“...Y entonces fui guiado”

El comienzo del estudio detallado

Los Compañeros del Profeta (BP) desde diferentes puntos de vistas - Shi‘a y Sunnah

 Por Muhammad At-Tiyani As-Samawi

 

1) Los Compañeros del Profeta (BP) desde el punto de vista de la Shi‘a y la Sunnah

Uno de los estudios más importantes que yo considero como piedra fundamental para todos los estudios (al respecto) que llevan a la verdad, es la investigación de la vida de los Compañeros; sus asuntos, lo que hicieron y en lo que creían, ya que ellos fueron los pilares de todas las cosas.

De ellos tomamos los principios de nuestra religión, y de ellos extraemos la luz con la que en medio de las tinieblas podemos ver las reglas de Allah.

Muchos sabios musulmanes -convencidos de eso- se lanzaron a investigar acerca de ellos y de sus vidas, y escribieron muchos libros sobre el tema, como por ejemplo: Usud-ul Gabah fi Tamiiz-is Sahabah, Al-Isabah fi Ma‘rifat-us Sahabah, Mizan-ul I‘tidal, y varios otros libros que miran crítica y analíticamente las vidas de los Compañeros, pero todos desde el punto de vista de los Sunnis.

Hay un delicado problema aquí, que se puede resumir en que la mayoría de los sabios antiguos generalmente escribían y narraban conforme a lo que satisfacía a los gobernantes Omeyas y Abbasidas, quienes fueron conocidos por su oposición a Ahl-ul Bait, a todos sus partidarios, y a quienes seguían su camino. Por eso no es equitativo fundamentarnos en sus obras solamente, sin referirnos a las obras de los sabios musulmanes que fueron perseguidos, desterrados y asesinados por esos gobernantes, simplemente porque eran seguidores de Ahl-ul Bait y el origen de las revoluciones contra los poderes tiranos y pervertidos.

El problema fundamental en todo esto son los Compañeros mismos, ya que fueron ellos los que no estuvieron de acuerdo en que el Mensajero de Allah (BP) escribiera un documento que los protegería del error y los mantendría en el sendero recto hasta el Día del Juicio. Este desacuerdo es lo que privó a la comunidad islámica de ese beneficio y la hizo tender hacia el error de tal forma, que entró en discordia, se dividió, y la hizo combatirse internamente hasta que, finalmente, declinó y acabó su poder.

Fueron ellos los que discreparon en el tema del Califato (la sucesión del Profeta), y se dividieron en un grupo dominante y otro opositor, y esto causó la discordia y separación de la comunidad en seguidores de Ali y en seguidores de Mu‘awiah.

Fueron ellos los que discreparon en las interpretaciones del Libro de Allah y en los dichos de Su Mensajero, lo que llevó al surgimiento de las diferentes tendencias, madhahib, grupos y sectas. A partir de eso se originaron las diferentes escuelas teológicas e ideológicas y surgieron diversas filosofías estimuladas por ambiciones políticas particulares que sirvieron como pretexto para obtener el poder y gobierno que ambicionaban.

Los musulmanes no se habrían dividido ni habrían discrepado en nada si no hubiera sido por los Compañeros, pues cada desacuerdo que ha surgido en el pasado, o que surge en la época presente, se debe a su desacuerdo sobre los Compañeros.

Dios es uno sólo, el Corán es uno sólo, el Mensajero es el mismo y la qiblah es la misma, y todos ellos concuerdan en esto; pero la diferencia y el desacuerdo entre los Compañeros comenzó el primer día tras la muerte del Mensajero (BP), en la Saqifah de Bani Sa‘idah (galería construida en un jardín a donde la gente se dirigía para resolver asuntos importantes), y ha permanecido hasta el día de hoy, y continuará hasta que Allah así lo disponga.

