulando mediante sus di­chos, acciones o aceptaciones táci­tas (taqrir).[3]
En esta etapa los musulmanes gozaban  de una situación de ri­queza en lo que se refiere a re­cibir el Fiqh, ya que lo aprendían directamente de las palabras del Mensajero (BP), quien a veces los remitía hacia el Imam Ali (P) a quien se dirigían y de quien tomaban la respuesta.
En ocasiones el Profeta (BP) en­viaba a sus compañeros a algunas regiones islámicas para explicar cuestiones de jurisprudencia y las normas religiosas, como ocu­rrió con el envío de Ma‘adh hacia el Yemen; aunque en esta etapa las cosas no pasaban de eso.
Aquí vale la pena hacer notar los siguientes puntos:
1- El Registro de la Revelación:
En esta etapa el Profeta (BP) orde­naba a sus escribas que re­gistraran la revelación divina que recibía, y aquellos ejecutaron su orden es­cribiendo todo lo que le fue revelado.
2- La Fuente del Fiqh y la Le­gislación en esta Etapa:
Es sabido que la fuente del Fiqh y la legislación durante esta etapa era la revelación que descendía sobre el Profeta (BP) y nada más, pero aún así se produjo discre­pancia entre los sabios islámicos acerca de si el Profeta (BP) reali­zaba Iytihad o deducción perso­nal al explicar las normas.
Los imamitas creen que sus nor­mas no provenían del Iytihad y están de acuerdo con ellos en esta opinión Abu ‘Ali Al-Yabai y su hijo Abu Hashim. La mayoría de los juristas de la escuela Sunnah opinan que no había impedi­mento en que realizara Iytihad de las normas, pero entre ellos mis­mos hay discrepancia acerca de si se produjo o no.
Entre los que opinan que se pro­dujo, se cuentan el sabio Saifuddin Al-Hanafi (Fallecido en 631 H.), Al-Amadi, autor de Al ihkam fi usulil ahkam, Ibn Al-Hayib Ya­maluddin Uzman Al-Maliki (fallecido en 646 H.), autor del libro Muntahas su’al ual amal, e Ibn Taimiah Al-Harani Al-Han­bali (fallecido en 727 H.). Dice el autor de Faidul Bari: “El Profeta hacia Iytihad cuando era necesa­rio”.[4]
Otros se abstienen de aseverar que realizó Iytihad, entre ellos el sabio Abu Hamid Muhammad Al-Ga­zali (fallecido en 505 H.) y Al-Fajrur Razi. Algunos de la es­cuela Sunnah particularizan la discusión a lo relativo a las bata­llas y hechos similares y no a las normas de la Shari‘ah en ge­neral, al no considerar permitido el Iytihad del Profeta en ellas. En cambio Ibn Hamam dice: “El Profeta (BP) estaba comisionado en forma ab­so­luta para hacer Iytihad tanto en las normas de la Shari‘ah, como en las guerras o en los asuntos reli­giosos, sin estar sujeto a nin­gún tipo de limita­ción”.
Pero la realidad es que el Profeta (BP) no emitió ninguna de las normas de la Shari‘ah basándose en su Iytihad ya que la fuente del Fiqh y la legislación es Allah y nadie más.
Primeramente por la existencia de diversas aleyas en el Corán que niegan aquello, como las que di­cen:
«...No habla por capricho. Sino que es revelación conferida»[5]
«...Sólo sigo lo que me es reve­lado...»[6]
«Si (el Profeta) nos hubiera atri­buido algún dicho, le ha­bríamos tomado de la diestra, luego le habríamos seccionado la aorta...» [7]
También está la aleya revelada en relación a la cuestión del Dzihar cuya norma no descendió sino hasta después de cuarenta días y que dice:
«Por cierto que Allah ha escu­chado las palabras de la que te discutía respecto a su esposo y que se quejaba  a Allah. Allah escuchaba vuestra conversa­ción. Ciertamente que Allah es Om­nioyente, Omnividente»[8]
«Di: no encuentro en aquello que me fue revelado nada que para alguien sea prohibido ali­men­tarse, excepto la carne mor­tecina, la sangre derramada, la carne de cerdo -ya que es algo vil-, o algo corrompido al haber sido sacrificado sin habérsele invo­cado el nombre de Allah. Pero si alguien se viera compe­lido, sin que fuera por deseo o afán de con­travenir, en verdad que tu Señor es Indulgente, Misericordioso”[9]
En segundo lugar porque no ha­bía necesidad de ello, ni en la Meca, ni en Medina. En cuanto a la Meca, porque las aleyas que descendie­ron en ella y que llegan a ser cerca de dos tercios del Corán (las lla­madas mequinen­ses)[10], en general no se ocupan de las normas sino que se resumen a principios doc­trinales como la fe en Allah y en Su Mensajero, la resurrección, combatir la idola­tría, y el ateísmo, la recomenda­ción del bien y de las cualidades morales, la prohibición de los actos perversos y de engañar en el peso y la medida, y cosas simi­lares.
