Islam, Occidente y Los Derechos Humanos

De punto de vista del Imam Jomeini (ra)

El sistema de gobierno deseable en el pensamiento político del Imam Jomeini

Sayyid ‘Abdul Ghayyum Saÿadi

Una de las discusiones más importantes en la esfera de la política es la relación entre el gobierno y la gente, así como los derechos mutuos de ciudadanos y gobernantes. La razón por la cual la discusión de tales temas es tan importante es que hoy en día, con la inmensa ola democrática que está emergiendo en el mundo, existen muy pocos regímenes políticos que no tengan en cuenta la cuestión de la gente y la soberanía popular.

La experiencia histórica, junto con la información científica de los especialistas en temas sociales y políticos, también ha enfatizado la importancia de la democracia en los regímenes, y como resultado, se considera que el respaldo de las mayorías es una de las características de la estabilidad de los gobiernos democráticos. Los problemas relacionados con soberanía popular que se conoce como democracia, tienen una larga historia; sin embargo, en la mayoría de los países del tercer mundo incluyendo a la República Islámica de Irán, no son de larga data. Esto revela los rincones ocultos de la democracia y la soberanía popular en estas sociedades. La falta de experiencia suficiente y la ausencia de cooperación política por parte de las masas han causado serias dificultades objetivas. Por otro lado, la formación de la República Islámica de Irán, basada en la enseñanza religiosa y con una identidad formada por la soberanía divina en todos los aspectos de la vida social y personal, ha implicado serios desafíos y contradicciones teóricas por su pretensión a la soberanía política del pueblo y la combinación de fenómenos religiosos y temporales.

Si la Soberanía divina, como personificación del pensamiento religioso de la sociedad islámica, domina todos los aspectos de la vida de los individuos, entonces la democracia también sería un fenómeno correcto, enfatizado y tomado en cuenta como un ideal humano en el proceso de los movimientos históricos y eventos políticos de las sociedades.

Aunque basa todos los principios sociales y políticos en la Soberanía divina, la República Islámica de Irán, de todos modos, no ha ignorado el principio de la soberanía popular. El sistema republicano pone el énfasis en la soberanía popular mientras que el islámico en la Soberanía de Dios sobre todo el universo. La Constitución de la República Islámica de Irán, a través de las perspectivas religiosas y jurídicas islámicas ha tomado en cuenta ambos aspectos, asignándoles diversos principios.[1]

Aunque en la Constitución en sí misma, así como en las opiniones de los precursores y funcionarios de la República Islámica, ha aparecido una cierta armonía entre la soberanía divina y la popular, subsisten problemas ambiguos y confusos que deberían ser resueltos por pensadores musulmanes e investigadores comprometidos. La falta de un marco teórico y de estudios académicos ha provocado que algunos jóvenes e intelectuales de nuestra sociedad, encuentren algún tipo de inconsistencia entre estos dos principios. La argumentación razonable sobre estos temas, junto con el estudio objetivo y la perspectiva crítica, son indudablemente responsabilidad de los investigadores de las religiones, quienes deben hacer el esfuerzo para lidiar con esta situación. Para lograr esto, los consejos sabios, los discursos y la orientación del Imam Jomeini son tesoros valiosísimos que prepararon el camino para nosotros en este importante tema.

Este artículo investiga y examina la posición y las responsabilidades del gobierno y del pueblo, junto con sus relaciones, a la luz del pensamiento político del Imam Jomeini, con la ayuda de sus discursos, trabajos y palabras, y a través del esclarecimiento de la relación entre el gobierno y el pueblo y sus derechos mutuos.

1.      Características del gobierno Islámico en el pensamiento del Imam

La perspectiva religiosa del Imam respecto a los problemas sociales y políticos ha influenciado en su pensamiento político. Dichas ideas jurídicas y religiosas también han afectado sus opiniones sobre las categorías políticas. En consecuencia, lo que él dice sobre el pueblo, el gobierno y sus relaciones mutuas así como sus roles en la sociedad, son características de la concepción religiosa del gobierno, deducidas de las fuentes religiosas y las tradiciones políticas de los imames infalibles.

