Conflicto Irán – Occidente
SOBERANIA ES SINÓNIMO DE DIGNIDAD
Por Pablo Jofré Leal
Periodista y analista internacional
Desde el año 1979 a la fecha, la historia de relaciones entre Irán y Estados Unidos – a lo que sumamos a socios de este último país como Inglaterra, Francia e Israel, principalmente - ha estado teñida de tensiones. Ya sea a través de una guerrilla verbal, como también enfrentamientos que han puesto en alerta a los ejércitos de ambos países y una serie de acontecimientos, que sitúan a este contencioso como uno de los más complejos en el área del Medio Oriente con claras influencias al Asia Central y el norte africano.
 
¿OBJETIVO? DESTRUIR A IRÁN
En un interesante trabajo del joven y talentoso periodista iraní Kourosh Ziabari, este señala que existen una serie de mitos sobre su país, que es necesario desmontar. Ello, porque constituyen, no sólo una demonización de Irán, sino que demuestran cómo se desvirtúa la riqueza cultural de un país milenario “la demonización y aislamiento de Irán forma parte de una campaña integral y polifacética, cuyo propósito es vilipendiar y condenar al ostracismo al mundo musulmán. Proceso intensificado desde los atentados el 11 de septiembre del año 2001 en Estados Unidos, de los que se culpó a los musulmanes y que pusieron en marcha la guerra global contra el terrorismo” guerra bajo los argumentos, definiciones y clasificaciones de Washington y sus aliados incondicionales.
 
Irán ha sido acusado de terrorismo por parte de Estados Unidos, siguiéndole en ello países como Francia e Inglaterra y sin embargo la nación persa, desde hace 274 años no ha invadido ni ha hostigado a país alguno, como nos recuerda Ziabari. – año en que en que el Rey de la dinastía Afshárida, Nadir Shah, invadió la India - Sin embargo, Estados Unidos, sólo en las guerras de agresión contra Corea, Vietnam e Irak ha ocasionado la muerte de 7 millones de personas y 20 millones de heridos, amén de la destrucción casi total de esos países. Sumemos a ello las guerras y acciones de agresión contra Cuba, Nicaragua, Panamá, Granada. La conducta subversiva para derribar gobiernos en Chile, Brasil, Guatemala, Venezuela, entre otros. Sus intervenciones, a través de sus socios occidentales en países africanos y las mortales guerras de liberación nacional que enfrentó a los Movimientos de Liberación africanos contra metrópolis que se resistían a perder el poder en sus colonias ¿el resultado? Millones de muertos, como el millón y medio en Argelia en su guerra contra Francia.
 
El millón de muertos en Angola, en una guerra civil donde el apoyo a la contrarrevolución venía de Sudáfrica y el Zaire de Mobutu, con el gran hermano mirando desde su atalaya en la casa Blanca. El apoyo irrestricto con Israel, desde el año 1948 a la fecha, como también en todas las agresiones contra el pueblo palestino, sin que exista disposición alguna, que concrete sanciones, bloqueos o aislamiento del régimen sionista frente a sus crímenes. El apoyo a movimientos terroristas de raíz takfirí, para derrocar al gobierno de Bashir al Assad. Y, sin embargo, la idiotez discursiva de los medios de comunicación de Estados Unidos suelen calificar a Irán como un país incivilizado, desconociendo su cultura milenaria y sus contribuciones inestimables a la cultura de, ciencia, economía y estilos de vida del mundo.
 
