Desde el día en que la luminosa estrella del Islam comenzó a brillar sobre Medina el pueblo judío se embanderó entre sus enemigos, con más encarnizamiento aún que los propios quraishitas. A partir de ese momento se empeñaron en destruir a los musulmanes pergeñando diversas maquinaciones. Estos judíos habitantes de Medina vieron sin embargo frustrados sus planes y sufrieron una humillante derrota. Algunos fueron ejecutados y el resto, como las tribus de Banu Qanuqa y Banu Nadir fueron expatriados, emigrando a Jaibar, Uadiul-Qura y Azra-At Sham. En cuanto a Jaibar, era un valle extenso y fértil, situado al norte de Medina, aproximadamente a 180 Km. Ya antes de la misión profética de Muharnmad (B.P.) el pueblo judío había construido allí siete fortalezas. El fértil terreno los hizo prosperar y adquirieron gran experiencia en agricultura, así como poder, riqueza y armas. Antiguos censos hablan de unos 20.000 habitantes en la zona, entre los cuales había un buen porcentaje de experimentados soldados.
En la lección anterior explicamos que la culminación de la profecía sin la designación del Imam infalible se oponía a la sabiduría divina y la perfección de la religión universal e imperecedera del Islam depende de que luego del noble profeta (BPD) se designe un sucesor adecuado para él, de modo que salvo el rango de la profecía y la recepción del mensaje posea todos los rangos y jerarquías divinas que él ostenta. Este asunto se desprende de los versículos del generoso Corán y de abundantes narraciones proféticas que tanto shi’as como sunnas han transmitido en relación con la exégesis de esos versículos. Por ejemplo, en el tercer versículo del capítulo quinto (La Mesa Servida), el Sagrado Corán afirma: “Hoy os he completado vuestra religión, he consumado mis bendiciones sobre vosotros y me complace el Islam como vuestra religión”.
Algunos opinan que la estructuración de los versículos  del Corán en capítulos, así como el ordenamiento de los capítulos, fueron especificados por el mismo Profeta (PB), siguiendo una inspiración divina.Sin embargo, existen indicios y pruebas que demuestran que las copias recopiladas durante las épocas de Abu Bakr y de Outhmán como, por ejemplo, las de Ubai Ibn Ká´ab y Abdullah Ibn Mas´úd, tenían discrepancias entre sí en lo que al orden de los capítulos se refiere. Se deduce que este ordenamiento de los capítulos fue con base en  opiniones particulares de cada compañero recopilador o en las opiniones de Outhmán, en el caso de sus copias unificadas, ya que si el Profeta (PB) había estipulado un orden específico de los capítulos, ninguna persona podría, posteriormente  alterar ese orden. Suyúti –sabio sunnita- dice: “La totalidad de los sabios están convencidos del hecho de que el ordenamiento de los capítulos fue por criterio propio de investigación y deducción”.
A la luz de las reflexiones precedentes cabe preguntarse si es posible adjudicarle a Averroes la famosa teoría de la doble verdad, tal y como en su momento lo hizo el averroísmo latino. Según Alain de Libera, los dos esquemas interpretativos más difundidos de la Doctrina decisiva -el de la historiografía filosófica greco-árabe (armonización de Platón y Aristóteles), y el de la filosofía medieval latina (la doble verdad)- son inadecuados, pues ambos presuponen una contradicción esencial entre sabiduría y revelación, cuando Averroes explícitamente niega esta contradicción, precisamente porque no existe, al menos para su autor. Lo que Averroes busca en la Doctrina decisiva no es armonizar la religión y la filosofía, sino legalizar esta última.
Los confederados y la tribu de Banu Quraida fueron derrotados antes de terminar el V año de la Hégira. Medina y sus alrededores estaban en manos de los musulmanes. Las bases del novel gobierno islámico se fortalecieron y una relativa tranquilidad reinaba en todo el territorio. Pero era una paz transitoria. El Enviado de Dios (B.P.) debía vigilar de continuo a sus enemigos y desbaratar cualquier complot justo en el momento de su inicio. La tranquilidad del medio ambiente le permitió eliminar a algunos de los grupos que habían participado en la guerra de los confederados y que habían huido tras los árabes. Huai Ibn Ajtab fue ejecutado, pero su ayudante Sallam Ibn Abil Huqaiq permanecía en Jaibar, y era obvio que este peligroso elemento jamás dejaría de trabajar en la incitación de la lucha contra el Islam, especialmente si se tiene en cuenta que el enemigo idólatra estaba dispuesto para luchar, y más aún si se lo patrocinaba, lo cual daría lugar a una nueva coalición. Basado en tales cálculos el Profeta encomendó a un grupo de valientes de la tribu de Jazray (*) eliminar a este sedicioso.
