En ese momento, el Imam salió de las filas de su ejército situándose frente a las filas del enemigo. Les pidió que se calmen y que escuchen sus palabras. Sin embargo, ellos continuaron hablando y haciendo bataola. Por ello, los invitó nuevamente a callarse: “Ay de vosotros, ¿por qué no os calláis para poder oír mis palabras siendo que los estoy convocando hacia la guía y la felicidad?
Quien me siga, será feliz; y quien se oponga a mí, será quien perezca. Y todos vosotros, al no escuchar mi palabra estáis desobedeciéndome. Ciertamente, Dios ha sellado vuestros corazones debido a los obsequios ilícitos que habéis recibido y los alimentos ilícitos con los que habéis llenado vuestros estómagos. ¡Ay de vosotros! ¿Por qué no os calláis, por qué no me escucháis?”