El mundo de las cartas, como herramienta de difusión de pensamientos, ideas, sentimientos entre otras razones, son tan antiguas como lo es la escritura, siendo ambas inseparables. Son ellas una vía indispensable, para dar a conocer a otros aquello que sacude nuestra mente y corazón. Una carta, ¡cómo no! es la conjunción de razón y alma. Es praxis y doxa, es la dicotomía presente en cada acto de nuestras vidas. Es comunicación. No importa si esa carta fue hecha en un trozo de cuero, en una tabla de arcilla, en un pliego de papiro, una hoja elaborada en base a celulosa o creada hoy en el mundo digital y enviada vía correo electrónico u otra forma más tecnologizada. Cualquiera sea el producto utilizado o el camino recorrido, esa carta tiene un claro propósito, un inicio concreto y un objetivo definido.