Pero en Medina, las aleyas reve­la­das en ella se acercan  a un ter­cio del Corán (las llamadas medi­nen­ses) y aún cuando se ocupan de las normas, su revelación era paula­tina. Además el Mensajero (BP) las explicaba, precisando las nor­mas que contenían y los he­chos, sucesos y soluciones a pro­blemas a los que se referían, los cuales surgían gradualmente en los dife­rentes ámbitos de la vida hasta que se completó la legisla­ción.
Como sea que fuere, la cuestión es que no hay legislador sino Allah, y no hay norma sino lo dispuesto por Allah.
Por lo tanto, el origen de la legis­lación es Allah:
«...que la disposición sólo perte­nece a Allah...»[11]
Y si en algunas expresiones de los juristas se aplicó el termino legis­lador al Profeta (BP), fue condes­cendiendo los términos, pero siempre teniendo en cuenta su condición de anunciador de la legislación. Es de esta manera que encontramos a Abu Ishaq Ibra­him Ash-Shatbi Al-Garnati (fallecido en 790 H.), autor del libro Al-Mu­wafaqat, denomi­nando en algunos casos ‘legislar’ a la acción de de­ducción de las normas del Muytahid, y eso es por condescen­dencia y simplifi­cación de térmi­nos y usos.
El Profeta (BP) era manifestador y esclarecedor de la legislación, no el legislador en sí mismo. El poder de la legislación es del Ser Su­premo quien no la delega a ningún Mensajero, Imam o Mu­ytahid de entre Sus siervos. A estos últimos no les está permi­tido prescribir a los siervos de Allah las normas que se les ocu­rran en su interior.
El Profeta (BP) recibía la revela­ción en todos los casos, incluso en lo relacionado a la indemniza­ción de un rasguño, por lo que para la explicación de las normas no ne­cesitaba del Iytihad.
Será adecuado mencionar uno de los hadices que indican la pureza de la legislación proveniente de Allah, Glorificado Sea, en la época del Profeta (BP). Dice el Mensa­jero de Allah (BP) en un hadiz en que se dirigía a Sa’d Ibn ‘Ibadah: “Por cierto que Allah, Poderoso e Imponente, ha dis­puesto para cada cosa una san­ción, y ha dis­puesto para quien contravenga esa sanción, una sanción”.[12]
Un hadiz confiable del Imam Sadiq (P), con sentido similar, dice: “Toda cosa tiene una san­ción y quien contra­venga esa sanción, tendrá una sanción”.[13]
Dice la aleya:
«...Y quien contravenga las san­ciones de Allah, ciertamente que ésos son los opresores»[14]
En otra narración confiable se transmite que se le dijo: “Vosotros decís que todo está (contemplado) en el Libro de Allah y en la Tradi­ción de Su Profeta”. Respondió: “Así es, todo está (contemplado) en el Libro de Allah y en la Tradi­ción de Su Profeta”.
La fecha de la revelación fue el 27 del mes de Rayab según los imamitas, y el 17 del mes de Ra­madán según las demás escuelas, y el lugar fue aquel en que el Men­sajero de Allah (BP) solía retirarse para realizar su adora­ción en las afueras de la Meca, en la cueva de Hira, donde se le reveló:
«Lee en el Nombre de tu Señor que ha creado * Ha creado al ser humano de Crúor * Lee, que tu Señor es el Más Gene­roso * Es quien ha enseñado el (uso del) cálamo * Ha enseñado al ser humano lo que (éste) no sabía»[15]
El se estremeció y comenzó a temblar. Volvió junto a su gente diciendo: “Arropadme”, y así lo hicieron hasta que el temor se alejó de él.