A través de mis discusiones con los sabios Shi‘as, descubrí que, según sus puntos de vista, los Compañeros se dividieron en tres categorías:

La primera categoría incluía a los buenos Compañeros que verdaderamente conocían a Allah y a Su Mensajero, y que le juraron fidelidad (Bai‘ah) hasta la muerte. Ellos verdaderamente eran sus amigos tanto en las palabras como en la sinceridad de sus actos, y no cambiaron después de su muerte, sino que siguieron firmes con su promesa. Allah, el Altísimo, los elogió en muchos lugares de Su Libro Sagrado; igualmente el Mensajero de Allah (BP) los elogió en muchas ocasiones. Este grupo de Compañeros es mencionado por los Shi‘as con reverencia y respeto. También es mencionado por los Sunnis con la misma reverencia y respeto.

La segunda categoría fueron los Compañeros que adoptaron el Islam y siguieron al Mensajero de Allah (BP) ya fuera por propio deseo o por temor, y que siempre se enorgullecían de su Islam ante el Mensajero de Allah (BP). Sin embargo, lo hicieron sufrir en varias ocasiones y no siempre acataron sus órdenes y prohibiciones, sino que siguieron sus propias opiniones poniendo en duda sus explícitas estipulaciones, e incluso en el mismo Corán son a veces reprochados y otras amenazados. Allah los pone en evidencia en muchas aleyas coránicas; también el Mensajero de Allah (BP) los amonestó en muchos de sus dichos. La Shi‘a menciona a este grupo de Compañeros sólo a causa de sus actos, y sin respeto o reverencia.

El tercer tipo de Compañeros fueron los hipócritas que acompañaron al Mensajero de Allah (BP) para engañarlo. Pretendían ser musulmanes pero dentro de sí mismos eran propensos a la incredulidad y a engañar al Islam y a los musulmanes en general. Allah ha revelado una Surah (Capítulo) entera sobre ellos en el Corán y los mencionó en muchos otros lugares, como así también les prometió el nivel más bajo en el Infierno. El Mensajero de Allah (BP) los mencionó, advirtió sobre ellos, y hasta informó a algunos de sus Compañeros sobre sus nombres y características. Tanto la Shi‘a como la Sunnah concuerdan en maldecir a este grupo de Compañeros y los aborrecen.

Hubo un grupo especial que, aunque formaba parte de los Compañeros, se distinguió de los demás por su cercanía al Profeta (BP), además de haber poseído virtudes éticas y espirituales, y distinciones personales que les fueron otorgadas por Allah y Su Mensajero, y con las que nadie más fue honrado. Estos fueron Ahl-ul Bait (La Familia del Profeta), a quienes Allah “limpió y purificó sobremanera”1 y nos ordenó bendecirles de la misma manera en que nos ordenó hacerlo con Su Mensajero. Él hizo obligatorio para nosotros darles parte del Jums (el quinto de los ingresos, que se paga en el Islam)2, y cada musulmán debe amarlos como retribución por el Mensaje de Muhammad3.

Ellos son los que poseen la autoridad, a quienes se nos ordenó obedecer4; son personas arraigadas firmemente en el conocimiento, que conocen la interpretación del Sagrado Corán y sus aleyas normativas, así como también aquellas alegóricas5.

Ellos son Ahl-udh Dhikr (la Gente del Recuerdo), a quienes el Mensajero de Allah equiparó con el Sagrado Corán en su hadiz: “Az-Zaqalain” (Las Dos Joyas Preciosas), y nos ordenó aferrarnos a ellas dos (al Corán y a Ahl-ul Bait)6. Él los equiparó con el Arca de Noé: “Todo el que se embarcó en ella fue salvado, y todo el que no lo hizo se ahogó”7.

Los Compañeros conocían la posición de Ahl-ul Bait y los honraban y respetaban. La Shi‘a los sigue y los pone por encima de cualquiera de los Compañeros, y sostiene que poseen muchos textos específicos como prueba.

En cuanto a la escuela Sunnah, ella respeta, engrandece y venera a la familia del Profeta (BP), pero no acepta la clasificación antes mencionada, y no considera que los hipócritas hayan sido de entre los Compañeros, sino que ve a los Compañeros como la mejor creación después del Mensajero de Allah.

