El Islam nos ha enseñado que todos los seres humanos a pesar de las diferencias de raza, cultura e idioma poseen una naturaleza en común que les llama hacia la pureza, la justicia, la bondad, la solidaridad y la cooperación y es esa misma naturaleza en común que si supera a salvo los motivos engañosos podrá conducir a los seres humanos a la Unicidad y al conocimiento de la sublime Substancia divina.
Ustedes saben que cuatrocientos cincuenta años, antes del descubrimiento de América por parte de Colón, muchos comerciantes habían llegado, muchos musulmanes, a este mismo continente, llegaron a las costas de América Latina, llegaron a Venezuela, pero no llegaron ni con intención de invadir, ni con intención de matar. Cuando llegan las primeras embarcaciones, especialmente Colón escribe en sus memorias, cuando él llega y pasa por la isla de Cuba, en sus propias memorias dice: “Yo he visto minaretes de las mezquitas de los musulmanes”. Pero los musulmanes no mataron millones de indios, ni esclavizaron millones de africanos. Ellos no construyeron su civilización islámica sobre los huesos, la carne y la sangre de los seres humanos.
En el Islam la racionalidad, la espiritualidad, la justicia y la moral son cuatro términos fundamentales, que son los ejes primordiales de la religión islámica.En el Islam, nosotros no podemos hacer una distinción entre un Islam racional y un Islam no racional o irracional porque, en realidad, nunca hubo una diferenciación entre el concepto de fe y el concepto de intelecto, estos son dos conceptos que van unidos en la visión, entonces no podemos separarlos o distinguirlos.
Todo el mundo, con una especie de alegría, nos anuncia hoy que ha llegado la primavera. Al escuchar hablar tanto de ello se me ha venido a la cabeza otra primavera, esa de la que se lleva hablando tanto tiempo sin que de momento hayamos podido percibir el olor ni el color de sus flores. Eso que se dio en llamar “Primavera árabe” tenía desde un principio cierto tufillo sospechoso que hacía recordar esas revoluciones de colores que a través de la CIA, la Fundación Soros, la organización USAID, o el National Endowmentfor Democracy, son fomentadas desde la primera década de este siglo para intentar acabar con gobiernos o dirigentes poco amigos, consiguiéndolo como en algunos casos del este de Europa, o fracasando estrepitosamente como por ejemplo las veces que se ha intentado en Irán.
Se cumple un año ya desde el comienzo de los disturbios en Siria. Mucho se ha escrito y se ha hablado en este tiempo y, lo que a nosotros nos llega, especialmente enfocado en un sentido, el de presentar lo que ocurre en Siria como una insurrección popular contra la que se ejerce una brutal represión. Pero a pesar de todo, después de un año, intentar negar que lo que ocurre en Siria es fruto de una conspiración internacional es como querer negar que el sol amanece cada mañana nuevamente.
Dentro de varios días, quizás a partir del mediodía del viernes 15 de junio, los sirios que traten de ver los canales nacionales sólo captarán en sus televisores otros canales creados por la CIA. Imágenes filmadas en estudio mostrarán masacres imputadas al gobierno, manifestaciones populares, ministros y generales dimitiendo, al presidente al-Assad dándose a la fuga, a los rebeldes reuniéndose en pleno centro de las grandes ciudades así como la llegada de un nuevo gobierno al palacio presidencial.

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