Hasad consiste en el deseo de que las ventajas o bendiciones que alguien posee se aparten de él. Si uno simplemente aspira a tener las mismas ventajas que otra persona, ello sería “gibtah” (es decir: envidia sin maldad), y si uno tiene el deseo de que alguien siga disfrutando de una ventaja o beneficio, el cual merece, esto sería nasíhah (buen consejo o deseo de bien al prójimo). Lo que constituye un vicio entre todos estos estados es hasad, que provoca que el individuo merezca el castigo, tanto en este mundo como en el otro. La persona envidiosa no conoce la paz, está siempre ardiendo en el fuego de los celos. Más aun, su envidia destruye los valores de todas sus buenas obras, tal como se menciona en la tradición profética:
“La envidia consume las virtudes como el fuego consume la leña”.