4- La Manera de Predicar del Profeta:
La prédica del Profeta fue al prin­cipio, de forma oculta y secreta, por un período de tres años, cuando la manifestó abiertamente por orden de su Señor al reve­larle:
«Declara públicamente lo que te fue ordenado y apártate de los asociadores * Nosotros te basta­mos contra aquellos que se bur­lan»[16]
Su prédica continuó por aproxi­madamente trece años en la ciu­dad de la Meca, como hemos indicado. En ella le fueron reve­lados aproximadamente dos ter­cios del Corán. Tras diez años desde el comienzo de la profecía, marchó ha­cia la ciudad de Ta’if. En el año 11 de la profe­cía ocu­rrió el Isra’ (viaje nocturno desde la Meca a Jerusalén) y el Mi‘ray (ascensión a los cielos desde Je­rusalén). En el año 13 emigró de la Meca a Medina, en la cual permaneció aproximada­mente diez años. Luego respon­dió al lla­mado de su Señor el 28 del mes de Safar como indica­mos al principio.
El Profeta (BP) ordenaba a sus escribas que registraran todo aquello que le era revelado. El Generoso Corán le era revelado poco a poco en las circunstancias apropiadas hasta que se completó a lo largo de veintitrés años.
El Propio Mensajero de Allah (BP) designó a su sucesor por or­den de Allah, Glorificado Sea, obedeciendo la aleya que dice:
«¡Oh Mensajero! Comunica aque­llo que te fue revelado de parte de tu Señor, ya que si no lo hicie­ras, no habrías difun­dido Su Mensaje, que cierta­mente que Allah te mantendrá a salvo de la gente. Por cierto que Allah no guía a los incrédu­los»[17]
A continuación la religión fue completada, terminándose la re­ve­lación mediante la siguiente aleya:
«...Hoy, Os He perfeccionado vuestra religión, He completado mis gracias para con vosotros, y os He preferido el Islam por reli­gión»[18]
La revelación de esta aleya fue en Huyyatul Wada‘ (la peregrina­ción de despedida), sólo tres me­ses antes del fallecimiento del Mensa­jero de Allah (BP), sin que des­pués de ella descendiera nin­guna otra aleya, de entre las normati­vas.
6- La Acepción de la Palabra Fiqh en esta Etapa:
La palabra Fiqh en esta etapa se usaba incluyendo la comprensión de las normas divinas en su con­junto, o sea, todo lo que Allah dispuso para sus siervos, ya sea lo relacionado a los principios doc­trinales, la moral, la ley islámica, etc. La palabra Fiqh en ese pe­ríodo implicaba todas esas cues­tiones por igual, y era tomada como si­nónimo de las palabras: Shari‘ah (ley), shur‘ah (práctica), shir‘ (costumbre), y din (religión), cada una de las cuales quería significar los prin­cipios doctrinales, los actos de­vociona­les y lo relacionado a ello. Luego se cambió el uso de la palabra y, para los juristas y juris­consultos (usuliun), se trans­formó en un término particular para el cono­cimiento que abarca las normas de la Shari‘ah y sus leyes.
7- La Acepción de la Palabra Faqih en esta Etapa:
Durante esta etapa, la palabra Fa­qih no se usaba para quien cono­cía las normas de la Shari‘ah, sino que se denominaba qari’ (literalmente: lector) a quien era memorizador de aleyas del Gene­roso Corán, o co­nocía sus signifi­cados y diferen­ciaba las abrogan­tes de las abroga­das, las alegóri­cas de las normati­vas, y entre éstas las parti­culares de las gene­rales, y las restringidas de las ab­solutas. En este período se lla­maba Qurra’ (plural de qari’) a los sabios, ya que leían el Libro de Allah, y eran catalogados bajo ese término por­que eso era lo que los distinguía del resto de la gente a causa del anal­fabetismo que impe­raba entonces. Y así, cuando la jurispru­dencia fue completán­dose en la ciudad de Medina con sus varia­das y dife­rentes dimen­siones, los sabios comenzaron a ser lla­mados Fu­qaha’.