Se acusa a Irán de discriminar a sus mujeres y sin embargo, en países aliados de Estados Unidos como Arabia Saudita, esas mujeres no tienen derechos políticos ni la posibilidad de participar de actividades cotidianas como conducir. En Irán, nos dice Ziabari las iraníes dirigen universidades, centros de estudio, institutos científicos, ocupan puestos gubernamentales, son diputadas. El 60 % de los nuevos estudiantes universitarios son mujeres y sin embargo los clichés se imponen afirmando que el hecho de llevar pañuelos en la cabeza las hacen menos poseedoras de derechos. Finalmente nos ilustra Ziabari, se acusa a irán de desarrollar armas nucleares, negando el derecho a irán a tener un programa nuclear pero, sostiene este profesional “los que han creado esta polémica olvidan, interesadamente, que el programa nuclear de irán lo inició el gobierno estadounidense en los años 50 bajo la presidencia de Dwight D. Eisenhower. En aquel momento Irán era aliado incondicional de Estados Unidos, por tanto no había impedimentos para desarrollar un programa nuclear”. Sin embargo, como ahora no es ese aliado incondicional se le niega el derecho a desarrollar su programa nuclear, ni siquiera para fines pacíficos como lo ha declarado hasta el cansancio el gobierno iraní.
 
Estados Unidos, desde el triunfo de la revolución iraní el año 1979, se ha empeñado en destruir este país, no dejarlo ser, no permitirle un espacio de soberanía. Para ello ha atizado el motor de la ignorancia, de las denuncias sin pruebas, de las acciones desestabilizadoras, el mundo de las sanciones y el bloqueo para causar malestar en la población. Todo ello en el marco de lo que el autor francés Jean Michel Vernochet, en un valiosísimo libro titulado “Irán: la destrucción necesaria” sostiene que es necesario ver, analizar con mirada lúcida las fuerzas que impulsan, no sólo a Israel, sino a todo el sistema occidental dominante (liderado por Estados Unidos) en la decisión política estratégica de implementar una guerra contra Irán.
 
Para Vernochet ese occidente predador sostiene que “hay que destruir a Irán ¡claro que sí! No sólo para impedir su eventual acceso al arma atómica (algo no muy probable) no sólo porque la independencia de irán puede poner en entredicho la preminencia regional de Israel, atalaya occidental en el oriente medio, y como dicen algunos, el estado 51 de los estados unidos, a le vez que el último miembro de la Unión Europea. Es que hay que mantener, a toda costa, la posición dominante de Israel en la región, que depende de su monopolio regional del arma atómica – en lo que constituye una posesión de armas prohibidas, tan inconfesada como bien confirmada mediante rumores bien orquestados”.
 
Esta es la prueba de la doble moral, del doble rasero occidental, que rasga vestiduras frente al programa nuclear iraní, sin embargo viste de oropeles y joyas a su aliado, triste amante regional, atrincherado en el Levante Mediterráneo, sojuzgando a la población palestina, agrediendo a vecinos y creando el caso mediante el apoyo a movimientos terroristas como Daesh o el Frente al Nusra. Asesinado a dirigentes opositores y a científicos nucleares iraníes, apoyando con operaciones de bandera falsa hechos como la masacre del semanario Charlie Hebdo, cuyas investigaciones conducen a pensar que detrás de esas acciones está la mano del Mossad. Israel, en una clara alianza con el mundo takfirí, que más temprano que tarde le cobrará la cuenta, ha decidido incendiar Medio Oriente y para ello las víctimas, por cientos de miles, las ponen los pueblos de Siria, Irak y Palestina.
 
El objetivo de Washington, bajo la excusa que Irán ha estado desarrollando un programa nuclear destinado a poseer armamento nuclear, no deja lugar a dudas: Hay que destruir a Irán, pues de esa manera se les sumiría en la edad de piedra, como es habitual escuchar en los apocalípticos discursos de una trasnochada ultraderecha israelí, en una cantinela repetitiva de los gobiernos sionistas, sean estos del Likud o laboristas. En una medicina que ya han padecido países como Afganistán, Libia Irak y los territorios ocupados palestinos. Destruir a Irán, no sólo porque es una potencia regional, sino también por la codicia que despiertan sus recursos, llámense petróleo, gas o cobre, porque también hay que dar un buen escarmiento a quien se atreve a ser soberano y digno frente al sometimiento global. El ascenso como potencia regional de este Irán dotado de energía a pesar del desgaste, de honor a pesar de las presiones y bloqueos, de voluntad a pesar de los afanes por derribarlo parecen justificar la decisión occidental. La triada Washington, Londres y Tel Aviv teje planes para concretar su plan, a contrapelo de cualquier decisión de organismos internacionales, a pesar de los llamados de alerta, a pesar que el mundo le grita en la cara ¡basta de guerras de agresión! La codicia es más fuerte y ese afán los ciega, los embrutece y nubla.
 
