El poder de atracción
en ‘Ali (p)- II

El amor a ‘Alí en el Corán y la sunnah

Por: Prof. Murtada Mutahhari

LOS MEJORES MEDIOS PARA PERFECCIONAR EL ALMA

La discusión previa sobre el tema del amor y el afecto fue una introducción, y ahora queremos formular gradualmente una conclusión. La parte más importante de nuestra discusión —de hecho el fundamento de la misma— es si el amor y el afecto por los próximos a Dios, y la devoción a las personas virtuosas, es una meta en sí misma, o si es un medio para purificar el alma, depurando la propia ética y adquiriendo virtudes y perfecciones.

En el amor animal, todo el interés y el anhelo del amante está enfocado en la forma física del amado, en la armonía de sus miembros, en el color y belleza de su piel, etc., y se trata de pulsiones instintivas que empujan y atraen al hombre. Sin embargo, una vez que se satisface el instinto, estas pasiones ya no arden, se enfrían, y eventualmente se extinguen.

Pero el amor humano, como hemos dicho, es algo vivo y dinámico; engendra obediencia y lealtad. Este es el amor que hace que el amante se asemeje al amado, haciendo que trate de ser una manifestación suya y una copia de su comportamiento, exactamente como dice Al-Juáyah Nasír Al-Din Al-Tusi en su comentario a la obra de Avicena Kitábu-l’ishárat ua-t-tanbihát (Tratado de las Directivas y las Observaciones):

«(El amor del) alma es aquél cuyo origen es la semejanza esencial del alma del amante con el alma del amado. El encantamiento del amante proviene, en su mayor parte, de las características del amado que surgen de su alma... Hace al alma tierna, anhelante y extática, y le otorga una delicadeza y sensibilidad que la separan de las distracciones del mundo».[1]

El amor propende a la asimilación y la semejanza, y su poder hace que el amante asuma la forma del amado. Es como un cable eléctrico que une al ser amado con el amante transfiriéndole a este último sus cualidades; y he aquí entonces que la elección del amado adquiere una fundamental importancia. Por esta razón el Islam ha dado tanta importancia al tema de la búsqueda del amigo y la elección del compañero. Hay muchos versículos (del Sagrado Corán) y dichos (del Profeta y los Imames) a este respecto, y eso porque la amistad provoca semejanza, genera belleza y trae imprudencia. Donde brilla su luz hace que los defectos se vean como perfecciones, y los abrojos como rosas y jazmines.[2]

En algunos versículos (del Sagrado Corán) y dichos (del Profeta y los Imames) se advierte contra el compañerismo, la amistad y el frecuentamiento de la gente dañina y corrompida, y en otros se exhorta a una pura amistad de corazón.

Dijo Ibn Abbás: «Estábamos en presencia del Profeta (BPD) cuando alguien preguntó: “¿Cuál es el mejor compañero?”, y él (BPD) replicó: “Es aquella persona que cuando la contemplas, recuerdas a Dios; que cuando habla aumenta tu conocimiento, y cuando actúa te hace pensar en el más allá y la Resurrección”.»

El género humano tiene una urgente necesidad del elixir del amor, amor hacia los hombres puros y virtuosos, para que ese amor, al desarrollarse, pueda generar un deseo de semejanza y similitud con ellos en el alma de las personas.

Se han recomendado infinidad de caminos para corregir la conducta y purificar el alma, y muchos métodos han visto la luz, uno de ellos el método socrático. Según él el hombre debe corregirse a sí mismo por medio de su intelecto y su propio proyecto. El hombre debe, como primera medida, adquirir una fe completa en los beneficios de la purificación moral, y en el perjuicio de su degradación, y recién entonces, encontrar una por una las cualidades despreciables de su alma con el instrumento de su intelecto (al igual que alguien que extrae uno por uno los pelos del interior de su nariz; o como un granjero que con sus manos arranca la cizaña de los surcos de su huerto, o como el que quiere limpiar el trigo de pedregullo y tierra con sus propias manos). Y luego debe limpiar estas bajezas del huerto de su ser. Según este método uno debe eliminar gradualmente las depravaciones morales con paciencia, perseverancia, esmero y cuidadosa reflexión, purificando el oro de su ser de las falsas monedas. Y quizás convenga aclarar que no es posible para el intelecto descargarse de esta tarea.

