A todos los jóvenes de Europa y Norteamérica:Los últimos acontecimientos en Francia y sucesos semejantes en otros países occidentales me convencieron para que os hable directamente al respecto. Me dirijo a vosotros los jóvenes, no porque quiera dejar de lado a vuestros padres y madres, sino porque veo el futuro de vuestro pueblo y vuestra tierra en vuestras manos, y también percibo en vuestros corazones el sentido de búsqueda de la verdad, más vivo y lúcido. Además, en este escrito no me dirijo a vuestros políticos y estadistas puesto que creo que ellos, conscientemente, han separado el camino de la política del sendero de la verdad y la rectitud.Mis palabras hacia vosotros son sobre el Islam, y en especial sobre la imagen y el rostro del Islam que os presentan. Desde hace dos décadas —es decir, casi después del derrumbe de la Unión Soviética— se han realizado muchos esfuerzos para que esta gran religión sea vista como un enemigo monstruoso.