El Islam y la Esclavitud; El Islam ataca la esclavitud

Al·lâmah Saîied Said Ajtar Riz

Traducido del inglés por: Javier (Abdul Karim) Orobio

El Islam ataca la esclavitud
Por lo general el Islam siempre ha sido presentado por los cristianos como una religión que no solamente toleró la esclavitud sino que la impulsó. Ésta es una grave acusación levantada en contra del Islam y en este ensayo me propongo demostrar su falsedad y de qué forma solo ha sido consecuencia del prejuicio y malicia en contra del Islam.
Brevemente hemos mencionado la actitud del Cristianismo hacia la esclavitud y al respecto se discutirá más adelante. Aquí, para comenzar, echemos un vistazo al Islam y sus códigos.
En lo que a la esclavitud concierne, los árabes en la época pre-islámica eran tan culpables como sus vecinos. Los esclavos eran una mercancía comercial y la esclavitud era una institución establecida. Era una fuente de sustento para miles y una fuente de trabajo para otros. Para la elite, el número de esclavos en la casa era símbolo de estatus.
Ésta era la situación antes del Islam. La esclavitud ofendía el espíritu del Islam tanto como la idolatría. Pero en tanto que la idolatría tenía sus raíces en la espiritualidad y de aquí que pudiese ser combatida con la razón, la esclavitud tenía sus raíces en el comercio, en la estructura social, en la agricultura; y la razón era solo un arma endeble en contra de un enemigo tan insidioso y tan profundamente arraigado. ¿Cómo entonces sería erradicada la esclavitud?
El lector mal informado bien puede pensar que el Profeta del Islam pudo haber utilizado la fuerza. Pero la poca efectividad de la fuerza para tal propósito es bien reconocida por todos los imparciales estudiantes de sociología. La fuerza puede someter pero inevitablemente conlleva hostilidad y por lo general la hostilidad es tan fuerte que muchas causas justas han sido perdidas cuando se ha empleado la fuerza para sus fines. La triste situación de los Afrodescendientes en Norteamérica es solo una ilustración de qué tan inefectivo puede ser el uso de la fuerza cuando el objetivo es alcanzar una reforma social. La emancipación de los esclavos no cambió la actitud del amo blanco hacia el ex-esclavo; ¡y qué legado amargo de antipatía racial ha dejado! Toynbee escribió: “Los negros en los Estados Unidos, que fueron emancipados jurídicamente en 1862, sienten, con buena razón, ahora después de más de un siglo, que aun se les han negado muchos derechos humanos de parte de la mayoría blanca”.[1]
La guerra del Islam en contra de la esclavitud se enfocó en cambiar la actitud y la mentalidad de toda la sociedad, de tal forma que después de la emancipación, los esclavos se convirtieran en sus miembros en todo el sentido de la palabra, sin necesidad de demostraciones, huelgas, desobediencia civil y enfrentamientos raciales. Y el Islam logró este objetivo que parecía imposible sin ninguna guerra. Decir que el Islam no libró ninguna guerra sería algo falso. Una guerra, pero una guerra en la cual ni la espada fue utilizada, ni sangre fue derramada.
El Islam se propuso atacar las raíces de su enemigo y creó aliados haciendo surgir esos instintos nobles en sus seguidores.
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En primer lugar, el Islam colocó restricciones en la adquisición de los esclavos. Antes del Islam, la esclavitud era practicada con desenfado, los deudores eran esclavizados, los prisioneros de guerra eran sentenciados a muerte o esclavizados. En las naciones más débiles, la gente era cazada como animales, asesinada o capturada y reducida a la esclavitud. El Islam, en términos claros prohibió a sus seguidores esclavizar a la gente con cualquier pretexto. La única excepción era un enemigo idólatra capturado en una guerra que se daba en defensa propia o con el permiso del Profeta o sus sucesores bien guiados. Esta excepción, en las palabras de Amir Ali: “Para servir como garantía de la preservación de las vidas de los musulmanes que eran capturados”.[2] 
Como lo ha descrito el gran sabio ‘Al·lâmah Tabâtabâ’î ampliamente, antes del Islam los poderosos, por todo el mundo solían esclavizar a los débiles sin ninguna restricción. Entre las “causas” importantes de la esclavitud se encontraban los tres siguientes factores:
  1. La guerra: El conquistador podía hacer lo que quisiera con el enemigo derrotado. Podía condenar a muerte a los soldados capturados o mantenerlos bajo su dominio.