Los filósofos[3] procuran reformar la moral por la reflexión y el cálculo. Dicen, por ejemplo, que la pureza y la templanza son la causa del honor y el carácter de un hombre a los ojos de la gente, y que la codicia y la avaricia son las consecuencias de la opresión y la inferioridad; o bien dicen que el conocimiento es la consecuencia del poder y la habilidad, el conocimiento es así y asá, es el «sello del reino de Salomón», el conocimiento es la luz que ilumina el camino del hombre y le permite descubrir las trampas y pozos del sendero; o afirman que la envidia y la malevolencia son una enfermedad espiritual de la cual devienen perniciosas consecuencia en lo que a la sociedad concierne.

No cabe duda que éste es un camino correcto, y que estos medios son buenos. Pero nosotros estamos hablando del valor de estos medios en comparación con cualesquiera otros. Como un automóvil, por ejemplo, que es un buen medio, pero que cuando es comparado con un avión nos debe llevar a examinar cuidadosamente los alcances de su conveniencia.

En primer lugar, no tenemos argumentos contra el valor de la vía del intelecto en lo que respecta a la guía del ser, es decir desde el punto de vista de la medida en que —el así llamado «razonamiento intelectual»— revela la realidad en cuestiones éticas, qué es verdadero y concuerda con la verdad, y está libre de falsedad y error. Diremos solamente que hay incontables escuelas filosóficas de ética y formación humana, y que este problema no ha trascendido todavía las fronteras de la discusión y la argumentación en lo que al razonamiento concierne. Más aún sabemos que los sufís están todos de acuerdo cuando afirman:

La pierna de los razonadores es de madera,

y una pierna de madera es muy poco firme.[4]

Por el momento nuestra discusión no se ocupa de este aspecto, más bien le interesa cuán lejos ha llegado este camino.

Los místicos y la gente del camino espiritual han recomendado seguir el camino del amor y la amistad en lugar de aquel del intelecto y el razonamiento. Sostienen que uno debe encontrar un ser perfecto y atar del propio corazón el cabestro del amor y la amistad por tal hombre perfecto, dado que esto es menos peligroso que el camino del intelecto y la reflexión, e incluso más rápido. A modo de comparación digamos que estos dos caminos son como el viejo método de hacer algo manualmente y el más moderno de hacerlo con ayuda de una máquina. El efecto del poder del amor para eliminar los vicios morales del corazón es similar al que tienen algunas sustancias sobre los metales. Por ejemplo un (artesano) grabador elimina el material indeseable de un plato aplicándole un fuerte ácido y no utilizando un punzón o algo similar. El efecto del intelecto en la purificación de los vicios morales es como el trabajo de alguien que quisiera separar a mano limaduras de hierro del polvo; ¡qué tarea intrincada y difícil! Si tuviera a mano un poderoso imán podría recoger quizás la limadura de una sola pasada. Análogamente la fuerza del amor y la amistad reúne a los vicios como el imán y los elimina. Por eso los místicos creen que el amor y la amistad hacia los individuos purificados y perfectos es como un mecanismo automático que por sí mismo reúne todas las cualidades negativas del alma y las desecha. Si el estado del ser atraído encuentra el objeto (amado) correcto, ello lo conduce al mejor de los estados, y es éste el que lo purifica y le concede excepcionales cualidades.

Sin duda que aquellos que han tomado este camino quieren depurar su moral a través de la fuerza del amor, y han depositado toda su confianza para ello en el poder del afecto, la amistad y el compañerismo. La experiencia les ha mostrado que la amistad con los purificados y el amor hacia ellos ha transformado más sus almas que la lectura de cientos de volúmenes de ética.

Rumi ha transmitido el mensaje del amor mediante la queja del caramillo diciendo:

¿Quién vio un veneno y un antídoto como el caramillo?

¿Quién vio un simpatizante y

ansioso amante como el caramillo?

Aquel cuya túnica es rasgada por el amor

queda completamente limpio de codicia y defectos.