Y si esta política impulsada por gobiernos como el Obama, Cameron, Hollande, Netanyahu fracasa, entonces se debe acudir a la destrucción de su infraestructura, negarle la sal y el agua, la tecnología, el acceso a bienes y medicinas, minarlo militarmente, congelar sus activos, impedirle usar sus recursos derivados de la venta del petróleo. Impedir que desarrolle una política de medios independiente, destinada a dar a conocer al mundo el pensamiento iraní, sin cortapisas, sin intermediarios. 
 
“Ese nuevo orden internacional en el que se quiere someter a Irán, nos dice Vernochet, se vale de reglas de juego definidas y establecidas en Estados Unidos. Son reglas orientadas siempre en el mismo sentido, destinadas a agarrotar las defensas naturales y culturales (entre otras) de los pueblos, para disolverlos en el gran caldero mundialista, después de desvitalizarlos, o sea, desarmarlos física y moralmente. La reducción de Irán, que se pretende conseguir, desde hace una década apunta a aniquilar su soberanía y su independencia, lo cual nada tiene que ver con la propaganda acerca de lo retrógrado de una teocracia que obliga a las mujeres a llevar un pañuelo en la cabeza, lo cual hacen con mucha elegancia, por cierto”. Un Nuevo orden tejido en los salones y oficinas del complejo militar industrial, cuyos directivos lo mismo están un día en la casa Blanca, que al otro día en las oficinas de las industrias militares o Think Tank de apoyo ideológico y comunicacional a sus afanes hegemónicos.
 
Los desacuerdos entre Irán y Estados Unidos, son numerosos y en ello los gobiernos de Washington, sin excepción, han contado con el apoyo incondicional de países como Inglaterra, Francia e Israel, a los que hay que adicionar a Turquía y las Monarquías del Golfo, para ofrecer un frente común contra la revolución Iraní. La participación de Estados Unidos en materia de intervenciones directas e indirectas en la sociedad iraní se remonta al periodo posterior al fin de la Segunda Guerra Mundial (SGM), cuando en el marco de la Guerra Fría, el águila estadounidense colocó sus ojos y sus garras en el país persa, tratando de situarlo como una pieza de contención contra el avance soviético en la zona y construir una estabilidad “a lo estadounidense” en Oriente Medio. Es así que desarrolló una cercana relación con Mohammad Reza Pahlavi, quien sucedió a su padre, simpatizante de la Alemania nazi durante los años de la SGM y que fue obligado a abdicar en agosto del año 1941. Durante el período que duró la SGM, Irán fue ocupado por británicos y soviéticos.
 
El año 1951 se elige como Primer Ministro de Irán a Mohamed Mosadeq, quien intentó en agosto del año 1953 nacionalizar la industria petrolera. Ese mismo mes el Shah firma un decreto por el cual destituye a Mossadeq, decisión que es resistida por la población obligando a Mohammad Reza a huir con destino a Roma. Durante el transcurso de este proceso el jefe de la CIA, Allan Dulles arriba a la capital italiana, para así coordinar las acciones que condujeron al derrocamiento de Mossadeq. El Shah retorna a Irán, tras una brevísima estadía en la capital italiana y comienza desarrollar una política de profunda represión apoyado por la policía secreta fundad el año 1957 la SAVAK (Sazeman-e Ettela'at va Amniyat-e Keshvar) Organización de Inteligencia y Seguridad Nacional) cuyos fundamentos, entrenamiento y dirección estuvo en manos de la CIA Una policía secreta brutal, temida y odiada por igual y que sirvió de sostén represivo al reinado de Mohammad Reza.
 
