Vivíamos en una casa pequeña alquilada, ubicada en las inmediaciones de la plaza Jorasán, en Teherán.
Eran los primeros días de ordibehesht del año 1336. Papá estaba muy contento desde hace varios días.
El uno de ese mes, Dios le había otorgado un hijo, por lo que no se cansaba de agradecerle.
Aunque en la casa ahora éramos cuatro hijos (tres chicos y una chica), papá estaba muy entusiasmado con el recién nacido.