¡Salve, amor! que nos trajiste excelente provecho,

¡curador de todas nuestras dolencias![5]

Vemos a veces a grandes personalidades cuyos seguidores los imitan incluso en la forma de caminar, de vestirse, en los gestos y en el trato con la gente. Esta imitación no es voluntaria, es automática y se impone por la fuerza la naturaleza. Es la fuerza del amor y la amistad la que afecta todos los elementos del alma del amante y lo lleva a semejarse a su amado en todos sus estados. Y he ahí la razón por la cual todo ser humano debe encontrar un hombre de verdad, un hombre perfecto, y consagrarse a él para poder purificarse efectivamente.

Si el deseo de la unión habita en tu cabeza, ¡oh Háfiz!

debes convertirte como la arcilla en manos del alfarero.

Cuando un hombre que, pese a haber decidido ser piadoso y realizar el bien para volver a caer presa de la debilidad en el cimiento de su aspiración, encuentra el amor y la amistad, esa debilidad y letargo se esfuman afirmándose su resolución y fortaleciéndose su aspiración.

El amor por los perfectos se lleva sin escrúpulos

el corazón y la religión.

La torre en el ajedrez no puede tomar tanto

como lo que un rostro hermoso logra capturar.

¿Imaginas acaso que Maÿnún se volvió

trastornado por sí mismo?

Fue la mirada de Laila lo que lo transportó hasta las estrellas.

Yo no encontré solo mi camino hacia la fuente del sol,

yo era una mota de polvo y el amor me hizo nacer.

Fueron la curva de tus cejas y tus manos celestiales,

las que me envolvieron en esta borrachera

y enloquecieron mi corazón.[6]

La historia nos transmite ejemplos de grandes hombres en cuyo espíritu y alma se produjo una gran revolución como resultado del amor y la amistad hacia un ser perfecto —al menos según la opinión de sus seguidores—. Maulána Rumi fue uno de tales hombres. El no estuvo siempre consumido y atrapado por el amor. Era al principio un especialista en la ley islámica que llevaba una tranquila vida de enseñanza en un barrio de su ciudad. Pero a partir del día en que se encontró con Shams-e Tabrizi y el amor por él prendió en su alma su comportamiento cambió completamente; un fuego se había encendido dentro suyo. Fue como un fósforo que habiendo caído en un barril de pólvora lo hizo estallar en llamas. El era, aparentemente, un partidario del ash’arismo[7], pero su Maznawi es, sin lugar a dudas, uno de los mayores libros del mundo. Toda la poesía de este hombre está como brotando, en movimiento. Compuso su Diván-e Shams en memoria de su amado, y también en el Maznawi lo menciona con gran entusiasmo. Podemos ver a Maulána Rumi en el Maznawi detrás de algo, pero tan pronto como recuerda a Shams es como si una tormenta salvaje sacudiera su espíritu y estruendosas olas se erigieran en él. Dice:

En este momento mi alma ha arrancado mi camisa;

es que ha captado el perfume del vestido de José.[8]

(El dijo): «A causa de nuestros años de compañerismo,

relata uno de aquellos dulces éxtasis,

para que la tierra y el cielo puedan reír,

para que el intelecto, el espíritu y los ojos

puedan crecer un céntuplo.»

Dije: «Aquél que está lejos de su amado

es como un inválido que está lejos del doctor.

¿Cómo debo describir (y mi humor no lo permite)

a tal Amigo que no tiene igual?

La descripción de esta separación y de esta sangre del corazón

¿no lo dejarás ahora para otro momento?

No busques problemas, tormento y un baño de sangre:

No digas nada más respecto de Shams-e Tabríz.[9]

Y éste es también el significado de lo que dice Háfiz:

El ruiseñor aprendió su canción por el favor de la rosa,

De otra manera nada de esta canción y esta música

habrían tomado forma en su pico.

De esto podemos inferir que el empeño y el ser atraído, la acción y la atracción, deben ir juntas. Nada puede lograrse con esfuerzo sin atracción, de la misma forma en que ser atraído donde no hay esfuerzo no logra tampoco su objetivo.

* * *

EJEMPLOS EN LA HISTORIA DEL ISLAM

En la historia del Islam encontramos ejemplos notables y sin precedentes del gran amor y devoción de los musulmanes por la persona del Profeta (BPD). De hecho, una diferencia esencial entre la «escuela» de los profetas y la «escuela» de los filósofos es precisamente esta: que los alumnos de los filósofos son precisamente eso: alumnos, y los filósofos no tienen más influencia sobre ellos que la de un maestro. Pero la influencia de los profetas es como la de alguien muy amado que ha entrado en lo profundo del espíritu del amante, capturándolo en su mano, y tomando control de cada aspecto de su existencia.