El reinado opresivo del Shah continuó sin grandes contratiempos, a punta de represión, muerte y exilio de sus opositores, convirtiéndose en el títere y más fiel aliado de estados unidos, junto a Israel en la zona. Más aún, Mohammad Reza reconoce a Israel, quien se convierte en un asesor permanente en materia de seguridad y entrega de información sobre el mundo opositor en un trabajo conjunto con la CIA y la SAVAK. Como suele suceder en la historia de la política exterior de estados unidos, este país comienza a criticar las violaciones a los derechos humanos y el régimen antidemocrático de la monarquía iraní, aunque en privado lo respaldaba plenamente.
 
El año 1977, el presidente demócrata estadounidense Jimmy Carter visita la nación persa Irán y declara que Irán “bajo el gran liderazgo del Shah es una isla de estabilidad”. Una declaración, no sólo desafortunada, sino que llena de complicidad con los crímenes cometidos por la policía secreta iraní y, sobre todo, con millones de hombres y mujeres que exigían un cambio político profundo. La isla comenzó a hundirse por el cansancio de una población hastiada de la brutalidad, la corrupción, la autocracia de un gobierno que había hundido a irán y sometido su soberanía a las manos estadounidenses e israelíes. Una profunda crisis económica fue el preámbulo para que el pueblo iraní derrocara a Mohammad Reza, y se logra el retorno del Ayatolá Ruhola Jomeini, líder espiritual iraní, desde el exilio en Francia dando comienzo a una nueva etapa en la milenaria historia de la nación persa.
 
LA SOBERANÍA COMO OBJETIVO
¿Por qué el encono de las administraciones estadounidenses contra Irán? ¿Cómo entender una política de doble moral en materias de aceptar y apoyar el Programa Nuclear de Israel – que no es parte del Tratado de No Proliferación Nuclear, pero ataca, sanciona y presiona a Irán, que es parte del TNPN y que busca a través de ese programa su independencia energética y sobre todo la defensa de su soberanía?
 
Una primera respuesta a estas interrogantes, básica pero esencial, para entender la conducta de Irán frente a décadas de agresión, refiere a la defensa irrestricta de la soberanía de un país, que no se ha dejado someter a las presiones, ataques, cercos y políticas de sometimiento de Estados Unidos, que en conjunto con los gobiernos de como Francia, Inglaterra e Israel, principalmente, han dedicado sus esfuerzos a detener el proceso de cambios que Irán comenzó a vivir tras el triunfo de la revolución el año 1979. Ayer, era la excusa de presionar a Teherán, a quien no se le perdonaba el derribar una monarquía aliada incondicional de Occidente, que sólo trajo atraso y represión a la sociedad iraní, acusándola de poner en peligro la paz regional (una paz inexistente) con la instalación de un gobierno teocrático. Posteriormente, se acusó a Irán de expansionismo territorial en su guerra de defensa contra la agresión iraquí de la década de los ochenta del siglo XX. Una guerra criminal, de agresión, que contó con la complicidad de occidente y que sin embargo no fue capaz de detener ni derribar la revolución Iraní.
 
