Imam Alī ar-Riḍā (P) el baluarte del conocimiento científico y espiritual

Sdenka Saavedra Alfaro[1]

Muchos hombres son destacados por su gran elocuencia o sus dotes en la escritura, o en el arte u otras ciencias y muchos otros son recordados por sus grandes proezas dentro del liderazgo revolucionario y político, o también por ser grandes luchadores y caudillos; pero también existen otros quienes son rememorados por sus grandes valores y virtudes morales y por ser uno de los tesoros del conocimiento y sabiduría, y ese sin lugar a dudas  es  el Imam Riḍā (P) conocido como «el Sabio de la familia del Profeta del Islam», el octavo Imam de la escuela shia; hijo del Imam Musa Kazim Ibn Yafar, y precisamente por encontrarnos en el último día del mes de Safar del calendario islámico lunar, fecha en que se celebra su martirio,  es que nos atrevemos a destacar en este pequeño escrito, su imagen científica y su gran aporte a la academia de todos los tiempos como un gran referente y baluarte, al cual se lo debe seguir exportando sobre todo a Occidente, donde todavía desconocen sus grandes aportes. Su martirio fue en la ciudad de Mashhad, Irán, donde se encuentra su Santuario, el que acoge anualmente a millones de peregrinos de todo el mundo para celebrar su duelo, medio millón también son peregrinos de otros países, especialmente Irak, Afganistán, Pakistán y Azerbaiyán, entre otros, y de acuerdo a las autoridades de esa ciudad más de 4 millones de peregrinos de todo el mundo llegaron  a Mashhad, el pasado año para celebrar los ritos de luto en memoria del octavo Imam, de ellos, más de 500,000 llegaron a la ciudad caminando; pero ¿qué es lo que hace tan atractiva esta visita, que cada vez más aumenta la cantidad de visitantes?, ya que una de las razones es  su santuario, que es una auténtica joya arquitectónica que supera cualquier otro lugar de Irán, y otra también está en vivir el fervor religioso, que emana del lugar, porque la presencia de este Imam se encuentra en todas partes y esa experiencia hace a continuar dando más explicaciones de sus contribuciones.

Pues el conocimiento que poseía lo ayudó a no sólo difundir el islam; sino también a ser un referente e imagen de la ciencia en el ámbito de la academia científica, por sus grandes aportes y contribuciones en esa área y porque en sus ponencias , así como en las sesiones y reuniones científicas  que impartía no sólo estaban reservadas para los musulmanes shiítas, o  también para eruditos sunitas, así como Ibn Jawzi menciona a las personalidades que rodearon el recinto del Imam y le pidieron un hadiz: Yahya ibn Yahya, Ishaqah ibn Rahwiyah, Muhammad ibn Rafi, Ahmad ibn Ahrab, entre muchos otros[2]; sino que también disolvía cuestionamientos en debates  con eruditos de otras religiones como Jathliq y Ras al-Jalut, líderes de los sabeos como Imran Sabi y Herbz Akbar y Abu Ismail Sandi, también con seguidores de Zoroastro y Cristo, y teólogos como Suleiman Morozi y otros, a los cuales siempre asombraba por su elocuencia y sabiduría[3], es que el don que poseía lo combinaba con la grandeza de espiritualidad que tenía, y la gran fe y precisamente para enfatizar la difusión de las ciencias de Ahlul-Bayt (P), en las súplicas que realizaba decía : "Que Dios tenga piedad del siervo que revive nuestras ciencias". Preguntaron: "¿Cómo puede la ciencia revivirlos?" Dijo: "Aprende y enséñale a la gente; "Porque la gente nos sigue si conoce las bellezas de nuestra palabra"[4].

El Imam Rida consideró el conocimiento siempre como un tesoro y decía: "Pide que Dios tenga misericordia de ti", además señalaba existen cuatro categorías de preguntas gratificantes: el que pregunta, el instructor, el que escucha y el que responde”, de esa forma guio vigorosamente a las personas y respondió siempre a todas sus preguntas, basándose siempre en el Sagrado Corán, y por ello enfatizaba: "Quien no tiene conocimientos no debe avergonzarse de aprender".