  2. Dominio: Un jefe o gobernante podía esclavizar, dependiendo de su dulce deseo a cualquiera que estuviese bajo su dominio.
  3. Protección: Un padre o abuelo tenía la autoridad absoluta sobre su descendencia, podía vender o regalar libremente; podía prestar a su hijo o nietos a cualquier persona, o intercambiarlos por cualquier otra persona.
Cuando llegó el Islam, anuló y negó los dos últimos factores completamente. A ningún gobernante o progenitor le era permitido tratar a sus subordinados o descendencia como esclavos. A todos los individuos se les concedió derechos bien definidos; el gobernante y el gobernado, el progenitor y la descendencia tenían que vivir dentro de los límites prescritos por la religión; nadie podía transgredir esos límites y drásticamente restringió la esclavitud a la primera causa, es decir, la guerra, permitiendo la esclavitud solamente en una guerra que se librara en contra de un enemigo incrédulo. Las personas no podían ser esclavizadas de ninguna otra forma. Al mismo tiempo, el Islam elevó el estatus de la esclavitud a un estatus digno de libertad y abrió muchas puertas para su emancipación.[3]
Antes de que se iniciara la esclavitud a gran escala a manos de los occidentales cuando comenzó la colonización era únicamente en las guerras que los hombres eran hechos cautivos. Pero el Islam no permitió guerras de agresión, todas las batallas que se dieron en vida del Profeta (s.a.w.) fueron en defensa propia. No solamente esto, sino que también se introdujo una alternativa: (S. Corán; 47:4).
   En las batallas que se les impusieron a los musulmanes, el Profeta (s.a.w.) había ordenado un trato muy humano hacia los prisioneros que caían en sus manos. Podían comprar su libertad pagando pequeñas sumas de dinero y algunos de ellos eran liberados sin ningún pago. Todo dependía de la discreción del Profeta o de sus sucesores legítimos, teniendo en cuenta la seguridad de los musulmanes y el grado de peligro ante el enemigo. Los cautivos de la primera batalla islámica, Badr, fueron liberados pagando un rescate (en forma monetaria o trabajo como por ejemplo enseñándole a leer y escribir a diez musulmanes), mientras que los de la tribu de Tay fueron liberados sin pagar ningún rescate.[4]
Inclusive en tal forma de esclavitud se adhería una condición que decía que una madre no podía ser separada de su hijo, ni hermano de su hermano, ni esposo de su esposa ni un miembro de un clan podía ser alejado de su clan. El Profeta y el primer Imam de los musulmanes, ‘Alî ibn Abî Tâlib, prescribieron graves castigos a aquellos que esclavizaban a un hombre libre cortando la mano del culpable.
Amir Ali escribe en su libro Muhammadan Law:
En las leyes coránicas la posesión de un esclavo estaba condicionada a una guerra legítima que se desatara en defensa propia en contra de los enemigos idólatras y era permitido para servir como garantía de la preservación de las vidas de los cautivos propios. Muhammad encontró esa costumbre en los árabes paganos, y lo que hizo fue minimizar el mal, estableciendo a la vez reglas tan estrictas que, si no fuera por la  malicia de sus defensores, la esclavitud como una institución social habría dejado de existir a medida que se acababan las guerras en las cuales la nación musulmana se vio envuelta al comienzo.
La mutilación del cuerpo humano también fue prohibida por Muhammad, en tanto esta institución que florecía en Persia y en los Imperios Bizantinos fue denunciada en términos muy severos. La compra de esclavos era desconocida durante los reinados de los primeros cuatro califas, los Julafâ ar-Râshidûn, los califas “bien guiados” como son llamados por nuestros hermanos sunnitas. Al menos no existe registro auténtico de que algún esclavo haya sido adquirido por compra durante el ejercicio de sus funciones. Pero con la llegada al poder de los Omeyas se dio un cambio al espíritu del Islam. Mu‘âwîiah fue el primer gobernante musulmán que introdujo al mundo islámico la práctica de adquirir esclavos por medio de la compra. También fue el primero en adoptar la costumbre bizantina de proteger a sus mujeres con eunucos. Durante el reinado de los Abasíes, el Imam Ya‘far As-Sâdiq (a.s.) predicó en contra de la esclavitud y sus puntos de vistas fueron adoptados por los Muta‘zilitas.[5]