* * *

Uno de aquellos que amaron profundamente al Profeta (BPD) fue Abu Dharr Al-Ghifari. Cierta vez, cuando el Profeta había dado la orden de marchar hacia Tabuk (unas 400 millas al norte de Medina, cerca de la frontera con Siria), varios exhibieron excusas para no marchar, y los hipócritas trataron de poner obstáculos, pero finalmente se envió un numeroso ejército. No tenían equipamiento militar adecuado, y soportaban todo tipo de necesidades, incluso de comida, al punto que a veces algunos de ellos debían conformarse con un sólo dátil diario por alimento. No obstante ello les sobraban vigor y alegría en su empresa. El amor generaba su fortaleza y la fuerza de atracción del Profeta les daba su poder.

Abu Dharr estaba entre los que marchaban hacia Tabuk con su ejército. En el camino tres personas, una después de la otra, se rezagaron, y el Profeta fue informado de cada uno que se quedaba atrás. En cada oportunidad expresó: «Si hay algún bien en él, Dios lo hará volver, y si no hay ningún bien, mejor que se vaya».

El flaco y débil camello de Abu Dharr se desplomó y eso provocó que también lo vieran rezagarse. Alguien dijo: «¡Mensajero de Dios! Abu Dharr también se ha rezagado», y él (BPD) repitió la misma frase: «Si hay algún bien en él, Dios lo hará volver, y si no hay ningún bien, mejor que se vaya».

El ejército continuó su camino y Abu Dharr se quedó atrás; no había nada que hacer, su camello permanecía en el mismo estado. No importaba lo que hiciera no se movía, y ya se había retrasado varias millas. Liberó entonces al camello y cargando sus petates al hombro, continuó caminando sobre la ardiente arena. La sed estaba matándolo. Pasó a través de unas formaciones rocosas a la sombra de una colina donde se había juntado un poco de agua de lluvia, pero se dijo a sí mismo que jamás bebería hasta que su amigo, el Profeta de Dios, hubiera bebido. Llenó su cantimplora, la colgó a su espalda, y se apresuró en dirección al grupo de musulmanes que lo precedía.

A la distancia los musulmanes distinguieron una figura: «¡Mensajero de Dios! Distinguimos una figura a lo lejos que se encamina hacia nosotros». El respondió que tenía que ser Abu Dharr. Se acercó más y sí, era Abu Dharr, el agotamiento y la sed hacían temblar sus piernas, temía sucumbir y derrumbarse. El Profeta (BPD) le dijo que le dieran algo de agua inmediatamente, pero él le respondió con una voz debilitada que tenía agua consigo. Entonces el Profeta (BPD) exclamó: «¡Tienes agua contigo y estás a punto de morir de sed!» «Sí, Mensajero de Dios. Cuando probé el agua rechacé beber nada antes que lo hiciera mi amigo, el Profeta.»[10]

Hablando con sinceridad, ¿en qué religión del mundo podemos encontrar tal atracción, anhelo e inegoísmo?

(Ver la continuación en atchivo pdf)

Fuente: POLARIZACION EN TORNO DEL CARACTER DE ‘ALI IBN ABI TALIB

Editorial Elhame Shargh

Fundación Cultural Oriente

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Se permite copiar citando la referencia.

www.islamoriente.com

Fundación Cultural Oriente

 

[1]Sharh kitáb al-ishárát uat-tanbihát, Teherán, 1379 H., vol. 3, pág. 383.

[2]También hay cosas que pueden censurarse al amor. Entre ellas está el hecho de que el amante, a consecuencia de su desvelo por las bondades de su amado, permanece desatento a sus defectos. Ya lo dice el dicho de ‘Alí (P): «El amor por una cosa enceguece y ensordece», y también: «El amor apasionado por algo obnubila la visión y enferma el corazón» (Nahÿul Balagha). En su obra El jardín de la rosa (Gulistán), Sa’adi escribió:

«Para cualquiera es lo mismo,

pero la propia mente lo ve perfecto,

y el hijo propio se nos muestra hermoso».