Si clasifican de alguna forma a los Compañeros, entonces es de acuerdo a su antigüedad en el Islam y a sus méritos y servicios a él. Colocan a los Califas Correctamente Guiados en primer lugar y luego a los seis restantes de entre los diez a los que se le prometió el Paraíso, según ellos. Debido a eso, cuando bendicen al Profeta (BP) y a su familia, incluyen en ella a todos los Compañeros, sin excepción.

Esto es lo que yo conozco de los sabios Sunnis, y lo anterior es lo que escuché de los sabios Shi‘as respecto a la clasificación de los Compañeros. Es eso precisamente lo que me hizo comenzar mi estudio detallado con el tema de los Compañeros. Prometí a mi Señor que -si Él me guiaba hacia el sendero recto- me libraría de prejuicios emocionales, que sería neutral y objetivo, y que escucharía lo que dicen las dos partes; luego seguiría la que fuera mejor, basando mis conclusiones en lo siguiente:

1) La creencia lógica y sólida: es decir, que dependería sólo de lo que todos estuvieran de acuerdo, especialmente en lo que se refiera a la exégesis del Libro de Allah, y a lo correcto de la honorable Sunnah del Profeta (BP).

2.- El intelecto; ya que es la gracia mas grande de Allah ha otorgado a los seres humanos, y es por medio de él que Él los honró y distinguió por sobre el resto de Su creación. De este modo, cuando Allah alega algo contra Sus siervos, Él les pide que utilicen sus intelectos de la mejor manera posible, y dice: «¿Acaso no razonan? ¿No comprenden? ¿No reflexionan? ¿No perciben?....»

En primer lugar, mi Islam parte de la creencia en Allah, en Sus Ángeles, en Sus Libros y en Sus Mensajeros; en que Muhammad es Su Siervo y Enviado; en que la Religión de Allah es el Islam, y en que no me basaría en ninguno de los Compañeros, sin considerar su parentesco con el Mensajero ni su posición, porque yo no soy ni Omeya, ni Abbasida, ni Fatimida, ni soy Sunni ni Shi‘a; y no tengo nada contra Abu Bakr, ‘Umar o ‘Uzman, ni contra Ali; ni siquiera contra Uahshi, el asesino de nuestro maestro Hamza, pues él se hizo musulmán y el Islam olvida todo lo sucedido antes, por lo que el Mensajero de Allah lo perdonó.

Ya que me entregué a esta investigación con el propósito de alcanzar la verdad, y que me despojé sinceramente de todas mis creencias previas, decidí comenzar esta búsqueda con la bendición de Allah, basándome en las actitudes de los Compañeros.

1) Los Compañeros en el tratado de Paz de al Hudaibiiah

Brevemente, la historia es de la siguiente manera:

En el sexto año después de la hiyrah (emigración del Profeta de La Meca a Medina), el Mensajero de Allah junto a mil cuatrocientos de sus Compañeros, marchó hacia La Meca para realizar la ‘Umrah. Él les había ordenado dejar sus espadas en las vainas. Tanto el Profeta (BP) como sus Compañeros vistieron el ihram (vestimenta blanca usada especialmente para el propósito de la Peregrinación y la ‘Umrah) en Dhil Halifah; luego sacrificaron Al-Hadi (ofrenda para sacrificio) para así hacer saber a Quraish que iban como visitantes y peregrinos a realizar la ‘Umrah y no con la intención de combatir.

Pero Quraish, con toda su arrogancia, temió que los otros árabes se enteraran de que Muhammad había entrado a La Meca por la fuerza, haciendo que su poder se resquebrajara. Debido a eso, enviaron una delegación guiada por Suhail ibn ‘Amru ibn ‘Abdi Wud Al-Amiri para ver al Profeta y pedirle que esta vez regresara, pero que se le permitiría visitar La Meca por tres días al año siguiente.

Además, pusieron algunas condiciones muy severas que fueron aceptadas por el Mensajero de Allah, para poder llegar a un acuerdo en el asunto, como le fue revelado por su Señor, Poderoso e Imponente.

