El hombre desde el inicio de su vida hasta su fin, ve, oye, toca, prueba y huele. Es afectado por lo que ve, oye, toca, prueba y huele; por las atracciones placenteras las cuales encajan en las tendencias del hombre, tendencias que a su vez se atraen por las cosas bellas. Dios ha prohibido ver ciertas cosas, escuchar ciertas cosas, comer ciertas cosas y tocas otras, ya que lastiman al individuo, a la familia y a la sociedad.