UNA BREVE HISTORIA DEL ISLAM

Arabia; el territorio y su gente en la época que brotó el Islam

Por: Dr. Nazir Hasan Zaidi

 

Arabia, sitio en el que brotó la luz Islámica, es la península más grande en la esquina suroeste de Asia. Limita con Siria por el norte, con Irán por el este, con el mar rojo por el occidente y con el océano Índico por el sur. Gran parte de este país está formada por desiertos inhóspitos, con unos pocos valles y oasis donde puede deleitar la vista el viajero itinerante. La provincia suroccidental de Yemen, centro del comercio y de la civilización desde tiempos remotos es fértil. El resto del territorio es un desierto estéril en el cual se pueden ver cordilleras de altas dunas de arena y accidentadas colinas extendiéndose por muchos kilómetros. Tormentas de arena lo azotan mientras los torbellinos practican una danza fantasmal en la naturaleza.

El hombre y la bestia son enterrados vivos bajo estas silbantes tormentas de arena; el viajero pierde la vista del camino y a menudo la cruel sed toma su vida. La estación invernal es corta, luego de ésta hay lluvias en primavera con una precipitación anual de 5 pulgadas.[1] El agua deja la roca desnuda y forma charcos en los valles. La tierra se pone su traje verde y las bandas de pájaros encuentran alimento en abundancia.

Este clima hostil ha hecho de los árabes gente resistente y beligerante. Nadie los iguala en el manejo del caballo y en el uso del arco. La valentía y el atrevimiento fueron estampados en la frente de sus jóvenes; sus ojos lanzaban chispas de valor y venganza. No había tiempo para la recreación o para jugar. Los asuntos marciales eran su única diversión. Se buscaba el comercio o la industria. Odiaban el robo, pero atacar a una caravana o a un viajero, y robarlos luego de un derramamiento de sangre, era visto como un acto de valentía y era autorizado por la sociedad. Así como la piratería era el oficio y la recreación de los marinos errantes de Escandinavia, el saqueo era el oficio y la recreación de los hijos del desierto. Valientes y decididos jóvenes, en noches tranquilas acicateaban sus camellos contra tribus desprevenidas y regresaban con un botín de ovejas y camellos. Estos eran repartidos entre sus parientes y los pobres, tal como era dictado por la caballerosidad. Los medios y el alimento eran escasos; la muerte fácil de conseguir. Sólo eran prósperos aquellos que comerciaban con países extranjeros, por tierra o agua. Esta era la ocupación de los ancestros del Profeta Muhammad.

Los árabes acostumbraban a vivir en tribus. Tenían gran apego por las personas de su clan, y esto los unía mucho. Lastimar a un individuo era un desafío para toda la tribu. Los chicos y chicas se llamaban entre ellos primos. Cuando se miraban se transmitían amor, aún si estaban supervisados por los mayores.[2]

Cuando escaseaban el agua o el pasto, los árabes se trasladaban junto con su tribu a otros lugares más benignos. Las necesidades alimentarias eran la harina de cebada seca, sal, dátiles y leche. La vida en el desierto era monótona, pero este desierto inflexible los mantenía alejados del yugo de gobernantes persas o bizantinos. La libertad era un precioso patrimonio en estas gentes, la cual se reflejaba en sus actos y en su forma de hablar. Sólo obedecían al Sheiĵ de su tribu. Este amor por la libertad los mantenía por fuera del amparo de la religión. Habían abandonado la fe de Abraham, su venerable ancestro. A excepción de unos pocos creyentes en Dios, todos adoraban ídolos o cuerpos celestes. Aún se veneraba la Kaaba, pero era irrespetada por los ídolos puestos en pedestales elevados. La gente visitaba todos los años ese antiguo santuario. Las preciosas ofrendas que les hacían a los ídolos eran tomadas por guardianes ricos como Abu Yahl y Abu Sufyan. La concepción clara del monoteísmo era oscurecida por los infieles. Eran practicados vicios como las apuestas, el adulterio, y la bebida de embriagantes. Estos dieron lugar a la pobreza y era común ver a familias hambrientas y desamparadas en la Meca y otras ciudades. Líderes de noble descendencia, los ricos, los sacerdotes, todos oprimían a los pobres.

Esta diferencia de clases llegó a ser tan pesada, que las masas hambrientas comenzaron a quejarse de su opresión.3

Fuente: Libro “UNA BREVE HISTORIA DEL ISLAM (Desde sus inicios hasta 1995)”

Editorial Elhame Shargh

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Fundación Cultural Oriente


[1] Enciclopedia Británica, Vol. IV, p. 19,

[2] La tímida  virgen mira de soslayo con amor.

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