Del nombre, “Apertura del Libro” (Fatihah al-kitab) de esta sura, está claro que todos los versículos del Corán fueron recopilados durante el tiempo del Profeta (BP) formado en un libro y el orden de esta sura fue puesto al inicio del Libro. Los versículos de la bendita Sura al-Hamd (o Fatihah) son sobre Dios y Sus atributos, el tema de la Resurrección (ma’ad), requiere para la orientación en el camino de la verdad, y la aceptación de la soberanía (hakimiyyah) y señorío (rububiyyah) de Dios. También, en ésta sura expresamos nuestro interés de pisar el camino de los santos de Dios, la aversión y el repudio de los equivocados y aquellos que han ganado la ira divina.
3. El Hádiz transmitido por los Compañeros.En los hádices de las fuentes Sunnis ha sido transmitido por el Profeta (BPD) mostrando que él prohibió el mut’a durante su vida. En la mayoría de los Sunnis “colecciones” (sihah), está relatado del Imam ‘Ali (P) que dijo: “Verdaderamente el Profeta de Dios (BPD) prohibió el mut’a del matrimonio temporal y el comer la carne de asnos domesticados” En muchas de esas fuentes y también en las fuentes Shiías, las palabras: “En el día de la Batalla de Khaybar” serán añadidos.
En la Sura titulada “Las Mujeres”, después de enlistar a aquellas mujeres con quien el matrimonio es prohibido, el Corán declara lo siguiente: “… Retribuid como cosa debida, a aquellas de quienes habéis gozado como esposas. No hay inconveniente en que decidáis algo de común acuerdo después de cumplir con lo debido. Dios es Omnisciente, Sabio”. [Sura4:24]. Todos los ‘ulama’ Shiías y algunos ‘ulama’ Sunni sostienen que este versículo, especialmente las palabras: “Aquellas de quienes habéis gozado como esposas” (istamta ‘tum) se refiere al permiso del mut’a. Los Shiías presentan varios argumentos que prueban este punto.
Âsiah era la esposa del Faraón, quien era arrogante, malvado, malicioso, además que tenía malas creencias y cometía actos reprobables. El Sagrado Corán describe a Faraón como injusto, orgulloso, criminal, derramador de sangre y tirano. Âsiah se sentaba en el trono al lado del Faraón como la reina del gran país donde todo estaba a su alcance. Âsiah era un gobernante como lo era su esposo. Ella tenía gran autoridad y podía tomar lo que quisiera del reino y de la riqueza del país.
“Comed de lo lícito y de lo bueno que Dios os ha proveído y agradeced  la Gracia de Dios, si es a Él solo a Quien servís”. [Corán: 16:114]Dios, El Todopoderoso, en Su misericordia, amor y esmero, nos provee de talentos y nos hace dignos de usarlos. Entre todas las criaturas, incluso los ángeles, ninguna es plausible, capaz, ni está lista para recibir dichos talentos.
Cuando observamos la creación de Dios, nos confrontamos a nosotros mismos con la vasta e inmensa energía cuyos límites no imaginamos. Una mirada a la creación y a los millones de secretos que emanan de la naturaleza, así como a lo más recóndito del ser humano que provee una indicación clara de la escala del gran poder de quien los creó, su rico y complejo orden no admite tener otra explicación.
Las madres no dan a luz niños pecadores, ni estos vienen al mundo contaminados de pecado. Cuando un bebé viene a este mundo, su mente esta vacía de toda sabiduría, intelecto e información. Es completamente ignorante de lo que le rodea. Cuando viene a este mundo, el bebe no tiene entendimiento de nada, excepto de llorar y mamar. Al mismo tiempo, cuando el bebe llora y mama del seno de su madre, también es ignorante de lo que esta haciendo. Gradualmente los instintos, los sentimientos y los deseos se mueven en el círculo de su ser psicológico y al mismo tiempo estas actividades corporales entran en el campo de su vida. Solo entonces el bebé empieza a aprender de su alrededor y de la conducta de otros lo que es necesario para sobrevivir en esta vida.
La maravillosa moral y el más maravilloso final; El arrepentimiento de un sepulturero; El arrepentimiento de Fudail Al-’Aiâz; Tres musulmanes arrepentidos; El arrepentimiento de Al-Hurr Ibn Îazid Ar-Riyâhi; El arrepentimiento de dos hermanos en las últimas horas de ‘Âshurâ.Aunque este hombre no era consciente de la religión ni estaba interesado en ella y siempre se reunía con la gente viciosa y licenciosa. Un día mientras se hallaba sentado en un café en una  hermosa área a las afueras de la ciudad bebiendo té con sus amigos, una mujer con hermoso cuerpo, cara linda y con la bella energía que caracteriza a las mujeres del campo, llamó su atención.
“Cuando los descendientes de la familia del Profeta (s.) llegaron a Karbalá, coincidieron con la llegada de Yáber y de un grupo de gente que venían con la intención de visitar la tumba de Aba Abdellah (a.s.). Se lamentaban con grandes exclamaciones de dolor. Todos los hombres iban vestidos con trajes negros.Les llevaron hasta el lugar de los hechos. Ellos se golpeaban la cabeza y el pecho, se abofeteaban los rostros, mientras, alrededor de las tumbas, los familiares del Profeta les decían: “¡Aquí es donde perdimos a quienes eran nuestra alma, nuestra vida, nuestro espíritu y nuestro arrayán, nuestras aceitunas e higos!” ¡Aquí es donde perdimos a la luna llena resplandeciente que con su luz guiaba a quienes estaban extraviados!...
“Cuando los miembros de Ahl ul-Bayt (a.s.) llegaron a Kúfa, Ibn Ziyád organizó una fiesta en Dar al-Imárah para celebrar su victoria. Ordenó que se permitiera entra libremente a todo el que lo quisiera y que le trajeran la cabeza cortada del Señor de los Mártires (a.s.) y la colocasen junto a él. Entonces, dispuso que hicieran entrar a su presencia a las mujeres y los niños de Ahl ul-Bayt (a.s.).