Así como se usaba la palabra Fiqh para la comprensión de las normas de la Shari‘ah, también se llamaba de esta manera a las normas en sí mismas, ya que este es un término de entre aquellos que, teniendo un significado pre­ciso, muchas veces se usa para querer señalar lo relacionado a ese significado, como ‘Ilm que es ‘ciencia’ y que también se en­tiende como ‘conocimiento’ en el sentido de Ma‘lum (lo conocido).
Dice Ibn Abil Hadid el Mu‘tazilita al principio de su sharh o explica­ción del libro Nahyul Balagah: “El que dispuso las bases de las cien­cias islámicas en su totalidad fue Ali (P), ya que es quien compiló los hadices y escribió las verdades que mani­festó el Profeta (BP)”.
Como ya se indicó, la difusión de las normas morales, religiosas, etc., en esta etapa, se llevó a cabo en la res­plandeciente ciudad de Medina, durante diez años. Du­rante ese período, el Profeta (BP) explicaba lo permitido y lo prohibido, y les instruía en las realidades divinas, las normas religiosas y la ética islámica, aclarando lo que la Ummah, o comunidad, requería. En esta etapa, el Profeta (BP) no dejó en la resplandeciente ciu­dad de Me­dina ningún asunto sin determinar el juicio que le corres­pondía, ya fuera grande o pequeño, estipu­lando incluso el precio de la san­gre para un rasguño.
El Imam Amir Al-Mu’minin Ali (P) escribió todo aquello que manifestó el gran Mensajero, Muhammad Ibn Abdullah (P), tanto lo relacionado con el Tafsir o explicación del Corán, como con la Sunnah o Tradición Profé­tica, u otra cosa. Es más, el mismo Pro­feta (BP) le dictó las normas en su totalidad, ordenán­dole escribirlas, memori­zarlas, protegerlas y entregarlas a los Imames de su descendencia. Así lo hizo son su puño y letra, y las de­positó en su descendencia. Las narra­ciones que indican este he­cho son numerosas, algunas de las cuales mencionamos a conti­nuación:
1- Narró Al-Hamwi en su cadena de transmisión que llega al Imam Al-Baqir (P), de su padre, de su abuelo Amir Al-Mu’minin (P) que dijo: “Dijo el Mensajero de Allah (BP): ¡Oh Ali! Escribe lo que te transmito y enseño”. Ex­presé: “¡Oh Mensajero de Allah! ¿Acaso temes que me sobre­venga el olvido?”. Res­pondió: “No, pues he pedido a Allah, Poderoso e Imponente, que te haga memorizador, pero debes escribir para los Imames de tu descendencia, a quienes mi co­munidad se dirigirá en busca de ayuda, a quienes Allah respon­derá sus súplicas, quie­nes por su intercesión Allah alejará las afliccio­nes de la gente, y por quienes descenderá la miseri­cordia del cielo. Este es el pri­mero de ellos”, y señaló a Al-Hasan (P). luego dijo: “...Y este es el se­gundo de ellos”, señalando a Al-Husain (P), y a continuación agregó “...y los Imames son de su descenden­cia”.[19]
2- Narró Qais Al-Hilali las pala­bras de Ali (P) que dicen: “...y cuando él (el Mensajero de Allah) venía a mi casa y estaba a solas conmigo, ni Fátimah ni ninguno de mis dos hijos se separaban de mí, y siempre que le preguntaba algo me respon­día y cuando yo hacía silencio y se terminaban mis preguntas, él comenzaba a hablar. De esta manera, no fue revelada nin­guna aleya del Corán sin que me la haya dictado y hecho leer, escribiéndola yo con mi letra y enseñándome él su signifi­cado preciso (Ta’wil)[20]...”.