La vestimenta islámica o el manto islámico es una obligación religiosa tanto para las musulmanas, así como para las cristianas y judías. El uso de este según el islam es desde la pubertad. Al respecto el Sagrado Corán dice: “¡Oh, Profeta! Di a tus mujeres, y a tus hijas, y a las mujeres de los creyentes que se cubran con sus mantos; es mejor para que se las reconozca y no sean molestadas. Y Allah es Absolvedor, Misericordioso.” (33:59). También dice: “Y di a las creyentes que bajen la vista con recato, que sean castas y no muestren más adorno que los que están a la vista, que cubran su escote con el velo y no exhiban sus adornos sino a sus esposos, a sus padres, a sus suegros, a sus propios hijos, a sus hijastros, a sus hermanos, a sus sobrinos carnales, a sus mujeres, a sus esclavas, a sus criados varones fríos, a los niños que no saben aún de las partes femeninas. Que no batan ellas con sus pies de modo que se descubran sus adornos ocultos. ¡Volveos todos a Dios, creyentes! Quizás, así, prosperéis.” (24:31).
La utilización del “Hiyab”, continúa relacionado con la subordinación, o el sometimiento de la mujer musulmana hacia el sexo opuesto; pues al parecer todavía en gran parte de Occidente sigue habitando en las mentes el axioma “Hiyab-Sumisión-Incapacidad”, a tal grado que la obsesión llega cuando por desconocimiento o por ignorancia, esos prejuicios se convierten en muros infranqueables construidos sobre el miedo y la ignorancia de muchas personas siendo su efecto la desigualdad y exclusión social de la mujer musulmana y su entorno.
Muchos medios corporativos de comunicación faltando a la ética y a la responsabilidad en la información, han mostrado hasta la fecha que los musulmanes son solo árabes o en el peor de los casos fanáticos, irracionales o terroristas, esto último debido a grupos wahabitas como el Daesh o al Qaeda haciendo creer que estos representan al islam y sus fundamentos, siendo ello una falacia cínica y descarada contra los que creen en Dios y su último Profeta Muhammad (PBD).
Estábamos en las alturas de Anar, el cielo se había despejado por completo. El enfermero vendó la herida de Ibrahim, y empezamos a dividir las tropas mientras hablábamos por el transceptor de radio. De repente, uno de los chicos vino corriendo y me dijo: — ¡Señor! ¡Señor! Un grupo de iraquíes con las manos entrelazadas detrás de la cabeza en señal de rendición se dirige hacia acá. — ¿Dónde? — Le pregunté sorprendido y después nos fuimos hacia una trinchera que estaba frente a la colina. Eran casi veinte personas en la colina de enfrente, mostraban un pañuelo blanco. Les dije a los combatientes que se preparasen, que podía ser una trampa. Momentos después, dieciocho iraquíes —entre ellos un oficial y un comandante— se rendían ante nosotros. Me alegré mucho porque además del triunfo de nuestra operación, llevaríamos prisioneros.
En su totalidad, este capítulo trata el tema de la Resurrección y los sucesos previos a ella. Esto, a través de categóricas y conmovedoras expresiones y de una amonestación y advertencia claras.Por último, divide a los hombres en dos grupos: aquel cuyos actos pesarán en la balanza de la justicia divina, cuya recompensa será la vida placentera y eterna junto a la misericordia y aquel, cuyos actos serán livianos y su destino será el ardiente fuego infernal. Para conocer el mérito de su lectura, nos es suficiente exponer el siguiente hadîz del Imam Al-Bâqer (P): “A quien recite Al-Qâri‘ah, Dios Altísimo  lo protegerá de la sedición del “Daÿÿâl”, (impostor que se levantará al final de los tiempos para engañar a la gente y alejarla de la fe en Dios) y del infierno el Día de la Resurrección, Inshâ’al·lâh.”

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