A pocas horas de despedirnos de este año 2014 se viene a nuestra memoria los recuerdos alegres y tristes que se suscitaron, ya sea en nuestra familia o en nuestro entorno, como la llegada de un recién nacido o la alegría de saber que gracias a Dios seguimos con vida y con salud, o tal vez los aciertos que tuvimos en el nuevo empleo que obtuvimos, o el premio que nos fue entregado, o la felicidad de estar al lado de nuestros seres queridos, momentos que para orgullo nuestro nos marcarán para el resto de nuestra vida; pero también debemos acordarnos de aquellos que no fueron tan afortunados como el fallecimiento de un familiar, o de un amigo, el reciente despido, la enfermedad que sufre un pariente cercano; etc… instantes que queremos hacerlos desaparecer y borrarlos de nuestra mente para no sentir el dolor desgarrador que dejaron, y si vemos más allá de nuestro alrededor y nos ponemos a reflexionar en esos segundos trágicos que otros seres humanos los vivieron, estaríamos siendo empáticos con ellos. Y dejaríamos de estar tan ciegos como lo estamos.