A algunos de los Compañeros no les agradó el proceder del Profeta y se le opusieron enérgicamente. ‘Umar ibn Al-Jattab fue y le dijo: “¿Acaso no eres tú verdaderamente el Profeta de Allah?”. Él respondió: “Sí, lo soy”. ‘Umar preguntó: “¿Acaso no estamos con la verdad y nuestros enemigos con la falsedad?”. El Profeta respondió: “Así es”. ‘Umar interrogó: “Entonces, ¿por qué deshonramos a nuestra religión?”.

El Mensajero de Allah (BP) dijo: “Yo soy el Mensajero de Allah y nunca Lo desobedezco, y Él es mi Protector”. ‘Umar preguntó: “¿No nos dijiste que iríamos a la Casa de Allah y que haríamos el Tawaf?”. El Profeta respondió: “Sí, pero, ¿acaso te dije que llegaríamos a ella este año?”. ‘Umar respondió: “No”. El Profeta dijo: “Entonces, debes saber que irás el año que viene y circunvalarás a su alrededor”.

Más tarde ‘Umar fue hacia Abu Bakr y le preguntó: “Oh Abu Bakr, ¿acaso no es él verdaderamente el Profeta de Allah?”. Él respondió: “Sí”. ‘Umar entonces le reiteró las mismas preguntas que le había hecho al Mensajero de Allah y Abu Bakr le respondió de la misma manera, y añadió: “Oh ‘Umar, él es el Mensajero de Allah y no desobedece a su Dios, Quien es su Protector; por lo tanto, aférrate a él”.

Cuando el Profeta terminó de firmar el Tratado, dijo a sus Compañeros: “Id, sacrificad (las reses) y afeitad vuestras cabezas”. Y por Allah, ninguno de ellos se levantó, a pesar de que lo dijo tres veces. Al ver que nadie obedecía sus órdenes, regresó a sus tiendas; luego salió y no habló con nadie hasta después de sacrificar un camello joven con sus propias manos, y llamó a su barbero para que afeitara su cabeza. Cuando los Compañeros vieron todo eso, hicieron los sacrificios y se afeitaron unos a otros, con tal enfado que casi se matan entre sí8.

Esta es, en resumen, la historia del Tratado de Paz de Al-Hudaibiiah, que es uno de los eventos en cuyos detalles concuerdan tanto la Shi‘a como la Sunnah, y es citado por muchos historiadores y biógrafos como At-Tabari, Ibn Al-Azir, Ibn Saad, Al-Bujari y Muslim.

Me detuve aquí, pues no podía leer algo como eso sin sentirme impresionado y sorprendido por el comportamiento de aquellos Compañeros hacia su Profeta. ¿Podría cualquier hombre sensato aceptar lo que dicen algunos, sobre que los Compañeros -que Allah esté complacido con ellos- siempre obedecieron y cumplieron las órdenes del Mensajero de Allah (BP)? Estos incidentes revelan sus mentiras y acaban con sus pretensiones. ¿¡Podría cualquier hombre sensato imaginar que tal comportamiento hacia el Profeta es un tema sin importancia, admisible o disculpable!?

Allah, el Todopoderoso, dice:

«¡Pero no! ¡Por tu Señor! Que no creerán sino hasta que te hayan hecho juez de sus disputas; sólo entonces ya no encontrarán en sí mismos dificultades en aceptar tu decisión, y obedecerán plenamente» (Sagrado Corán; 4:65)

¿Acaso obedeció ‘Umar ibn Al-Jattab y no encontró ninguna dificultad para aceptar la orden del Mensajero (BP)? ¿O acaso rechazó aceptar la orden del Profeta? Especialmente cuando él dijo: “¿Acaso no eres tú verdaderamente el Profeta de Allah?, ¿no nos dijiste...?”, y ¿acaso obedeció él luego de que el Mensajero de Allah le diera todas esas respuestas convincentes? ¡Ciertamente que no! Él no se convenció con sus respuestas, y fue y le hizo a Abu Bakr las mismas preguntas.