Pero además de esa sabiduría que poseía, también a la par fue combinada por sus más nobles y valiosas virtudes morales que tenía, de ahí es que se lo cataloga un gran baluarte del shiismo, y dentro de ellas está el trato igualitario hacia las personas, demostrándose así su humildad; pues cuando aceptó el cargo de sucesor al califato que astutamente le impuso el tirano califa de los abasidas Al Mamun, el que también lo envenenó, a pesar de tener la más elevada posición en el Estado Abasí, que extendía a la mayoría de los rincones del mundo conocido, el Imam Rida, en la mayoría de los asuntos no les ordenaba a ninguno de sus sirvientes y esclavos; sino que él mismo realizaba sus tareas personales  y además de ello, siempre el Imam (P) también encomendó a sus compañeros a brindar un trato igualitario al saludar tanto a un rico como a un pobre, diciendo:

“Quien se encuentra con un musulmán pobre y le saluda de manera diferente a como lo hace con un rico, encontrará a Dios, Imponente y Majestuoso, estando enfadado con él” [5].

Otra muestra de sus nobles y elevadas virtudes es que por ejemplo cuando se sentaba a la mesa hacía que también se sentaran sus sirvientes, incluso el encargado de las caballerizas y el portero, con ello dio ejemplo en lo que respecta a abolir las discriminaciones entre la gente y pone énfasis en que todos son iguales y que no hay distinción de uno sobre otro, siguiendo siempre lo que manifestaba el Profeta Muhammad (BPD), además de ello también destaca su nobleza hacia los más débiles, como la caridad y su contribución hacia ellos, su trato amable, y muchísimas otras virtudes que en este pequeño escrito no entrarían todas ellas; sin embargo a ello también hacemos mención a su referencia al intelecto; pues decía “Lo mejor del intelecto es que el ser humano se conozca a sí mismo”. Entre las elevadas pautas de moral del ser humano e indicio de la madurez de su pensamiento, está que se conozca a sí mismo y cómo el alma emplea los sorprendentes sistemas del intelecto, el oído, la vista y los mecanismos esenciales que la configuran. Se narró que: “Quien se conoce a sí mismo conoce a su Señor”[6], sin lugar a dudas la grandeza de su conocimiento; así como su contribución a Dios, ya que también a él se le atribuyen numerosas súplicas, es que revivimos el realce de este gran Imam que con su intelecto y su espiritualidad logra atraer y acaparar cada vez a más personas.

Por otro lado, además de los hadices e informes narrados por el Imam Rida (P) y las respuestas que daba a las personas que se referían a él para la comprensión de temas científicos, existen algunas otras obras que se han atribuido al Imam Rida (P), que por su importancia también en ese ámbito es que las señalamos:

Al-Fiqh al-Radawi (un libro sobre la Jurisprudencia) [7] Risalat al-Zahabiya (un tratado sobre la Medicina)[8], además se dice que el Imam (P) envió este tratado a Ma'mun y Ma’mun ordenó escribirlo mediante oro y mantenerlo en la tesorería. Por lo tanto, este libro es conocido como Risalat al-Zahabiya (libro dorado).[9] Sahifah al-Rida (un libro sobre la Jurisprudencia)[10] Mahz al-Islam wa Sharaie’ al-Din.

No cabe duda que el Imam Rida es el baluarte del conocimiento científico y espiritual para todos los tiempos. y finalmente destacamos una de sus súplicas, para realizarla en estos momentos en que el mundo se encuentra:

“¡Dios mío! Otórgame la guía, afiánzame en ella y resucítame con la misma en un estado de seguridad como el de aquel que no tiene temor alguno, ni tribulación, ni desasosiego. Por cierto, que Tú eres digno de ser objeto de temor y digno de otorgar el perdón”[11]

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[1] Escritora, Periodista, Profesora e Investigadora Boliviana, miembro de la Asociación de Investigadores en Comunicación y Educación para el Desarrollo (AICED) y la Asociación de la Comunidad Islámica Ahlul Bait de Bolivia.

[2] Ibn Jozi, Regular, vol. 10, p. 120.

[3] Muhammad ibn Ali ibn Babawiyyah (Sheikh Saduq), Ayoun Akhbar al-Reza (la paz sea con él), vol. 1, p. 154.

[4] Muhammad ibn Ali ibn Babawiyyah (Sheikh Saduq), Ayoun Akhbar al-Reza (la paz sea con él), vol. 1, p. 307.

[5] Wasâ’il ash-Shî‘ah, t.8, p.442.

[6] A‘iân ash-Shî‘ah, t.4, p.196, 2ª sección.

[7] Fazlullah, pág. 187, 1377 hégira solar.

[8] Ibid, págs. 191 a 196.

[9]  Ibid, pág. 196.

[10]  Ibid, pág. 197-198.

[11] A‘iân ash-Shî‘ah, t.4, p.197, segunda sección.

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