Este efecto nocivo no es inconsistente con lo que hemos dicho antes, es decir, que el efecto del amor es la sensibilización de la inteligencia y la percepción. Sensibilizar la inteligencia significa sacar al hombre del esclerosamiento mental y permitirle actualizar su potencial. Sin embargo, el mal efecto del amor no es que embota el ingenio humano sino que vuelve al hombre descuidado, y la cuestión de la inteligencia es distinta de la del descuido o distracción. Muy a menudo, como resultado de la preservación de un equilibrio en la sensibilidad, la persona de poco ingenio y talento es menos propensa al descuido y la distracción.

El amor hace más aguda la comprensión, pero la atención es unilateral. Por eso dijimos antes que la propiedad del amor es la unidad (de propósito, de visión), y es como resultado de esta unidad en la focalización que surgen los defectos, pues la atención hacia otras cosas disminuye. Y lo que es más, no sólo el amor provoca defectos, sino que muestra a los defectos como algo bueno. Porque uno de los efectos del amor es que, cuando ilumina algo con su luz, lo presenta hermoso, haciendo incluso que lo negro se vea blanco y la oscuridad se transforme en luz. Como dijo Vahshi:

«Si te sentaras en el globo de mi ojo,

no verías más que la belleza de Laila».

Y es quizás por esta razón que el amor está a disgusto con el conocimiento, que es completamente una función de lo conocido. El aspecto interior y psíquico del amor es mayor que su aspecto exterior y real; es decir: el equilibrio del amor no está en función de las escalas de perfección o bondad, sino que está en función de la potencialidad y esencia del amante. De hecho el amor es una esencia, una materia, un fuego latente que está buscando una excusa, un objeto. Y toda vez que halla un objeto y encuentra compatibilidad (el secreto de esta compatibilidad es todavía desconocido, y es por esto que se dice que el amor es “irracional”), esta potencialidad interna se manifiesta y “crea” (en lo amado) la perfección según su propia capacidad, y no según lo que realmente existe en lo amado. A esto se refiere el dicho citado cuando afirma que el amante ve el defecto del amado como perfección y a los abrojos como rosas y jazmines.

[3]Conviene siempre aclarar que cuando un sabio del Islam como Mutahhari, aún contemporáneo, se refiere a los filósofos, no tiene en mente en absoluto a la deformada filosofía occidental moderna de muy diverso cuño y extracción. Hace referencia en cambio a la filosofía clásica del Islam, que reconoce la prioridad de los valores de la religión y del modo de vida ético. (Nota del Traductor al Español)

[4]Rumi, Maznawi, libro 1.

[5]Maznawi, libro I.

[6]Versos del gran filósofo y sabio contemporáneo iraní ‘Allámah Tabataba’i.

[7]Se refiere a la escuela de pensamiento fundada por Abu-l-Hasan Al-Ash’ari (muerto alrededor del 330 H./941 d.C.), por lo cual lleva su nombre, aunque sufrió posteriormente una considerable evolución. Esta escuela tiene diferencias substanciales con el pensamiento imamita, siendo quizá lo más notable que niega toda libertad al hombre, considerando que está predestinado en sus buenas y malas acciones y por ende en su destino espiritual. El autor, en otro trabajo (Mártir Murtada Mutahhari, Introduction to ‘Ilm Al-Kalám, revista Al-Tawhid, vol. 11, N° 2, traducido como Introducción a la Filosofía Religiosa del Islam [‘Ilm Al-Kalám]), sostiene que grandes pensadores, como Al-Gazzali y el mismo Rumi, aunque ash’aritas, fundaron sus doctrinas en otros principios más cercanos al ‘irfán y el sufismo, lo que mitigó el impacto negativo (de estancamiento y limitación a la libertad de pensamiento) que supuso en el Islam esta escuela. (Nota del Traductor al Español)

[8]Alusión al capítulo 12 (José) del Sagrado Corán, versículo 25, en que la mujer que pretende a José, Zulaika, le arranca la camisa por detrás cuando éste se va para no pecar. El tema del amor según esta historia coránica es frecuentemente citado en la poesía mística islámica. (Nota del Traductor al Español)

[9]Maznawi, libro I.

[10]Bihár Al-Anuár, vol. 21, pág. 215-216.

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