El criterio que el Imam aplica para esclarecer los rasgos de la sociedad islámica y el gobierno también puede verse en los textos religiosos y las fuentes políticas del Islam. En la opinión política del Imam, entre los rasgos más importantes que debe exhibir el gobierno islámico se incluyen:

a. Ser un gobierno de servicio y no de mera administración.

b. Ser un gobierno centrado en la ley.

c. Ser un gobierno digno de confianza.

           a. Un Gobierno de Servicio

Estar al servicio del pueblo, en la opinión política del Imam, es una de las características más importantes del gobierno islámico. Tal perspectiva tiene conexiones con la filosofía política y gubernamental del pensamiento shiíta y con los textos religiosos, donde se define al servicio como la finalidad del gobierno y la política.[2] Desde tal perspectiva sobre el gobierno y la política y teniendo presente la definición de estas categorías que da el Imam, es prestar un servicio lo que se ensalza y no el mero hecho de manejar los asuntos públicos. De acuerdo con esto, el mérito religioso de un gobierno se mide por su éxito en brindar servicios a la sociedad islámica. El Imam dice sobre esto:

“El gobierno en un sistema islámico debe ser justo y gobernar para la gente, no para las gobernantes. Un gobierno islámico es aquel que está al servicio de la gente”.[3]

Estas palabras del Imam sugieren algunas cuestiones. Primeramente, el gobierno islámico debe estar basado en la justicia; segundo, debe ser la gente quien gobierne, debe gobernarse para la gente y no para los gobernantes; y finalmente, debe estar al servicio de las personas y de la sociedad. La función de servicio del gobierno islámico es significativamente diferente a la de los gobiernos que no son islámicos, ya que el servicio y la responsabilidad de los hombres de estado de un gobierno islámico no están limitados a los aspectos materiales, sino que siempre redundan en la prosperidad espiritual y la perfección de la sociedad islámica. Según la opinión política del Imam, estar a cargo de un poder aparente y transitorio es solamente un medio, el criterio fundamental para evaluar la fe y entrega de los hombres de estado es que presten un servicio al pueblo:

“Los individuos y aquellos cuyos corazones laten por el Islam y por sus países, deben tener en mente este hecho. La presidencia no es lo que vale, ni tampoco ser primer ministro, o ser jefe de gobierno o vocero del parlamento; esto no es nada, estos puestos llegarán a su fin, lo único que permanece es el servicio. La persona, en cualquier posición que se encuentre, se sentirá alentada al ver que el servicio que presta es satisfactorio”.[4]

En opinión del Imam, el poder político no es entonces el objetivo final de la política ni del gobierno, sino que es un medio que iguala la relación entre el gobernante y los gobernados en forma análoga a la hermandad religiosa:

“Un cambio que debe ser hecho, y ustedes caballeros deben esforzarse en llevarlo a cabo, es que no haya personas henchidas de orgullo por ser gobernantes. La palabra ‘gobernante’ se utiliza cuando hay alguien que gobierna y gobernados y cuando no existe hermandad. Es utilizado cuando una clase es rebelde mientras que la otra se subordina. En el Islam no existen tales cosas (o no deberían existir). Aquellos que han gobernado a toda la comunidad islámica (con justicia y según el Islam) no han tratado a sus súbditos como el gobernante trata a los gobernados”.[5]

En cuanto a este tema el Imam dice en otro lugar:

“Estar a cargo de un gobierno no conlleva en sí mismo jerarquía ni dignidad. Aplicar las leyes y establecer un sistema islámico justo, ese es el medio para cumplir las responsabilidades. Si los medios disponibles no son usados en buenas obras y procurando metas elevadas, no tendrán ningún valor”.[6]

b. Gobierno centrado en la ley

Segú el Imam Jomeini, otra característica importante del gobierno islámico es centrarse en la ley y comprometerse con su cumplimiento, y esto incluye tanto las leyes divinas como las gubernamentales. Para la perspectiva religiosa, el gobierno y sus funcionarios son protectores y ejecutores de las leyes islámicas. La responsabilidad con la ley es un compromiso religioso y el gobierno islámico y sus funcionarios tienen aún más obligaciones y responsabilidades en esto. El Imam ha enfatizado este asunto al decir:

“El gobierno del Islam es el gobierno de la ley. En este tipo de gobierno, la Soberanía pertenece exclusivamente a Dios, y la ley es Su Decreto y Ordenanza. La ley islámica o mandatos de Dios tienen absoluta soberanía sobre todos los individuos y sobre el gobierno islámico. Todos, incluyendo al Noble Profeta (BP), sus Califas y demás personas, están sometidos a la ley, que fue revelada por Dios a través de los Santos Profetas (P) y el texto del Corán. Si el Noble Profeta (BP) se hizo responsable del califato (la representación de Dios como gobernante en el mundo), fue solo por orden de Dios; él no quiso establecer un gobierno para sí mismo para ser un gobernante musulmán”.[7]

En opinión del Imam el papel central de las normas y el cumplimiento de leyes gubernamentales y religiosas, no es algo ceñido a los aspectos teóricos, sino que es enfatizado objetiva y prácticamente. La aplicación de la soberanía política y del poder religioso por un gobierno islámico sólo puede ejercerse y ejecutarse si está de acuerdo con la ley y el cumplimiento de las normas religiosas:

“Ningún gobernante en el gobierno islámico tiene permitido ser egocéntrico ni autocrático, y lo que pasa en el dominio del gobierno debe estar de acuerdo con la ley divina, incluso la obediencia debida al líder debe concordar con la ley divina. En cuanto a los diferentes problemas que se presenten, debe actuar procurando el bienestar de los musulmanes y de sus subordinados, y esto no es autocracia ni totalitarismo. Él debería actuar de acuerdo a la conveniencia del pueblo, es decir que sus decisiones y sus actos deben estar de acuerdo con tales políticas”.[8]

Por lo tanto, el gobierno y el gobernante islámico en la visión política del Imam, aplican la soberanía teniendo en cuenta la ley y los intereses de la nación islámica. Cuando el gobernante islámico procede a la administración política de la sociedad de acuerdo a sus opiniones propias y considerando la conveniencia, sus actos están regidos por un tipo de centralidad de la ley enmarcada por el bien público de los musulmanes. En el gobierno propuesto por el Imam, por lo tanto, el verdadero gobernante es la ley y todos son libres de actuar bajo la protección de la ley y las normas legales:

“De hecho, la ley es el gobernante. Todos se encuentran bajo la seguridad provista por la ley, bajo la protección de la ley del Islam. Los musulmanes y los no musulmanes son libres en tanto las normas legales lo permitan; es decir, siempre y cuando actúen de acuerdo con la ley, nadie tiene derecho a decirles lo que tienen que hacer”.[9]

En el gobierno centrado en la ley que postula el Imam, la obediencia de los ciudadanos a las órdenes y regulaciones del gobierno islámico, implican simplemente obedecer la ley, pues solo la ley gobierna a la sociedad.

“De cualquier manera, en el Islam, gobernar significa obedecer la ley y sólo la ley gobierna la sociedad”.[10]

             c. Gobierno digno de confianza

En la visión política del Imam, el gobernante de la sociedad islámica y sus funcionarios no constituyen un gobierno absolutista. Los hombres de estado son tan sólo fiduciarios y representantes del pueblo.