Tras el fracaso bélico, se acusó a Irán de tratar de expandir el chiismo en la región, en función de la defensa de países y movimientos aliados como Siria, Hezbolá y la mayoritaria población chií de Bahréin. Agotado ese recurso político y comunicacional hoy, es el programa nuclear, la excusa perfecta para sindicar a Irán como una amenaza a la paz mundial. Se desconoce así el irrefutable derecho del país persa de desarrollar aquellas materias que crea conveniente para su bienestar. Todo sirve para Estados Unidos, sus aliados occidentales y para el régimen sionista, lo importante es siempre buscar nuevos campos donde tratar de desestabilizar, debilitar y no dejar avanzar los procesos políticos de países que no se alinean con el discurso dominante. La soberanía y la dignidad molesta al imperialismo, le incomoda que alguien salga de la fila y demuestre que se puede avanzar en la independencia más allá de la fila de los incondicionales. Por eso, la búsqueda de excusas muestra que el programa nuclear iraní es el nuevo caballito de batalla de occidente. Esto, a pesar del derecho incuestionable que le asiste a irán para desarrollar dicho programa.
 
Efectivamente Irán, bajo el amparo del TNPN tiene el derecho a enriquecer su propio combustible (uranio) para generar energía nuclear con fines no bélicos, ha contado con la supervisión de la OIEA, que conoce las instalaciones, que las ha inspeccionado y ha tenido, con la plena autorización de las autoridades iraníes, inspectores en sus plantas de agua pesada y de enriquecimiento de uranio. Cada uno de los puntos mencionados, en modo alguno puede ser presentado por Israel como prueba que su programa nuclear no condujo a la posesión de armamento de destrucción masiva a través de artefactos nucleares.
Este país, a pesar de la pruebas, de las declaraciones de científicos que han trabajado allí y han desertado, para posteriormente ser secuestrados por agentes de seguridad, desconoce poseer armamento nuclear pero del cual se sabe posee al menos un número de artefactos nucleares que se sitúa entre los 200 y 400. Es conocido por los gobiernos occidentales, por organismos como la Organziación Internacional de Energía Atómica (OIEA) que Irán no ha ejecutado acción alguna de carácter ilegal desde el punto de vista de las leyes internacionales, ni aquellas que surgen de la aplicación del Tratado de no Proliferación Nuclear.
 
Desde el punto de vista de la lógica y la racionalidad, el desarrollo nuclear de Irán es parte, no sólo de su camino de decisiones como país soberano, es también parte de un juego político y de negociación. Es una de las maneras que tiene Teherán de advertir a naciones con claro cariz bélico como Israel, rivales como Arabia Saudita y Turquía, que está en condiciones de desarrollar su programa nuclear y donde también, si lo quisiera, podría desarrollar armas nucleares. Pero esa decisión está descartada por el edicto religioso emitido por el Líder Supremo de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, que prohíbe la producción de armas nucleares y otras armas de destrucción masiva por ser contrarias a sus creencias. Y eso, no es suficiente para un grupo de países de occidente, profundamente materialistas y que se han obsesionado con respecto a los reales objetivos de Irán y su programa nuclear, escondiendo los verdaderos objetivos tras esas sospechas. Debilitar su gobierno a punta de sanciones y bajarlo de su condición de potencia regional y las líneas de liderazgo que ha logrado consolidar desde hace una década.
 
Irán ha declarado a los cuatro vientos el carácter pacífico de su programa nuclear. Así ha sido explicitado en foros internacionales como la ONU, que sin embargo no han tenido respuesta de aquellos países, que en forma contumaz, siguen acusando a Irán de estar, secretamente, fabricando armas de destrucción masiva. Resulta paradojal que las potencias occidentales, lideradas por Washington se concentre en Irán a pesar que otros países si se han retirado del TNPN como Corea del Norte o han desarrollado armas nucleares como India, Pakistán e Israel o están enriqueciendo uranio como Brasil.
 