Así vemos que el gran esfuerzo del Islam por evitar que sus adeptos adquirieran nuevos esclavos fue estropeado por los Omeyas. Y debo decir, que en épocas posteriores, se ignoraron los preceptos del Profeta y los mandatos del Corán, participando los árabes también junto con los Cristianos Europeos en el abominable tráfico de esclavos del África Oriental. El tráfico de esclavos desde el África occidental estuvo totalmente en manos de los Cristianos Europeos.
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En segundo lugar, el Islam comenzó una campaña activa para emancipar a los esclavos. La emancipación de los esclavos fue declarada como expiación de un número de pecados. Este tema está relacionado con las leyes canónicas del Islam, pero enumeraremos unas cuantas de ellas para mostrar cómo por pequeños pecados de comisión, el castigo impuesto era la manumisión de esclavos. Por ejemplo, si un hombre no ayunaba durante el mes de Ramadán sin una razón justificada, o si abandonaba el I‘tikâf o voto mientras lo cumplía, etc., este hombre tenía que liberar un esclavo por cada día que dejó de ayunar, además de tener que ayunar posteriormente. Igualmente tenía que ser liberado un esclavo por el rompimiento de cada promesa; por rasgarse las ropas como muestra de dolor ante la muerte de un familiar; si una mujer se golpeaba, se cortaba o jalaba sus cabellos como muestra de dolor por la muerte de alguien; o por un homicidio accidental y en algunos casos, hasta por los crímenes intencionales.[6] A partir de estos ejemplos algunos de ellos triviales pero profundamente arraigados en la cultura árabe, uno puede ver cómo las leyes religiosas fueron promulgadas en pro de la emancipación de los esclavos y la total erradicación de la maldición de la esclavitud de la sociedad.
Se puede alegar que al prescribir la manumisión de esclavos como penitencia por los pecados, el Islam concebía la continuación de la esclavitud como una institución permanente. Esto no es así. Para cada situación en la que la emancipación de un esclavo era prescrita como una penitencia, también se prescribía una alternativa, lo cual indica claramente que el objetivo del Islam era crear con el tiempo una sociedad libre de esta institución tan perniciosa.[7]
El Islam también declaró que cualquier mujer esclava que diera a luz a un hijo de su amo no podía ser vendida, y que al morir el padre, automáticamente ella se convertía en una mujer libre.[8]
Aun más; a diferencia de las costumbres antiguas, el Islam ordenaba que el hijo nacido de una mujer esclava con su amo tuviera el estatus del padre.[9] A los esclavos les era concedido un derecho a costear el pago de su propia liberación con una suma acordada o al cumplimiento del servicio por un periodo acordado. El término legal para esto es mukâtabah.
Al·lâh dice en el Corán:
﴿ وَلْيَسْتَعْفِفِ الَّذِينَ لاَ يَجِدُونَ نِكَاحاً حَتَّى يُغْنِيَهُمُ اللَّهُ مِن فَضْلِهِ وَالَّذِينَ يَبْتَغُونَ الْكِتَابَ مِمَّا مَلَكَتْ أَيْمَانُكُمْ فَكَاتِبُوهُمْ إِنْ عَلِمْتُمْ فِيهِمْ خَيْراً وءَاتُوهُم مِّن مَّالِ اللَّهِ الَّذِي ءَاتَاكُمْ وَلاَ تُكْرِهُوا فَتَيَاتِكُمْ عَلَى الْبِغَآءِ إِنْ أَرَدْنَ تَحَصُّناً لِتَبْتَغُوا عَرَضَ الْحَيَاةِ الدُّنْيَا وَمَن يُكْرِههُّنَّ فَإِنَّ اللَّهَ مِن بَعْدِ إِكْرَاهِهِنَّ غَفُورٌ رَّحِيمٌ ﴾
«Que los que puedan no casarse observen la continencia hasta que Dios les enriquezca con Su favor. En cuanto a vuestros esclavos que requieran la mukâtabah (para emanciparse) otorgádselas, si es que observáis rectitud en ellos, y dadles de la hacienda que Dios os ha concedido. Si vuestras esclavas prefieren vivir castamente, no les obliguéis a prostituirse para procuraos los bienes de la vida mundanal. Si alguien les obliga, luego de haber sido obligadas Dios se mostrará Indulgente, Misericordioso.» (S. Corán: 24: 33)
La palabra Kitâb en el versículo se refiere al contrato escrito entre el esclavo y su amo conocido como mukâtabah -realización de contrato. El factor significativo en la mukâtabah es que cuando un esclavo deseaba entrar en dicho contrato escrito, el amo no podía rehusarse.[10] En el versículo citado anteriormente, Dios ha hecho obligatorio para los musulmanes ayudar a los esclavos a obtener su liberación. Cuando un esclavo quería liberarse, el amo no solamente tenía que aceptar, sino que debía ayudar al esclavo a lograrlo con su propia fortuna,[11] la única condición era apreciar el hecho de que el esclavo obtendría una vida respetable después de lograr su liberación. De esa forma hace casi 1400 años el Islam pudo darle, de una forma muy eficaz, un golpe mortal a la esclavitud.