Pero ¿acaso obedeció después de que Abu Bakr le respondiera y aconsejara aferrarse al Profeta? ¡Yo no sé si en realidad obedeció después de todo eso y si se convenció de las respuestas del Profeta (BP) y de Abu Bakr! Si hubiera sido así, entonces ¿por qué él dijo sobre sí mismo: “Por eso yo hice así muchas cosas... Sólo Allah y el Mensajero conocen las cosas que hizo ‘Umar”?

Además, no conozco las razones de la desobediencia del resto de los Compañeros después de esto, cuando el Mensajero de Allah les dijo: “Id, sacrificad (las reses) y afeitad vuestras cabezas”, donde nadie prestó atención a sus órdenes, aun cuando se las repitió tres veces, sin ningún resultado.

¡Alabado sea Allah! Yo no podía creer lo que había leído. ¿Podían los Compañeros llegar a tal punto en su trato hacia las órdenes del Mensajero? Si la historia hubiera sido narrada solamente por la Shi‘a, la hubiera considerado una mentira contra los honorables Compañeros. Pero esta historia ha llegado a ser tan famosa, que también la relatan todos los historiadores Sunnis.

Como me había obligado a aceptar sólo aquéllo en lo que estuvieran de acuerdo todas la partes, me encontré a mí mismo resignado y perplejo.

¿Qué podía decir? ¿Qué excusa podía encontrar para aquellos Compañeros que habían pasado cerca de veinte años junto al Mensajero de Allah, desde el comienzo de la Misión hasta el día de Al-Hudaibiiah, y que habían sido testigos de todos los milagros y las luces de la profecía? Además, el Corán estuvo enseñándoles día y noche cómo debían comportarse en presencia del Mensajero y cómo debían hablarle, hasta tal punto que Allah había amenazado hacer vanas sus acciones si ellos levantaban sus voces por encima de la suya.

Todo esto me lleva a creer que fue ‘Umar ibn Al-Jattab el que influyó sobre el resto de los presentes y les indujo a rechazar y desobedecer la orden del Profeta (BP). Además, hay que tener en cuenta que reconoció haber hecho muchas cosas parecidas que no quiso mencionar.

Esto lo repite, según otras fuentes, al decir: “Todavía estoy ayunando, dando limosna, rezando y tratando de redimirme por temor a las palabras que dije...”, y continúa con lo que él mismo relató referente a este suceso9, lo que nos hace llegar a la conclusión de que ‘Umar conocía bien lo malo de la posición que adoptó aquel día.

Este es un relato curioso y extraño... pero verdadero.

2) Los Compañeros y Raziiatu Iaum al Jamis (La Desgracias del Jueves)

Brevemente, la historia es de la siguiente manera:
Los Compañeros estaban reunidos en la casa del Mensajero (BP), tres días antes de su muerte. Él les ordenó que le trajeran papel y tinta para que pudiera redactar un escrito, el cual les evitaría caer en el error; pero los Compañeros discreparon entre sí, y algunos desobedecieron al Profeta y lo acusaron de estar delirando. El Mensajero de Allah (BP) se enfadó mucho y los hizo salir de su casa sin llegar a escribirles nada.

Esta es la historia con algunos detalles:
Ibn ‘Abbas dijo: “¡Jueves! ¡Y qué jueves fue ese! El dolor del Mensajero se hizo muy severo. Él dijo: “Venid. Os redactaré un escrito que os evitará caer en el error”. Pero ‘Umar dijo: “Al Profeta lo está agobiando el dolor. Tenemos el Corán y eso es suficiente, puesto que es el Libro de Allah”.

Entonces Ahl-ul Bait no estuvo de acuerdo, por lo que los presentes disputaron entre sí. Algunos dijeron: “Dadle al Profeta lo que pide, así redacte para vosotros un escrito para que no os desviéis después”, mientras que otros apoyaron la opinión de ‘Umar. Cuando aumentó el alboroto y la discordia, al Mensajero de Allah les dijo: “¡Dejadme solo!”.

Ibn ‘Abbas dijo: “La desgracia; la gran desgracia, fue que con su desacuerdo impidieron que el Mensajero de Allah (BP) les escribiera aquel documento”10.