En el caso de Israel, a pesar de su negativa en aadmitir que posee, entre 200 y 400 artefactos nucleares, esa es una realidad innegable. No sólo científicos de ese país, como John Amorin y Mordecai Vanunu (que reveló esta información al Sunday Times inglés significándole ser secuestrado por el Mossad y trasladado Israel donde se le juzgó por traición) han dado a conocer la posesión de armas nucleares del régimen sionista, sino también informes de inteligencia filtrados tanto del Mossad como de la CIA y aliados del régimen de Israel, como son los organismos de Inteligencia de Francia e Inglaterra. Todos ellos países, que han aportado al desarrollo nuclear israelí y que le permite estar sentado en un barril de pólvora de varios millones de toneladas de mortal y radioactivo explosivo. El régimen de Israel ha estado desarrollando su programa nuclear para crear armas de destrucción masiva, desde el año 1958 en el Centro de Investigación Nuclear del Neguev, vecino a la ciudad de Dimona, ello bajo la protección y el apoyo político, financiero y tecnológico de países como Estados Unidos, Inglaterra y Francia, cómplices activos en la violación de leyes internacionales que se le exigen a otros pero se justifican, descaradamente cuando se trata del aliado sionista.
 
El pasado 8 y 9 de diciembre del año 2014 se celebró en Viena, la capital de Austria, la denominada “Vienna Conference on the Humanitarian Impact of Nuclear Weapons”. Allí, se hicieron presente, representantes de 150 países y, por primera vez, asistieron delegados de cuatro de los nueve Estados poseedores de armas nucleares: EE.UU., el Reino Unido, India y Paquistán. En Viena, los miembros de organizaciones internacionales dedicadas al tema nuclear, estudiosos y académicos, pero también representantes de la sociedad civil debatieron sobre los impactos en la humanidad de una explosión o prueba nuclear, sea esta de carácter intencional o accidental. Las miradas fueron diversas: sanitarias, económicas, sobre sus efectos en el medio ambiente, la ética y el derecho internacional. Pero, todo ello con una idea transversal: el uso de las armas de destrucción masiva en su vertiente nuclear trae aparejada la destrucción de la humanidad. En eso no hay doble lectura.
 
Otro de los temas que causó honda preocupación en la mencionada Conferencia, y ha sido tema de discusión en el seno de las Naciones Unidas y de los países árabes, es la negativa israelí para ceñirse a los controles internacionales, como suele exigirse a otros países, a los cuales incluso se le imponen sanciones políticas y económicas. Como ha sido el caso de Irán, al cual se le persigue y sanciona por desarrollar un programa nuclear al amparo del derecho que el propio Tratado de No Proliferación (TNP) permite. El TNP, se firmó el año 1970 y se extendió de forma indefinida en 1995, con el requisito de celebrar cada cinco años conferencias de revisión. En ese plano violatorio de los tratados firmados y de las exigencias internacionales, Israel es una amenaza a la paz mundial. Posee armas nucleares, agrede constantemente a sus vecinos, genera inestabilidad y sin embargo los dardos de occidente se enfocan en Irán.
 
La pugna que los gobiernos estadounidenses han llevado contra Irán desde el triunfo de la revolución el año 1979, bajo los gobiernos de Jimmy Carter, Ronald Reagan, George Bush padre, Bill Clinton, Georges W. Bush y en la actualidad con Barack Obama, son la expresión de una forma de entender las relaciones internacionales a partir de la arrogancia, la búsqueda de la supremacía y hegemonía en el campo internacional y, sobre todo, el profundo desprecio a los afanes de soberanía de los pueblos. Y, si en esa búsqueda de sometimiento de los otros en pos de los objetivos geoestratégicos de Washington hay que destruir a una sociedad, fragmentar Estados, balcanizar regiones enteras, hacer polvo años de desarrollo social, hundir en el marasmo y el horror a países, sea en el Magreb, Medio Oriente, Asia central o América Latina y causar la muerte de cientos de millones de seres humanos, entonces lo harán: sin asco, con desprecio frente a los derechos de millones de seres humanos, destruirán países enteros, fragmentarán sus territorios, se apoderarán de sus riquezas, destruirán para luego enriquecer a sus corporaciones trasnacionales para reconstruir en un juego despreciable
 
UNA POLÍTICA EXTERIOR DESTINADA A DESTRUIR
La política exterior de Estados Unidos y sus aliados occidentales y los títeres que suelen utilizar en las regiones donde intervienen, no dudan en concretar sus planes aunque ello signifique eliminar antiguos aliados como el caso de Sadam Hussein y destrozar hasta los cimientos un país que les ofrece la posibilidad de apoderarse de su petróleo y su vital ubicación regional. Ejecutar acciones bélicas bajo la consigna del leading from behind en Libia y permitir el linchamiento de Gaddafi, no vaya a ser que hable sobre las alianzas tejidas con Italia y Francia y el papel cumplido como testaferro de occidente en el norte africano.
 
