Enseñanza de la Doctrina Islámica

El Profeta del Islam y La prueba de su profecía

Por Aiatollah M. T. Misbah

Introducción

Decenas de miles de profetas fueron enviados a lo largo de la historia y en todos los rincones del planeta y ejercieron su destacado rol en la guía y educación de los seres humanos dejando efectos extraordinarios en la humanidad. Cada uno guió a un grupo de hombres de acuerdo a creencias correctas y elevados valores y tuvieron efecto indirecto en los demás. Algunos de estos profetas tuvieron éxito en construir una sociedad monoteísta y justa, desempeñando el liderazgo de las mismas.

Entre ellos, los profetas, Noé, Abraham, Moisés, Jesús, la paz sea con ellos, trajeron libros que contienen leyes, normas individuales y sociales, obligaciones morales y legales acordes con las condiciones de su época. Pero estos libros con el paso del tiempo, o desaparecieron o sufrieron tergiversaciones en su letra o significado, y como resultado devinieron en unas leyes celestiales deformadas. Así como la Torah (Pentateuco) de Moisés, la paz sea con él, sufrió muchas alteraciones, también el Evangelio de Jesús, las sufrió, al punto de no quedar rastro del propio Evangelio original emanado del propio Jesús, sino que los Evangelios (llamados canónicos), son en realidad escritos de quienes fueron considerados sus seguidores que fueron reunidos (tras su ida de este mundo) y reunidos en unos libros denominados santos.

Toda persona que mire sin prejuicios a las dos alianzas, la antigua y la nueva (el Pentateuco y los Evangelios), verá que ninguna de ambas alianzas son en realidad, los libros revelados a Moisés y a Jesús, la paz sea con ellos. En el caso de la Torah, además de que Dios es presentado con forma humana (el refugio es en Dios contra esa falsedad), que no sabe muchas cosas[1], y muchas veces se arrepiente de sus acciones[2], pelea con uno de sus siervos (el profeta Jacobo, la paz sea con él) y no lo puede vencer. Finalmente le suplica que le quite las manos de encima para que le gente no vea a su Dios en esas condiciones[3]. Además califica ofensivamente a muchos de los profetas, como cuando (el refugio es en Dios), le adjudica adulterio al profeta David, la paz sea con él[4]. Al profeta Lot, la paz sea con él, le atribuye pecados como el embriagarse y el incesto[5] . Además de todo esto, se describe la muerte del profeta Moisés, la paz sea con él, cómo y dónde murió, o sea de quien se supone que es quien recibe la revelación del Pentateuco[6].

¡¿Acaso este solo punto no es suficiente para que reconozcamos que este libro no pertenece a Moisés, la paz sea con él?!

Con respecto al Evangelio, las alteraciones son aún peor que las de la Torah, porque, en primer lugar, no queda nada del libro que descendiera sobre el profeta Jesús, la paz sea con él, y los mismos cristianos no pretenden tampoco sostener semejante cosa, es decir, que los evangelios existentes sean aquél que descendió sobre el profeta Jesús, la paz sea con él, sino que el contenido de los evangelios es un informe atribuido a algunos de sus seguidores.

Además de permitir el consumo de alcohol, sostiene que fue producido a modo de milagro por parte de Jesús, la paz sea con él[7].

En una palabra, los libros revelados a estos dos grandes profetas fueron tergiversados y no pueden ejercer su influencia en guiar a los seres humanos.

Con respecto a por qué y de qué manera tuvieron lugar estas tergiversaciones, tiene sus explicaciones muy extensas y detalladas cuyo lugar no es el de este presente escrito[8].