El incidente es correcto y no hay duda sobre su autenticidad, pues fue citado en sus libros tanto por los sabios y compiladores de hadices Shi‘as, como así también por los sabios, compiladores de hadices e historiadores Sunnis.

Puesto que me había obligado a mí mismo a considerar el incidente, me encontré confundido por la posición que adoptó ‘Umar ibn Al-Jattab con respecto a la orden del Mensajero de Allah. ¡Y qué orden era esa!: “¡Evitar que la comunidad se extraviara!”, pues indudablemente aquella declaración habría tenido algo nuevo para los musulmanes, que habría alejado de ellos todas las dudas.

No vamos a tener en cuenta aquí lo que dice la Shi‘a, que es que “el Mensajero quería escribir el nombre de Ali como su sucesor, y ‘Umar se percató de ello, por lo que lo impidió”, porque esa hipótesis no nos convence, inicialmente. Pero, ¿podemos encontrar una explicación lógica para este doloroso incidente que hizo enfadar tanto al Mensajero, que les ordenó dejarlo; y que “hizo llorar tanto a Ibn ‘Abbas, que sus lágrimas humedecieron las piedras”, y lo llamó: “la desgracia más grande”?

Los Sunnis dicen que ‘Umar tomó conciencia de lo fuerte de la enfermedad del Profeta; por lo tanto quiso confortarlo y aliviarlo de cualquier fatiga.

Este tipo de razonamiento no es aceptado ni por personas ingenuas, mucho menos por los sabios. Reiteradamente traté de encontrar una excusa para ‘Umar, pero las circunstancias que rodean al incidente me impidieron encontrarla. Aun si yo cambiara las palabras: “Él está delirando” -que Allah me perdone-, por la expresión: “El dolor lo ha agobiado”, no podría encontrar ninguna justificación para ‘Umar cuando dijo: “Tenemos el Corán y eso nos es suficiente, puesto que es el Libro de Allah”.

¿Acaso conocía él el Corán mejor que el Mensajero de Allah, a quien fue revelado? ¿O acaso el Mensajero de Allah -que Allah me perdone- no sabía lo que decía? ¿O acaso buscó (‘Umar), por medio de su orden, crear división y desacuerdo entre los Compañeros -que Allah me perdone-?

Aun si el razonamiento Sunni fuera correcto, entonces el Mensajero de Allah se habría percatado de la buena voluntad de ‘Umar y le habría agradecido por aquello, y quizás le habría pedido que se quedara, en lugar de enfadarse con él y decirle que dejara su casa.

¿Puedo preguntar por qué ellos acataron su orden cuando les pidió que dejaran la habitación, y no dijeron entonces que él estaba “delirando”? ¿Acaso fue porque ellos habían tenido éxito en su complot para impedir que el Profeta escribiera el documento y ya no había motivo para que permanecieran mucho más? Las pruebas indican claramente que incrementaron el alboroto y la disputa en presencia del Mensajero (BP) y que se dividieron en dos partes: una que estaba de acuerdo con que el Mensajero de Allah escribiera ese documento, mientras que la otra concordaba con ‘Umar en que “él estaba delirando”.

El asunto no le concierne a ‘Umar solamente, pues si fuera así, el Mensajero de Allah le hubiera persuadido de que “él no habla por propio impulso”11, y que el dolor no podía agobiarlo en asuntos concernientes a la guía de la comunidad y a evitarles extraviarse. Pero la situación se tornó mucho más seria y ‘Umar encontró algunos que lo apoyaron, quienes aparentemente tenían un acuerdo previo en su postura, por lo que crearon el alboroto y el desacuerdo. Olvidaron, o quizás pretendieron olvidar, las palabras de Allah, el Altísimo:

«¡Creyentes. ¡No elevéis vuestra voz por encima de la del Profeta! ¿No le habléis en voz alta como hacéis entre vosotros! Os expondríais a hacer vanas vuestras obras sin daros cuenta» (Sagrado Corán; 49:2)

En este incidente ellos transgredieron las sanciones estatuidas por el Sagrado Corán al elevar sus voces y pregonar la acusación de que el Mensajero (BP) estaba delirando -que Allah me perdone-; luego incrementaron su alboroto y diferencias hasta que se convirtió verdaderamente en una batalla verbal en presencia suya.