Un Estados Unidos, que llama a establecer la democracia en países como Túnez, Libia, Egipto, Siria e interviene en todos los planos, generando el caos y la caída de gobiernos o tratando de derrocar a otros. Y, sin embargo, ese llamado a la democracia no corre cuando se trata de gobiernos o regímenes militares corruptos como el egipcio. Monarquías totalitarias como Arabia Saudita, Omán, Qatar, Bahréin, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos. Gobiernos genocidas como Israel, condenado por gran parte de los países del mundo y que sin embargo suele no ser tocado gracias al apoyo incondicional de Estados Unidos e Inglaterra con su derecho a veto, en el seno del Consejo de Seguridad. Todos ellos gobiernos y monarquías cómplices en la agresión contra el gobierno de Bashar al Assad, financistas de agrupaciones y movimientos terroristas como Al Qaeda y sus filiales de Al Qaeda del Magreb, Al Qaeda de la Península Arábiga, al Shabat, Ansar Dine, Boko Haram Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL o Daesh por sus siglas en árabe) el Frente al Nusra y Khorasam. Monarquías y gobiernos que suelen reprimir a su poblaciones chiitas como Bahréin y Arabia Saudita, que agreden y asesinan al pueblo palestino como lo hace el régimen sionista, bajo el silencio cómplice de la Monarquía Jordana y la complacencia de los gobiernos de Turquía y Egipto..
 
Estados Unidos ha estado preparando, desde los años ochenta a la fecha, una operación militar que le permita derribar los gobiernos que se ha dado Irán. Y, como pretexto podría servir cualquier hecho. Ya no lo fue la toma de la Embajada de Estados Unidos en Teherán el año 1979 y que se extendió por 444 días. Tampoco lo fue la Guerra de Agresión de Irak – La denominada santa defensa – entre los años 1980 a 1988, bajo la dictadura de Sadam Hussein apoyado por Estados Unidos, Francia e Inglaterra que atacaron a Irán y que significaron 8 años de desangramiento y la muerte de un millón de personas y 2 millones de heridos. 
 
Una guerra de agresión destinada a barrer con Irán, destruirlo hasta los cimientos. Contando como punta de lanza las fuerzas militares de un Irak dirigido por la dictadura de Sadam Hussein, aliado incondicional de occidente. Para esa aventura contó con el fluir generosos de los petrodólares de la Monarquía saudí, préstamos generosos de las Monarquías del Golfo todas ellas dominadas por gobiernos y monarcas sunitas, a lo que unió el constante suministro de armamento estadounidense y francés. Una contienda desigual, que sacó a relucir lo mejor del espíritu de una cultura y una sociedad milenaria como es la persa, que vio morir a su mejores hijos, que mientras defendía sus fronteras veía caer las bombas en sus ciudades y su industria e instalaciones petroleras. Un país donde la muerte se vistió también de armas químicas de un enemigo avalado en esa acción criminal, armas que ocasionaron la muerte de 50 mil iraníes.
 
El constante suministro de armas a Irak le permitió a Hussein aprovisionarse de armamento de última generación, que le serviría el año 1991 para invadir Kuwait, creyendo que su alianza con occidente le daba campo libre para ejecutar las acciones que quisiera. Pero los títeres tienen movimientos limitados y tras la invasión iraquí a Kuwait, fuerzas aliadas occidentales invadieron al otrora aliado, en una guerra que sólo sirvió para destruir parte importante de la infraestructura petrolífera, vial y portuaria iraquí, en claro beneficio de las compañías occidentales que se adjudicaron millonarios contratos de reconstrucción.
 