En el sexto siglo después del nacimiento de Jesús, la paz sea con él, mientras todo a lo largo del mundo reinaba un gran oscurantismo, ignorancia, opresión y las llamas de la guía divina en todas partes se encontraban en extinción, Dios Altísimo, hizo surgir al último y superior de Sus profetas, en la más oscuras y decadentes sociedades de esos días para que los rayos de la revelación alumbren el camino de todos los hombres para siempre. El Libro de Dios, eterno y libre de alteraciones y abrogaciones se puso al alcance de los seres humanos para enseñarle los conocimientos verdaderos, la sabiduría celestial, las juicios y leyes divinas y guiar a todos los hombres hacia la felicidad en este mundo y en el otro[9].

El Príncipe de los Creyentes, la paz sea con él, en algunas de sus palabras, comentando el estado del mundo en momentos del surgimiento del profeta del Islam, la bendición de Dios sea con él y con su Descendencia, dijo:

“Dios Altísimo, escogió al noble profeta para su misión en un momento en que había transcurrido mucho tiempo desde el último envío de los profetas anteriores. Los pueblos estaban sumidos en un profundo y largo sueño; las llamas de la sedición y los disturbios se propagaban en todo el mundo; las relaciones y vínculos se rompían y la guerra se expandía; la oscuridad de la ignorancia y los pecados cubría a los hombres y el engaño y la hipocresía eran manifiestas; las hojas del árbol de la vida humana se amarillaban y no había esperanza de que pudiera volver a ofrecer frutos; las aguas se hundían (se producían frecuentes sequías); las antorchas de la guía se enfriaban y apagaban; flameaban las banderas del extravío y la humillación; la desgracia y la bajeza invadían a los hombres y mostraban la fealdad de sus rostros. Esta corrupción y oscuridad no provocaba otra cosa más que sediciones, disturbios y la gente no encontraba otro refugio contra la inseguridad y el miedo reinante más que su espada sedienta de sangre”. [10]

Desde la época que surgió el profeta del Islam, la paz sea con él, el tema más importante para los buscadores de la verdad (luego del conocimiento de Dios), era la investigación acerca de la profecía, la misión de este nuevo profeta y la veracidad de la religión santa del Islam. Con la demostración de estas verdades que iba acompañada de la confirmación de la veracidad del Sagrado Corán y su avalada condición de ser el único libro celestial existente en manos de los seres humanos, protegido de toda desviación y transformación futura, se garantizaba el camino para conocer y demostrar el resto de las creencias correctas y explicar el sistema de valores y las obligaciones morales de todos los hombres hasta el fin del mundo y se obtenía la llave para solucionar el resto de los asuntos de la cosmovisión y la ideología.

La demostración del mensaje del Profeta

En la lección veintiocho y veintisiete se dijo que la profecía de los profetas se puede demostrar mediante tres vías: una a través de la vía del conocimiento de su naturaleza y carácter en el contexto de su vida. La segunda vía son las profecías acerca de su persona de parte de los profetas anteriores y la tercer vía son los milagros que efectúa.

Con respecto al profeta del Islam, la bendición de Dios sea con él y con su Descendencia, existían las tres vías: los habitantes de la Meca habían convivido con el profeta durante cuarenta años y vieron de cerca su honorable manera de vivir en donde no se encuentra ni el más mínimo punto de oscuridad. Hasta tal punto conocían su veracidad y lo correcto de su comportamiento que le apodaron “el confiable” y naturalmente no esperaban que dijese una mentira o tuviera una falsa pretensión.

Por otra parte, los profetas anteriores anunciaron la venida del profeta del Islam[11] y grupos de la llamada Gente del Libro (Judíos y Cristianos) esperaban su aparición y tenían señales claras de su persona[12]. Incluso le decían a los idólatras árabes que entre los descendientes del profeta Ismael, la paz sea con él (que constituían una de las tribus árabes) surgirá un mensajero que confirmaría a las religiones y a los profetas anteriores[13]. Algunos de los sabios judíos y cristianos basándose en esos mismos dichos de los profetas anteriores aceptaron el Islam[14], pero otros por motivos egoístas y satánicos se negaron a hacerlo.