3- Lo narrado por Ali Ibn Junais de Abu Abdullah As-Sadiq (P) que dijo: “Los libros esta­ban con Ali y cuando marchó hacia Irak, se los entregó a Umm Sala­mah. Cuando pasó su tiempo es­tuvieron con Al-Hasan (P). Cuando pasó su tiempo estuvieron con Al-Husain (P). Cuando pasó su tiempo pasaron a estar con su hijo Ali Ibn Al-Husain, luego con mi padre...”.[21]
4- Lo narrado por ‘Adhafir As-Sairafi, quien dijo: “Estaba yo junto a Al-Hakam Ibn ‘Utaiba ante Abu Ya‘far Muhammad Ibn Ali Al-Baqir (P). Al-Hakam co­menzó a hacerle preguntas y Abu Ya‘far era el anfitrión. En un mo­mento discreparon acerca de una cuestión y Abu Ya’far dijo: “¡Oh hijo mío! tráeme el libro de Ali”. Entonces sacó un inmenso libro plegado al cual abrió y co­menzó a mirar hasta que encontró la cues­tión. Abu Ya’far dijo: “Esto es letra de Ali (P) y dic­tado del Mensajero de Allah (BP)”. Se acercó a Al-Hakam y le dijo: “¡Oh Abu Muhammad! tú, Salamah y Abul Miqdam podéis ir a donde queráis por la derecha o la iz­quierda que, ¡por Allah! no en­contraréis un co­nocimiento más confiable que éste ante ninguna gente a quie­nes Gabriel les haya descen­dido”.[22]
5-  Lo narrado por Muhammad Ibn Muslim quien dijo: “Le pregunté (al Imam As-Sadiq) acerca del conocimiento que les es heredado, si es que es en forma de una compilación de co­nocimientos, o acaso interpre­tan todos aquellos asuntos sobre los que habla la gente, como el divor­cio y las prescripciones. Respon­dió: “Por cierto que Ali (P) es­cribió todo conocimiento y pres­cripción, y si nosotros manifes­tamos algo al respecto, no es sino en base a una tradi­ción que le rija”.[23]
De estos hadices se comprende que el conocimiento de Ali (P) acerca de lo lícito, lo prohibido y las normas de la Shari‘ah, es lo que trajo Gabriel, y lo tomó del Mensajero de Allah (BP), razón por la cual el distinguido Profeta ordenó a su comunidad aferrarse a Ahlul Bait, adquirir de ellos su co­nocimiento, seguir sus pasos y obtener sus hadices, ya que lo que ellos poseen es mucho más confia­ble de lo que pudieran te­ner otros.
Entonces, los musulmanes en su totalidad debieran dirigirse a ellos y no a otros para aprender el fiqh, las normas religiosas y los con­cep­tos islámicos en general, pero la­men­tablemente no es de esta forma sino que sólo un grupo en parti­cu­lar de entre los musulma­nes si­guen  y practican la religión de Allah en base a la escuela de Ahlul Bait y procuran acercarse a Él de esta manera.
Un gran número de confiables sabios de este grupo aprendieron tanto los principios del Islam como sus ramas, de cada uno de los Imames, y lo relataron para las generaciones venideras en forma de narraciones con un ta­wa­tur contundente, esto es: hadi­ces cuyos contenidos están en mu­chas y diferentes cadenas de transmisión que llegan a los Ima­mes, quienes lo remiten al Men­sa­jero de Allah (BP). Los sabios posteriores actua­ron de la misma manera llegando a las últimas generaciones.
Así, los imamitas, en lo referente a los principios del Islam y sus ra­mas, siguen las enseñanzas de los Imames de la familia del Mensa­jero (BP), a las que extrajeron de su vasto y profundo mar, y las escucharon directamente de sus bocas.
Lo lamentable es que en los últi­mos tiempos, hay quien afirma la debilidad de los hadices de los imamitas, argumentando que lo que éstos narran, se basan en los considerados débiles de entre los narradores; siendo que muchos de los expertos en Hadiz de este grupo son considerados confia­bles y veraces por una can­tidad consi­derable de sabios de la es­cuela Sunnah, como Aban Ibn Tuglab y otros, que llegan a ser aproxima­damente cien personas.
