La mayoría de las ciudades y pueblos que la familia del Profeta (a.s.) atravesó en su marcha forzada desde Kufá a Damasco no eran urbes musulmanas. El gobierno había dado órdenes para que, antes de la llegada de Ahl ul-Bayt (a.s.) a ellas, las embellecieran y adornasen como si de celebrar una fiesta se tratara y para que los hombres salieran a ver el paso de los prisioneros y los niños jugasen y celebrasen su paso.