El Sagrado Corán, refiriéndose a este tema dice: ¿Acaso no era un signo para ellos, que lo conociesen los sabios de los Hijos de Israel? (26: 197).

El conocimiento del profeta del Islam, la bendición de Dios sea con él y con su Descendencia, por parte de los sabios de los Hijos de Israel y por medio de los dichos y referencias acerca de su persona por parte de los profetas anteriores, así como constituye una prueba clara de la rectitud de su mensaje, también, lo era para todos los seguidores del judaísmo y el cristianismo. Era una prueba aceptable para la veracidad de los profetas que habían dado la noticia o profecía sobre el nuevo profeta y también para la veracidad del profeta del Islam, la paz sea con él. También para los demás (no solo para judíos o cristianos) que veían con sus propios ojos y podían juzgar con sus propios intelectos la correspondencia entre aquellas profecías y las características del profeta.

Es sorprendente que en la misma Torah y Evangelios que han sido alterados, a pesar de todo el esfuerzo para erradicar este tipo de anunciados (acerca del profeta del Islam), se encuentran alusiones que son una prueba para quienes buscan conocer la verdad, tal como muchos de los sabios judíos y cristianos con estos atributos, valiéndose de estas mismas alusiones aceptaron el Islam[15]. De la misma manera, del Noble Profeta, la bendición y la paz sean con él y con su Descendencia, tuvieron lugar numerosísimos milagros que fueron registrados en los libros de historia y de recopilaciones de tradiciones proféticas (Hadices) y la transmisión de muchos de ellos procede de numerosas fuentes independientes y veraces (Mutawâtir[16]).

Pero, la ayuda de Dios en cuanto a la presentación del último profeta y su eterna religión requería que, además de los milagros que constituían una prueba categórica para los contemporáneos mientras que los demás debían conocerlas por medio de la transmisión, le diese un milagro eterno que sea una evidencia categórica para todo el mundo y para todas las épocas y éste es el Sagrado Corán. Por ello en las lecciones sucesivas nos referiremos al carácter milagroso de este glorioso libro.

Fuente: Enseñanza de La Doctrina Islámica, Editorial Elhame Shargh

Todos derechos reservados. Se permite copiar citando la referencia.

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[1] Pentateuco. Êxodo: cap. 3:8-12.

[2] Idem: Êxodo: cap6:6.

[3] Idem: cap.22: 24-32.

[4] Idem: Libro dos, Samuel, cap.11.

[5] Idem: cap. 19:30-38.

[6] Idem: Êxodo: 24.

[7] Evangelio de Juan. Cap. 2.

[8] Itharul haqq, Rahmatullah Hindi; Al Huda ila dini al-Mustafa, ‘Allamah Balaagi y Rahe Sa’adat, de ‘Allamah Sha’raani.

[9] Cap. 62:2 y 3.

[10] Nahyul Balagah (Las Cimas de la Elocuencia), Sermón 187.

[11] Sagrado Corán: 62: 67.

[12] Idem: 7: 157; 2: 146; 6:20.

[13] Sagrado Corán: 2:89.

[14] Idem: 5: 83; 7: 10.

[15] Se pueden mencionar los libros escritos por personalidades eruditas del judaísmo en Irán, como Mirza Muhammad Ridâ, uno de los grandes sabios judíos de Teherán, autor del libro: Testimonios para rechazar el judaísmo (después de las profecías de Jesús y Muhammad, con ellos sea la bendición y la paz); Hayy Baba Qazuini, de los sabios judíos de Iazd, autor del libro La muestra de las evidencias para el rechazo del judaísmo (post, Jesús y Muhammad, BPD) y el profesor Abdul Ahad Dawud, un ex obispo cristiano, autor del libro Muhammad en la Biblia, traducido al español y editado por la Mezquita At-Tauhid.

[16] Bihar al Anuar: T 17: pág. 225 hasta el final del tomo 18 y muchos otros libros autorizados de historia y recopilación de tradiciones proféticas.

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