El mes de Ramadán nos enseña lo que se siente ser pobre y tener hambre. Muchos hádices exponen la filosofía del ayuno como una bendición del Todopoderoso para que nos enteremos de las penurias de los pobres y los necesitados. Una persona que ayuna adquiere las virtudes de la empatía hacia los demás, siente por ellos cuando pasan hambre y privación como también la persona ha probado el dolor de ello a través del ayuno. Es fácil para aquellos que tienen los suficientes víveres en todo lo que necesiten, para pasar por alto y subestimar el dolor de los menos afortunados. Las punzadas del hambre sentidas por las personas que ayunan son un recordatorio.
En la teología Católica, la vida y la doctrina de La Virgen María puede clasificarse bajo un número de títulos: Su Concepción Inmaculada (fue concebida sin pecado en el vientre de su madre), las historias milagrosas en torno a la concepción inmaculada y el nacimiento de Jesus, su dolor y sufrimiento principalmente bajo la cruz de su Hijo y su prerrogativas intercesoras en el paraíso por el pueblo de Dios. Es dentro de estas categorías teológicas que intenta este ensayo examinar la vida de Fátima según las narraciones de los textos del Islam.
Lo que desea expresamente el Corán es que la sociedad islámica debe ser un modelo para todos aquellos que quieren seguir una vida feliz y saludable. Esto debe ser un testimonio de vida para el realzado principio de la manera de vivir una vida saludable, de justicia segura y de juego justo no está cerrado a los seres humanos. Ellos mismos son quienes deben encontrarla y seguirla con conciencia, fe y persistencia. El hombre es un ser que ha sido social por mucho tiempo y ha estado viviendo una vida colectiva.
Era la mañana del día lunes 31 de shahrivar de 1359. Vi a Ibrahim y a su hermano ocupados, cargando unos muebles: Estaban mudándose de casa. Los saludé y les dije: — Hoy en la tarde Qasem parte para Kurdistán con un camión de provisiones; unos chicos y yo lo acompañaremos. Sorprendido, me preguntó: — ¿Pasa algo? — Es posible que comience nuevamente un conflicto armado. — Si puedo yo también los acompañaré. Yo te aviso. Al mediodía, con el ataque realizado por la aviación iraquí dio comienzo la guerra. Toda la gente miraba hacia el cielo.
El núcleo de todas las actividades de Ibrahim era la oración. No le importaba en qué condiciones se encontrase, él simplemente hacía su oración justo después de escuchar el adhan. Casi siempre la hacía de forma colectiva y en la mezquita, y exhortaba a los demás a hacer lo mismo. Sin duda practicaba este hadiz del Imam Alí (P): «Quienquiera que frecuenta la Mezquita se beneficiará de lo siguiente: un hermano que será amigo de él en el camino de Dios, nuevos conocimientos, una bendición que estaba esperando, consejos que lo salvarán de la aniquilación, palabras que lo guiarán y lo harán evitar el pecado».
Ibrahim solía decir: «Si queremos que esta revolución se mantenga firme y las generaciones venideras sean revolucionarias, debemos trabajar en las escuelas, porque el futuro del país estará en manos de personas que no han vivido la época del sah dictador».
Alguien nos contó que «había un chico con retraso mental que todos los días llenaba una cubeta con el agua sucia de la canaleta y luego se la echaba a los transeúntes, principalmente a los que veía bien vestidos». La gente poco a poco se dispersó. Un hombre de traje trataba de limpiarse y secarse: Había sido víctima del chico. El hombre decía: «¡No sé qué hacer con este, pues es un retardado!»...
Era de tarde, Ibrahim volvía a casa después de su jornada laboral. Cuando entró al callejón, se le quedó viendo al hijo del vecino que estaba hablando con una chica. Cuando el muchacho notó la presencia de Ibrahim, se despidió apresuradamente y tanto él como la chica se marcharon por rumbos diferentes. Había evitado el encuentro con Ibrahim.
Había llovido copiosamente en Teherán y el bulevar 17 de Shahrivar estaba inundado. Algunos ancianos querían atravesar la calle pero no sabían cómo. En ese momento llegó Ibrahim. Se enrolló los pantalones y pasó al otro lado de la calle a los ancianos, uno por uno los cargó sobre su espalda. Ibrahim hacía muchas cosas como esta y no tenía otro objetivo que vencer a su ego, especialmente cuando su nombre andaba de boca en boca entre los chicos.
Fue en el primer año de secundaria que Ibrahim conoció el deporte antiguo. Por las noches iba al zurjaneh del hach Hasan. El hach Hasan Tavakkol, conocido como «hach Hasan Nayyar», era un místico piadoso que tenía un zurjaneh cerca de la Escuela Secundaria Abu Rayhán. Ibrahim era también uno de los atletas que frecuentaban ese ambiente espiritual.