Aquí será bueno tener en cuenta los siguientes puntos:
Primero: El libro que fue compi­lado por el Imam Ali (P) y dic­tado por el Mensajero de Allah (BP) es denominado Al-Yami‘ah y alcanza un largo de setenta bra­zas. Cuenta Abu ‘Ubaidah lo siguiente: “Uno de nuestros com­pañeros le pre­guntó a Abu Abdu­llah As-Sadiq (P) acerca del Yafr. Le respondió: “Es el cuero de un toro lleno de conoci­miento”. Le preguntó: “¿Es Al-Yami‘ah?”. Respon­dió: “Es un pliego de un largo de setenta bra­zas, cuyo ancho de cuero cur­tido, es igual al del camello grande de dos jorobas, que contiene todo lo que necesita la gente, y no hay cuestión que no abarque, in­cluso el precio de sangre de un ras­guño”.[24]
Segundo: El distinguido Profeta (BP) dictó este conocimiento a Ali Ibn Ali Talib (P) solamente, sin que nadie más se informase en forma semejante de ello. El Men­sajero de Allah (BP) le en­comendó que ese libro pasara a manos de los once Imames des­pués de él. Ali (P) cumplió con la voluntad del Profeta (BP) de dis­ponerlo para su descendencia, los Imames des­pués de él. Cada uno de los Ima­mes lo guardaba para su suce­sor, a quien se lo en­tre­gaba.
Tercero: Este libro lo tenían los Imames (P), y el Imam Al-Baqir y As-Sadiq (con ambos sea la paz), lo mostraron a un grupo de sus compañeros tanto imamitas como de otras escuelas, a modo de for­ta­lecer la confianza o evi­dencia de los dictámenes o fatuas exclu­sivas que los diferenciaban de las fatuas, opiniones y teorías del resto de los Ulama y Fuqaha, jurando por Allah que había sido dictado del Mensa­jero de Allah (BP) y que era letra de Ali Ibn Abi Talib (P).
Cuarto: Este libro fue famoso en aquel tiempo, y el mismo Al-Bu­jari narra acerca de él en su Sahih en los capítulos “La escri­tura de los hadices” y “Ha pecado quien se desentiende de sus seño­res”.
Quinto: Ese libro no era conocido sólo por los imamitas, sino que también era conocido por los sa­bios de la mayoría en la época del quinto y sexto Imam (con ambos sea la paz), ya que a muchos de los pedidos de fatuas que les ha­cía la gente del resto de las escue­las, respondían diciendo: “En el libro de Ali esta así...”, como fue el caso ante los requerimientos de fatua de Guiaz Ibn Ibrahim, Tal­hah Ibn Zaid, As-Sakuni, Sufian Ibn ‘Uiaiiah, Al-Hakam Ibn ‘Utaibah, Iahia Ibn Sa‘id, y otros. Así mismo sucedía en las respues­tas dadas a imamitas como Zurarah, Muhammad Ibn Muslim, Abdullah Ibn Sinan, Ibn Bakir, Abu Hamzah y otros.[25]
La Segunda Etapa: La Etapa de la Dilucidación y la Compilación.
Esta etapa comenzó, según los imamitas, con la culminación de la legislación, y se extiende hasta la época de los sabios Ali Ibn Al-Husain Ibn Ba­buaih -padre del Shaij As-Sa­duq- (fallecido en 328 H.), el Shaij Al-Kulaini (fallecido en 328 H.) e Ibn Quluaih (fallecido en 368 H.), durante los días de la ocultación menor del Señor de la Época, el duodécimo Imam -que Allah apre­sure su aparición- cerca del co­mienzo de su ocultación mayor.
En cambio, según la opinión del resto de las escuelas, los hadices, y por ende el Fiqh, no fueron compi­lados sino a partir de me­diados de tal período, esto es, desde la mitad del siglo II H; lo que es evidente, ya que la expli­cación del Fiqh y los hadices y su compila­ción, fue el importante trabajo de los Compa­ñeros y Tabi‘in, a causa de la ne­cesidad de los mu­sulmanes de quienes acumu­laran las dife­rentes partes del Fiqh y las nor­mas religiosas, a partir de sus dos fuentes: el Libro de Allah y la Sunnah, para poder referirse a ellas frente a sus pro­blemas religio­sos, científicos, sociales, persona­les y otros, sur­gidos desde que finalizara el pri­mer período, o sea el de la legis­lación, al fallecer el gran Profeta del Islam (BP).