También el Islam ordenaba que los esclavos que buscaban la libertad fueran ayudados con dinero del Tesoro Público (bait al-mâl).[12] Así, como último recurso, el Profeta y sus seguidores bien guiados ofrecían rescates por la libertad de los esclavos con dinero del Estado. El Corán reconoce la emancipación de los esclavos como uno de los gastos permisibles del dinero de la caridad. (Corán, 9: 60, 2: 177)

(ver la continuación en archivo pdf)

Fuente: La Esclavitud Desde las Perspectivas Islámica y Occidental
Editorial Elhame Shargh
Todos derechos reservados.
Se permite copiar citando la referencia.
Fundación Cultural Oriente

[1] Toynbee, A.J., Mankind and Mother Earth, (New York).

[2] Amir Ali, Muhammadan Law.

[3] Al-Tabâtabâ’î, Saîid Muhammad Husain, Al-Mizân fi Tafsîr al-Qur’ân, vol.16, 2º ed. (Beirut 1390-1971), pp.338-358.

[4] Al-Waqidi, Muhammad bin ‘Umar, Kitabul Maghâzî, ed. M. Jones, vol. I (London: Oxford University Press, 1966), p.129; Ibn Sa‘d, Al-Tabaqâtul Kabîr, vol. II:1 (Leiden: E. J. Brill, 1912), pp.11, 14.

[5] Amir Ali, Muhammadan Law, vol. 2, pp.31-2.

[6] Al-Ju’î, Saîid ‘Abdul Qâsim, Minhâÿ as-Sâlihîn, 3º ed., vol. II (Nayaf, 1974), pp. 328-331; ver también el Sagrado Corán, 4: 92, 5: 89, 58: 3.

[7] Ibíd.

[8] Al-Âmilî, Hurr, Wasâ’il ash-Shî‘ah, vol. 16 (Teherán, 1983), p.128.

[9] Ibíd.

[10] Al-Âmilî, vol.16, p.101.

[11] Ibíd., p.111.

[12] Ibíd., pp.121-122.

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