Hussain, acompañado de 72 fieles, junto a sus respectivas familias dan comienzo a su marcha hacia la ciudad de Kufa, para asumir el califato y encabezar así la oposición al segundo Califa Omeya Yazid, que representaba la imagen viva del gobernante injusto y alejado de la línea de moral islámica. A pesar de los llamados de sus seguidores a no acudir con sus familias a Kufa, Hussain convencido de la justeza de sus planteamientos y conducta responde antes de partir a su destino “... La muerte es ciertamente para la humanidad, al igual que la traza del collar en el cuello de las mujeres jóvenes. Soy un enamorado de mis ancestros como el entusiasmo de Jacob a José... Todos, quienes vayan a dar tributo de su sangre para nuestro bien y estén preparados para encontrarse con Alá, deben partir con nosotros...”.En la noche anterior a la batalla, Hussain reunió a sus hombres para recordarles que como hombres libres, eran también libres de abandonar el campamento, protegidos por las sombras de la noche o de otro modo afrontarían una muerte segura junto a él. Ninguno de los hombres de Hussain lo abandonó. Hussain comandó las fuerzas de su menguado pero valeroso ejército en una lucha desigual. Hussain y 72 de sus seguidores murieron con él en Kerbala en un sacrificio que lo signa como el mártir por excelencia del mundo chií...