Venir desde el sur del mundo, específicamente desde Latinoamérica y aterrizar en la República islámica de Irán implica recorrer medio mundo. Cruzar el Atlántico, el Mediterráneo y adentrarse en la cuna de la civilización y asombrarse frente a una cultura milenaria pero, sobre todo comprender y reafirmar que la vida tiene más de una mirada... Mis primeros días en Teherán han sido una experiencia deliciosa: gente amigable, generosa, sonriente, distinta, pero eso jamás ha sido un impedimento para reconocer en el otro un ser humano con su riqueza, su cultura, su historia y una forma de ver el mundo que a partir de esa diferencia enriquece tu propio ser. No me quedaré, en estas letras, en la absurda y arcaica discusión de las vestimentas, que si usa un pañuelo, un shador o cualquier otra excusa prejuiciosa, cuando a quien tengo enfrente sonríe, le brillan los ojos, pregunta y responde con el mismo interés de este visitante ávido de llenarse de “iranismo”.