Pienso que la mayoría de los Compañeros estaba con ‘Umar, y que es por lo que el Mensajero de Allah encontró inútil escribir el documento, pues él sabía que no lo respetarían, puesto que si no habían acatado la orden de Allah de no elevar sus voces en su presencia, mucho menos acatarían la orden de Su Mensajero al respecto.

De este modo, la sabiduría del Mensajero determinó que él no debía escribir el documento, pues, si había sido atacado en vida, ¿qué podría hacer él después de su muerte?

Sus detractores dirían que él había estado delirando, por lo que quizás llegarían incluso a dudar de algunas de las normas que explicó en su lecho de muerte.

Pido perdón a Allah y ante Él me arrepiento. Sólo eso puedo decir ante esas palabras pronunciadas en presencia del más ilustre Mensajero, pues, ¿cómo podía yo convencerme a mí mismo, y a mi libre conciencia, de que ‘Umar ibn Al-Jattab estaba actuando espontáneamente, mientras que sus Compañeros y otros que estaban presentes en el incidente lloraron hasta que sus lágrimas humedecieron las piedras y llamaron al incidente “La Desgracia de los Musulmanes”?

Debido a eso, llegué a rechazar todas las justificaciones dadas para explicar el incidente, y hasta traté de negarlo a fin de poder olvidar la tragedia; pero todos los libros As-Sihah se refieren a ella y aceptan su autenticidad, y no pueden proveer una justificación sólida.

Me incliné hacia el punto de vista Shi‘a con respecto a la explicación del incidente porque lo encontré lógico y con muchas evidencias.

Todavía recuerdo la respuesta que me dio el Saiid Muhammad Baqir As-Sadr cuando le pregunté: “¿Cómo supo nuestro maestro ‘Umar, entre todos los Compañeros, lo que quería escribir el Mensajero, o sea, la designación de Ali como su sucesor -como ustedes afirman-? Esto sería una muestra de gran inteligencia de su parte”.

El Saiid As-Sadr dijo: “‘Umar no fue el único que comprendió el propósito del Mensajero. En realidad, la mayoría de las personas que estaban presentes entonces, comprendieron lo mismo que ‘Umar, pues el Mensajero de Allah (BP) previamente ya se había expresado claramente al respecto cuando dijo: “Dejo entre vosotros las dos joyas preciosas: el Libro de Allah (el Corán) y la descendencia de la Gente de mi Casa (Ahl-ul Bait), mientras os aferréis a ambas, no os desviaréis después de mí”. Y durante su enfermedad, les dijo: “Permitídme redactaros un escrito para que después de mí no os desviéis jamás”.

Aquellos que estaban presentes, incluyendo a ‘Umar, comprendieron que el Mensajero de Allah quería reiterar por escrito, lo que ya había manifestado en Gadir Jum, y que era aferrarse al Corán y a Ahl-ul Bait, estando Ali a la cabeza del último. Era como si el santo Profeta (BP) estuviera diciendo: “Sigan al Corán y a Ali”.

Él dijo cosas similares en muchas otras ocasiones, como ha sido manifestado por muchos narradores de hadices.
Aunque la mayoría de Quraish no estaba conforme con Ali porque era muy joven, además de ser aquél que había aplastado su arrogancia, acabado con su dominio, y matado a sus campeones, en esas ocasiones ellos no se atrevieron a oponerse al Mensajero de Allah a un grado tal como al que llegaron en el “Tratado de Paz de Al-Hudaibiiah”, o como cuando el Mensajero rezó (la oración del muerto) por ‘Abdullah ibn Ubai Al-Munafiq (el hipócrita), o como en muchos otros incidentes registrados por la historia. Este incidente (La Desgracia del Jueves) fue uno de ellos, y tú puedes ver que los que se opusieron a que se escribiera aquel documento durante la enfermedad

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