Misma historia que se repetiría el año 2003 cuando Irak es invadido bajo la acusación de poseer armas de destrucción masiva. Pero, que en esta ocasión significó la ejecución del dictador Sadam Hussein y la consolidación de una estrategia de división de Irak en una zona Chiita, otra Sunita y otra Kurda, en pos de conseguir apoderarse de las riqueza hidrocarburiferas de este país. Tras el retiro de gran parte de las tropas occidentales de Irak a partir del año 2011 se dio paso a otro tipo de agresión, en esta ocasión, aquella de grupos takfirí, que organizados, armados, avalados y apoyados por Estados Unidos, Israel, Jordania, Turquía Arabia Saudita y las monarquías del Golfo intentan derrocar al gobierno de Bashar al Assad en Siria teniendo como telón de fondo el objetivo mayor: cercar a Irán y generar la caída de su gobierno. Las provocaciones de occidente contra Irán han tenido, en los últimos 36 años, muchas formas- Una de ellas es insistir en la naturaleza agresiva del programa nuclear iraní. A pesar de las opiniones de expertos internacionales, de la organización internacional de Energía Atómica, las declaraciones del gobierno iraní y la plena adhesión a los principios del TNPN.
 
El desarrollo nuclear iraní no es lo que más importa a Estados Unidos. Incluso si ese programa nuclear tiene carácter militar, este país necesitaría de 10 a 15 años para poder fabricar un arma atómica, han sostenido insistentemente los expertos en temas nucleares, más aún si consideramos las política de sanciones implementadas por Estados Unidos y sus aliados, que han privado a Irán de materias primas y elementos tecnológicos necesarios para seguir adelante con su programa de desarrollo nuclear. La realidad es más pedestre: los norteamericanos quieren hacerse con el petróleo iraní porque según estimaciones de expertos, el petróleo que queda en Estados Unidos y Canadá apenas alcanza para una década. La caída del dólar y el estancamiento de la economía norteamericana obliga a pensar en otras salidas y a Estados Unidos le puede resultar ventajoso provocar una guerra e impulsar así el desarrollo de su economía, como ha sido la tónica en los últimos 50 años, a través del complejo militar Industrial.
 
Este análisis no ha variado, está más vigente que nunca, pues a pesar del fracking, el saqueo de las riquezas de Libia e Irak tras las invasiones sufridas por estos países o las políticas destinadas apoderarse del petróleo en otras regiones como Nigeria, el consumo desenfrenado de occidente, a la par de la irrupción de China y su desarrollo económico, obligan a las grandes potencias a buscar las maneras de controlar la explotación, producción pero también la venta y distribución del oro negro. Ello unido al gas natural, devenido en combustible de transición entre el petróleo y aquellas energías del futuro destinadas a emplearse cuando las reservas de petróleo y gas inevitablemente disminuyan. Tal es el caso del Torio considerado el combustible del futuro y con grandes yacimientos en Brasil, India, estados unidos y Australia.
 
El año 2012 marcó otro punto caliente en el desarrollo del contencioso, que enfrenta a Irán contra la alianza Estados Unidos-Israel- OTAN. El gobierno de Irán acusó a Tel Aviv de estar tras los asesinatos de científicos nucleares de su país, el último de los cuales fue, a principios de enero del año 2012: Mostafa Ahmadi Roshan, quien al salir de su casa en Teherán camino a la planta de enriquecimiento de Uranio Natanz, donde cumplía funciones de subdirector, murió al explotar su auto por la colocación de una bomba lapa. Esa carga explosiva hizo estallar, no sólo a un ser humano, un científico vinculado a proyectos de un país soberano, sino también el necesari
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