Zaid bin Hârizah bin Shurahil Al-Kalbî, joven árabe, fue raptado y vendido como esclavo. Este suceso tuvo lugar antes de la aparición del Islam. Hâkim bin Haizam bin Juwailid lo compró en el mercado de ‘Akkaz y lo llevó ante su tía, Jadîyah bint Juwailid quien a su vez se lo obsequió al Santo Profeta. El padre de Zaid lo buscaba incesantemente. Después de mucho tiempo supo que Zaid estaba en La Meca, por lo que se dirigió a La Meca y ofreció una gran recompensa para que éste fuera liberado. El Profeta dijo que si Zaid deseaba reunirse con su familia, no era necesario pagar nada; era libre y podía marcharse. Pero Zaid se rehusó a marcharse con su padre y prefirió permanecer junto al Profeta Muhammad.