Consecuentemente, el gobierno islámico está obligado a aplicar el poder político con el propósito de difundir las creencias religiosas y las enseñanzas divinas, así como para satisfacer los intereses de la sociedad. Al aplicar su poder con el reconocimiento del pueblo musulmán, el gobierno islámico —en esta perspectiva—, obtiene legitimidad política y protección de la gente sólo cuando lleva a la acción todos los programas sociales, políticos y económicos con respeto y consideración por las creencias religiosas y culturales de la sociedad, y en conformidad a las normas religiosas y las leyes. De lo contrario, la nación islámica y el pueblo ponen fin al mandato de los gobernantes destituyéndolos a través de los sistemas de monitoreo y consulta pública. En palabras del Imam: “Cuando el pueblo no quiere a un funcionario, éste debe renunciar”.[11]

El Imam enfatiza la importancia de la honestidad del gobierno islámico en diferentes discursos:

“Como el gobierno del Islam es el gobierno de la ley, los hombres de leyes y expertos religiosos de más alto nivel, es decir los juristas, deben estar a cargo del mismo. Ellos son quienes vigilan los actos administrativos, los asuntos oficiales y los planes en el país. Los juristas son los encargados de ejecutar los mandamientos divinos”.[12]

En otro lugar dice más claramente: “entonces, el significado de ‘digno de confianza’ se aplica a los juristas que ejecutan honestamente todos los asuntos que el Islam ha orde­nado (prescrito) y no se dedican sólo a emitir veredictos”.[13]

2. La relación entre el gobierno y el pueblo según la opinión política del Imam Jomeini

En el sistema islámico, se da la mejor relación posible entre el gobierno y el pueblo, quienes se sienten mutuamente responsables de los actos y las decisiones del otro. Los hombres de estado reciben un encargo en confianza y, como sus hermanos musulmanes, están presentes entre la gente, escuchando a las personas y tratando directamente con sus problemas, lejos ceremonial político habitual. La relación entre el gobierno y la gente desde el punto de vista del Imam es uno de los temas más seriamente discutidos. Esta relación será estudiada aquí junto a otros temas más generales:

             a. Relación directa entre el gobierno y el pueblo

En la mayoría de los regímenes y sistemas políticos, los hombres de estado son una clase privilegiada de la sociedad, tienen un estatus especial, y no se vinculan en absoluto con los oprimidos y la clase baja. En tales sistemas, las personas comunes no pueden acceder o recurrir con facilidad a los hombres de estado. La prevalencia del temor en la relación entre las castas gobernantes y las gobernadas convierten la igualdad entre las relaciones humanas en una atmósfera de adulación y elogios insinceros. La propagación de la adulación en la sociedad es típica de los regímenes déspotas y autocráticos. En relación a esto, el Imam ‘Ali (P) siempre advirtió con firmeza a sus seguidores al respecto, invitándolos a decir la verdad, a ser justos y a guiar a sus hombres de estado.[14] Este modelo político-religioso también puede encontrarse en el pensamiento y actos del Imam:

“El gobernante islámico no es como los otros gobernantes, reyes o presidentes. El gobernante islámico es aquel que solía ir a la Mezquita de Medina a escuchar a la gente común. Aquellos que estaban a cargo del país así como otros estratos de la sociedad se congregaban en la mezquita, y dicha congregación era de tales características que el gobernante y la gente común no podían ser distinguidos el uno del otro por alguien que llegara de afuera”.[15]

Poniendo el énfasis en seguir el ejemplo de los Santos Profetas (P) y de los Imames Infalibles (P) y aplicando las tradiciones sobre la conducta y acciones gubernamentales de aquellos líderes magnánimos, el Imam Jomeini sostiene que mezclarse con la gente y abolir los privilegios de clase de los hombres de estado del gobierno islámico es una característica vital y esencial de un gobierno religioso:

“Cuando el Noble Profeta (BP) estaba en una reunión, esperando para decir o emitir un juicio sobre algo, su situación era tal que no podía ser reconocido por alguien que no lo conociera previamente. Esa persona no podía distinguir quién era el gobernante y quién el súbdito”.[16]

             b. La relación del mutuo entendimiento sin despotismo

En el sistema gubernamental del Imam Jomeini, en donde la relación entre el gobierno y el pueblo está basada en la hermandad religiosa y la responsabilidad pública, el despotismo y la dictadura de los hombres de estado son fuertemente condenadas, mientras que el pueblo está considerado como el órgano esencial del sistema religioso. En esta concepción, el rol de la responsabilidad política del pueblo en la vida de la sociedad islámica está relacionado a las obligaciones de los gobernantes islámicos y de los hombres de estado. La Ummah islámica está obligada, de acuerdo al principio de responsabilidad pública, a monitorear el comportamiento y los actos de los hombres de estado de la sociedad islámica. Desde el punto de vista del Imam, debe vigilarse siempre la fortaleza y la profundidad del acuerdo y la cooperación entre el gobierno y el pueblo pues es un signo de la estabilidad y la cualidad islámica del sistema:

“Si un país no quiere ser corrupto, debe haber un acuerdo entre el sistema de gobierno y el pueblo. Quizás el régimen islámico esté entre los programas de mayor entendimiento entre el gobierno y el pueblo. Es decir, el gobierno no se aísla, no impone, no amenaza, no atemoriza ni tortura a la gente. Tampoco la gente quiere debilitar al gobierno ni violar sus normas. Esto debe ser un modelo para los gobiernos y las administraciones para que no se separen de la gente y reconozcan su afinidad con ellos. La gente también sabrá esto: que el gobierno y ellos son afines en cuanto a derechos y obligaciones. Si existe este entendimiento entre el gobierno y el pueblo, entonces esa administración va a apoyarse en la gente y no fracasará, es decir, no colapsará”.[17]

En consecuencia, en el sistema político islámico y en el modelo gubernamental que propugna el Imam, la relación entre ambas partes está basada en el acuerdo, la cooperación y el respeto a los caracteres y pensamientos de la sociedad. El gobernante, como mandatario de la sociedad, trata de satisfacer a la gente proveyendo lo necesario para su crecimiento material y espiritual.

                c. Monitoreo mutuo

Otro de los aspectos de la relación bilateral entre el gobierno y el pueblo es el monitoreo mutuo. Por un lado, los gobernantes están obligados a monitorear la sociedad islámica para difundir los valores religiosos y fomentar la enseñanza y el desarrollo intelectual. Por otro lado, la gente tiene la obligación de monitorear la política y la dirección del gobierno, ofreciendo sus opiniones y consejos para el mejoramiento y la estabilidad del sistema gubernamental islámico. El Imam, además de reiterar los efectos positivos del monitoreo de la conducta de los hombres de estado por parte del pueblo, enfatizó la relación consultiva que debe existir entre gobierno y nación diciendo:

“Si la nación quiere tener éxito y alcanzar a la victoria, debe ser cuidadosa con el gobierno y con el presidente. Hay que prestar atención a todo esto. No es posible que ellos (los gobernantes) terminen perteneciendo a la clase más adinerada habiendo partido de la clase media”.[18]

“Este problema es importante y las personas deberían prestarle atención, toda la nación debería supervisar y monitorear todos los asuntos. Si doy un paso con el pie equivocado, la nación es responsable de decirme dónde cometí el error y de refrenarme. La nación entera es responsable de supervisar todos los asuntos relacionados al Islam. Por ejemplo, si se dan cuenta que una comisión gubernamental está actuando en contra de las normas islámicas, los empresarios deben objetar, el agricultor debe objetar, y asimismo el maestro, todos deben oponerse para hacer las cosas de manera correcta”.[19]

En consecuencia, en el gobierno islámico que propone el Imam, el pueblo supervisa los despidos y los designaciones de los funcionarios gubernamentales, a la par que juega también un papel importante en el establecimiento y puesta en práctica de este sistema gubernamental.