Al fallecer el Mensajero (BP), los musulmanes conocían el Libro de Allah y la Tradición profética a partir de sus dichos, acciones y aceptaciones tácitas, y al surgirles problemas y cuestiones suscita­das por sucesos sin precedente, se di­rigían al Imam Ali (P) para su solución. Esto es reconocido por todas las escuelas y tenden­cias, ya que él es la puerta de la ciudad del conocimiento del Pro­feta (BP). Es por ello que en la histo­ria está re­gistrado cómo los com­pañeros, incluidos los tres prime­ros califas, se dirigían a él ante ese tipo de cuestiones. También los musul­manes se refe­rían a los compañe­ros del Profeta en gene­ral, los cuales aprendieron de él.
El Hadiz o la Tradición del Pro­feta es la fuente de la legislación des­pués del Libro de Allah, como nos lo indica la aleya que dice:
«...Lo que el Mensajero os trae, ¡tomadlo!, y de aquello que os prohibe, ¡alejáos!..»[26]
Efectivamente, el Imam Ali y quienes le sucedie­ron en esta etapa, realizaron de la mejor ma­nera lo que la conveniencia re­quería. Así también muchos de sus seguido­res que preservaron la Tradición y la transmitieron a las generacio­nes posteriores cui­dando su con­fiabili­dad y consta­tación, tanto, que incluso en un libro como Mizanul I‘tidal, se escribe: “...Y en relación a esto, o sea el shiismo, muchos de sus Tabi‘in y seguidores de éstos, eran perso­nas religiosas, piadosas y veraces, y si se rechazaran los hadices de éstos se perdería gran parte del legado profético...”.[27]
De lo anterior se desprende que el Fiqh Imamita se diferencia de otro en los siguientes aspectos:
1- Lo extenso y abundante de sus ramas, y el análisis y pro­fundi­zación en lo referente a la ar­gu­mentación, comprobación y exa­men, de una forma no con­templada en la jurisprudencia de las demás escue­las. Eso es gracias a los fru­tos del Iytihad en su sen­tido co­rrecto, que es la deducción de las normas de sus fuentes legí­timas entre las que están el Libro de Allah y la Sun­nah Profética; refi­riendo las nue­vas ramas que pu­dieran surgir a los principios, apli­cando las reglas generales a los casos correspon­dientes que oca­sionan la amplia­ción del ám­bito de la legislación en cuanto a los casos de aplicación y no en cuanto a sus sólidas bases, las cuales son inmutables; no al Iytihad en su falso sentido que es la deducción de las normas a partir de la opi­nión personal que oca­siona la ampliación de las ba­ses mismas de la legislación.
2- Lo extenso de las fuentes gracias al Imam Ali y a sus des­cendientes y sinceros seguidores que proporcionaron todo ese ma­terial y continuo testimonio a lo largo de 250 años después del fallecimiento del distinguido Pro­feta (BP).
3- Su apoyo ininterrumpido después del Libro de Allah, en la Sunnah o Tradición Profética desde que el gran Mensajero (BP) estaba con vida,  y la legis­lación del Fiqh y las normas reli­giosas por intermedio de la Gente de la Casa de la revelación (Ahlu Baitil Wahi): El Imam Ali (P) y sus des­cendientes y sinceros se­guidores. La jurisprudencia de ninguna otra escuela tiene esta particularidad, sino que comenza­ron a escribir y comprobar los hadices después de más de un siglo, razón por la cual las escue­las de jurisprudencia, fuera de la imamita, tuvieron que aferrarse al Qias (la analogía), el Istihsan (consideración del sabio que algo está bien), Al-Masalih Al-Mursa­lah[28], Sadd Ad-Dara’i‘, Shar‘u man Qablana (lo legislado por sabios anterio­res), y otras fuentes de jurispru­dencia de entre las ideadas posteriormente, a causa de las pocas narraciones que tuvieron para basarse.
4- La pureza de las fuentes de las cuales toma el Fiqh y los Hadi­ces los cuales después del Libro de Allah constituyen el principal fun­damento; pureza que es fruto del esfuerzo del Imam Ali y los Ima­mes de su descendencia, los vera­ces transmisores de la Sunnah, los esclarecedores de las normas de la religión, inmacula­dos del error, del olvido, la dis­tracción y el pecado. Eso es algo comprobado para los imamitas, en cambio las demás escuelas no poseen algo que ellas mismas consideren auténtico con seme­jante fuerza.
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