Se hace un poco utópico y hasta irrisorio pensar en un periodismo objetivo, veraz, libre de toda manipulación mediática, ideológica y política donde se informe la verdad de los hechos en la actualidad, pues lo que se presenta en estos momentos hacia el ciudadano de a pie; es decir el receptor que recibe toda esa vorágine de desinformación, porque no podemos calificarla de información propiamente dicha, es sin lugar a dudas la maquinaria del falso periodismo en los medios de comunicación vendidos a las grandes corporaciones, que favorecen a la élite empresarial mundial.