d. Relación de hermandad antes que relación entre gobernante y gobernado

Los gobernantes del gobierno islámico en la concepción del Imam, no pertenecen a ninguna clase privilegiada y son iguales al resto de las personas. En el sistema político del Imam, la relación de quienes ejercen el poder y los subordinados no debe ser la usual entre gobernantes y gobernados, sino que debe tomar la forma de la igualdad y hermandad religiosa. Desde este punto de vista, los gobernantes y hombres de estado no son soberanos absolutos de la gente, sino que son iguales a cualquier persona ante las leyes gubernamentales e islámicas.

“La sociedad original es aquella que constantemente está criticando y evaluando y en la cual todo el pueblo toma parte de sus asuntos”.[20]

El sistema político del Imam es aquel que hace cumplir las leyes divinas de forma que no haya diferencia entre clases sociales y todos los ciudadanos sean tratados de igual manera:

“Este es un gobierno en el que todos son iguales ante la ley, ya que las leyes islámicas son divinas y cada uno es igualmente responsable ante Dios: gobernante y gobernado, el Noble Profeta (BP) o los Imames (P) o cualquier otra persona”.[21]

Poniendo el énfasis en mantener el espíritu de la hermandad religiosa, el Imam condena al buscador de privilegios y que surjan diferencias entre el estilo de vida de los hombres de estado y los de la gente ordinaria, ya que esto tiene consecuencias peligrosas:

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Fuente: Prólogo del libro Islam, Occidente y Los Derechos Humanos

De punto de vista del Imam Jomeini (ra)

Una Colección de Artículos

Editorial Elhame Shargh

Fundación Cultural Oriente

 

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Fundación Cultural Oriente

 

 

[1]Constitución de la República Islámica de Irán, capítulo 1, artículos 2-3.

[2]En diferentes partes de Nahj al-Balaghah, el Imam ‘Ali (P) declara que el objetivo de la política y del liderazgo en el gobierno islámico y religioso es llevar a cabo las obligaciones religiosas y las responsabilidades humanas y no reforzar el poder.

[3]Sahifeh-ye Imam, vol. 5, p. 241.

[4]Ibíd., vol. 19, p. 217.

[5]“Fundamentos de la Revolución Islámica”, Instituto para la Recopilación y Publicación de las Obras del Imam Jomeini.

[6]“Gobierno Islámico: Gobierno de los Juristas”, pp. 69-71.

[7]“Fundamentos de la Revolución Islámica”, Instituto para la Recopilación y Publicación de las Obras del Imam Jomeini, pp. 136-137.

[8]Instituto para la Recopilación y Publicación de las Obras del Imam Jomeini, Sahifeh-ye Imam, vol. 2, p. 461.

[9]“Gobierno Islámico: Gobierno de los Juristas”, p. 81.

[10]Ibíd., p. 47.

[11]Sahifeh-ye Imam, vol. 4, p. 73.

[12]“Gobierno Islámico: Gobierno de los Juristas”,p. 80.

[13]Ibíd., p. 81.

[14]Nahj al-Balaghah, Sermón 216

[15]Sahifeh-ye Imam, vol. 3, p. 84.

[16]“Fundamentos de la Revolución Islámica”, Instituto para la Recopilación y Publicación de las Obras del Imam Jomeini, p. 361.

[17]Buscar el camino del Imam a través de las palabras del Imam. El Instituto para la Recopilación y Publicación de las Obras del Imam Jomeini, vol. 9, pp. 275-276.

[18]Sahifeh-ye Imam, vol. 7, pp. 33-34.

[19]“Fundamentos de la Revolución Islámica”, Instituto para la Recopilación y Publicación de las Obras del Imam Jomeini, p. 286.

[20]Sahifeh-ye Imam, vol. 3, p. 53.

[21]Ibíd., vol. 1, p. 169.

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